Animales

Ocho especies de aves que han desaparecido en esta década

El ritmo de la extinción de las aves aumenta a medida que sus hábitats desaparecen. Jueves, 6 September

Por Sarah Gibbens

Cuando una especie queda reducida a unos pocos ejemplares, el mundo observa con nerviosismo la muerte del último miembro. Ese fue el caso de Sudán, el último rinoceronte blanco del norte macho, que murió a principios de este verano.

Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la revista Biological Conservation ha determinado que hay ocho especies de aves raras que podrían haber desaparecido en silencio.

El estudio de ocho años, financiado por BirdLife International, analizó estadísticamente 51 especies de aves en peligro de extinción y determinó que ocho podrían clasificarse como extintas o casi extintas: descubrieron que tres están extintas, una está extinta en estado silvestre y cuatro están al borde de la extinción, si no han desaparecido ya.

Una especie, el guacamayo de Spix, apareció en la película de animación de 2011 Rio, que cuenta la historia de un guacamayo de Spix que se aparea con el último miembro salvaje de su especie. Según las conclusiones del estudio, la película llegó una década tarde. Estiman que el último guacamayo de Spix salvaje pereció en el año 2000, y quedan unos 70 en cautividad.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) es una base de datos mundial que realiza un seguimiento de las poblaciones de animales, y BirdLife International, que aporta evaluaciones con frecuencia a la UICN, recomienda que tres especies de aves se clasifiquen formalmente como extintas: el ticotico críptico (Cichlocolaptes mazarbarnetti), visto por última vez en 2007; el ticotico de Alagoas (Philydor novaesi), visto por última vez en 2011; y el poo-uli (Melamprosops phaeosoma), visto por última vez en 2004.

Desde que empezaron a mantenerse registros, los autores del estudio estiman que se han extinguido un total de 187 especies. Históricamente, las especies que viven en islas han sido las más vulnerables. Poco menos de la mitad de las extinciones clasificadas por los autores habían sido provocadas por especies invasoras, que pueden afianzarse de forma más agresiva en islas. Descubrieron que casi el 30 por ciento de las extinciones han sido provocadas por la caza y la captura para el comercio de mascotas exóticas.

Pero a los conservacionistas les preocupa que la deforestación por la tala y la agricultura no sostenibles sean los siguientes impulsores de la extinción.

«Nuestros resultados confirman que hay una ola creciente de extinciones que arrasa los continentes, provocada principalmente por la pérdida de hábitat y la degradación debido a la agricultura y la tala no sostenibles», afirmó en un comunicado de prensa Stuart Butchart, autor principal del estudio y científico jefe de BirdLife.

En la Amazonia, donde antaño abundaban estas especies, la deforestación es una preocupación creciente. WWF estima que, entre 2001 y 2012, se perdieron más de 17 millones de hectáreas de bosque. Un editorial publicado el pasado marzo en Science Advances afirmaba que la Amazonia está alcanzando un punto crítico ecológico: si el 40 por ciento de la región está deforestada, los científicos afirman que el ecosistema quedará alterado de forma irreversible.

Luisa Arnedo, bióloga y directora de programas de la National Geographic Society, explicó que las aves pueden ser particularmente susceptibles a la extinción cuando se enfrentan a la pérdida de hábitat, ya que viven en nichos ecológicos, se alimentan solo de una presa específica o elaboran nidos en árboles específicos.

«Tan pronto como el hábitat desaparece, ellas también desaparecen», afirma.

Añade que menos especies de aves podrían agravar el problema de la deforestación. Muchas aves son dispersoras de semillas o polinizadoras y pueden contribuir a devolver la vida a zonas desforestadas.

BirdLife afirma que será preciso investigar más para confirmar con total certeza que las cuatro especies que, según sus datos, estarían extintas han desaparecido, aunque ninguna se ha observado en estado salvaje desde antes de 2001. Aunque es poco habitual, algunos animales clasificados como extintos han «regresado de entre los muertos».

El año pasado, el mono saki (Pithecia vanzolinii) fue observado con vida 80 años después de que los científicos lo clasificaran como especie extinta, una rara victoria para los conservacionistas en la vasta selva amazónica.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.