Animales

Doce perros de caza y un venado se despeñan por un barranco en Cáceres

Las impactantes imágenes vuelven a poner sobre la mesa, más allá del debate de la caza, la necesidad de un control urgente que elimine las prácticas más inhumanas asociadas a este sector.martes, 20 de noviembre de 2018

Por Cristina Crespo Garay - National Geographic

Doce perros y un venado se han despeñado por un barranco este fin de semana en Herreruela, un pequeño municipio de 350 habitantes de Cáceres, mientras se encontraban de cacería.  Las imágenes, que se han hecho virales en las redes sociales, muestran cómo tanto los canes como su presa acaban atrapados en el filo de un barranco hasta caer al abismo.

“Ese ha sonado, ¿eh?”, se escucha decir cuando uno de los canes cae por el barranco y choca contra el suelo. Las impactantes imágenes y la aparente frialdad de las reacciones y los comentarios que se escuchan han hecho hervir las redes sociales, donde han alzado su voz cientos de personas, asociaciones y algunos partidos políticos que denuncian, más allá del debate sobre la caza, las frecuentes malas prácticas no controladas que se dan en el sector.

Las asociaciones cinegéticas, como la Real Federación Española de Caza (RFEC) y las Federaciones Autonómicas de Caza (FFAA), califican el hecho como un incidente aislado por el que se muestran “consternadas”, recalcando “su apoyo incondicional al rehalero afectado”. Algunas organizaciones han calificado estas palabras como un comunicado que perpetúa aun más la idea de utilizar a los perros como una pura herramienta.

Por su parte, el presidente del RFEC, Ángel López Maraver, ha escogido este momento para arremeter contra la supuesta existencia de un lobby animalista que únicamente busca “criminalizar al sector”.

El debate sobre si la mala praxis en la caza es un problema común que alimenta las cifras del abandono en nuestro país, que se encuentra a la cabeza de este maltrato en Europa, ha vuelto a ponerse sobre la mesa. Más de 138.000 animales fueron abandonados en 2017, según el estudio de la Fundación Affinity, de los cuales más de 104.000 eran perros.

Protectoras de animales como SOS Galgos denuncian que las cifras en realidad son mucho mayores que las que las que recogen los informes por la imposibilidad de documentar todos los casos, y que, más allá del abandono, el problema de las malas prácticas es una realidad que nadie controla.

“Cuando ya no les sirven, los abandonan, los cuelgan o incluso los tiran a los pozos”, afirma una voluntaria de SOS Galgos en el documental Febrero, el miedo de los galgos, que denuncia prácticas como el entrenamiento de galgos a motor, donde los rehaleros atan a los perros a la parte trasera de un coche que los obliga a correr durante distancias de hasta 25 kilómetros diarios.

“Ahora ya cuando pasa vendimia, para septiembre, empezamos con los entrenamientos. Como aquí no hay sitio, porque la Guardia Civil no te deja ni respirar, y los de Seprona igual, yo los cojo todos amarrados con un chaval que me ayuda y les damos 15, 20, 25 kilómetros todos los días andando y trotando detrás del coche”, afirma uno de los testimonios del documental.

Las asociaciones cinegéticas afirman que el ahorque de animales o su abandono suponen casos muy residuales que provienen de las mafias que roban precisamente a estas razas de perros, pero no es una práctica habitual en la caza. Sin embargo, las asociaciones que luchan por cambiar estas prácticas afirman que no salen las cuentas. Si cada rehalero tiene 12 o 14 animales a su cargo para utilizarlos durante una vida útil de 2 o 3 años, las asociaciones plantean: ¿qué ocurre con los demás? Y afirman que, en el mejor de los casos, son abandonados en alguna perrera.

La Guardia Civil afirma que en 2016 realizó más de 12.400 actuaciones contra el maltrato animal, pero las asociaciones exigen una ley de protección animal más dura, que al menos controle estas prácticas, penalice duramente el maltrato y evite que los perros de caza que han dejado de ser útiles se convierten en la invisibilizada realidad que continúa engrosando en segundo plano la filas del abandono y el maltrato.

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