Una perspectiva poética del mundo de la conservación de la fauna salvaje

El fotógrafo David Chancellor capta cómo humanos y animales salvajes dependen los unos de los otros para sobrevivir.

Por David Chancellor
Fotografías de David Chancellor
Published 29 ago. 2018 14:00 CEST, Updated 5 nov. 2020 7:02 CET
Río Ewaso Nyiro
Una tormenta pasa sobre el río Ewaso Nyiro en el norte de Kenia.
Fotografía de DAVID CHANCELLOR

En varias partes de África, el aumento demográfico y la pobreza persistente han intensificado la batalla entre animales y personas, que viven en la misma tierra y dependen de los mismos recursos. Cada vez más, relegamos a los animales a espacios salvajes pequeños, interrumpimos sus rutas migratorias y colocamos presas en sus recursos hídricos o los empleamos para el riego de cultivos. La caza furtiva ha diezmado sus poblaciones. Al mismo tiempo, los agricultores rurales desconfían más de los animales salvajes en determinadas zonas. Matan a los leones y elefantes que han invadido sus tierras, haciendo que ninguna de las partes se sienta cómoda ni segura.

Los morán (o guerreros) samburu participan en Imuget le nkarna en la aldea de Sasaab, en el Westgate Community Conservancy. Celebran su décimo aniversario siendo guerreros.
Fotografía de DAVID CHANCELLOR
Un veterinario trata la infección ocular de una leona en el Lewa Conservancy, en el norte de Kenia.
Fotografía de David Chancellor

Si queremos que la conservación de fauna salvaje surta efecto, es fundamental encontrar una forma de que animales y personas coexistan. También está el componente financiero. Cualquier ingreso generado a partir de la fauna salvaje debe compartirse con las comunidades cuyos cultivos han sido destruidos por los elefantes o cuyo ganado ha sido asesinado por leopardos y leones. Aportar a las comunidades de pastores el incentivo de preservar en lugar de cazar es la clave para encontrar un acuerdo que funcione.

Algunas comunidades lo entienden y trabajan para proteger a los animales salvajes que les rodean, aun pagando un alto precio. With butterflies and warriors (Con mariposas y guerreros), el último trabajo de Chancellor, es la historia de dichas comunidades del norte de Kenia que se han unido para salvaguardar el futuro de un amplio abanico de especies, permitiendo de esa forma que los animales migren de forma segura por rutas seculares que atraviesan tierras tribales.

Cuando empecé este trabajo en 2010, me di cuenta de que, para entender por completo las complejidades de esta región, debía entender a las personas y su relación con la fauna salvaje. Muchas tribus viven en las praderas septentrionales de Kenia, pero la que más me fascinó fue la tribu samburu.

Los masáis y otras tribus de la región se refieren a los samburu como «el pueblo mariposa» por sus hermosos adornos corporales. Siempre pensé que su nombre hacía referencia a su metamorfosis en nuevas etapas vitales conforme pasan de niños a guerreros (moran) y, más adelante, a ancianos (mzee). Para los samburu, la mayor parte de los animales salvajes son sagrados. No pueden casarse sin estiércol de elefante y un león es un símbolo poderoso en la cultura samburu. Creen que, si hay leones, no se producirán sequías graves; el rugido del león presagia la lluvia.

Un oficial del Servicio de Fauna y Flora Silvestres de Kenia sacrifica a un elefante gravemente herido al que dispararon, pero que consiguió huir de los cazadores furtivos en el Westgate Community Conservancy, en Kenia septentrional. Los colmillos del elefante se retiraron y están custodiados en la sede del servicio en Nairobi.
Fotografía de David Chancellor
Los guardas retiran un leopardo atrapado y asesinado en la trampa de un cazador furtivo en Kisimi, en el norte de Kenia. Para reducir el conflicto entre leopardos y aldeanos, que podrían matarlos para protegerse a sí mismos y a su ganado, los guardas atrapan a los animales y los trasladan a zonas poco pobladas.
Fotografía de David Chancellor

Los samburu creen que proceden del mismo lugar que los animales salvajes; algunas familias pertenecen a la familia del elefante y otras a la familia del león, denominada Lparasoro (el rugido de un león suena como L-PA-ra-soro). Los integrantes de la familia del león no pueden matar leones, y los de la familia del elefante no pueden matar elefantes. De forma que, cuando los samburu empiezan a cazar animales salvajes furtivamente, indica que hay un problema.

La forma en que los samburu tratan y consideran la fauna salvaje es importante para todos nosotros. La región es especialmente vulnerable a las fluctuaciones del cambio climático, la sequía y las inundaciones, que pueden tener efectos devastadores en las personas y los animales. Los cambios medioambientales agravan los conflictos entre humanos y fauna salvaje, ya que los pastores compiten con los animales por recursos cada vez más escasos.

También proporciona un estudio de caso para las prácticas de conservación en el resto del mundo. Ahora, las comunidades empiezan a ver los beneficios del uso doble de la fauna salvaje y el ganado. Se dan cuenta de que la fauna salvaje, junto al ganado, puede contribuir a regenerar el capital necesario para mejorar el bienestar de las comunidades y traer paz, proporcionándoles un claro interés financiero para preservar a las criaturas salvajes en lugar de matarlas. Poco a poco, los incentivos de Kenia y África oriental cambian. El enemigo de la fauna salvaje es, cada vez más, un enemigo del pueblo.

Sin el apoyo de quienes viven junto a los animales salvajes, la esperanza de preservar esta región es escasa. Pero con ellos, hay cabida para la conservación y, a nivel mundial, para algo similar a la transformación. El trabajo es amplio y específico, urgente y delicado. Es el trabajo de mariposas y guerreros.

Puedes ver más fotografías de David Chancellor, incluidas las de With butterflies and warriors, en su página web y seguirlo en Instagram.
Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.
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