Viaje y Aventuras

Visita este palacio inspirado en el Apocalipsis

El hotelero Son Bui se inspiró en los símbolos del libro de las Revelaciones, también conocido como el Apocalipsis de san Juan. Martes, 28 Agosto

Por Gulnaz Khan - National Geographic
Fotografías de Albert Bonsfills

Fue en el año del gran tsunami cuando el hotelero vietnamita Son Bui dice que habló con Dios por primera vez.

El 26 de diciembre de 2004, un terremoto de magnitud 9,1 sacudió el lecho marino en la costa de la isla indonesia de Sumatra. Las aguas retrocedieron y, a continuación, subieron de forma violenta, arrasando costas desde Indonesia a África oriental.

Aunque el epicentro estaba a más de 1.600 kilómetros de su casa de Hanoi, el temblor desconcertó a Bui y le envió en una búsqueda de significado. «No voy a la iglesia ni practico ningún rito religioso, pero sé que Jesucristo vive en mí», afirma. Esa sensación ha guiado su vida cada día desde el terremoto.

Ante las fuerzas catastróficas, tanto físicas como espirituales, Bui cambió las calles saturadas de Hanoi por las silenciosas orillas bañadas por el sol de Nha Trang, Vietnam, para empezar de cero. Inspirado por sus conversaciones continuas con Dios y por el «espíritu de verdad» del Apocalipsis, Bui empezó a diseñar su propio hotel basándose en los símbolos de las escrituras. En un país donde los cristianos son minoría, su objetivo es compartir su visión espiritual con huéspedes de todo el mundo.

 «Es como una película con un montón de personajes, entre ellos humanos, animales y monstruos», explica Bui. «Si visitas esta casa, verás cientos de detalles de diseño hermosos, exquisitos y creativos, que ilustran los personajes y los acontecimientos del Apocalipsis». En el contrato de construcción, Bui estipuló que el lugar debía completarse antes del 21 de diciembre de 2012, fecha del Apocalipsis, según se especulaba entonces. La vida no llegó a su fin en 2012 y tampoco lo hicieron las labores de construcción, pero actualmente el Palacio de las Revelaciones acoge a sus huéspedes con aire acondicionado, karaoke, vistas al mar y visiones bíblicas.

Una breve historia del fin de los tiempos

A lo largo de la historia, los relatos de nuestra creación se han alternado inevitablemente con relatos de nuestra destrucción. El Apocalipsis, que procede del término griego apokálypsis, se traduce como revelación, apelando a la necesidad intrínseca de los humanos de hallar un orden en el caos.

 «El pensamiento apocalíptico se desarrolló en el judaísmo hace unos 22 siglos», afirma Lorenzo DiTomasso, profesor de religiones y culturas en la Universidad Concordia de Montreal. «Entre sus primeras expresiones se encontraba el Libro de Daniel en la Biblia... El libro final del Nuevo Testamento es la Revelación de Juan, el proyecto del apocalipsis para todos los cristianos y uno de los libros más influyentes de la historia».

El libro de las Revelaciones o Apocalipsis de san Juan es el último del Nuevo Testamento y se escribió en torno al 95 C.E., cuando el Imperio romano perseguía a los cristianos. El libro, poético y evocador, describe la secuencia del apocalipsis con un despliegue impresionante de dragones, estrellas que caen, caballos con cabeza de león y un Jesucristo con los ojos en llamas.

Las profecías bíblicas se remontan a hace siglos pero, según DiTomasso, en las últimas décadas se ha producido una explosión de pronósticos del día del Juicio Final. El abanico de situaciones hipotéticas revela nuestras peores preocupaciones: la guerra biológica, los fenómenos meteorológicos extremos, el despertar de los muertos vivientes o ser dominados por robots hostiles se han convertido en arquetipos convencionales.

Jim Jones, fundador del Templo del Pueblo, predijo un «holocausto nuclear» en 1967. Charles Manson convenció a sus seguidores de que Helter Skelter, una guerra racial apocalíptica, se desencadenaría en 1969. Harold Camping, presentador de una radio evangélica, predijo el Rapto en seis ocasiones entre 1994 y 2011. Ronald Weinland, el «profeta del fin de los tiempos», predice que la Segunda Venida será el próximo verano.

Bui, así como muchas otras personas en el mundo entero, creían en el «Fenómeno de 2012». Según el calendario maya, el año 2012 marcaba el final de un ciclo de 5.000 años conocido como la Cuenta Larga, lo que se malinterpretó ampliamente como el «final» de su calendario. Un movimiento creciente de la Nueva Era anunció que el 21 de diciembre de 2012, el solsticio de invierno, sería la fecha en la que el mundo literalmente se destruiría o en la que la consciencia humana se renovaría.

Quizá por haber sobrevivido, Bui cree que la fecha de 2012 representaba un final metafórico, no un final absoluto.

¿Apocalypse Now?

El Palacio de las Revelaciones de Bui es único, pero el apocalipticismo es una creencia mundial.

DiTomasso explica que las creencias en el fin de los tiempos son globales e interculturales, y diversos grupos las han adaptado con el paso del tiempo. Tradicionalmente, el apocalipticismo se basaba en las escrituras, pero en la época moderna se alimenta de los problemas económicos, sociales y medioambientales de nuestro tiempo.

 «En el sentido bíblico, es Dios quien se encargará de todo, hará borrón y cuenta nueva, castigará a los malvados y recompensará a los justos con la vida eterna en la nueva creación», explica DiTomasso. Las creencias apocalípticas también son una teoría de justicia y salvación, según explica el investigador. «En el sentido secular, los salvadores son sobrehumanos, figuras políticas, económicas o sociales con mensajes mesiánicos, o fuerzas de otro mundo, como el libre mercado».

El aumento de las predicciones catastrofistas podría tratarse en parte de un síntoma de la era de Internet. Teorías marginales que antaño estaban geográficamente aisladas pueden cruzar océanos con un solo clic. En los años previos a 2012, proliferaron los documentales, libros, películas y vídeos de YouTube del día del Juicio Final. Incluso empresas como Vivios, que diseña refugios de supervivencia multimillonarios, colocó una cuenta atrás hasta el 21 de diciembre en sus materiales de marketing, según USA Today.

Los sociólogos sospechaban que a la gente le atraen estas teorías porque les ayudan a entender su mundo. Según algunos historiadores, el libro de las Revelaciones podría haber servido de consolación a los primeros cristianos perseguidos por el emperador romano Domiciano. «El destino final de la malvada Roma es caer bajo la poderosa mano de Dios», explica DiTomasso.

Revelación y redención

«El apocalipsis es una preocupación muy humana», afirma el Dr. Robert Joustra, profesor de política y estudios internacionales en Redeemer University College. «El denominador común, de Armagedón a Ragnarök, es la revelación y la transformación. Aunque la destrucción es un tema habitual, no es el tema real de las historias apocalípticas... Hablan de redención, renovación y una nueva realidad».

Los ideales de renovación pueden tener un atractivo universal, pero suscribir creencias apocalípticas puede ser perjudicial. «El pensamiento apocalíptico está alimentado por la sed de venganza hacia los enemigos de uno, la esperanza de que la justicia, que uno no se imagina que pueda ocurrir en este mundo o que no puedan traer manos humanas, sucederá en el siguiente mundo y durante toda la eternidad», afirma DiTomasso. «Por esta razón, el pensamiento apocalíptico ha atraído especialmente a grupos marginados o pequeños que están o consideran que están oprimidos, desfavorecidos o perseguidos».

Karen Douglas, profesora de Psicología Social en la Universidad de Kent, sugiere que las creencias que vinculan nuestro futuro a fuerzas que no controlamos puede ser reconfortante, pero, en última instancia, puede arrebatarnos poder. «Sabemos que creer en teorías conspiratorias está vinculado a las actitudes negativas hacia la política, la vacunación, el cambio climático e incluso el lugar de trabajo», afirma. «La gente que respalda o está expuesta a teorías conspiratorias tiende a desvincularse de estos aspectos importantes de la sociedad».

Una habitación con vistas

En el Palacio de las Revelaciones, Bui se ha rodeado de símbolos apocalípticos del libro de las Revelaciones: arañas con forma de llama colgando del techo, jinetes bordeando las escalinatas, ángeles flanqueando los balcones, estrellas caídas cubriendo las pasarelas y, en la piscina, una serie de lámparas rojas proporciona la ilusión de que el agua se convierte en sangre.

Ha descubierto nuevas formas de expresar su punto de vista. Ha diseñado una bandera de la paz mundial, que representa una familia humana. «Cuando la bandera de la paz mundial hondee en lo alto ante un oponente o un enemigo, reducirá significativamente el riesgo de conflicto y guerra», afirma Bui. Transmite el mensaje: «te honro, a ti, a tu familia, a tus ancestros, a tu nación. Intento decirte que somos hermanos nacidos bajo esta bandera, que somos una familia, así que ¿por qué tienes que luchar conmigo?».

Pero actualmente está escribiendo un libro acerca de su experiencia tras conocer a Dios y trabajar en el desarrollo de la aplicación PrayWish, una especie de red social como Facebook. Aunque él explica que la aplicación PrayWish no será una red social, sino «una red familiar», donde personas de todo el mundo puedan compartir sus oraciones.

Es difícil determinar cómo se identifican los huéspedes con el hotel y Bui no se muestra comunicativo a la hora de explicar cómo financió un proyecto de proporciones bíblicas. Pero está claro que el hotel le ha traído consuelo, e incluso alegría. Es más, el hotel representa un sendero hacia una especie de redención colectiva.

«En mi opinión, para eliminar por completo las guerras y conflictos de nuestra civilización, debemos eliminar nuestras diferencias y promover solo nuestras similitudes», afirma Bui. «Si somos una familia, el riesgo de guerras y matanzas se minimizará porque los miembros de una familia rara vez se matan entre sí. Permitamos que el mundo sea una casa y seamos una única familia».

Mientras tanto, Bui seguirá recibiendo visitantes a su palacio bíblico, aguardando a que llegue el apocalipsis real.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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