De las élites al mundo entero: historia de los bailes de salón

Vals, cha-cha-chá, tango, foxtrot... estos movimientos icónicos (y a veces escandalosos) inspiraron a nuevas generaciones de bailarines a reunirse, mezclarse e improvisar.

Por Erin Blakemore
Publicado 6 oct 2022, 15:26 CEST
La gente baila y hace swing en el Savoy Ballroom de Harlem el 24 de abril ...

La gente baila y hace swing en el Savoy Ballroom de Harlem el 24 de abril de 1953. El barrio neoyorquino fue testigo de una explosión de expresión cultural a principios del siglo XX y dio origen al Lindy Hop, que sigue siendo popular entre los bailarines de swing.

Fotografía de Hans von Nolde, AP

La pista de baile, donde la gente se reúne, se mezcla y, a veces, se luce en bailes sociales como el tango, el foxtrot o el jitterbug, tiene cierto encanto imperecedero.

Aunque los salones de baile fueron en su día territorio de la élite y se consideraban fuera de las fronteras del pueblo llano, en la agitación del siglo XIX nacieron nuevos tipos de pasos de baile que democratizaron las pistas y sirvieron de inspiración para el mundo entero. He aquí cómo se iniciaron algunos de los movimientos más famosos y cómo se transmitieron a los bailarines modernos.

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La valse à Mabille, 1870. La llegada del vals escandalizó a los conservadores del siglo XIX, a quienes no les gustaba que animara a los bailarines a rodearse con los brazos. Antes del vals, lo más cerca que estaban los bailarines era cogidos de la mano.

Fotografía de Fine Art Images, Heritage Images, Getty Images

Vals

A los ojos modernos, el vals (con su ritmo cadencioso de ¾ y sus elegantes variaciones, como el chassé de paso largo y la persecución, en la que una bailarina "persigue" a su pareja masculina) podría parecer un símbolo de estatus anticuado que encarna la riqueza y el buen gusto. Pero el paso de baile de salón por excelencia tiene sus raíces en las clases bajas.

Convertido en el paso de baile más antiguo reconocido en las competiciones de salón modernas, el vals surgió de los bailes de cortejo de los plebeyos en la Alemania y Austria del siglo XVIII. Este baile, que toma su nombre del término alemán walzen, que significa "girar", desafiaba las costumbres sociales de la clase alta con sus movimientos libres. Pero cuando los aristócratas se dieron cuenta de los movimientos de baile de sus sirvientes al observar sus alborotadas fiestas, lo probaron y les gustó.

A diferencia del minué, cuidadosamente coreografiado y distante, que era popular en aquella época, el vals permitía a las parejas tener un contacto estrecho e improvisar, y condujo a la creación de los salones de baile públicos a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Allí, la gente podía mezclarse con desconocidos y girar toda la noche al ritmo de las melodías de compositores como Johann Strauss. Como señala la historiadora Ruth Katz, el vals ofrecía una oportunidad de libertad, romanticismo y mezcla social entre las clases altas y bajas. 

El movimiento fue tan popular que provocó una moda en el siglo XIX a pesar de las advertencias de que era demasiado sensual o frívolo. "El vals no sólo hizo posible que diferentes tipos de individuos se reunieran sobre una base igualitaria, sino que también hizo posible una especie de 'escape' de la realidad a través del emocionante vértigo de girar en un mundo privado de sensualidad", escribe Katz.

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El legendario bailarín de salón Vernon Castle levanta a su esposa e igualmente icónica pareja Irene mientras bailan ante un gran espejo en un estudio de danza en la ciudad de Nueva York en 1914. Los elegantes movimientos de la pareja inspiraron a una legión de bailarines a adoptar el foxtrot.

Fotografía de Dietz, FPG, Getty Images

Foxtrot

Los salones de baile surgieron por primera vez en Viena (Austria), pero rápidamente se extendieron por todo el mundo. Ya fueran públicos o privados, ofrecían la posibilidad de que los asistentes se soltaran, lo que desencadenó la locura por la danza y una explosión de nuevas formas de baile social. A principios del siglo XX, las parejas habían inventado "bailes de animales" con nombres de moda como el Bunny Hug, el Grizzly Bear y el Turkey Trot, que a menudo se interpretaban al ritmo del ragtime, un precursor del jazz del que fueron pioneros los artistas y compositores negros. 

Con sus ritmos sincopados, el ragtime dio origen al foxtrot, un paso lento-lento-rápido-rápido que llevaba a los bailarines a través de la pista con largas y elegantes zancadas. Saltó a la fama con Irene y Vernon Castle, dos bailarines de salón conocidos por sus glamurosos y ligeros pasos. Con la ayuda del cine mudo y los medios de comunicación, los Castle se convirtieron en nombres conocidos, y los bailarines emularon su ropa, su pelo y sus movimientos de baile. Cuando Vernon Castle murió trágicamente en un accidente de avión durante la Primera Guerra Mundial, el foxtrot se había convertido en un estándar establecido en las pistas de baile de todo el mundo.

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Rudolph Valentino baila un tango con la bailarina española Beatrice Domínguez ante una sala llena en una escena de la película de 1921, Los cuatro jinetes del Apocalipsis. Esta película contribuyó a desencadenar la locura por el tango.

Fotografía de Metro Pictures, Getty Images

Tango

Otra de las modas de principios del siglo XX buscó inspiración en Argentina. El tango, que surgió en la década de 1880 en los conventillos de las empobrecidas ciudades portuarias del país sudamericano, mezclaba aspectos de la danza africana y europea. Esta danza sensual también acercaba escandalosamente a los bailarines, lo que excitaba al público y violaba las normas sociales. En una Argentina dominada por los hombres, el profesor e historiador de tango Michael Trenner explica a QZ que a menudo lo interpretaban dos hombres en privado y se convirtió así en un bastión de la cultura gay. Luego se extendió a París y Londres, desatando una "tango manía" que acabó llegando a las costas estadounidenses.

En los locos años 20, el tango era conocido en todo el mundo, gracias en parte a la película de 1921 Los cuatro jinetes del Apocalipsis, en la que el galán Rudolph Valentino bailaba un tango con la bailarina de origen español Beatrice Domínguez. El baile dio a hombres y mujeres una oportunidad sin precedentes de mover sus cuerpos en ritmos eróticos cuyo dramatismo cautivó tanto a bailarines como a público.

Lee Moates y Tonita Malau muestran sus movimientos de baile ganadores durante un concurso de Lindy Hop en el Savoy Ballroom de Harlem el 24 de abril de 1953. Este estilo de baile surgió décadas antes, durante la Gran Depresión, cuando las maratones de baile ofrecían la oportunidad de competir por premios en metálico.

Fotografía de Hans von Nolde, AP

Lindy Hop

Hollywood ofrecía a los espectadores la oportunidad de ver a bailarines profesionales como Fred Astaire y Ginger Rogers interpretando versiones refinadas y glamurosas de bailes sociales. Pero los bailarines amateurs no sólo se inspiraron en la gran pantalla: la cultura negra influyó profundamente en los bailes de salón estadounidenses y dio origen a uno de los estilos de baile más famosos del siglo XX, el Lindy Hop.

Este alegre estilo de baile nació de otra moda de baile, el maratón de baile. En las décadas de 1920 y 1930, los bailarines de la época de la Depresión intentaban establecer récords de bailes más largos, balanceándose en la pista de baile durante horas e incluso días o meses mientras competían por premios en metálico y por la fama. "Cuanto mayor era el número de horas que el concurso llevaba en marcha", escribe la historiadora de la danza Carol Martin, "más era lo que estaba en juego".

En 1928, George Shorty Snowden y su compañera Mattie Purnell participaban en un maratón de baile de 68 horas en Harlem cuando perdieron el agarre de la mano del otro, violando una regla de la competición. Para disimular la metedura de pata, Snowden hizo un rápido juego de piernas y luego tiró de Purnell para que volviera a cogerle de la mano. La innovación fue un éxito de público, y aunque no está claro quién le puso el nombre, el título final del baile rindió homenaje a Charles Lindbergh, el aviador que en aquella época era famoso por sus aventuras aéreas. 

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Bautizado como Lindy Hop, el baile se denominó también jitterbug y dio lugar a otras formas de baile swing. Gimnástico e incluso acrobático, este enérgico baile fue adoptado por los bailarines blancos. Cuando el swing pasó de moda después de la Segunda Guerra Mundial, los bailarines negros mantuvieron vivo el Lindy Hop durante décadas, hasta que un resurgimiento del baile swing en los años 90 lo devolvió a la popularidad.

El dúo de bailarines de Miami Beach, Lucille y Tony Colon, hacen una demostración del cha-cha-cha, un baile latino de la familia del mambo conocido por sus giros y ritmos.

Fotografía de Getty Images

Cha-cha-chá

Otro estándar de los salones de baile, el chachachá, se inspiró en Cuba y en el violinista, compositor y director de banda Enrique Jorrín. En los años 50, bailes cubanos como el mambo y la rumba ganaron popularidad en las pistas de baile estadounidenses, y a principios de la década Jorrín se inspiró en una forma musical más antigua, el danzón, que se bailaba a un ritmo de 2/4 y se basaba en influencias afrocaribeñas.

La forma de baile en tres partes que surgió de la música del danzón se convertiría en la danza oficial de Cuba. Pero Jorrín lo convirtió en algo nuevo cuando añadió un nuevo ritmo a la parte final del baile en algunas actuaciones de finales de los años 40. Como resultado, los pies de los bailarines se arrastraban por el suelo en un enérgico paso triple, un patrón que el líder de la banda llamó "cha-cha-cha". Este movimiento, también conocido como cha-cha, generó una nueva moda tanto para la música como para el baile.

Aunque la popularidad de muchos bailes antiguos ha disminuido, el cha-cha-chá sigue vivo tanto en las competiciones de bailes de salón como en los clubes modernos, donde también florece su prima, la salsa. En la actualidad, los inmigrantes que lo trajeron a Estados Unidos, al igual que muchos otros bailes populares de finales del siglo XIX y del XX, siguen manteniendo vivas esas tradiciones, lo que garantiza que los bailarines de salón seguirán bailando, balanceándose y dando pasos rápidos durante muchos años.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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