Descubren microplásticos cerca de la cima del Everest

Nuevos estudios desvelan señales alarmantes de los estragos que hemos causado en el medioambiente, como la fusión de los glaciares o la contaminación por plástico.

Publicado 23 nov 2020 11:56 CET, Actualizado 2 dic 2020 10:45 CET
Fotografía de escaladores cerca de la cima del Everest

Los escaladores esperan en la cola para llegar a la cima del Everest en mayo de 2019. El torrente de personas que llegan a la cima cada año ha dejado su marca en la montaña en forma de diminutas fibras rizadas de plástico que se desprenden de los materiales sintéticos empleados habitualmente en ropa para actividades al aire libre.

Fotografía de Mark Fisher, National Geographic

Para aventureros de todo el mundo, el Everest es una vista inolvidable; una columna majestuosa de nieve sale volando de la cresta de su cima mientras el hielo desciende por su flanco. Pero si se observa más minuciosamente esta imagen asombrosa, como está haciendo un equipo de climatólogos, uno empieza a detectar las señales reveladoras de las repercusiones humanas causadas por personas que se encuentran tanto cerca como lejos.

En la actualidad, la superficie del hielo del campamento base de Nepal es 45 metros más baja que hace 35 años, la consecuencia de la fusión glaciar por el calentamiento constante del clima. Las zonas de hielo a gran altitud que antes se consideraban a salvo del calentamiento están empezando a menguar. Ni siquiera la propia nieve es tan prístina. A una elevación de poco más de 8400 metros, está contaminada de microplásticos, siendo el lugar del planeta a más altitud donde se han detectado.

Esto es lo que revela una serie de nuevos estudios publicados esta semana en una edición especial de la revista One Earth. Los estudios forman parte de un conjunto creciente de investigaciones que surgen de una iniciativa ambiciosa para estudiar cómo afectan el cambio climático y otras acciones humanas al Everest y la región circundante, organizada por la National Geographic Society y respaldada por Rolex como parte de su iniciativa Perpetual Planet.

Entre abril y junio del año pasado, un equipo interdisciplinario de más de 30 científicos se dispersó por el valle del Khumbu, en Nepal, instaló cinco estaciones meteorológicas y tomó cientos de muestras de roca, agua, nieve y hielo, entre otras. Los resultados expuestos en este número especial hacen hincapié en los estragos causados por los humanos en el medioambiente, incluso en los puntos más altos del planeta.

Heather Clifford, climatóloga de la Universidad de Maine, recoge agua de un arroyo al sur de la aldea de Pheriche, en Nepal. Más adelante, la analizaría en busca de microplásticos.

Fotografía de Paul Mayewski, National Geographic

Las muestras de nieve del Balcón del Everest, un punto que se encuentra a más de 8300 metros donde los escaladores se detienen antes de intentar llegar a la cima, revelaron la presencia de fibras de plástico diminutas elaboradas con materiales habituales en la ropa para actividades al aire libre.

Fotografía de Imogen Napper, National Geographic

Aunque algunos de los descubrimientos, como la presencia de microplásticos, no suponen una amenaza ambiental inmediata, otros son mucho más preocupantes. Por ejemplo, incluso los glaciares más altos del mundo están perdiendo hielo a un ritmo acelerado. No solo corren riesgo las comunidades locales y el importante sector turístico de montaña, sino también millones de personas que viven en zonas bajas y dependen de los glaciares como fuente de agua potable.

«Es un toque de atención real», afirma Paul Mayewski, líder de la expedición y director del Instituto del Cambio Climático de la Universidad de Maine. «A pesar del hecho de que la región es muy elevada, se está viendo gravemente afectada».

Nieve sucia

En una soleada mañana de mayo del año pasado, el glaciólogo Mariusz Potocki observó un flujo constante de alpinistas recreativos que pasaban frente al Balcón, un pedestal llano y espacioso ubicado a 8380 metros de altura a pocas horas de la cima del Everest. Potocki, glaciólogo de la Universidad de Maine, esperaba extraer un testigo de hielo de la nieve compactada por el viento en la cima de la montaña. Pero las multitudes hicieron que su equipo y él abandonaran el ascenso. (Al final, Potocki sí consiguió extraer el testigo de hielo más alto del mundo, a 8077 metros en un punto conocido como Collado Sur.) Potocki decidió ascender unas decenas de metros para llenar de nieve un pequeño tarro de acero inoxidable.

Un análisis posterior demostró que la muestra —y otras diez tomadas entre el campamento base y el Balcón— estaba llena de fibras de microplástico delgadas y rizadas.

«Las concentraciones de la montaña son sorprendentes», afirma la científica marina Imogen Napper, que analizó las muestras de nieve en su laboratorio de la Universidad de Plymouth, en el Reino Unido. «Es un lugar que aún considero una de las zonas más remotas y prístinas de la Tierra».

Lo cierto es que quizá no debería haber sido tan sorprendente. Se han encontrado microplásticos en casi todos los lugares que han analizado, desde las grietas más profundas del océano hasta los paisajes más vastos y abiertos. Algunas de estas partículas han sido transportadas largas distancias junto al polvo en el viento o las corrientes oceánicas. Pero en el Everest, según descubrió Napper, es probable que los culpables sean los senderistas y alpinistas.

Los tejidos sintéticos sueltan constantemente cantidades mínimas de fibras a medida que se desgastan. Un estudio desveló que un gramo de ropa sintética libera 400 fibras de microplásticos cada 20 minutos de uso, lo que podría equivaler a hasta mil millones de fibras al año en un abrigo que pese un kilogramo.

Los microplásticos del Everest son principalmente de poliéster, seguidos de acrílico, náilon y polipropileno, materiales utilizados habitualmente en la ropa para actividades al aire libre. También había una mayor concentración de plásticos allí donde los humanos solían acampar. Así que, aunque los plásticos de un solo uso se han prohibido recientemente en el valle del Khumbu y la comunidad de alpinistas ha progresado en la recogida de basura de las laderas del Everest, es probable que los microplásticos sigan acumulándose en la zona. También es posible que los vientos transporten más microplásticos a la montaña, señala Mayewski.

Los microplásticos, que son demasiado pequeños para verlos a simple vista, son muy difíciles de limpiar y a menudo se excluyen de la conversación sobre los residuos, que se centra en reducir, reutilizar y reciclar artículos grandes. «Estas acciones son necesarias e importantes», afirma Napper. Pero «las soluciones deben expandirse hacia nuevos avances tecnológicos».

Aunque solemos entrar en contacto con los microplásticos a diario, Napper dice que un hallazgo a esta altitud es una sorpresa. «Ahora los hemos encontrado en el fondo del mar y casi en la cima de la montaña más alta de la Tierra».

El geógrafo de la National Geographic Society Alex Tait utiliza lídar, un tipo de escaneado láser, para estudiar la topografía de la zona que rodea el campamento base del Everest en una resolución altísima.

Fotografía de Brittany Mumma, National Geographic

Durante su trayecto al campamento base del Everest, el equipo de cartografía perfeccionó los métodos de escaneado del lídar en un antiguo monumento budista conocido como estupa en la aldea de Phortse, Nepal. Más adelante emplearon los mismos métodos en el campamento base y el glaciar de Khumbu circundante.

Fotografía de Dirk Collins, National Geographic

La cinta transportadora glaciar

Mientras Potocki tomaba muestras de nieve de las laderas superiores del Everest, otros se afanaban al pie de la montaña. Alex Tait, geógrafo de la National Geographic Society, dirigió un equipo que llevó a cabo el reconocimiento topográfico más preciso del campamento base y el glaciar de Khumbu circundante. El equipo utilizó lídar (un tipo de escaneado láser) y fotogrametría (fotografía desde varios ángulos) para crear un modelo tridimensional que captó detalles hasta una escala de casi una pulgada, tiendas y rocas incluidas.

«Los científicos están pidiendo a gritos el conjunto de datos de lídar», afirma Tait. «Aunque es una sola instantánea, proporciona contexto para la comprensión histórica».

Uno de esos investigadores es el glaciólogo Owen King, de la Universidad de St. Andrews, en el Reino Unido, que comparó las nuevas imágenes con fotografías históricas de reconocimientos aéreos y satélites espía desclasificados. A continuación, creó reconstrucciones digitales de la superficie del glaciar de Khumbu y de otros 78 glaciares cerca del Everest remontándose hasta 1962.

Los datos no solo sirven como valores de referencia para cuantificar la futura pérdida de hielo en la región, sino que también exponen un panorama sombrío de la situación actual de la montaña. Desde 1962, los glaciares del Himalaya han estado fundiéndose de forma constante. Y ahora están menguando a ritmos un 50 por ciento más rápidos que hace seis décadas. Es probable que el aumento de las temperaturas esté impulsando estos cambios, ya que aumentaron aproximadamente un grado Celsius en las laderas meridionales del Himalaya durante el periodo estudiado.

El aspecto más preocupante de estos hallazgos es que el hielo se funde a altitudes superiores a los 6000 metros. «He de admitir que eso me dio que pensar», dice King. Explica que, a esa elevación, el hielo debería permanecer en estado sólido todo el año y la nieve debería acumularse para alimentar el sistema de glaciares.

La investigación de King revela que los glaciares del Himalaya no retroceden, sino que más bien adelgazan: pierden hielo desde la superficie hacia abajo en lugar de retroceder valle arriba. «Un glaciar es como una cinta transportadora», señala King. La nieve se acumula en las partes superiores del glaciar y se compacta en forma de hielo que fluye hacia el frente. Pero a medida que aumentan las temperaturas y disminuyen las nevadas, esta cinta transportadora se ralentiza y el glaciar empieza a menguar.

Paradójicamente, este adelgazamiento es menos pronunciado en las zonas más bajas de muchos glaciares del Himalaya, donde las temperaturas son superiores, pero la cinta transportadora ha construido un denso manto de restos rocosos que protege el hielo del sol. Esta merma suele ser más intensa en las partes más elevadas del glaciar, donde no hay tantos restos que lo cubran, lo que hace que el hielo sea vulnerable a la fusión con el aumento de las temperaturas.

Con todo, la capa de rocas no siempre basta para proteger el frente glaciar. La acción de cinta transportadora también acumula una colina de gravilla que rodea su límite inferior, denominada morrena terminal. Esta barrera rocosa puede capturar agua de deshielo, formando un lago que a menudo acelera la fusión glaciar.

¿Qué depara el futuro al Everest y el Himalaya? El equipo espera que su trabajo sirva de punto de partida para identificar las mejores vías de acción.

Hay algo seguro, según Mayewski: «Allí donde vamos las personas, dejamos nuestra huella, y esa huella no siempre es positiva».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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