Los ríos europeos están llenos de barreras artificiales, pero cada vez hay más partidarios de retirarlas

Los ríos de Europa están más fragmentados que los de cualquier otro continente, pero la concienciación del público genera más llamamientos para retirar pequeñas presas, diques y rampas.

Publicado 11 ene. 2021 13:38 CET
La presa de Gloriettes

La presa de Gloriettes, en el sudoeste de Francia, en el Gave d'Estaube. Las presas y otras estructuras más pequeñas atascan los ríos de Europa, causando estragos ecológicos en las especies autóctonas.

Fotografía de Andia, Universal Images Group/Getty Images

Los ríos de Europa están más fragmentados —es decir, que su caudal natural está interrumpido por barreras artificiales— que los ríos de cualquier otro continente, según demuestra una nueva investigación.

En un estudio de cuatro años en 36 países europeos, un equipo de científicos analizó casi 2700 kilómetros de río a pie y descubrió al menos 1,2 millones de obstáculos que alteran el curso natural de los ríos europeos. Sería el equivalente a unas 0,74 barreras por kilómetro de río.

«Los números que descubrimos son mayores de lo esperado y demuestran que los ríos europeos están fragmentados», afirma Barbara Belletti, geomorfóloga fluvial que dirigió el estudio en la Universidad Politécnica de Milán.

Las barreras artificiales, como las presas, son una de las principales amenazas para los ecosistemas fluviales. Detienen el curso natural de los sedimentos e impiden que los peces migratorios viajen río arriba o abajo para completar su ciclo vital.

El estudio, que se publicó en diciembre en Nature, catalogó miles de presas de gran tamaño en toda Europa. Sin embargo, los investigadores descubrieron que al menos el 85 por ciento de las barreras de los ríos europeos son estructuras más pequeñas, como aliviaderos, alcantarillas, vados, esclusas y rampas.

Estas barreras más bajas, la mayoría de menos de dos metros de altura, suelen pasarse por alto a pesar de que su efecto acumulado en la conectividad de un río puede ser considerable. Aunque los grandes embalses de almacenamiento pueden modificar el comportamiento de un río, casi todas las barreras, sea cual sea su tamaño, repercuten de algún modo en la vida fluvial.

«Como hay tantas, las barreras más pequeñas podrían ser más perjudiciales», afirma Carlos García de Leaniz, profesor de biociencias acuáticas en la Universidad de Swansea, en Gales, y coordinador del proyecto AMBER, el programa de Horizonte 2020 de la Unión Europea que proporciona la primera evaluación paneuropea de la fragmentación fluvial.

Por otra parte, indica que hay algunas buenas noticias: «Las iniciativas de mitigación para mejorar la conectividad de los ríos podrían no ser tan complicadas como se temía, ya que muchas de estas barreras pequeñas están obsoletas y pueden retirarse fácilmente».

Verificación en tierra

Con casi 7000 grandes presas, Europa genera el 13 por ciento de su electricidad mediante energía hidroeléctrica.

Aunque la mayoría de las grandes centrales hidroeléctricas de Europa se construyeron en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, gran parte de la fragmentación fluvial del continente puede rastrearse a siglos atrás. Muchos aliviaderos (barreras pequeñas que regulan el caudal) y presas bajas se construyeron durante los primeros días de la industrialización para prestar apoyo a las fábricas y los molinos, así como a la agricultura de todo el continente.

Los investigadores enseguida descubrieron que apenas existían datos sobre la cantidad ni la ubicación de las barreras, solo para las presas más grandes. Aunque algunos países, como Francia, mantenían buenas bases de datos nacionales sobre las barreras de los ríos, otros no lo hacían.

Las estructuras pequeñas rara vez pueden detectarse por satélite, así que su estudio tendría que basarse en la «verificación en tierra»: reconocimientos a pie de los ríos. «Decidimos ir al río y descubrir qué había», afirma García de Leaniz. «Nada sustituye tener personal sobre el terreno».

Mientras los equipos de científicos se desplegaban por las tres docenas de países europeos —analizando al menos cinco ríos en cada país en tramos continuos de 20 kilómetros—, también crearon una aplicación para que los científicos ciudadanos pudieran registrar nuevas barreras.

Belletti, la líder del estudio que ahora trabaja en el Centro Nacional para la Investigación Científica en Lyon, Francia, formó parte de un equipo de cuatro personas que evaluó el tramo superior del río Orco, que nace dentro del parque nacional Gran Paradiso, en los Alpes italianos. Ya era consciente de la existencia de dos grandes presas en el río, pero le sorprendió encontrar cuatro barreras pequeñas —una de menos de dos metros— dentro del parque.

«Nadie tenía ni idea de que estaban ahí», afirma.

Los investigadores crearon unos 630 000 registros de las barreras que encontraron. Como era probable que hubiera muchas más barreras de las que podían documentar, calcularon un factor de corrección para cada país, llegando al total de 1,2 millones de barreras.

Los hallazgos demuestran que la mayor densidad de barreras se encuentra en los ríos modificados de Europa Central, mientras que aún hay ríos con cursos relativamente libres en los Balcanes, los estados bálticos, partes de Escandinavia y Europa meridional.

Demoliciones de presas

En particular, las grandes presas afectan a los peces migratorios, ya que podrían impedir que lleguen a sus zonas de desove a pesar de los pasadizos construidos para permitir que circulen. Un estudio del 2020 reveló que las poblaciones de peces migratorios de agua dulce habían descendido un 76 por ciento a nivel mundial desde 1970, con un declive aún mayor en Europa: un 93 por ciento.

«Esto puede atribuirse directamente a la fragmentación de los ríos», afirma Herman Wanningen, director de la Fundación Mundial de los Peces Migratorios en Groningen, los Países Bajos.

La presa hidroeléctrica de Vezins, en Isigny-le-Buat (noroeste de Francia), se derribó el 8 de agosto de 2019. En Europa hay un movimiento creciente para retirar pequeñas presas, así como estructuras pequeñas que bloquean los ríos.

Fotografía de Lou Benoist, AFP/Getty Images

Aunque hay muchos planes para construir presas nuevas en la región relativamente prístina de los Balcanes, algunos países de Europa parecen estar siguiendo los pasos de Estados Unidos, donde hace unas décadas se puso en marcha una iniciativa a gran escala para derribar presas y restaurar los ríos. El mes pasado, California y Oregón renovaron sus planes para derribar cuatro presas en el río Klamath y desbloquear cientos de kilómetros de vías fluviales para los salmones en la que podría ser la mayor demolición de presas en la historia del país.

En Estonia, se prevé que la retirada de la presa de Sindi y otras barreras en el río Pärnu liberará más de 3000 kilómetros de vías fluviales. En Francia, se retirarán dos grandes presas del río Sélune para reconectarlo con el mar.

«Cuando se calculan los costes totales de volver a solicitar la licencia, el mantenimiento y los ingresos de la producción de energía, la conclusión es que en muchos casos es más barato retirar las presas y pensar en formas de producir energía de manera más eficiente», afirma Wanningen, coautor del estudio de Nature.

Campañas de concienciación

Los investigadores esperan que el nuevo estudio atraiga más atención al papel desmesurado que podrían desempeñar las pequeñas barreras a la hora de alterar los ecosistemas fluviales.

Los aliviaderos, las rampas y los vados podrían bloquear el paso de muchos seres vivos, desde invertebrados a los que no se les da tan bien nadar (como los cangrejos de río) hasta plantas acuáticas, por no mencionar los sedimentos vitales que transportan los ríos. «Para muchos organismos, no importa si la barrera mide un metro o 20 metros de altura; no pueden traspasarla», afirma García de Leaniz.

Un plano cenital del río Cogâlnic, en Ucrania, tras la retirada de sus presas.

Fotografía de Andrey Nekrasov, Barcroft Media/Getty Images

Según él, tiene sentido centrar las iniciativas de retirada en las barreras pequeñas, que son más fáciles de eliminar que una gran presa. Por otra parte, quizá algunas barreras no deberían retirarse, ya que impiden la intrusión de especies invasoras o protegen una cuenca hidrográfica de la contaminación. «Queremos conectar a los buenos habitantes con otros buenos habitantes, no con los malos», afirma.

En Suecia, que como la mayoría de los países europeos obtiene la mayor parte de su energía hidroeléctrica de grandes presas, las iniciativas de retirada se han centrado en presas y aliviaderos a pequeña escala. Recientemente, un fondo creado por las mayores empresas hidroeléctricas del país, cuyo fin es mejorar los estándares medioambientales de todas las presas, ha ofrecido a los propietarios y a los operadores de presas a pequeña escala una ayuda financiera para retirar las estructuras.

«Para la mayoría de la gente es una obviedad [aceptar esta oferta]... ya que estas operaciones suelen ser inviables económicamente», afirma Christer Borg, director de Älvräddarna (que se traduce por «Salvadores de los Ríos»), una organización medioambiental influyente en Suecia. Borg cree que podrían desmantelarse hasta mil presas pequeñas gracias al programa.

En Finlandia se ha seguido una estrategia similar. En un principio, las iniciativas de mitigación se centraron en retirar las alcantarillas en pequeños arroyos, por ejemplo, antes de pasar a las presas pequeñas obsoletas y, en tres años, a centrales hidroeléctricas pequeñas que aún se utilizan.

Una campaña pública sobre las retiradas de presas ha apelado a la opinión pública en Finlandia destacando los beneficios que muchos finlandeses asocian a los ríos libres de obstrucciones, como varias actividades de ocio (aquí está el gracioso anuncio), en lugar de centrarse en el tema como una cuestión de infraestructura que puede parecer abstracta.

«Hemos visto un cambio drástico en las actitudes respecto a esta cuestión; ahora una gran mayoría de los finlandeses están a favor de retirar incluso las presas hidroeléctricas», afirma Sampsa Vilhunen, director del programa de especies marinas y de agua dulce en el World Wildlife Fund en Finlandia.

Belletti dice que ella también ha observado una mayor conciencia pública sobre la importancia de la conectividad de los ríos en toda Europa. Cree que el proyecto de cartografía puede informar la aplicación de la Estrategia de Biodiversidad de la Unión Europea, que aspira a conectar 25 000 kilómetros de ríos europeos para 2030.

Stefan Lovgren, un colaborador frecuente de National Geographic, escribe sobre temas de conservación en agua dulce. Cubre el río Mekong en el Sudeste Asiático como parte de un proyecto del USAID llamado “Wonders of the Mekong” (síguelo en Instagram @mekongwonders).
Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.
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