Medio Ambiente

Cómo viajar sin plásticos de un solo uso

Es más fácil de lo que crees. Martes, 10 Julio

Por Marie McGrory

Esta historia forma parte de ¿Planeta o plástico?, una iniciativa plurianual para crear conciencia sobre la crisis global de desechos plásticos. Aprende cómo puedes reducir el empleo de plásticos de un solo uso y comprométete. #PlanetaOPlástico

Evitar los plásticos de un solo uso, como botellas y bolsas, parece difícil en casa y puede ser aún más difícil cuando viajas. Cuando estás en constante movimiento e intentas ir ligero de equipaje, lo más fácil es comprar un sándwich envasado en plástico y una botella de agua. Pero eliminar los plásticos de un solo uso en un viaje puede ser más fácil de lo que crees, incluso en un país extranjero sin agua potable.

Me propuse este reto en Belice, un país familiarizado con el turismo ecológico. Hace poco, su gobierno anunció la prohibición de los principales plásticos de un solo uso, como las bolsas y las pajitas, que entrará en vigor el Día de la Tierra de 2019. Además, la UNESCO ha retirado la Barrera del Arrecife de Belice de la lista de Patrimonio de la Humanidad en Peligro, tras años de esfuerzos para restaurar la salud a largo plazo del arrecife.

La mentalidad verde también alcanza escalas locales: me encantó visitar ciudades más pequeñas como Punta Gorda, donde un refresco en botella de vidrio es más barato que uno en botella de plástico, ya que las botellas de vidrio pueden esterilizarse y reutilizarse.

Imagina que en cada metro de costa del mundo se apilaran 15 bolsas de la compra llenas de desechos plásticos. Esa es la cantidad de basura plástica que acaba cada año en nuestros océanos. La imagen es sobrecogedora.

Los plásticos de un solo uso incluyen bolsas de plástico, recipientes y cubiertos para llevar, pajitas, las botellitas de champú de los hoteles, las botellas de agua de plástico, los vasos de plástico y los envases de comida que se venden en los aeropuertos. ¿Cómo puedes explorar los ríos, selvas e islas de un país sin usar estos objetos?

Para lograrlo me hizo falta un viaje de nueve días. Tras planearlo con antelación —y aprender mucho sobre la marcha—, puedo dar algunos consejos:

Qué llevar en la mochila: Para reducir los desperdicios hace falta preparación, aunque no mucha. Aunque cada viaje es diferente, esto es lo que metí en mi maleta para Belice: una bolsa de la compra reutilizable, un táper plegable, jabón y champú en pastilla, cubiertos de bambú, una pajita de vidrio, dos botellas de agua reutilizables y un SteriPen para purificar el agua.

Dos botellas son mejor que una: Nunca había pensado en llevar dos botellas de agua a un viaje. Si tienes una mochila con soporte para botellas a cada lado, es facilísimo y son útiles para viajes largos. Y para viajes más cortos, puedo llevar en el bolso una botella más pequeña.

Los tápers plegables están infravalorados: Estos recipientes, que pueden aplanarse cuando no los usas, fueron mucho más útiles de lo que pensaba. Llevé recipientes de tres tamaños y usé uno para llevar una mezcla de frutos secos —un aperitivo muy práctico durante el viaje— y los otros para sobras o comidas pequeñas.

Las cifras:

• NO USADO: 79 plásticos de un solo uso, una media de 8,8 al día.

• USADO: Dos pajitas.

• USOS INEVITABLES: Cuatro cosas que no pude evitar usar sin un esfuerzo considerable: lentillas diarias para tres días, el envase del protector solar no dañino para los arrecifes, un envase de anticongestivo y las etiquetas del equipaje.

• A QUÉ RENUNCIÉ: Cinco cosas a las que tuve que renunciar: un envase con zumo de mango, una botella de refresco de limón, una bolsa de frutos secos, los aperitivos del avión, muestras de helado.

 

Comunícate: Llevar una pajita —o un táper o una bolsa— no sirve de nada si no dices «no me ponga una pajita, por favor», o «ya tengo bolsa, gracias», o «¿le importa guardarme la comida en este táper?». A veces te mirarán raro. Pero no pasa nada. Otras veces influirás en la persona a tu lado o que trabaja tras el mostrador.

En un restaurante, cuando pedí que no me pusieran pajita, me dijeron: «La verdad es que hemos intentado buscar una forma de reducir las pajitas. ¿Hay alguna alternativa?». Quizá si lo pedimos lo suficiente, los restaurantes dejarán de poner pajitas por defecto.

Vale la pena planificar: Pasé mucho tiempo pensando, planeando y obsesionándome con las cosas que necesitaría para cualquier situación. Al final del viaje, nueve artículos pequeños y un poco de consideración me ayudaron a no usar 79 plásticos de un solo uso.

No siempre necesitas alternativas: Puedes evitar algunos plásticos de un solo uso sin tener que remplazarlos. Una tarde, en una heladería, tuve que rechazar las muestras que me ofrecían porque las daban en cucharillas de plástico. Pero al optar por un cucurucho en lugar de una tarrina, pude disfrutar de un helado delicioso sin plástico.

No eres perfecto: Antes de comprometerme, me sentí paralizada por lo abrumador que era este proceso, lo que puede desanimarte. Pero hacer algo es mejor que no hacer nada. Ayudar un poco —como no comprar una bolsa de patatas en el avión o llenar de agua una cantimplora antes de salir de casa— marca la diferencia. Acabé usando dos pajitas de plástico en el viaje porque, aunque son probablemente los plásticos de un solo uso más fáciles de evitar, suelen darlas por defecto en los restaurantes. Pero en general, me sentí bien por todo lo que no usé.

Aceptar este reto en unas vacaciones de una semana puede parecer un punto de partida más razonable que reformar todo tu estilo de vida, y quizá cuando vuelvas a casa te sientas una persona totalmente nueva.

Planeta o plástico: Comprométete, elige el planeta.