La nueva cara de este cráneo de 4000 años

Enterrada en la Edad de Piedra, esta mujer vagaba por los bosques del norte de Suecia, ahora los arqueólogos han reconstruido su rostro.

Publicado 28 feb 2022 14:29 CET, Actualizado 1 mar 2022 9:42 CET
Esta mujer vivió hace unos 4.000 años en lo que hoy es el noreste de Suecia. ...

Esta mujer vivió hace unos 4.000 años en lo que hoy es el noreste de Suecia. Oscar Nillson, pionero en arqueología reconstructiva, dio vida a su aspecto.

Fotografía de Oscar Nillson

Durante 4000 años, una mujer ha permanecido intacta en una tumba revestida de piedra en medio de los bosques del noreste de Suecia. Probablemente había seguido las migraciones de los animales a través de los árboles y a lo largo del río Indalsälven. Cuando murió a los 30 años por una causa desconocida, fue enterrada con un niño, quizá su hijo, que se calcula que tenía unos siete años.

En 2020, Oscar Nilsson, un arqueólogo que utiliza meticulosamente la arcilla para reconstruir rostros de hace miles de años, fue contactado por los conservadores del Museo Västernorrlands de Suecia. El museo tenía en su poder los dos esqueletos, excavados hace un siglo en una aldea conocida como Lagmansören.

Se creó una réplica del cráneo de la mujer con una impresora 3D. La arcilla representa sus músculos faciales. Las clavijas que indican la profundidad del tejido se cubrirán con una capa de piel de plastilina.

Fotografía de Oscar Nillson

Los de esta pareja de la Edad de Piedra son los esqueletos más antiguos encontrados en esa región de Suecia, donde las duras condiciones climáticas no se prestan a la conservación. El museo estaba construyendo una exposición sobre los 9500 años de ocupación humana en Suecia y quería mostrar a los visitantes el rostro más antiguo del norte: la mujer de Lagmansören. ¿Pero qué aspecto tendría su rostro?

En los últimos 20 años, Nilsson se ha convertido en un pionero de la arqueología reconstructiva, dando vida a más de un centenar de antepasados humanos fallecidos hace tiempo. La construcción de estos rostros le proporciona a él, y a los millones de personas que ven sus reconstrucciones en museos de todo el mundo, un portal al pasado.

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Comienza su trabajo colocando más de una docena de músculos de arcilla sobre una réplica impresa en 3D del cráneo recuperado. A continuación, coloca pequeñas clavijas para indicar la profundidad del tejido, que varía en función del sexo, la edad, el peso y la etnia del individuo. Estas clavijas sostienen una capa de piel de plastilina.

Muchos rasgos pueden predecirse con exactitud gracias al registro que queda en el hueso. Cuando Nilsson se puso a construir el rostro de la mujer de la Edad de Piedra, tuvo en cuenta lo que ya sabía: medía algo menos de 1,5 metros, una estatura baja incluso para su época. Tenía dientes salientes, que daban una forma distintiva a su boca. Su nariz era un poco asimétrica; por su perfil, pudo ver que estaba girada hacia arriba. Tenía los ojos bajos y el hueso de la mandíbula (la parte inferior del maxilar) era bastante masculino. Pensó que poseía una interesante mezcla de rasgos masculinos y femeninos.

Los restos de la mujer, junto con los de un niño, fueron descubiertos hace un siglo en una tumba revestida de piedra en una aldea conocida como Lagmansören.

Fotografía de Alamy

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Desde que empezó a elaborar estos rostros, la tecnología de impresión en 3D y de ADN ha avanzado, permitiéndole dar un nuevo nivel de detalle. El ADN extraído de huesos bien conservados puede revelar el color del pelo, la piel y los ojos, tres elementos de la reconstrucción que antes eran especulativos. Ahora, se encuentran entre los más fiables.

Pero en el caso de la mujer de Lagmansören, no se pudo recuperar ningún ADN legible. En su lugar, Nilsson analizó los patrones históricos de migración. Vivió en una época en la que los agricultores habían entrado en Escandinavia hacía relativamente poco tiempo y habían empezado a mezclarse con los grupos de cazadores-recolectores. Determinó que probablemente era de piel clara y pelo oscuro.

Tras este proceso, que según él ha sido rigurosamente comprobado, Nilsson abandona el ámbito de la probabilidad científica y entra en la segunda fase: su imaginación. A diferencia del sexo, el tono de la piel y los dientes, una expresión no puede conservarse en los huesos. "Necesito dar vida a la cara, para que tengas la impresión de que hay alguien mirándote con esos ojos", dice.

Pero se abstiene de ser demasiado creativo: representar un sentimiento fuerte como la ira, por ejemplo, está estrictamente prohibido, dice. Lo que sí puede hacer es entrelazar las emociones para dar la sensación de que el rostro está en movimiento y, por tanto, vivo. El rostro terminado se vuelve a moldear en silicona de tono piel y Nilsson empieza a añadir los detalles.

Cuando pensó en los ojos de la mujer, pensó en el niño con el que había sido enterrada. El esqueleto del niño estaba demasiado dañado para hacer una recreación, pero Nilsson quería incluirlo. Imaginó que el niño era su hijo, y que ella lo observaba mientras corría delante de ella. Probablemente eran cazadores-recolectores, que viajaban detrás de las migraciones de animales. Tal vez, pensó, se dirigían al campamento de invierno.

"No se siente amenazada, se siente en casa, y mira a este chico", dice Nilsson. "Es una sensación de seguridad, pero también casi un poco de arrogancia. Aunque es pequeña, no querrías meterte con ella".

Nillson estudió los patrones históricos de migración para determinar que la mujer probablemente tenía la piel clara y el pelo oscuro. Está vestida con pieles de animales curtidas, hechas con técnicas de la Edad de Piedra.

Fotografía de Oscar Nillson

En anteriores reconstrucciones, ha sabido que su trabajo estaba bien hecho cuando un visitante del museo se inclina hacia el rostro para examinar sus detalles y luego salta hacia atrás, incómodo por la cercanía. Suele ocurrir cuando los dos pares de ojos (vivos y reconstruidos) están a medio metro de distancia. "Eso muestra una colisión en el cerebro", dice. "La parte lógica del cerebro te dice que esto es falso, pero la experiencia emocional es que alguien está realmente allí".

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Esta reconstrucción le llevó a Nilsson 350 horas. Cuando terminó, la mujer estaba vestida con pieles de animales curtidas hechas con técnicas de la Edad de Piedra por la colega de Nilsson, Helena Gjaerum. Un collar de garras de pájaro colgaba de su cuello y un moño apretado le apartaba el pelo de la cara mientras viajaba entre los árboles hace 4000 años.

Nilsson conoce bien esos bosques. Cuando crecía en Estocolmo, su familia pasaba las vacaciones en una casa de campo a pocos kilómetros de donde se había encontrado la tumba. Caminaba entre los árboles, recogiendo setas y buscando alces, o incluso algún oso, quizá por los mismos senderos que la mujer de Lagmansören.

"El ADN y la impresión 3D son geniales", dice Nilsson. "Pero lo que cuenta siempre es ese vínculo emocional que yo (y mucha gente) experimentamos cuando vemos un rostro reconstruido. Lo primero es esa conexión".

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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