St. Pancras: el insólito renacimiento de una leyenda londinense

La estación de tren victoriana salvada por un poeta es la joya de la corona de esta renovación urbana.

Por Nicola Trup, Anne Kim-Dannibale
Publicado 20 feb 2020, 11:04 CET
Estación de St. Pancras
La estación de St. Pancras afianza una zona revitalizada del norte de Londres. La estación ha sido transformada en los últimos años.
Fotografía de Georg Knoll, Laif, Redux

Con su exterior de ladrillos rojos y una torre del reloj imponente, es imposible no ver la estación de tren internacional de St. Pancras. Muchos consideran que la estructura gótica victoriana de la década de 1860 es una obra maestra arquitectónica. Sin embargo, un siglo después de su construcción, British Railways quiso demolerla y reutilizar el terreno.

Fue entonces cuando intervino un poeta que amaba la arquitectura victoriana.

Sir John Betjeman, qué más adelante se convirtió en uno de los poetas laureados más populares del Reino Unido, encabezó con éxito una campaña para salvar St. Pancras y plantó la semilla de una estación de tren de talla mundial que compondría el corazón de un barrio en auge.

Hoy, en el entresuelo de la estación, lejos de las hordas de viajeros que esperan los trenes a Loughborough y Luton (o los trenes Eurostar a París y Ámsterdam), una estatua de Betjeman sostiene su sombrero y contempla el espectacular techo abovedado. Alrededor de los pies hay una inscripción que reza: «Quien salvó esta gloriosa estación».

 

Del carbón a la conservación

El alma de Betjeman perdura en esta parte del código postal N1, donde la construcción está transformando este centro de transporte en un destino en sí mismo.

En la zona entre las estaciones de St. Pancras y King’s Cross, los elementos industriales se transforman en cafeterías, tiendas y pisos de lujo. Al otro lado del Regent’s Canal, en Granary Square, los graneros convertidos abrieron sus puertas como bares y restaurantes en 2012.

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    Coal Drops Yard, antaño dedicada al transporte de carbón en King’s Cross, es el lugar al que ir si quieres conseguir discos antiguos y un café elaborado por expertos.
    Fotografía de James Veysey, Camera Press, Redux

    La vecina Coal Drops Yard comenzó su nuevo capítulo en 2018. Este conjunto de almacenes y viaductos antiguos debe su nombre a su diseño y su propósito originales (una vía elevada para descargar tolvas de carbón) y quedó obsoleto para finales de los 80. Los edificios se convirtieron en el emplazamiento de raves ilegales hasta que los transformaron en las discotecas The Cross, The Key y Bagley’s (más adelante Canvas).

    Con el sol resplandeciendo sobre ellos, los tejados curvos de los edificios gemelos de Coal Drops Yard parecen alas, una forma orgánica en medio de un mar de ángulos industriales. Debajo hay una mezcla de tiendas de diseño y restaurantes de lujo entre los que se intercalan algunos bares pequeños.

    En un espacio hogareño junto a uno de los edificios, marcado por macetas y un revoltijo de muebles, los amantes del café piden flat whites en Redemption Roasters. Los granos de la cafetería se tuestan en la cárcel de Aylesbury, donde también forman a los reclusos para que sean baristas.

    Al norte de King's Cross y St. Pancras, los edificios de oficinas modernos y elegantes y los pisos de lujo tienen vistas al Regent’s Canal.
    Fotografía de Sarah Lee, Eyevine, Redux

    No muy lejos salen notas de música soul de Honest Jon’s, descendiente de la legendaria tienda de discos que permaneció durante 45 años en la misma ubicación en Portobello Road.

    A lo largo del camino de sirga del canal, han convertido en pisos de lujo tres tanques de almacenamiento de gas de la era victoriana, cuyos armazones de hierro fundido rodean los edificios cilíndricos que contienen.

    En las riberas meridionales del canal se encuentra el parque natural de Camley Street, que alberga 8000 metros cuadrados de bosques, prados y humedales. En su día, esta zona también fue un punto de transporte de carbón que la naturaleza reclamó cuando dejó de usarse; la vegetación lo convirtió en un refugio para la fauna salvaje.

    Cuando se habló de reurbanizar la zona, el London Wildlife Trust organizó una campaña de éxito para convertirla en una reserva natural, un «oasis verde en medio de una jungla de hormigón», en palabras de la directora Karolina Leszczynska-Gogol. El parque reabrirá en la primavera de 2020 con nuevos centro de visitantes y de aprendizaje.

    Reinventando un «barrio rojo»

    Por cada nuevo bar y restaurante, aún quedan muchos pubs tradicionales, como The Scottish Stores, cuyos letreros contemporáneos le hacen un flaco favor. Dentro encontrarás el ideal platónico de un pub: paneles de madera, papel pintado de William Morris, cerveza auténtica y tarros de frutos secos.

    «¿Ves eso? Son originales», afirma Gerard Oliver, un sudafricano risueño que ha regentado el pub desde 2018. Señala una serie de dibujos caricaturescos de cazadores y beagles insertados en la madera y preservados tras cristales. Antes de que los dueños actuales se hicieran cargo del pub, estas ilustraciones habían quedado ocultas tras varias capas de mugre y pintura barata.

    El interior reconstruido de la estación de King’s Cross en Londres resalta el techo con rejillas en diagonal, similar al del Great Court del Museo Británico.
    Fotografía de Doug Armand, Getty Images

    Originalmente, The Scottish Stores era una posada que ofrecía habitaciones a los comerciantes (muchos de ellos escoceses que habían ido en tren a King’s Cross), pero adquirió la reputación de ser un lugar insalubre frecuentado por personas dedicadas a la prostitución y al delincuencia y era célebre por las peleas de bar. En los años 80, durante el apogeo de este infame barrio rojo, se convirtió en un bar de striptease.

    «Era sucio y oscuro, las ventanas estaban negras y la madera estaba manchada de nicotina. Entré una vez en aquella época y recuerdo haber pensado que el lugar tenía mucho potencial», me cuenta Oliver. Finalmente, los actuales dueños del pub también vieron su potencial y lo restauraron y lo reabrieron en 2015.

    Caracterizar la historia reciente de la zona como un fénix que resurge de la inmundicia a la respetabilidad no lo explica todo. Además de la prostitución, el consumo de drogas y la vida nocturna ilícita, el enclave posindustrial proporcionó espacios de trabajo a los artistas.

    «Era bastante chungo, pero claro, el espacio para los estudios era barato. El complejo de estudios Cubitt (antes de trasladarse al [cercano] barrio de Angel) albergaba una comunidad que incluía a dos ganadores del Premio Turner. La verdad es que era de alto nivel», cuenta el artista visual Michael Pinsky, que lleva viviendo y trabajando en la zona desde 1996.

    Sin embargo, el recuerdo de Pinsky de aquellos días no es de color de rosa. «Lo prefiero ahora. El desarrollo urbano de King’s Cross es bastante lujoso, pero dicho esto, la zona donde vivo (entre Caledonian Road y York Way) aún está bastante deteriorada si tenemos en cuenta lo céntrica que es. No la han convertido del todo todavía. Pero eso no pasará hasta dentro de 10 años más o menos», afirma.

    Nicola Trup es editora adjunta del National Geographic Traveller y viceredactora del National Geographic Traveller Food, ambas en el Reino Unido. Síguela en Twitter.
    Anne Kim-Dannibale es editora digital de viajes en National Geographic. Síguela en Instagram.
    Artículo adaptado de National Geographic Traveller (edición británica) y publicado originalmente en nationalgeographic.com.

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