Animales

Los cazadores de trofeos estadounidenses matan más de 800 monos al año

Un análisis exclusivo revela que Estados Unidos desempeña un papel protagonista en este mercado, que se cobra unas mil vidas al año.lunes, 5 de noviembre de 2018

Por Dina Fine Maron
Los papiones chacma son los más populares de entre los primates trofeo africanos.

Cuando Blake Fischer, una importante autoridad de fauna salvaje de Idaho, mató a una familia entera de papiones chacma y otros animales en un reciente viaje de caza a Namibia, el revuelo subsiguiente —y la descripción de sus matanzas que compartió— le obligó a dimitir.

Pese a la extendida aversión pública hacia esta práctica, un nuevo análisis de la caza de trofeos de primates llevado a cabo por Humane Society International y compartido en exclusiva con National Geographic demuestra que es tan habitual en los últimos años como lo era hace una década.

El papión chacma figura en el primer puesto de trofeos de primates favoritos. A esta criatura de casi 1,2 metros le gustan las frutas deliciosas y los insectos, que almacena en sus mejillas, y siente debilidad por el marisco o la carne de carroña.

Las matanzas como la de Fischer son legales según la legislación internacional y, a diferencia de las considerables tasas vinculadas a las cazas de trofeos de animales grandes como leones, leopardos o rinocerontes, las tasas de primates trofeo son simbólicas.

Los cercopitecos verdes, que viven en África oriental, son uno de los objetivos principales de los cazadores de trofeos.

 «Suele ser gratis o son tasas ínfimas, como de 20 dólares, de forma que la gente puede simplemente disparar a los primates», afirma Iris Ho, especialista principal de políticas y programas de fauna salvaje en Humane Society International. La práctica, según ella, «es aborrecible y resulta chocante para muchos defensores de los animales».

Estados Unidos tiene una larga historia con la caza de trofeos de primates. En 1909, el presidente Theodore Roosevelt mató a tres babuinos en un solo safari en el que disparó a casi 300 animales africanos.

El examen de la Humane Society incluyó la información más reciente disponible: las cifras de caza de trofeos entre 2007 y 2016. Descubrió que Estados Unidos representa el mayor porcentaje de este mercado. Durante esos años, se comercializaron 11.205 trofeos de caza de primates a nivel internacional y 8.896 —o casi el 80 por ciento— fueron importados a Estados Unidos. De media, Estados Unidos importó casi 890 primates trofeo al año. El siguiente mayor comprador, España, estaba muy por detrás, con 490 importaciones en total en esos nueve años, seguida por Sudáfrica, con 401. Los principales países de origen eran Sudáfrica, Namibia, Zimbabue, Zambia y Mozambique, respectivamente.

Según el análisis, los papiones chacma eran los más demandados, con 6.925 cazados como trofeos en el periodo de nueve años. Les seguían los cercopitecos verdes con 1.400 trofeos, los papiones amarillos con 932 y los papiones oliva con 635. «No me sorprende el papel dominante de los Estados Unidos», afirma Ho, señalando la popularidad general de la caza de trofeos en Estados Unidos. Pero «me sorprende la cantidad de trofeos de primates que traen cada año los cazadores estadounidenses».

Más de 600 papiones oliva, que viven en muchas zonas de África, fueron asesinados en cazas de trofeos entre 2007 y 2016.

Las cifras de caza de trofeos se recopilaron según el Convenio sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (CITES), el tratado internacional que regula el comercio de animales salvajes. La base de datos no siempre es una fuente perfecta. Exportadores e importadores emplean unidades diferentes (una entidad puede usar el número de animales, otra puede contar las partes del cuerpo individuales como los dientes o la cabeza), y una exportación un año puede figurar como importación otro año, según advierte Rosie Cooney, directora del Sustainable Use and Livelihoods Specialist Group de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), una red mundial de expertos que evalúa, por ejemplo, si la caza de trofeo de animales ayuda a sostener sus poblaciones y cómo benefician las tasas de caza a las comunidades locales, entre otras tareas.

Asumiendo que los registros de trofeos de primates sean precisos, Cooney afirma que las cacerías no suponen necesariamente inconvenientes importantes para la conservación. «La caza de trofeos es polémica, claro está, y muchos la detestan por razones emocionales», pero «solo desde la perspectiva de la conservación, no existen problemas importantes que hayan surgido al estudiar los datos».

Estos primates no son una especie amenazada según la UICN. (La UICN publica la Lista Roja, que determina qué fauna y flora se encuentran en peligro de extinción.) Según Cooney, «es probable que la caza de carne de animales salvajes y la pérdida de hábitat sean mucho más significativas en estos países para casi todas estas especies. Es probable que reducir la demanda de caza de trofeos en estas especies sea bastante irrelevante para la conservación».

Además de las preocupaciones por el bienestar de los animales, en el núcleo de la polémica de la caza de trofeos está la cuestión de si las tasas de caza apoyan la protección o restauración de la fauna salvaje. Cooney afirma que determinar esto es complicado, especialmente porque los operadores de caza ofrecen paquetes con varios animales, entre ellos primates. Pero explica que, dado que la mayor parte de la caza documentada es de especies muy comunes, es probable que los precios sean bajos y, por lo tanto, las contribuciones a la conservación sean insignificantes.

«Todos estos animales desempeñan un papel importante en sus ecosistemas locales y no deberían matarlos solo por diversión», afirma Ho.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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