Animales

Una orca carga 17 días con su cría muerta, un periodo de duelo sin precedentes

Es probable que esta orca del Pacífico noroeste estableciera un estrecho vínculo con su cría antes de que esta muriera, lo que explicaría el periodo de duelo sin precedentes. Miércoles, 22 Agosto

Por Lori Cuthbert, Douglas Main - National Geographic

Una orca conocida como J35 ha abandonado el cadáver de su cría, que llevaba cargando 17 días a lo largo de 1.600 kilómetros de costa en el Pacífico noroeste, en una muestra sin precedentes de duelo que ha atraído la atención internacional.

Según los expertos, este triste fenómeno es un gran ejemplo y una confirmación de las complejas vidas emocionales de estos sofisticados cetáceos.

Se han observado otras orcas y animales similares, como los delfines, que atraviesan una fase de duelo por sus muertos, pero este es, con mucho, el ejemplo de dicho comportamiento más largo registrado hasta la fecha.

J35, apodada Tahlequah, es una madre de 20 años que forma parte del estudiado grupo J de orcas residentes del sur. Estas orcas, junto con su parentela en peligro de extinción —los grupos K y L— habitan un territorio enorme que comprende las aguas de Seattle, Vancouver y Victoria, en la Columbia Británica.

A los investigadores les preocupaba que este «recorrido de duelo» pudiera poner en grave peligro la salud de J35, pero, afortunadamente, parece haberlo superado sin lesiones físicas. «Las imágenes digitales con objetivos telefotográficos sacadas desde la orilla muestran que esta mamá orca parece encontrarse en buenas condiciones físicas tras su calvario sin precedentes», afirmó el Centro para la Investigación de Ballenas de Estados Unidos en una actualización.

Mientras proseguía el periodo de luto de J35, algunos expertos se preguntaban por qué estaría tan unida a su cría. ¿Era porque la cría había vivido aproximadamente media hora después de nacer? Jenny Atkinson, directora ejecutiva de The Whale Museum en Friday Harbor, Columbia Británica, cree que el dolor que siente Tahlequah es más profundo porque, tras 17 meses de gestación, tuvo la oportunidad de establecer un vínculo emocional con su bebé antes de que muriera.

 «Creo que es bastante plausible», afirma John Ford, investigador de orcas de la Universidad de la Columbia Británica. «Los cetáceos tienen un fuerte impulso de cuidar de su descendencia y esto, evidentemente, se extiende a los neonatos que mueren después del parto».

La muerte de otra cría es un importante revés para el grupo J, que no ha tenido un parto exitoso en tres años. Juntos, los tres grupos cuentan con 75 ejemplares y se está agotando el tiempo para mantener su viabilidad. Ken Balcomb, fundador e investigador principal del Centro de Investigación de Ballenas, les da cinco años.

«Nos quedan casi cinco años más de vida reproductora en esta población para conseguir que ocurra» —es decir, para tener una descendencia viable— «pero si no lo logramos en esos cinco años, no va a pasar nunca», escribe.

Según Balcomb el culpable es la falta de alimento. «Hace ya tiempo que demostramos que estos cetáceos piscívoros estaban cada vez más delgados y la tasa de mortalidad aumenta», escribe en la web del centro.

«Las ballenas de esta población en peligro de extinción dependen del salmón real como fuente de alimento principal. Por desgracia, el salmón real también está en peligro de extinción», añade.

Los expertos expresaron su alivio por que J35 sobreviviera. Como orca de 20 años en su mejor momento, el grupo la necesita para reproducirse.

«Incluso aunque no muriera, esta es una población en crisis», afirma Atkinson. «Necesitan nuestros cuidados y apoyo si van a sobrevivir».

Nota del editor: Esta historia se publicó originalmente en inglés el 2 de agosto en nationalgeographic.com y ha sido actualizada y traducida.

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