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Las algas amenazan las paradisíacas playas de Cancún ¿podrá la ciencia ayudar a solucionar el problema?

Una macroalga llamada sargassum pone en jaque tanto ecológicamente como económicamente a la costa del Caribe en México, pero los investigadores y hoteleros ya están trabajando para luchar contra este enemigo común..

Grandes cantidades de algas en descomposición cubren la playa de Parque de los Fundadores en la región mexicana de Playa del Carmen el 4 de julio de 2021. La macro alga sargassum llega a las playas del Caribe mexicano todas las primaveras y todos los veranos, provocando problemas ecológicos y dañando la economía turística de la zona.

 

Fotografía de Eyepix/NurPhoto/AP
Publicado 25 ago 2021 12:55 CEST

Con sus largas hileras de palmerales sobre la fina arena y su fusión con las aguas cristalinas del mar, la playas del Caribe mexicano son famosas por sus estampas de postal. Pero en estas fechas, en primavera y verano, la costa de Yucatán entre Cacún y Tulum se ve invadida por montañas de algas, que se extienden por las paradisíacas playas y dejan un desagradable aroma de decadencia y provocando que apenas se pueda nadar en el mar.

Esta macroalga se llama sargassum y está creando problemas en el paraíso. Algo parecido a lo que les ha ocurrido este verano a los turistas que iban a las playas de Valencia en España.

El crecimiento de las algas es cíclico e incluso beneficioso en cantidades normales. Normalmente la flora marina florece y se queda en el océano, convirtiéndose en el hábitat flotante de peces, gambas, anguilas, tortugas y pájaros. "Es un hábitat imprescindible, muchas veces se le llama el 'bosque dorado' del océano", afirma Chuanmin Hu, profesor de oceanografía óptica en la Universidad del Sur de Florida.

Pero, esta flora se ha convertido en el florecimiento de algas más grande del mundo, y no se está quedado en el océano. Desde 2011, grandes cantidades llegan a las costas caribeñas, desde las Antillas Menores hasta la península de Yucatán en México. En el océano, las enormes balsas de algas impiden que la luz del sol llegue a los arrecifes de coral; a medida que se descompone, las algas emiten sustancias que dañan la fauna marina. El problema crece. Usando datos por satélite de la Nasa, los científicos han llegado a medir un cinturón de algas flotantes de hasta casi 9000 kilómetros de largo.

Un trabajador retira la sargassum de una playa cercana a Tulum en el estado mexicano Quintana Roo en mayo de 2019. Los hoteles y complejos a lo largo de la costa emplean a trabajadores a tiempo completo (y gastan miles de euros) para intentar que las algas se amontonen en la orilla.

Fotografía de Daniel Slim, AFP/Getty Images

Una vez en la costa, la sargassum se acumula e impide que las tortugas marinas puedan poner huevos y llegar al mar. Además, apesta, creando dolores de cabeza y nauseas entre los bañistas.

Los científicos achacan el crecimiento explosivo a un aumento del los desechos agrícolas y drenajes procedentes del río Amazonas en Brasil al igual que el aumento de las temperatura del agua y las alteraciones en las corrientes del Océano Atlántico oriental.

Desde que se detectó la crisis hace una década, la cantidad de algas que llegan a las costas ha sido cíclica. "La temporada de sargassum" cubre las playas de abril a agosto. Algunos años, como en 2018, han vivido explosiones especialmente potentes y 2021 apunta a ser "un año récord", dice Hu. "Esto ya no es episódico, esto es lo normal".

Además, está provocando una crisis económica junto con la ecológica. En el estado mexicano de Quintana Roo, donde el turismo supone un 87 por ciento del PIB, el exceso de sargassum supone una amenaza directa para la vida de la comunidad. Por lo tanto: ¿hay algo que lo pueda parar?

Un problema ecológico con impacto económico

Cerca de dos millones de pasajeros pasaron por el Aeropuerto Internacional de Cancún en junio de 2021, números que ya se acercan a los de febrero de 2020, antes de la pandemia de COVID-19. A lo largo de la Rivera Maya mexicana, la ocupación hotelera ha vuelto a niveles prepandémicos, en parte debido a la ausencia de medidas anti-COVID del país para los turistas. Pero puede que la sargassum amilane a los turistas casi tanto como el virus. "Antes de la COVID, la sargassum ya tenía un impacto en las reservas", dice Zach Rabinor, CEO de la agencia de turismo estadounidense Journey Mexico. "Era un freno constante".

Tras la invasión de sargassum de 2018, la ocupación hotelera en la Rivera Maya cayó un 2,87 por ciento. Para compensarla, los hoteles bajaron los precios, movieron a los disgustados turistas a otras localidades o ofrecieron actividades lejos de las playas.

Izquierda: Arriba:

La científica mexicana Marta García examina un trozo de sargassum en el Instituto de Ciencia Marina de Puerto Morelos, México. Tanto investigadores como empresarios están buscando vías para reutilizar esta planta marina, desde usarla como fertilizante hasta convertirla en biocombustible.

Derecha: Abajo:

Una mujer de Cancún cuelga hojas de papel hecho de sargassum para que se sequen. Las hojas se convertirán en cuadernos, uno de los muchos productos (jabón, zapatos, ladrillos) con los que los emprendedores esperan convertir la maldición en dinero.

Fotografía de Rodrigo Arangua, AFP/Getty Images

Ese mismo año, los hoteles entre Cancún y Puerto Morelos, al sur, gastaron más de 170 000 euros en salarios para personal de limpieza de las playas y transporte de las algas a vertederos. Algunos se han dotado de barcos especiales para su recolección, que pueden costar más de 850 000 euros, y barreras costeras antisargassum que alcanzan el precio de casi 255 euros por metro lineal. Rabinor cree que "los hoteles medianos con largas líneas de costa se están gastando miles de euros al día [en recolección], sino más, durante los momentos álgidos" de la invasión.

Retirada con rastrillos, tractores o barcos

Retirar o retener kilos y kilos de algas, que a veces llegan con cada ola del mar, no es una tarea que se pueda hacer con un cubo de basura y dejarlo para que lo recojan los servicios de limpieza.

Las barreras costeras contra algas usan redes o flotadores para atrapar o detener las sargassum. Los barcos equipados con mecanismos de retirada también pueden sacar las algas del agua, pero pueden ser caros. "Solo unos pocos hoteles tienen este tipo de barcos", dice Rosa Rodríguez-Martínez, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México, que lleva estudiando la sargassum desde 2015. "La mayoría usan barreras para desviar las algas hasta 'puntos de sacrificio' y usan cintas transportadoras o buldocers para cargar las algas en camiones".

Algunos hoteles dejan la sargassum en tierras cercanas, mientras otros lo llevan a vertederos en la jungla. "Pero, ninguno de los vertederos han sido debidamente preparados para evitar que los lixivados [líquidos contaminados] lleguen a los acuíferos", apunta Rodríguez-Martínez.

Hace dos años, el presidente Andrés Manuel López Obrador tiró de la armada mexicana para ayudar a detener la corriente de algas antes de que llegaran a la costa. Los buques de la armada, con 300 personas a bordo, recogen la sargassum de las barreras instaladas en el mar. Hasta mayo de 2021, había recogido más de 10 000 toneladas de algas.

Es un inmenso esfuerzo. Pero la flora marina sigue llegando.

Operarios retiran la sargassum de la Playa del Carmen usando rastrillos y un tractor. Las algas llevan cubriendo las playas de Yucatán (México) anualmente desde 2011.

Fotografía de Bénédicte Desrus, Sipa USA/AP

¿De una maldición a un negocio?

Por ahora, según los científicos, la única manera de detener a la sargassum sería empezar río arriba, dice Rodríguez-Martínez. "Los países tienen que reducir los nutrientes que lanzan al mar y tomar medidas para aliviar el cambio climático". Pero, no parece que Brasil vaya a cambiar su política de convertir la jungla del Amazonas en granjas demandantes de fertilizantes, por lo que los florecimientos han llegado para quedarse.

Los expertos están investigando usos alternativos para las algas. El microbiólogo de plantas Jaya Jayaraman y su equipo de la Universidad West Indies, en Trinidad y Tobago han usado la sargassum para crear un bioestimulante para los agricultores que no funciona tanto como un fertilizante natural sino "más  como una medicina que ayuda a la planta a crecer", explica el Jayaraman. Su laboratorio también está intentando transformar la sargassum en compost y materiales de construcción. En 2020, investigadores bioquímicos de las universidades de Exeter y Bath, en Reino Unido, presentaron un innovador método de conversión bioquímica de base salina que podría ayudar a convertir la sargassum en biocombustible.

Otras empresas han encontrado usos sostenibles y comerciales para la sargassum. El biofabricante puertorriqueño C-Combinator transforma las algas recogidas en Quintana Roo en cuero de base vegetal, cosméticos y productos agrícolas. En Playa del Carmen, el movimiento BioMaya se asocia con mujeres de pueblos mayas de la zona para convertir algas procesadas en jabón que se vende a hospitales y hoteles.

"Al crear productos de alta calidad o con alta demanda con las algas, podemos incentivar su recolecta", reflexiona Jorge Vega Matos de C-Cominator.

“By creating more high-end or high-demand products from seaweed, we can incentivize its harvest,” says C-Cominbator’s Jorge Vega Matos.

Annalise Jolley es una escritora de viajes de California (EE. UU). Síguela en Instagram.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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