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¿Por qué tenemos árboles de Navidad? Esta es la historia de la tradición festiva

De Estonia a la Antártida, este símbolo que antes era pagano ha adoptado muchas formas extrañas.

Publicado 21 dic 2020 14:09 CET
La reina Victoria y su familia junto al árbol de Navidad

En diciembre de 1848, una ilustración mostraba a la reina Victoria, el príncipe Alberto y a sus hijos admirando el árbol de Navidad. Empezaron a circular muchas variantes de la imagen, popularizando la tendencia festiva.

Fotografía de Hulton Archive, Getty Images

Si lo piensas, los árboles de Navidad son una tradición extraña. Cada diciembre, personas de regiones de todo el mundo van al bosque más cercano, talan un árbol, lo arrastran hasta sus casas, lo adornan con luces, bolas y espumillón y después, en enero, lo dejan en la cuneta sin miramientos.

Pero los árboles perennifolios han sido una decoración festiva esencial en tiempos antiguos como parte de las celebraciones paganas del solsticio de invierno. «Los perennifolios en los festivales de invierno eran tradicionales desde la antigüedad, ya que significaban la victoria de la vida y la luz sobre la muerte y la oscuridad», escribe por email Carole Cusack, profesora de estudios religiosos en la Universidad de Sídney.

Es difícil determinar exactamente cuándo y dónde se convirtieron estas tradiciones paganas en la tradición que conocemos hoy: varios países dicen ser el lugar de nacimiento de los árboles de Navidad y hay mitologías rivales que pretenden explicar su significado. Aunque los árboles de Navidad aparecen por todo el mundo, sus orígenes se remontan a regiones con bosques perennes abundantes, sobre todo los del norte de Europa. A continuación, te explicamos cómo se convirtieron los árboles de Navidad en un icono moderno e inspiraron nuevas costumbres por el camino.

El árbol de Navidad del Centro Rockefeller encendido en New York. Esta pícea común lleva más de 50 000 luces LED.

Fotografía de Diane Bondareff, AP Images for Tishman Speyer/Xinhua/Alamy Stock Photo

Alegaciones rivales en Europa septentrional

Letonia y Estonia dicen ser el lugar de origen del primer árbol de Navidad. En Letonia, las tradiciones de árboles de Navidad se remontan a 1510, cuando un gremio mercantil llamado Casa de los Cabezas Negras llevó un árbol por la ciudad, lo decoró y, más adelante, lo quemó. Por su parte, Estonia ha respondido a esas alegaciones diciendo que tiene pruebas de un festival similar celebrado por el mismo gremio en su capital, Tallín, en 1441.

Un mercado navideño en la capital de Estonia, Tallín, con un gran árbol de Navidad. Tanto Letonia como Estonia afirman ser el lugar de nacimiento del árbol de Navidad.

Fotografía de David Min, Getty Images

Un árbol de Navidad frente a la iglesia de san Pedro en Riga, Letonia.

Fotografía de Ikars Kublins, Alamy Stock Photo

Los historiadores han arrojado dudas sobre ambas afirmaciones. Gustavs Strenga, de la Biblioteca Nacional de Letonia en Riga, contó al New York Times en 2016 que es probable que las festividades del gremio no estuvieran vinculadas a la Navidad. Pero eso no ha impedido que ambos países luchen por su derecho a presumir. De hecho, en la plaza del ayuntamiento de Riga hay una placa que conmemora el lugar donde se colocó el primer árbol de Navidad.

Los orígenes de los árboles de Navidad en Alemania

Cusack dice que es más probable que el árbol de Navidad tal y como lo conocemos naciera en la región de Alsacia en el siglo XVI. (La región, que ahora forma parte de Francia, se consideraba territorio alemán en aquella época.) Los registros históricos indican que se colocó un árbol de Navidad en la catedral de Estrasburgo en 1539 y que la tradición se popularizó tanto en la región que la ciudad de Friburgo prohibió talar árboles para Navidad en 1554.

El folclore ofrece varias explicaciones diferentes sobre el significado del árbol. Algunos sugieren que se inspiró en el árbol Simarouba glauca, un símbolo del Jardín del Edén que aparecía en una obra medieval sobre Adán y Eva. Otros creen que el árbol de Navidad evolucionó a partir de las pirámides de Navidad, estructuras de madera decoradas con ramas perennes y figuras religiosas. Cusack no cree que esas teorías tengan fundamento; más bien, dice que «el propósito del árbol de Navidad era ser neutral en lo tocante a la religión en el contexto del cristianismo».

Con todo, la tradición arraigó entre las familias alemanas y evolucionó poco a poco con el paso de los años, convirtiéndose en la que conocemos ahora mismo. Cusack explica que normalmente se le atribuye al reformista protestante Martin Lutero el haber sido el primero en colocar luces en el árbol de Navidad —con velas en lugar de las luces eléctricas actuales, inventadas en 1882—  tras un paseo nocturno por el bosque con las estrellas centelleando en el cielo. Los emigrantes alemanes llevaron estas tradiciones con ellos cuando se reasentaron en otros países. Para el siglo XVIII, Cusack dice que los árboles de Navidad estaban por toda Europa.

Los árboles se ponen de moda en el Reino Unido

Se cree que la reina Carlota —una duquesa alemana que se casó con el rey Jorge III a mediados del siglo XVIII— introdujo el primer árbol de Navidad en la casa real. Pero fue otra reina británica la que convirtió los árboles de Navidad en el icono festivo que son hoy en día.

El árbol de Navidad nacional encendido en la Elipse al sur de la Casa Blanca en Washington D.C.

Fotografía de Yasin Ozturk, Anadolu Agency/Getty Images

En 1848, la reina Victoria y su marido el príncipe Alberto (también alemán) maravillaron a los observadores reales del mundo cuando el Illustrated London News publicó una ilustración de la familia reunida alrededor de un árbol de Navidad decorado. La reina Victoria era una creadora de tendencias de su época, así que la tradición se puso de moda en todo el mundo.

Ahora, el árbol de Navidad más famoso de Londres es el que decora Trafalgar Square cada invierno. Este árbol tiene su propia historia global. En 1947, Noruega inició la tradición de enviar cada año un árbol de Navidad al Reino Unido como muestra de gratitud por su apoyo en la Segunda Guerra Mundial, cuando el gobierno noruego se refugió en el Reino Unido tras la invasión nazi.

Ceremonias de encendido de luces en Estados Unidos

También es probable que la tradición alemana del árbol de Navidad llegara a los Estados Unidos a finales del siglo XVIII, cuando las tropas hessianas se unieron a los británicos para luchar en la guerra de Independencia. En los años posteriores, los inmigrantes alemanes también trajeron la tradición a Estados Unidos y, con el paso del tiempo, la historiadora Penne Restad escribe que «se convirtieron en algo que fascinaba a otros estadounidenses».

Las familias estadounidenses adoptaron el árbol de Navidad en mayor medida tras 1850, cuando la revista de Filadelfia Godey's Lady’s Book republicó la escena navideña de la familia real que había aparecido en Illustrated London News. Pero la revista hizo algunos cambios, retirando la corona de Victoria y la banda real de Alberto para transformarlos en una versión de una familia americana.

Hoy, el encendido de dos queridos árboles de Navidad estadounidenses forma parte del ritual del país para anunciar la llegada de la temporada festiva. En 1923, el presidente Calvin Coolidge supervisó el encendido del primer árbol de Navidad nacional; una década después, en 1933, Nueva York encendió el primer árbol de Navidad en el Centro Rockefeller, que desde entonces se ha convertido en un lugar de visita obligada para muchos turistas y neoyorquinos durante las fiestas. Desde entonces, ambos árboles se han encendido cada año, salvo por algunos años en la década de 1940 cuando se quedaron a oscuras debido a las restricciones de la Segunda Guerra Mundial.

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Los árboles de Año Nuevo en Rusia

En Rusia, los árboles de Navidad han sido una tradición durante años. Con todo, los árboles decorados que iluminan la plaza de la Catedral del Kremlin cada diciembre no son para celebrar la Navidad. Son árboles de Año Nuevo, o yolka, una tradición que surgió debido a la prohibición de los árboles de Navidad tras la Revolución rusa.

En la década de 1920, el nuevo gobierno soviético inició una campaña contra la religión, empezando por las que consideraban tradiciones «burguesas», como la Navidad. Con la prohibición de los árboles de Navidad y otras costumbres, el régimen secular empezó a instar a los ciudadanos a celebrar el Año Nuevo.

La plaza Sintagma en Atenas, Grecia, tiene un barco decorado con luces durante la época navideña.

Fotografía de Wassilis Aswestopoulos, NurPhoto/Getty Images

Pero para 1935, los líderes soviéticos cambiaron de opinión respecto al árbol. Pavel Postyshev, un alto oficial soviético, publicó un artículo periodístico en el que sugería que las familias celebraran el día de Año Nuevo con «abetos que brillen con luces multicolores». Pero aunque al final la Navidad volvió a Rusia en los años noventa con el colapso de la Unión Soviética, la tradición del árbol de Año Nuevo ha perdurado.

El árbol de Navidad de chatarra en la Antártida

Incluso la Antártida ha tenido sus tradiciones navideñas, aunque no hay árboles en el Polo Sur. En 1946, los miembros de la tripulación de una expedición de la Marina estadounidense a la Antártida celebraron la Navidad en alta mar atando una pícea de Canadá a su mástil. Más de medio siglo después, los investigadores de la Estación de Amundsen-Scott en el Polo Sur crearon un árbol de Navidad con chatarra que incluía adornos hechos a medida. Aunque la tradición prosiguió brevemente —cada año los trabajadores metalúrgicos añadían adornos nuevos—, la Fundación Nacional de Ciencias dice que el árbol de chatarra ya no forma parte de las celebraciones navideñas en la estación de investigación antártica.

Barcos de Navidad en Grecia

En Grecia, antes se decoraban barcos de Navidad en lugar de árboles en honor a san Nicolás, el santo patrón del país y protector de los marineros. Las familias no solo colocaban barquitos de madera en sus casas como símbolo de un agradecido regreso de la vida en el mar, sino que los barcos iluminados ocuparon el lugar de honor en las plazas públicas de ciudades como Tesalónica.

Sin embargo, hoy en día el barco de Navidad se ha visto eclipsado por el árbol de Navidad. Pero dichos barcos aún pueden verse en algunas comunidades isleñas.

«Saqueo» de árboles en Escandinavia

Desde el siglo XVII, las familias escandinavas han dedicado un día festivo a saquear los dulces que cuelgan en sus árboles de Navidad antes de tirarlos. El día de san Knut, el 13 de enero, lleva el nombre del rey Canuto, que gobernó en el siglo XI. La fiesta, que se celebra principalmente en Suecia, se considera el vigésimo y último día de Navidad, a diferencia de otros países, donde el periodo de navideño dura 12 días.

Para celebrar el día de san Knut, las familias cuelgan galletas y otros dulces en los árboles de Navidad para que los niños los recojan. Cuando una familia ha terminado de despojar el árbol de sus adornos, la gente canta mientras lo tiran por la puerta. (En Noruega, el árbol se corta y se tira en la chimenea.)

Las tradiciones del día de san Knut han ido desapareciendo a medida que los suecos empiezan a quitar antes sus decoraciones navideñas, pero el folclorista sueco Bengt af Klintberg contó a la agencia periodística TT en 2015 que la tradición perdurará en los poemas y las rimas tradicionales del país.

El tió de Nadal, una tradición navideña catalana, a la venta en un mercado navideño en Barcelona.

Fotografía de Cisco Pelay, Alamy Stock Photo

El tió de Nadal catalán

Una tradición relacionada con los árboles es el tió de Nadal catalán, un tronco hueco con una cara pintada que las familias llevan a sus casas las semanas previas a la Navidad. Los niños tienen que cuidar del tió de Nadal envolviéndolo con una manta y dejando agua y comida por la noche. Entonces, el día de Navidad, pegan al tronco con palos para que defeque regalos y dulces por un agujero en el trasero.

Según NPR, esta insólita tradición podría haber evolucionado de un ritual pagano en el que la gente prendía fuego a los troncos de los árboles para entrar en calor en invierno. Pero ¿por qué tiene que defecar el tronco sus tesoros? Cusack dice que podría estar relacionado con el caganer, la figura del campesino que defeca en los belenes catalanes y que representa «el mundo al revés, cuando en determinadas ocasiones los pobres o los marginados eran celebrados y los nobles, humillados», explica Cusack. «La idea es que las heces fertilizan la tierra; el caganer representa las virtudes civiles».

Pero los verdaderos orígenes del ritual catalán aún son un misterio y, como otras leyendas sobre los árboles de Navidad, podrían haberse perdido en el tiempo.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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