La ONU aplaza la cumbre del clima COP26 por el coronavirus

El escenario provocado por el COVID-19 obliga a posponer el encuentro mundial contra el calentamiento global y acentúa el papel crucial de Glasgow para abordar con la urgencia necesaria la emergencia climática.

Thursday, April 2, 2020,
Por Cristina Crespo Garay, National Geographic
Cumbre del clima Madrid

La falta de ambición política puso un agrio broche de cierre a la vigesimoquinta Conferencia de las Partes, la más larga de la historia y la última antes de la entrada en vigor del Acuerdo de París.

Fotografía de Cristina Crespo Garay, National Geographic

La crítica situación que atraviesa el mundo entero por la pandemia del coronavirus COVID-19 obliga a la Organización Mundial de las Naciones Unidas a retrasar hasta 2021 la próxima reunión contra el cambio climático, planificada en la ciudad escocesa de Glasgow para la semana del 9 al 18 de noviembre.  

“A la luz de los efectos mundiales en curso de COVID-19, ya no es posible celebrar una COP26 ambiciosa e inclusiva en noviembre de 2020”, declara la ONU. Después de una COP25 que dejó tras de sí medidas insuficientes para paliar la crisis climática y dejó en manos del siguiente encuentro decisiones tan importantes como la la regulación de los mercados de carbono, Glasgow afronta el reto de posicionarse como el último encuentro clave para decantarnos por la toma de acción definitiva en la lucha contra el cambio climático antes de que las consecuencias sean irreversibles.

Sin embargo, el nuevo escenario mundial ha impactado drásticamente en todos los horizontes imaginables de nuestro sistema actual y obliga a tomar una decisión que, transmitida ayer día 1 de abril, fue tomada por la oficina de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y los representantes de Reino Unido e Italia.

“El mundo se enfrenta actualmente a un desafío global sin precedentes y los países están centrando sus esfuerzos en salvar vidas y luchar contra el COVID-19”, ha afirmado en un comunicado de la ONU Alok Sharma, presidente designado de la COP26 y secretario de Estado de negocios, energía y estrategia industrial. “Es por eso que hemos decidido reprogramar la COP26”.

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El gobierno escocés ha anunciado esta semana que el edificio en el que iba a tener lugar la COP26 se convertirá a lo largo de los próximos días en un hospital de campaña para apoyar a los centros sanitarios en los casos de coronavirus.

Con el objetivo de orientar la cita mundial, los representantes de más de 200 países iban a darse encuentro en una precumbre en la ciudad alemana de Bonn. Con las restricciones actuales, esta antesala de negociaciones ha quedado trasladada a octubre de este mismo año y espera pronto la confirmación de las fechas de la propia cumbre.

El parón mundial, ¿una oportunidad?

El Acuerdo de París quedó cerrado en las sesiones de la COP25 con el objetivo de tratar de alcanzar un reto clave: no superar, como máximo, los 2º de aumento de la temperatura global, a sabiendas de que superar el 1,5º ya tendrá consecuencias catastróficas.

Para ello, los países deben poner sobre la mesa las medidas que contemplan en sus planes de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero que, a día de hoy, llevarán a un aumento devastador de más de 3º. Por ello, Glasgow se posicionaba como la esperanza para la toma de acción real al representar una primera revisión oficial de esos planes nacionales tan decisivos.

“El COVID-19 es la amenaza más urgente que enfrenta la humanidad hoy en día, pero no podemos olvidar que el cambio climático es la mayor amenaza que enfrenta la humanidad a largo plazo”, afirma Patricia Espinosa, Secretaria Ejecutiva de la CMNUCC.

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Paradójicamente, el impacto de una de las epidemias más graves del siglo está dando un respiro a nuestro aire al menguar la actividad productiva y, por tanto, la demanda de energía y las emisiones de los países afectados.

Sin embargo, los expertos afirman que este receso de la contaminación ambiental tendrá un efecto boomerang parecido al que se ha observado tras otras crisis mundiales al tratarse de un parón temporal en la actividad mundial, muy lejos de los cambios estructurales necesarios en nuestros sistemas de producción de energía.

“Pronto, las economías se reiniciarán. Esta es una oportunidad para que las naciones se recuperen mejor, para incluir a los más vulnerables en esos planes, y una oportunidad para dar forma a la economía del siglo XXI de manera limpia, verde, saludable, justa, segura y más resistente”, afirma Espinosa.

Organizaciones medioambientales observan con recelo los pasos que ya planean países como China o Estados Unidos para reactivar la economía aligerando las medidas medioambientales que consideran un freno y que tanto necesitan en cambio vigorizarse.

En esta línea y debido al apremio de las decisiones que necesitan ser tomadas, la ONU asegura que la reprogramación ratificará “que todas las partes puedan concentrarse en los temas que se discutirán en esta conferencia vital y dará más tiempo para que se realicen los preparativos necesarios. Continuaremos trabajando con todos los involucrados para aumentar la ambición climática, desarrollar resiliencia y reducir las emisiones”.

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