Las criaturas marinas venenosas aumentarán debido al cambio climático

El calentamiento de los océanos podría dar paso a todo un conjunto de peligrosas criaturas venenosas, como serpientes marinas, medusas y peces león.

Publicado 9 oct 2018 12:24 CEST
Cubomedusas
Se ha culpado a las cubomedusas por aumentar la pérdida de vidas humanas y las clausuras de playas.
Fotografía de Thomas P. Peschak, National Geographic Creative

Los seres humanos podrían tener que lidiar con el aumento de los mordiscos, picaduras y otros roces venenosos debido al cambio climático. Eso es lo que dice un nuevo estudio que llega acompañando al informe del IPCC, que advierte de que las consecuencias negativas del calentamiento global llegarán más rápido de lo esperado.

Según un nuevo análisis de animales acuáticos venenosos, especies peligrosas podrían ser cada vez más habituales en nuevas áreas de distribución. Entre las especies cuyas áreas de distribución podrían variar hacia los polos debido al agua más cálida se encuentran los peces león, las serpientes marinas, las coronas de espinas y una serie de medusas venenosas.

«Estas especies son de interés para los humanos porque son venenosas, pero reflejan los patrones generales que observamos —cambios de área biogeográfica, de abundancia, descensos o aumentos— y que alteran el equilibrio de lo que observaríamos habitualmente en el ecosistema», explica Isabelle Neylan, estudiante de doctorado de Ciencias del Mar en la Universidad de California, Davis, y coautora del estudio publicado recientemente en Wilderness and Environment Medicine.

Sus coautores y ella estudiaron investigaciones médicas, medioambientales y ecológicas sobre el efecto del cambio climático sobre criaturas venenosas, así como varios estudios de modelos y centros de datos sobre venenos. En realidad, el reciente estudio representa la segunda parte de la investigación. El primer estudio publicado a principios de año se centraba en el efecto que podría ejercer el cambio climático sobre las criaturas terrestres venenosas.

Según ella, la mayoría de las especies no tendrían por qué aumentar, pero sus áreas de distribución sí cambiarán a medida que las aguas se calienten más cerca del ecuador, empujándolos hacia el norte o el sur según sus nichos de temperatura ideal. Sin embargo, no todas las especies vivirán esta situación de igual forma, ya que algunas podrían ser incapaces de hacer frente a estos cambios de distribución.

«El patrón general es que no existe necesariamente un patrón», afirma Neylan, que llevó a cabo estos estudios siendo técnica de investigación en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, y añade que cada especie podría experimentar retos únicos en términos de cambios de distribución o demográficos.

Leones, medusas y estrellas de mar

Un grupo de animales que probablemente aumentará su distribución y su abundancia debido a las aguas más calientes y los cambios en los niveles de acidez del océano son las medusas. Entre ellas se incluyen las mortíferas cubomedusas y las medusas irukandji, responsables del aumento de las muertes en Australia y podrían estar desplazándose al sur hacia zonas más pobladas a medida que el clima se calienta.

«Las cubomedusas son muy venenosas, quizá las más venenosas del mundo, comparativamente», afirma Timothy Erickson, médico del Brigham and Women's Hospital de la Universidad de Harvard y coautor del estudio junto a Neylan.

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Jennifer Purcell, investigadora adjunta de la Universidad Western Washington, ha estudiado la expansión de las medusas pero no ha participado en el nuevo estudio. Según ella, la reproducción de las medusas aumenta en aguas más cálidas.

«No son solo un par [de especies], en realidad aumenta la mayoría de las medusas estudiadas», afirma.

Está de acuerdo en que las medusas podrían ser un problema debido al cambio climático, pero añade que podrían intervenir otros factores en la expansión de esta especie, como el que los humanos las liberen o las desplacen, ya sea a propósito o por accidente.

«La medusa podría ser el caso mejor documentado, pero me preocupa que hayan escogido algunas especies sensacionalistas para intentar que la historia parezca aún más relevante», explica.

Los peces león, que inicialmente se expandieron hacia Florida tras ser liberados por sus dueños, han empezado a extenderse al norte por la costa atlántica estadounidense hasta Georgia y las Carolinas. Estos peces, que aparentemente tienen buen sabor, pueden diezmar los peces pequeños y las poblaciones de criaturas marinas y, para los humanos que se los encuentren, esconden una dolorosa picadura.

Las coronas de espinas han empezado a extenderse desde su área de distribución tradicional en las aguas del Indo-Pacífico hacia el sur, a la Gran Barrera de Coral de la costa australiana, debido al aumento de la temperatura de esas aguas. Estas voraces estrellas de mar venenosas pueden devorar arrecifes enteros. Si una persona se encuentra por accidente con ellas nadando o practicando otras actividades, pueden provocar dolor, inflamación e infección.

Otros peces, como los peces erizo, también han sido avistados en zonas nuevas, pero los autores hacen hincapié en la falta de datos sobre cómo afecta el cambio climático a la distribución o la abundancia de uno de los peces con los que se encuentran los humanos más habitualmente: las rayas. Instan a que se investiguen más sus áreas de distribución y los efectos de los patrones meteorológicos cambiantes sobre las rayas, los peces piedra y los pulpos de anillos azules para comprender los posibles problemas futuros.

Una situación tóxica

No todas las especies acuáticas venenosas prosperarán con el cambio climático. Aunque también se han descubierto serpientes marinas en nuevas áreas de distribución o cuya abundancia ha aumentado en Corea del Sur, California y Hawái, los investigadores informan de que la abundancia de algunas de las serpientes más venenosas del mundo en tierra o agua desciende a nivel mundial.

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Las ranas venenosas podrían sufrir las peores consecuencias por su sensibilidad a los cambios de temperatura. Y no se trata solo de un descenso de la abundancia. Neylan también señala que algunas especies van a extinguirse por una combinación de cambio climático y patógenos, como el hongo quítrido, que también se expande debido al cambio climático.

«La diversidad desciende en general, y eso es algo malo», afirma Neylan, que añade que cuando especies como el pez león se desplazan a nuevas áreas de distribución con pocos o ningún depredador, pueden afectar negativamente a los ecosistemas.

«Cualquier cambio en el ecosistema surte un efecto dominó», explica Neylan.

Hospitales sin preparación

Erickson explica que, con la expansión de las criaturas venenosas hacia nuevas áreas de distribución, los hospitales y sistemas sanitarios podrían no saber cómo hacer frente a la afluencia de posibles víctimas de picaduras o mordiscos.

Esto podría aumentar los costes sanitarios. «Algunos antídotos son carísimos», explica Erickson, que añade que, como resultado, estos problemas podrían afectar más a los países más pobres.

Señala que, donde sea posible, los hospitales deberían implantar mejores planes para obtener los antídotos que necesiten. También habla de la necesidad de informar mejor al público sobre el tipo de pasos inmediatos que deben seguirse, como aplicar vinagre sobre las picaduras de medusa o agua caliente en las picaduras de rayas y peces león.

Según los investigadores, el problema solo se agravará en el futuro a medida que más gente se desplaza a zonas costeras. Señalan que, para finales de este siglo, el 50 por ciento de la población mundial vivirá a 96 kilómetros de la costa.

«Cada vez más gente está desplazándose hacia el agua», afirma Purcell.

«Formamos parte de nuestro entorno y nuestro ecosistema. Los cambios nos afectan y cambiamos lo que ocurre en nuestro ecosistema», afirma Neylan.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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