¿Les gusta a los perros que les hablemos como a bebés?

Los científicos investigan si a nuestras mascotas les gusta el tono exagerado que muchos usamos con ellas, conocido como lenguaje infantilizado.

Por Linda Lombardi
Publicado 1 jun 2018, 13:35 CEST
Labrador
Un labrador color chocolate sentado en un muelle en Maine. Los perros son muy perceptivos con las palabras de los humanos y con el tono con el que las decimos.
Fotografía de Hannele Lahti, National Geographic Creative

Pocos podemos resistirnos a emplear un tono infantil con nuestros perros. La próxima vez que alguien se ría de ti por ello, puedes decirle que tienes a la ciencia de tu parte.

El lenguaje infantilizado, común entre los idiomas de todo el mundo, consiste en hablar a los bebés de una forma exagerada y con un tono agudo. Se cree que ayuda a los bebés a aprender un idioma, por ejemplo, pronunciando las vocales más claramente, y que fortalece los vínculos sociales con los padres.

Pero los perros no van a aprender a hablar, así que ¿importa la forma en que les hablemos? Esa es la pregunta que se plantea un estudio publicado este mes en la revista Animal Cognition.

El lenguaje perruno

En el estudio, lo científicos pidieron a dos personas que sostuvieran en sus regazos altavoces que reproducían grabaciones de sus propias voces.

«Creemos que los perros son muy sensibles a los cambios en las propiedades acústicas —aspectos como el género o el tamaño de la persona—, por eso la grabación del discurso siempre coincidía con la persona que sostenía el altavoz», explica la coautora Alex Benjamin, candidata a doctora de la Universidad de York, Reino Unido.

Benjamin y sus colegas reunieron a 37 perros de York, Inglaterra. Pusieron correas a los animales y los introdujeron en una sala con las dos personas, donde escucharon dos tipos de discurso grabado: uno con un tono conversacional normal y otro «orientado a perros», una especie de equivalente al lenguaje infantilizado para perros con una entonación y exagerada y palabras relevantes para ellos, como «paseo».

A continuación, el equipo midió el tiempo que pasaba el perro mirando a cada persona al reproducir las grabaciones, y el tiempo que pasaban los cánidos con cada persona tras quitarles la correa.

«Los perros pasaban más tiempo mirando a la persona que usaba un lenguaje orientado a perros», afirma Benjamin. «Y, de media, optaban por pasar más tiempo con la persona que había producido este tipo de registro».

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Los resultados sugieren que los perros prefieren la versión canina del lenguaje infantilizado.

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Pero ¿por qué tenemos este impulso de hablarles como si fueran bebés? Resulta que no lo tenemos.

Investigaciones previas han determinado que el lenguaje infantilizado y el lenguaje perruno son ligeramente diferentes: por ejemplo, el lenguaje perruno no presenta exageración de las vocales.

Esto tiene sentido, ya que no esperamos que los perros aprendan a pronunciar las vocales. Quienes tienen loros como mascotas, por su parte, sí exageran las vocales cuando hablan con sus pájaros, algunos de los cuales son capaces de imitar el habla humana.

«Esto sugiere que somos sensibles a las capacidades lingüísticas del animal o la persona con la que hablamos», afirma Benjamin. «Y es en gran parte inconsciente. La gente no se da cuenta de que está haciendo algo diferente».

Discursos desiguales

Para comprobar si los perros del estudio solo se emocionaban por las palabras que conocían, como «paseo» o «comida», los científicos también reprodujeron grabaciones con contenido y entonación desiguales.

Por ejemplo, los cánidos escuchaban frases como «Anoche fui al cine», pero pronunciadas con tono infantil, o «Buen perro, ¿quieres salir a pasear?», pronunciado en un tono neutro.

Los perros no mostraron preferencia por ningún tipo de discurso, lo que sugiere que los resultados del primer experimento no se debían solo al tono o las palabras familiares, sino a una combinación de ambos.

«Quizá los perros usan la entonación para prestar atención al discurso inicialmente, y a continuación reconocen si las palabras que usas están relacionadas o no con ellos», explica Benjamin.

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    Benjamin añade que se necesita más investigación para saber si esta preferencia es innata o adquirida, o una combinación de ambas.

    «Puede ser que respondan más a este tipo de lenguaje cuando lo usamos mientras son cachorros, así que prácticamente te entrenan para que sigas usando este tipo de discurso», afirma.

    Juan Uriagereka, lingüista de la Universidad de Maryland, College Park, señala que «la investigación sobre las interacciones con otros animales nos desvela mucho sobre nosotros mismos, tanto como sobre ellos».

    «Sería interesante comprobar si hormonas como la oxitocina, que facilita el contacto en mamíferos de la misma especie, podrían desempeñar algún papel en el procesamiento del “lenguaje infantilizado” y el “lenguaje perruno”, respectivamente», afirma en un email.

    Benajmin añade: «No intentamos decir que debas hablarle a tu perro de forma infantil para que te quiera». Pero si lo haces, no tienes nada de lo que avergonzarte.

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