Descubren la «ciudad dorada perdida de Luxor» en Egipto

La ciudad de 3400 años de antigüedad fue construida por Amenhotep III, abandonada por su hijo hereje Akenatón y contiene restos muy bien preservados.

Publicado 9 abr. 2021 11:34 CEST
Imagen de las ruinas de la ciudad perdida de Luxor

Las paredes de barro cocido de la ciudad de 3400 años, que vemos rodeadas de una muralla zigzagueante muy distintiva, tienen una altura de unos tres metros en algunas zonas.

Fotografía de Zahi Hawass

Hace 3400 años, un polémico rey del antiguo Egipto dejó su nombre, su religión y su capital, Tebas (actual Luxor). Los arqueólogos saben qué ocurrió después: el faraón Akenatón construyó la ciudad efímera de Aketatón, donde gobernó junto a su esposa, Nefertiti, y rindió culto al sol. Tras su muerte, su joven hijo Tutankamón se convirtió en el gobernante de Egipto y dio la espalda al polémico legado de su padre.

¿Por qué abandonó Akenatón Tebas, que había sido la capital del antiguo Egipto durante más de 150 años? Esta pregunta podría responderse gracias al descubrimiento de una metrópolis industrial en Tebas, que Akenatón heredó de su padre, Amenhotep III. El hallazgo, que se ha denominado la «ciudad dorada perdida de Luxor» en un comunicado, generará tanto entusiasmo, especulación y controversia como el faraón rebelde que la abandonó.

Akenatón, que abandonó la «ciudad dorada» para instalar una nueva capital en Amarna, fomentó un estilo muy diferente de arte egipcio. Aquí aparece con su mujer, Nefertiti, y sus tres hijas.

Fotografía de Universal History Archive/Getty

Como la ciudad se descubrió en septiembre del año pasado, los arqueólogos solo han arañado la superficie del vasto yacimiento y por ahora es difícil saber dónde se sitúa este hallazgo en el abanico de importancia egiptológica. Sin embargo, el grado de preservación ha impresionado a los investigadores.

«No cabe duda de ello; es un hallazgo espectacular», afirma Salima Ikram, arqueóloga que dirige la unidad de Egiptología de la Universidad Americana de El Cairo. «Es una instantánea en el tiempo, una versión egipcia de Pompeya».

El yacimiento data de la XVIII dinastía del faraón Amenhotep III, que reinó entre el 1386 y el 1353 a.C. durante una era de riqueza, poder y lujo extraordinarios. En los años finales de Amenhotep III, se cree que habría reinado brevemente junto a su hijo, Akenatón.

Con todo, unos años después de la muerte de su padre, Akenatón, que gobernó entre el 1353 y el 1336, rompió con todo lo que había defendido el difunto faraón. Durante su reinado de 17 años, puso patas arriba la cultura egipcia, abandonando todo el panteón egipcio tradicional salvo una divinidad, el dios sol Atón. Incluso se cambió el nombre, de Amenhotep IV a Akenatón, que quiere decir «devoto de Atón».

El faraón hereje no se detuvo ahí. Akenatón trasladó su sede real de Tebas, a una ciudad completamente nueva llamada Aketatón (actual Amarna) ubicada al norte y supervisó una revolución artística que transformó brevemente el rígido y uniforme arte egipcio en obras animadas y detalladas. Pero tras su muerte, la mayoría de los restos del gobernante fueron destruidos. Empezando por su hijo, el niño rey Tutankamón, la capital de Akenatón, su arte, su religión e incluso su nombre fueron rechazados y borrados sistemáticamente de la historia. Solo el redescubrimiento de Amarna en el siglo XVIII revivió su legado de líder renegado, lo que ha fomentado la especulación arqueológica durante siglos.

¿Por qué y cómo tuvo lugar la controvertida transformación del faraón y cómo era la vida cotidiana durante el gobierno del gran Amenhotep III? El hallazgo de la ciudad perdida podría darnos pistas. El yacimiento se encuentra a caballo entre viejo y nuevo, en un área conocida por sus riquezas arqueológicas. Al norte se encuentra el templo mortuorio del siglo XIV a.C. de Amenhotep III y al sur, Medinet Habu, un templo mortuorio construido casi dos siglos después para Ramsés III.

Las inscripciones jeroglíficas halladas en los tapones de arcilla de las vasijas de vino del yacimiento indicaban que la ciudad data de la época de Amenhotep III (ca. 1386-1353 a.C.).

Fotografía de Zahi Hawass

Los arqueólogos esperaban que el espacio intermedio fuera el emplazamiento de la estructura mortuoria donde los súbditos de Tutankamón habrían colocado la comida y el ajuar fúnebre que le ofrecieron cuando falleció en torno al 1325 a.C. En su lugar, descubrieron algo muy diferente: paredes de barro zigzagueantes de hasta tres metros de alto y pilas de artefactos antiguos de la época de Amenhotep III.

Las estructuras están llenas de objetos cotidianos, muchos de los cuales están relacionados con la producción artística e industrial que sustentaba la capital del faraón. Hay casas donde habrían vivido los obreros, una panadería y una cocina, objetos relacionados con la producción de vidrio y metal, edificios que parecen estar vinculados a la administración e incluso un cementerio lleno de tumbas excavadas en la piedra.

Dentro de una sala de la ciudad se encontraron dos tumbas inusuales de una vaca o toro. Se está investigando para determinar la naturaleza y el propósito de dar sepultura a los animales.

Fotografía de Zahi Hawass

Aunque el tamaño de la ciudad aún no se ha determinado, su antigüedad es evidente gracias a los jeroglíficos inscritos en varios objetos. Una vasija que contenía nueve litros de carne hervida llevaba una inscripción del año 37, la época del supuesto reinado padre-hijo de Amenhotep III y Akenatón. Escarabajos, ladrillos, vasijas y otros objetos llevan el sello real de Amenhotep III.

Los edificios también llevan inscrito el nombre del hijo que pronto se convertiría en hereje, explica Betsy Bryan, profesora de arte y arqueología egipcia en la Universidad Johns Hopkins. Bryan, que no participó en la excavación, la visitó el día en que los arqueólogos descubrieron un pequeño techo de arcilla con jeroglíficos que decían «El atón se encuentra viviendo en la verdad». «Es un epíteto de Akenatón», señala Bryan. Con todo, a pesar de las referencias al joven rey, dice que la ciudad forma parte del complejo palaciego de su padre, llamado Nebmaatre o «el deslumbrante Atón».

Cuando Akenatón se hizo con el poder y cambió de trayectoria, abandonó la ciudad de su padre y aparentemente todo lo que contenía.

Esa pérdida ha sido beneficiosa para la arqueología moderna. «Es extraordinariamente hermosa», afirma Ikram. Recuerda caminar por las calles preservadas, rodeadas de las murallas altas donde creía que se encontraría a un antiguo egipcio doblando la esquina en cualquier momento, dice. «No creo que se pueda sobreestimar», afirma. «Es alucinante».

Los arqueólogos han hallado muchos objetos decorativos y rituales, como escarabajos y amuletos.

Fotografía de Zahi Hawass

La ciudad parece haber sido reutilizada por Tutankamón, que abandonó a Akenatón durante su reinado, pero fundó una nueva capital en Menfis. El faraón Ay, que más tarde heredó el trono cuando se casó con la viuda de Tut, también parece haberla utilizado. En el yacimiento, cuatro capas diferentes de asentamientos muestran las épocas de uso, llegando hasta la era bizantina copta del tercer al séptimo siglo d.C.

Después, quedó abandonada bajo la arena hasta su reciente descubrimiento.

Pero ¿por qué fue abandonada durante el breve reinado de Akenatón? «No sé si nos acercaremos a responder esa pregunta con esta ciudad en particular», cuenta Bryan. «Lo que conseguiremos es más información sobre Amenhotep III, Akenatón y sus familias. Aún es pronto, pero creo que veremos más y más conexiones». Aunque la ciudad recién descubierta podría no revelar pistas sobre el misterio del faraón rebelde, sí pintará una imagen mucho más vívida de la vida que dejó atrás.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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