Viaje y Aventuras

Los atascos son solo uno de los problemas a los que se enfrentan los escaladores en el Everest

A medida que los últimos equipos abandonan la montaña, alpinistas y expertos debaten sobre cómo y por qué se ha torcido la situación.Thursday, May 30

Por Freddie Wilkinson
Los escaladores se ponen en fila para moverse por la cascada de hielo de Khumbu, una de las partes más peligrosas que se deben atravesar al escalar el Everest.

El lunes, Christopher Kulish, un abogado de 62 años de Boulder, Colorado, falleció en el campamento 4, ubicado a 7.925 metros de altura en el collado Sur, tras regresar de la cima del Everest. Según el hermano de Kulish, una valoración inicial indica que Kulish falleció por un paro cardíaco, no por mal de altura.

Con su muerte, la cantidad total de fallecimientos de esta temporada en el Everest es de 11 y el número de muertos total en este pico de más de 8.000 metros en el Himalaya esta primavera llega a 21. En esta temporada de escalada —que termina con la llegada del monzón en la primera semana de junio— aún quedan unos cuantos días, por lo que es posible que la cifra siga aumentando.

Una foto sacada la semana pasada por el alpinista nepalí Nirmal Purja Magar mostraba una fila casi continua de cientos de escaladores en un atasco en la colina hacia la cima del Everest. Todos ellos intentaban aprovechar el breve periodo de buen tiempo. La imagen se hizo viral, lo que dio pie a un debate instantáneo sobre si la montaña está demasiado abarrotada y provocó una conversación difícil —pero familiar— sobre si el gran número de fallecimientos se debía a la presencia de demasiados escaladores.

La mayoría de los guías y clientes que aparecen en la foto ya han abandonado el campamento base y ahora empiezan a compartir su historia. Pero no hay consenso.

Durante el descenso desde la cima del Everest y cuando se dirigía a escalar el adyacente Lhotse, Nims fotografió el atasco de escaladores del famoso paso Hillary. Subió esta foto a Instagram con la captura: «El 22 de mayo, encumbré el Everest a las 5:30 de la mañana y el Lhotse a las 3:45 de la tarde a pesar del tráfico (unas 320 personas)».

A un extremo tenemos a Elia Saikaly, cineasta canadiense, que subió la descripción siguiente a Instagram: «No me puedo creer lo que vi ahí arriba. Muerte. Carnicería. Caos. Filas. Cadáveres en la ruta y en tiendas del campamento cuatro. Gente que intentó volver y que acabó muriendo. Gente a la que arrastraban. Caminando sobre cadáveres. Todo lo que lees en los titulares sensacionalistas, todo se repitió en nuestra noche en la cima». Ya ha borrado ese pie de foto.

Otros hablan con un tono más mundano: «Era como hacer cola durante una semana ajetreada en un complejo de esquí», afirma Dirk Collins, cineasta de Wyoming que trabaja con la National Geographic Society. «Frustrante, pero más bien aburrido —no es lo que te esperarías— tener que hacer cola en el Everest». El equipo dirigido por la National Geographic Society tenía pensado llegar a la cumbre, pero se dio la vuelta debido a la multitud.

Con todo, algunos guías veteranos rechazan la historia de que las colas matan gente y sostienen que son un síntoma de problemas superiores, no la causa directa de la mayoría de las muertes.

«Ese argumento es falso», afirma Ben Jones, guía estadounidense de Alpine Ascents International. «Ninguna de las [muertes] de las que me enteré fue la consecuencia de haber hecho cola... Se trata principalmente de problemas en la toma de decisiones».

El cineasta Elia Saikaly subió esta foto a Instagram con el pie de foto siguiente: «Esta fotografía de la cumbre sur se sacó rápidamente durante nuestro descenso, mientras nos apresurábamos para evitar el frente meteorológico entrante. Apenas contemplé las vistas y saqué esta foto rápidamente mientras descendía la montaña deprisa».
Los equipos de las expediciones, tanto los que tratan de alcanzar la cumbre del Everest como los que ya se han dado la vuelta, siguen un solo camino abarrotado.

¿Cómo es hacer cola a 8.500 metros?

El problema no se limitó a un día. Jones dirigió su equipo comercial hasta la cima el 23 de mayo, el día después de que se sacara la infame foto. «Había dos personas impidiendo el avance de una fila de 50. Ese fue el único problema que tuvimos», afirma. «Ni se movían ni dejaban pasar a nadie». Jones estima que esto provocó la mayor parte de la espera, que fue de unas dos horas.

«La fila se quedó quieta, esperando que esas dos personas se movieran, pero no se movían», continúa Jones. En una publicación reciente, el bloguero Alan Arnette, que ha escrito sobre el Everest durante años, calculó que cinco de las 11 muertes de esta temporada podrían estar relacionadas con la multitud.

«Si sigues subiendo hacia la cima cuando no tienes suficiente oxígeno para bajar, es una mala decisión», afirmó Eric Murphy, compañero de Jones en Alpine Ascents International. «Cuando estábamos allí esperando a que esta gente se fuera, bajamos un poco el flujo de oxígeno para asegurarnos de que no se agotara», explicó Murphy, describiendo cómo su equipo conservó el oxígeno embotellado necesario para las partes más altas de la montaña.

Según Murphy, la lentitud de las colas es también un problema de liderazgo. «Si [los escaladores lentos] tienen sherpas con ellos, esos sherpas deberían decirles que se echen a un lado, que descansen un poco y que dejen pasar a la gente», afirmó, añadiendo que esto «pone demasiada responsabilidad en muchos de los sherpas».

Murphy también señaló algunos matices en las técnicas de escalada que ralentizaron el flujo del tráfico. «Algunas personas se enganchan a cualquier cuerda con un ascensor, incluso en terreno plano», afirmó. Un ascensor se engancha a una cuerda fija e impide que el escalador se deslice. Cuando el terreno es plano, un mosquetón normal es más rápido y también más seguro, relativamente. El proceso de enganchar y desenganchar un ascensor puede sumar 10 o 15 segundos a cada transición. Un escalador del Everest estima que hay entre 500 y 600 transiciones, que equivalen a unas dos horas o más, algunas de las cuales pueden evitarse con un proceso más simple. «Es mucho más lento que simplemente engancharse a la cuerda con un mosquetón».

«La multitud es un titular... Es la falta de experiencia de la gente en la montaña», afirma Mark Fischer, guía experto que también formaba parte del equipo científico dirigido por la National Geographic Society. «La gente no parecía saber cosas como cuidar de sí mismos, cómo escalar de forma eficiente y cómo prepararse adecuadamente para el entorno».

Otro problema que afectó a la cantidad de escaladores en lo alto de la montaña está relacionado con las previsiones meteorológicas. El Everest suele tener entre 10 y 15 días de tiempo relativamente tranquilo en mayo, cuando los escaladores intentan llegar hasta la cima. Esta temporada, los restos del ciclón Fani alcanzaron el Himalaya la primera semana de mayo, lo que retrasó unos cuantos días al equipo de escalada de sherpas que coloca una serie de cuerdas fijas utilizadas para ascender hasta la cima. Tras la apertura de la ruta a la cumbre el 14 de mayo, el tiempo siguió siendo impredecible, con vientos tempestuosos de entre 65 y 95 kilómetros por hora (las velocidades seguras son de menos de 48 kilómetros por hora) y temperaturas por debajo de la media. Entonces, sobre el 19 de mayo, los modelos meteorológicos cambiaron por completo y uno de los mejores días según a las previsiones, el 24 de mayo, cambió de repente a peor. Con vientos sostenidos de más de 95 kilómetros por hora, muchos equipos cambiaron sus intentos de alcanzar la cima al 23 o 22 de mayo.

Los equipos suben por una parte de la ruta conocida como el Balcón, hacia la cima del Everest. En 2019, Nepal emitió una cifra récord de permisos de escalada y una cantidad similar de permisos a guías y sherpas, contribuyendo al hacinamiento en la montaña.

Evitar la hora punta

Aún no se dispone de las cifras finales oficiales de la temporada de 2019 en el Everest, pero es probable que este año sea una temporada récord por cantidad de personas que han alcanzado la cima. Según los últimos informes, el gobierno nepalí emitió 381 permisos esta temporada —un récord— con aproximadamente otros 140 permisos para escalar desde el Tíbet. (Los escaladores sherpas profesionales que trabajan en la montaña no se incluyen en el recuento.) Según Alan Arnette, la cifra no oficial de este año es de más de 700 escaladores, que incluye a los sherpas; el récord, batido en 2018, está en 802.

China minimiza el problema del hacinamiento en su parte del Everest emitiendo muchos menos permisos y muchos operadores han trasladado sus operaciones al lado chino de la montaña.

El problema no es solo la cantidad, sino la calidad de algunos servicios de guía que atienden la afluencia de escaladores en el lado nepalí. «Creo que, en general, el mayor problema en el Everest —y a la gente no le va a gustar oír esto— son las empresas locales que llevan a gente sin experiencia, gente incompetente, y tiran de ellos montaña arriba», afirma Jones.

Quince de los 21 escaladores que fallecieron este año en picos de más de 8.000 metros eran clientes de expediciones nepalíes, frente a servicios de guías internacionales que trabajan en conjunción con un proveedor local.

«Elaboramos estrategias constantemente para evitar las multitudes», explica Jones. «Abandonar el campamento unas horas antes o después puede cambiarte el día. Es solo otra capa de toma de decisiones en el Everest... Los servicios de guías occidentales se comunican entre sí, otros operadores, no tanto...».

Es un tema sensible porque la lucrativa industria de la escalada de Nepal ha estado dominada durante años por guías occidentales y, solo en la última década, las empresas nepalíes han empezado a organizar incursiones significativas, principalmente cobrando menos que sus homólogos extranjeros y trabajando para la gama baja del creciente mercado de clientes que quieren ser guiados por la montaña más alta del mundo.

Si las multitudes no son las culpables directas de las muertes, sí son indudablemente responsables de aumentar los riesgos por necesitar jornadas más largas para llegar a la cima y cambiar de forma indeleble la dinámica de la escalada del Everest.

Uno de los pocos escaladores de élite en la parte nepalí del Everest esta temporada fue el alpinista alemán David Goettler, que intentó escalar la montaña sin oxígeno suplementario, un estilo preferido por los puristas, pero que aumenta la posibilidad de sufrir lesiones por congelación y mal de altura, y que exige condiciones perfectas. Goettler se vio obligado a darse la vuelta a unos 200 metros de la cima. No estaba dispuesto a aceptar los riesgos de seguir adelante por las multitudes.

«Aunque dijera que quería descender, de repente tendría que hacer cola con el resto de gente que descendía y no podría moverme lo bastante rápido como para entrar en calor», explica Goettler. «Era un riesgo que no estaba dispuesto a correr, que podría haber provocado una catástrofe...».

Los equipos usan una serie de campamentos para descansar en el campamento tres antes de ascender hasta su siguiente parada en el campamento cuatro, antes de su intento final de llegar a la cima de la montaña.

Goettler continúa: «[La experiencia] era lo que esperaba... Creo que es deshonesto ir al Everest y quejarse de las multitudes y de sus habilidades. Claro, está bien leerlo en los medios, pero es lo mismo que he visto en el Mont Blanc o el Matterhorn. Nosotros, los profesionales, contamos al mundo lo maravilloso que es explorar estos lugares. Y claro, luego vienen las multitudes».

Tanto Ben Jones como Eric Murphy lamentan los titulares negativos que sigue generando el Everest y señalan que han escalado con algunos de sus clientes durante más de una década. «Cuando construyes relaciones, la camaradería [que tenemos] para alcanzar esa meta es algo especial», explica Murphy.

«Cuando volvemos a casa, amigos y familiares nos preguntan qué pasa allí arriba, porque lo único que escuchan son artículos negativos que salen cada año... Y, en mi opinión, no es cierto», afirma Jones. «En el alpinismo, nunca es una sola decisión la que provoca consecuencias negativas, sino una serie de malas decisiones».

Nota: Un equipo científico dirigido por la National Geographic Society en colaboración con la Universidad de Tribhuvan y Rolex fue una de las varias expediciones de esta temporada de escalada.
Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.
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