El mar Mediterráneo en seis alarmantes cifras

La situación de la cuenca del Mediterráneo traducida en cifras es uno de los mayores desafíos que nos apremian debido a la crisis ambiental derivada del cambio climático.

Publicado 3 jun 2019 15:21 CEST, Actualizado 5 ago 2021 18:35 CEST
Tiburones
Manu San Félix filmando los movimientos de un tiburón.
Fotografía de National Geographic

La cuenca del Mediterráneo es una de las zonas cero en la crisis climática: las sequías, la falta de agua dulce y la subida del nivel del mar se suman al rápido aumento de la temperatura de sus aguas, generando un impacto que golpea a esta región de forma especialmente virulenta.

El calentamiento en esta zona aumenta un 20% más rápido que en el resto del planeta, superando ya los 1’5 grados por encima de los niveles preindustriales. Si no se toman medidas adicionales para la reducción de los gases de efecto invernadero, en 2040 ese incremento llegará a los 2’2 grados y en 2100 podría llegar a los 3’8. Son las cifras del análisis de un grupo de más de 80 científicos en el informe Cambio climático y medioambiental en la cuenca mediterránea, realizado por la red Mediterranean Experts on Climate and Environmental Change (MedECC).

Además del cambio climático, el mar Mediterráneo se enfrenta a otras dos grandes amenazas: la sobrepesca y la contaminación. “Hemos perdido muchas especies, también emblemáticas, como la foca monje del Mediterráneo que está al borde de la extinción”, afirma Manu San Félix, el explorador de National Geographic y biólogo marino que da vida al documental Salvemos nuestro Mediterráneo.

“La sobrepesca está amenazando a muchísimas especies, los animales grandes son los primeros en ser eliminados, y también la contaminación, la pérdida de calidad del agua”, explica. “El mar Mediterráneo es un mar casi cerrado, tiene poca renovación, por lo que se nota mucho más que en otros mares abiertos ese vertido que hacemos sobre todo desde nuestros pueblos y ciudades”.

Entre todos los frentes que amenazan al Mediterráneo, cabe preguntarse qué suponen en el impacto real sobre nuestros ecosistemas.

1. El plástico supone el 95% de los residuos del mar Mediterráneo.

Tan solo Europa vierte entre 70 000 toneladas y 130 000 toneladas de plástico al agua cada año, según el informe Liberando plástico en el mar Mediterráneo de WWF. A nivel global, 8 millones de toneladas de plástico terminan en los océanos cada año, lo que se traduce en una epidemia que contamina ya hasta los rincones más recónditos del planeta.

Salvemos nuestro Mediterráneo (tráiler)
El 3 de junio llega el documental "Salvemos nuestro Mediterráneo", un viaje alrededor de la costa mediterránea española con el objetivo de analizar sus problemas y buscar soluciones para su recuperación.

Por su naturaleza, el agua del Mediterráneo no puede renovarse a la velocidad de otros océanos, por lo que la plaga de plásticos supone ya el 95% de los residuos de este ecosistema. De todas las partículas de microplásticos, entre un 21% y un 54% están en la cuenca del Mediterráneo, según afirma Greenpeace en Un Mediterráneo lleno de plástico (2017).

Tan solo España arroja más de 126 toneladas de plásticos al día, colocándose como el segundo país que más plásticos vierte al Mediterráneo, según afirma WWF.

2. Hasta 134 especies son ya víctima de la ingestión de plástico en el Mediterráneo

El vertiginoso declive de la biodiversidad es cada día mayor, y entre las especies que habitan estas aguas, Manu San Felix destaca que los “cachalotes, delfines o tortugas marinas están amenazadas por este residuo”.

La flora y la fauna sufren desde hace años una gran presión debido a la pesca, al turismo, al cambio climático y a la contaminación, principalmente. En menos de 70 años, el Mediterráneo ha perdido un 41% de los animales mamíferos que habitaban sus aguas y un 34% de sus peces, según un estudio publicado en Scientific Reports.

3. La posidonia oceánica ha descendido hasta un 40% en tan solo cuatro años

Reducida hasta un 40% en cuatro años en algunas zonas del Mediterráneo, según afirma San Félix, estas extensas praderas de vegetación que tapizan el fondo del mar tienen una importancia vital.

Manu San Félix buceando bajo una mantarraya.
Fotografía de National Geographic

Este manto marino es el lugar donde se alimentan y reproducen más de 400 especies de plantas marinas y 1.000 especies de animales, y su función es también proteger las costas de la erosión de las olas, que arrastrarían la arena sin la sujeción de estas praderas.

Pero su relevancia va mucho más allá: un metro cuadrado de las hojas de esta planta proporcionan unos 10 litros de oxígeno al día bajo las aguas, lo que la convierte en protagonista fundamental frente al cambio climático. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza afirmaba que estas praderas pueden acumular hasta el 40% del carbono almacenado cada año por la vegetación costera.

4. Más de 700 especies invasoras amenazan el Mediterráneo

“El mar Mediterráneo es el mar con mayor índice de especies invasoras”, afirma Manu San Félix, “es como si debajo del agua estuviese teniendo lugar una revolución en la cual luchan las especies nuevas con las autóctonas”.

Consideradas por la Unión Internacional por la Conservación de la Naturaleza (UICN) como la segunda mayor causa de las extinciones, las especies invasoras suponen una grave amenaza medioambiental y socioeconómica.

Especies invasoras

“Vi el primer ejemplar de pez loro en 2017, y ahora encuentro esta especie en casi todas mis inmersiones”, afirma Manu San Félix. “Más de 700 especies invasoras amenazan el mar Mediterráneo, la mayoría llega del mar Rojo tras cruzar el Canal de Suez”, alerta el documental. El pez escorpión, el pez globo o el pez león son otras de las especies más peligrosas que están invadiendo poco a poco el Mediterráneo.

5. Cerca de 150.000 toneladas de crudo se vierten cada año al mar

El Mediterráneo es ya el mar más contaminado del mundo y el más sobreexplotado de Europa.  “Muchas veces hacemos vertidos de aguas no depuradas”, declara Manu San Félix.

“El mar Mediterráneo es un mar casi cerrado, tiene poca renovación, por lo que se nota mucho más que en otros mares o en los océanos abiertos, donde hay más intercambio, ese vertido que hacemos sobre todo desde nuestros pueblos y ciudades. Desde nuestras costas desde el 1 de enero al 31 de diciembre estamos vertiendo agua insuficientemente depurada e incluso sin depurar, y es así de fuerte, pero hay que ser realista”.

6. Cinco especies podrían desaparecer muy pronto del Mediterráneo

A lo largo de las últimas décadas, el 99% de los tiburones del Mediterráneo han desaparecido debido a la sobrepesca, a la que se suma la contaminación con vertidos tóxicos y la plaga de plásticos.

“Para muchas especies no llegamos tarde, estamos a tiempo, pero sí es cierto que lo tienes que mirar con cierto optimismo”, declara San Félix. “Hay situaciones que verdaderamente asustan, y a mí me preocupan mucho, como lo que sucedió hace dos años con las nacras, el molusco más grande del Mediterráneo”.

Un pez raya ataviesa un cardumen de peces.
Fotografía de National Geographic

Su poder de filtración hace de este molusco un ser vivo imprescindible en nuestros ecosistemas, pero un verano arrasó casi con el 100% de las nacras, dejándolas desde entonces en peligro crítico de extinción.

La presión de la actividad humana está también poniendo en grave peligro especies como la posidonia oceánica o la foca monje. “Especies emblemáticas como la foca monje del Mediterráneo está al borde de la extinción. Desde hace años la tenemos ahí, la mantenemos, pero no conseguimos recuperarla”.

La sobrepesca amenaza también especies como el atún rojo o el mero, cuya pesca excesiva y una cría en cautividad mal gestionada han llevado a sus poblaciones al límite, como ocurre también con la cigarra de mar o el coral rojo.

 “Si pudiéramos viajar en el tiempo y ver los paisajes sumergidos del Mediterráneo hace 40, 50 o 60 años, nos daríamos cuenta de que muchos sitios no tienen nada que ver con lo que tenemos ahora. Tenían una salud y un brillo que estamos perdiendo, aunque aún se ve en algunos sitios”, afirma San Félix. “Pero no tenemos mucho tiempo para seguir diciendo que estamos a tiempo”.

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