Lo que desvelan los huevos de dinosaurio sobre sus estilos de paternidad

Los fósiles revelan vínculos profundos entre los dinosaurios y las aves actuales, desde las cáscaras de colores hasta los hábitos alimenticios de las crías.

Por Michael Greshko
Publicado 6 nov 2018, 12:56 CET
Huevos de dinosaurios
Los huevos de las aves modernas tienen una gran variedad de tonos, como estas muestras de la colección de la Western Foundation of Vertebrate Zoology en los Ángeles, California.
Fotografía de Frans Lanting

Desde los tiempos de Aristóteles, a los humanos les han fascinado los coloridos huevos de las aves, cuyas tonalidades varían del color crema a intensos rojos, azules y verdes. Mucho antes de que nos fascinara el azul huevo de petirrojo, la naturaleza podría habernos dado el azul huevo de Velociraptor. Al fin y al cabo, las aves modernas heredaron su don para crear cáscaras coloridas de sus ancestros los dinosaurios, que adquirieron este rasgo hace más de 145 millones de años, según un estudio publicado en la revista Nature.

El resultado añade un toque de color a nuestra compresión de la reproducción de los dinosaurios. Y también plantea preguntas: ¿cómo incubaban sus huevos y criaban a su descendencia estos dinosaurios? Y, a la luz de los fósiles más recientes, ¿qué podemos aprender de la paternidad de los dinosaurios a partir de las aves modernas, los últimos dinosaurios vivos?

Inversión de futuro

Con cada nuevo hallazgo, queda más claro que las aves modernas obtuvieron muchos de sus rasgos emblemáticos de sus antepasados, los dinosaurios. Por ejemplo, las plumas han aparecido miles de veces en el registro fósil desde los años 90. Y hace solo unas semanas, un equipo de investigadores desveló lo que parecían ser pulmones fosilizados en un tipo de ave primitiva que vivió hace 120 millones de años. El fósil del Cretácico sugiere que los pulmones hipereficientes adaptados al vuelo aparecieron en el árbol genealógico de las aves antes de lo que se creía.

Dichos rasgos aviares aparecieron dentro de los Eumaniraptora, el grupo de dinosaurios en el que se incluyen las aves modernas, dinosaurios terópodos como el Velociraptor y el Deinonychus, y dinosaurios no aviares con plumas. Durante el Jurásico Superior, estos animales parecen haberse diversificado rápidamente. La paleontóloga Julia Clarke, de la Universidad de Texas en Austin, ha especulado que, mientras se producía esta irradiación, los eumaniraptores desarrollaron un metabolismo más rápido. Y durante este cambio metabólico —o hasta quizá a causa de este—, los eumaniraptores se convirtieron en progenitores dedicados.

Algunos grupos de dinosaurios, como los saurópodos cuellilargos, ponían huevos pequeños en masa, los enterraban y los abandonaban, como las tortugas marinas. Sin embargo, los huevos de eumaniraptores son relativamente más grandes y ponían pocos de cada vez. En algunas puestas de huevos fosilizadas, estos están visiblemente emparejados, una señal de que los ponían más lentamente. Y en 2005, los investigadores desvelaron la pelvis de un eumaniraptor que contenía dos huevos con cáscara.

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A diferencia de los huevos de dinosaurios, los huevos de eumaniraptores no tenían tantos poros, una señal de que los huevos se mantenían al aire libre, de forma similar a los nidos aviares. Quizá, como muchas aves, los animales incubaban los huevos para mantenerlos calientes; algunas puestas de huevos fosilizadas conservan incluso a dinosaurios adultos sentados sobre ellas. Y los análisis de algunos embriones de dinosaurios sugieren que se tardaba unas diez semanas en incubar estos huevos: menos tiempo que los reptiles vivos, pero más que las aves modernas.

Una percepción diferente del color

Como sus huevos estaban expuestos, los eumaniraptores podrían haber tenido una buena razón para ponerles colores y manchas, como ha revelado el último estudio de Nature. A diferencia de los humanos, que poseemos tres tipos de células fotosensibles en los ojos, las aves y los dinosaurios tenían cuatro y podrían haber percibido el color de forma diferente a nosotros. Sobre todo, sus ojos habrían visto la calcita, el mineral blanco que compone las cáscaras de huevo, con una luz totalmente diferente.

«Para un ave o un dinosaurio, un huevo blanco no pigmentado tendría un tono rosa brillante», afirma la paleontóloga Jasmina Wiemann, estudiante de doctorado en la Universidad de Yale y autora principal del estudio de Nature. «Si pensamos en un depredador de nidos, si ve huevos de color rosa brillante en el suelo, pensará que es la comida. Una vez los dinosaurios empezaron a incorporar estos pigmentos, este tono rosa brillante de la cáscara de huevo desaparece».

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    A diferencia de los huevos incoloros de los aligátores modernos (al fondo), los huevos de algunos dinosaurios terópodos tenían colores y manchas. En vida, este huevo fósil podría haber sido de color azul, como el huevo de emú en primer plano.
    Fotografía de Jasmina Wiemann

    Como demuestran Wiemann y sus colegas, el dinosaurio Deinonychus probablemente ponía huevos azules como los emúes modernos, mientras que otras especies ponían huevos blanquecinos con manchas, como los gorriones modernos.

    «Parece que las cáscaras de huevo de los dinosaurios no aviares tenían una gran diversidad de colores que casi equivale a la observada en huevos de aves modernas», explica Wiemann. «Vienen en toda una gama de colores, con o sin manchas».

    Las nuevas pruebas tienen mucho sentido si estos dinosaurios ponían sus huevos en nidos al aire libre, según explica el paleontólogo de la Universidad del Estado de Montana David Varricchio. Si entierras los huevos, ¿por qué invertir más energía en colorearlos?

    «Está bien obtener la confirmación de una fuente inesperada», afirma.

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    Los investigadores todavía tienen mucho trabajo por hacer para desentrañar los detalles de los estilos de paternidad de los dinosaurios una vez los huevos eclosionaban. Por ejemplo: el eumaniraptor Deinonychus, un carnívoro norteamericano de garras largas que vivió hace unos 100 o 120 millones de años. El Deinonychus suele hallarse junto al dinosaurio herbívoro Tenontosaurus, y existen pruebas sólidas de que el primero se alimentaba del segundo. Pero ambos animales eran de tamaños muy distintos: el Deinonychus pesaba unos 90 kilos, mientras que el Tenontosaurus podía pesar hasta un par de toneladas. ¿Cómo devoraba el Deinonychus a un animal tan gigantesco?

    En los años 60, el paleontólogo John Ostrom sugirió que las criaturas cazaban al Tenontosaurus en manada, como los lobos. Desde entonces, la idea ha corrido como la pólvora, ganando fama en la película Parque Jurásico.

    «Esa ha sido la hipótesis fiable durante 40 años y se ha representado en la cultura popular», afirma Joe Frederickson, paleontólogo en la Universidad Southwestern Oklahoma State. «Pero, en realidad, existen pocas pruebas que la respalden».

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    Si el Deinonychus era o no un cazador en manada es algo que modificaría directamente un aspecto de su paternidad. Los lobos modernos comparten las presas con sus crías y, mientras la manada come, apenas existe el riesgo de que una cría de lobo se convierta en la cena. Pero en 2007, dos investigadores sugirieron que el Deinonychus se alimentaba de forma similar a los dragones de Komodo modernos. Según este modelo, los adultos apenas toleraban una comida compartida y canibalizaban a sus crías de forma oportunista. Así, los jóvenes evitaban a los adultos y obtenían su propia comida.

    Para probar qué modelo encajaba mejor con el Deinonychus, Frederickson realizó análisis químico de dientes de Deinonychus grandes y pequeños de yacimientos de Montana y Oklahoma, sirviéndose del tamaño de los dientes para aproximar la edad de los dinosaurios. En la reciente reunión anual de la Sociedad de Paleontología de Vertebrados, Frederickson anunció que los Deinonychus más grandes comían alimentos diferentes de los que ingerían los más pequeños, una pista de que los dinosaurios podrían no haber sido cazadores en manada.

    Sin embargo, esto no significa necesariamente que el Deinonychus tratase a sus crías como las tratan los dragones de Komodo, según explica Frederickson. Al fin y al cabo, en algunas aves vivas, los polluelos eclosionados siguen a sus padres para conseguir protección, pero pueden encontrar su propia comida.

    Para seguir reuniendo las piezas del rompecabezas, Wiemann quiere tomar muestras de más cáscaras de huevo fósiles, sobre todo de terópodos de cuerpos grandes como el T. rex o el Spinosaurus. También quiere estudiar a las aves vivas con mayor grado de detalle, para comprobar si los patrones o colores sutiles guardan correlación con tipos específicos de anidación o cuidados parentales.

    «Una vez tengamos datos sólidos de aves modernas, los únicos dinosaurios supervivientes, podremos aplicarlos a dinosaurios no aviares», afirma Wiemann. «Esto nos ayudará a entender mejor por qué los dinosaurios se convirtieron en el exitoso grupo que eran y que siguen siendo hoy en día».

    Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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