Viaje y Aventuras

Moscú en 72 horas: el itinerario definitivo

Visita maravillas arquitectónicas, descubre la historia soviética y prueba los sabores locales en esta ciudad de cúpulas doradas.miércoles, 17 de julio de 2019

Por Aanchal Anand
El Kremlin y la Plaza Roja se incluyeron en la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco en 1990.

Moscú es una ciudad donde conviven el pasado y el futuro. Aquí encontrarás de todo, desde fuertes medievales y monolitos soviéticos hasta rascacielos de cristal y centros de innovación. El espíritu de Moscú refleja su tamaño incontenible. Los moscovitas, los casi 12 millones residentes de la ciudad, siempre están en marcha, así que prepárate para seguirles el ritmo. A continuación, te contamos cómo aprovechar tres días en Moscú.

Día 1: Mosaicos y estaciones de metro

9 a.m. Recorre el laberinto del metro de Moscú, una obra de arte viva que surca la metrópolis. En ellas verás arcos y columnas de mármol, mosaicos dorados y arañas resplandecientes. Cada estación es única. Algunas de las estaciones más hermosas son Kíyevskaya Prospekt Mira (línea marrón); Mayakovskaya (línea verde oscura); y Plóshchad RevolutsiiArbatskaya Elektrozavodskaya (línea azul oscura). Perderse en el metro es todo un rito de iniciación. Sin embargo, antes del Mundial de fútbol de 2018, la mayoría de los trenes introdujeron mapas de ruta y anuncios por megafonía en inglés, lo que facilita el desplazamiento a los extranjeros.

Hay tres estaciones que te llevarán a la Plaza Roja, pero Plóshchad Revolutsii es ideal. Sus plataformas poseen numerosas estatuas de bronce de soldados con sus perros. Los lugareños suelen detenerse a tocar la nariz de los perros y pedir un deseo.

ver galería

9:45 a.m. Visita la emblemática Plaza Roja para contemplar las torres de ladrillo rojo y la muralla oriental del Kremlin de Moscú, el mausoleo de Vladímir Lenin, el Museo Estatal de Historia y las coloridas cúpulas psicodélicas de la catedral de San Basilio. Haz cola frente al mausoleo de Lenin para poder visitar al hombre tras la Revolución rusa, que ha descansado en esta tumba durante casi un siglo, preservado con productos químicos.

La pintoresca catedral de San Basilio se construyó en el siglo XVI para conmemorar la victoria del zar Iván el Terrible sobre el Kanato de Kazán y la transformación de Moscú en un importante centro de poder. Puedes visitarla o seguir paseando hacia el río Moscova y el puente Bolshói Moskvoretsky, desde donde contemplarás unas vistas espectaculares del Kremlin y la Plaza Roja.

Los arcos de mármol, mosaicos dorados y arañas resplandecientes decoran las estaciones de metro de Moscú.
Los arcos de mármol, mosaicos dorados y arañas resplandecientes decoran las estaciones de metro de Moscú.

Otra estructura que te llamará la atención es la cúpula dorada de la catedral de Cristo Salvador, justo al sudoeste del Kremlin. A diferencia de San Basilio, esta catedral no sobrevivió a la persecución religiosa comunista. La original se destruyó en 1931 y la zona se convirtió en una piscina al aire libre, la más grande del mundo. La caída del comunismo trajo consigo la libertad religiosa y la catedral se reconstruyó en los años 90. Si te das la vuelta, verás una de las «Siete Hermanas», los monolitos estalinistas que dominan el perfil urbano de Moscú.

11:45 a.m. Vuelve a la Plaza Roja para ir de compras en el GUM, los mayores grandes almacenes de Rusia. Como Rusia, la tienda ha experimentado muchos cambios. El GUM se construyó en la época imperial como un enorme centro de negocios y su medalla de honor en la era soviética fue estar relativamente mejor abastecida que otras tiendas. En la actualidad, es un centro comercial deslumbrante que alberga Hermès y Louis Vuitton. Aunque no compres nada, las largas galerías con arcadas y el techo de vidrio cóncavo son una delicia arquitectónica. A continuación, sube al tercer piso para comer en Stolovaya Nº 57, un restaurante de estilo soviético con platos locales y una atmósfera relajada. Prueba el syrniki (que sería algo así como tartas de queso), el trigo sarraceno con salsa de setas o las chuletas.

2 p.m. El Kremlin de Moscú, sede del gobierno ruso, se construyó en el siglo XV y alberga catedrales, museos y objetos únicos de la Rusia imperial. Empieza en la Armería, donde te quedarás boquiabierto ante huevos Fabergé, trajes imperiales y regalos presentados a los zares. No te pierdas el Fondo de Diamantes de la Armería, donde los visitantes podrán maravillarse al ver la corona de la zarina Catalina la Grande.

El Teatro Bolshói celebra actuaciones de ópera y ballet, entre ellas clásicos como «El lago de los cisnes» de Tchaikovsky.

Pasea alrededor de la plaza de las Catedrales para admirar las cúpulas doradas que sobresalen de las catedrales ortodoxas. No te pierdas la Campana del Zar, una campana de bronce de 5,7 metros, un decorado perfecto para fotos. También vale la pena admirar el cercano Cañón del Zar. Termina en el Jardín del Kremlin e intenta encontrar a Cosmos, el solitario roble plantado por Yuri Gagarin, el primer hombre en el espacio, dos días después de su extraordinario vuelo en abril de 1961.

7 p.m. Pon punto final al día asistiendo a una actuación de ópera o ballet en el Teatro Bolshói, uno de los bastiones de la excelencia dramática rusa desde el siglo XIX. Con suerte, podrás asistir a la obra maestra de Tchaikovsky, El lago de los cisnes, representada en el escenario en el que se estrenó en 1877. Las entradas suelen agotarse, así que resérvalas con antelación y llega temprano para disfrutar de la arquitectura neoclásica del edificio. Los rusos se toman el teatro muy seriamente, así que tendrás que llevar tus mejores galas.

Día 2: Arte y gastronomía

10 a.m. La extraordinaria entrada a la Galería Tretyakov da la bienvenida a los visitantes de la colección definitiva de bellas artes de Moscú, que abarca casi un milenio. Puedes explorar los iconos y mosaicos del siglo XII o perderte entre las pinceladas de los pesos pesados del arte ruso de los siglos XIX y XX, como Iván Shishkin e Iliá Repin. La Nueva Galería Tretiakov, un edificio nuevo, exhibe a artistas del periodo soviético.

1 p.m. Disfruta del calor veraniego en uno de los espacios abiertos más dinámicos de Moscú: el parque Gorki, un paraíso hípster que se sometió a una importante reforma para pasar de ser una reliquia soviética a un centro de la vida cultural. Compra comida para llevar o come de plato en el Grill Bar Zharovnya o en La Boule. Pasea por el Muzeon, un museo escultórico al aire libre que acoge innumerables estatuas y símbolos de la época soviética. El Muzeon discurre junto al río Moscú y ofrece vistas magníficas de la estatua de 98 metros del zar Pedro el Grande.

7 p.m. Te recomendamos que vayas a cenar al White Rabbit. Este restaurante, que figura entre los 50 mejores del mundo, debe su éxito al chef Vladímir Mukhin, cuyas proezas culinarias han aparecido en el programa Chef’s Table de Netflix. White Rabbit sirve comida rusa con toques innovadores; por ejemplo, caviar de erizo de mar y hummus de remolacha. Y, cómo no, en el menú también hay conejo. ¿Hemos mencionado las vistas espectaculares de Moscú que hay desde la cúpula de cristal del restaurante?

Día 3: Mercados y museos

10 a.m. Si el Kremlin de Moscú te parece señorial, en el colorido centro cultural Kremlin de Izmaylovo encontrarás un toque de Disneylandia. Izmailovo, construido en 2007, es un lugar fantástico donde pasear antes de cazar gangas en Vernisazh, un mercadillo con puestos que venden reliquias de la Guerra Fría. Encontrarás sellos, billetes, pines, pósteres propagandísticos e incluso tazas de acero de la época soviética. Allí podrás encontrar matryoshkas, las famosas muñecas rusas; khokhloma, productos artesanales de madera pintados a mano; y joyas de ámbar del Báltico. No te pierdas los giros modernos de los regalos tradicionales rusos, como las matrioskas de políticos modernos y las cajas de música en forma de catedrales ortodoxas. Para un mercado tan popular, los precios de Vernisazh son ridículos y puedes regatear sin dudarlo. Los sábados y los domingos son los mejores días para visitarlo.

Las matrioskas rusas son el recuerdo perfecto y se venden por todo Moscú, incluso en el mercadillo de Vernisazh.

1 p.m. Llegados a este punto, es probable que te de la sensación de que queda mucho por ver en Moscú y que tienes poco tiempo para hacerlo. Así que elige lo que más te guste. ¿Quieres más iglesias ortodoxas? Acude al convento de Novodevichy, un lugar Patrimonio Mundial de la Unesco, utilizado por las mujeres de la familia del zar. ¿Aún estás buscando regalos y recuerdos? Dirígete a la calle Arbat, una calle histórica adoquinada con calles y restaurantes. ¿Prefieres profundizar en la historia rusa? Visita el Museo Estatal de Historia en la Plaza Roja. ¿Te fascina la Guerra Fría? El Museo del Búnker 42, a 18 pisos bajo el metro de Taganskaya, fue un centro de mando estratégico y un refugio nuclear. ¿Te encanta la literatura rusa? No te pierdas la Casa de Gogol y el Museo de Bulgákov. ¿Te has quedado con ganas de arte? Visita el Museo Estatal Pushkin de bellas artes o el Museo Garage de arte contemporáneo.

8 p.m. Pon fin al viaje con una buena cena. El Café Pushkin ofrece interiores antiguos, deliciosos platos rusos y un servicio de cinco estrellas. Aunque no comas aquí, disfruta de una taza de té Pushkin, una mezcla singular de Earl Gray con tonos cítricos. Si buscas algo más barato, ve a Varenichnaya (varios locales), que posee un amplio menú de platos rusos y una decoración que parece sacada de un póster soviético. También te recomendamos Mari Vanna (varios locales), otra cadena rusa.

Moscú también es un lugar perfecto para probar la comida de otros estados soviéticos. Ve al Khachapuri para probar los homónimos khachapuri, un pan georgiano relleno de queso. Para catar un auténtico plov uzbeko, reserva en el Uzbekistán. ¿Prefieres seguir disfrutando al aire libre? El Bar Strelka es un local de moda con vistas magníficas, comida excelente y una pista de baile para que la noche nunca se acabe.

Aanchal Anand ha recorrido más de 50 países de cinco continentes. Síguela en Twitter.
Esta historia se adaptó de National Geographic Traveller India y se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.
Seguir leyendo