Animales

En busca de los últimos peces sierra del mundo

Para salvarlos, primero deben encontrarlos. Lunes, 22 Abril

Por Anne Casselman

Mario Espinoza ha dedicado años de su vida a salvar a un pez que aún no ha visto en las aguas de Costa Rica. No es que no lo haya intentado. Todos los meses, este científico marino de la Universidad de Costa Rica y su equipo viajan a las fronteras de uno de los mayores manglares del mundo, donde se suben a un antiguo barco pesquero y trabajan incansablemente durante tres días echando redes y palangres en las aguas fangosas del estuario. A la sombra de los árboles del manglar de 24 metros de alto, con cocodrilos y monos aulladores que les hacen compañía, buscan pruebas de un fantasma: el pez sierra.

«Retiras el palangre anzuelo a anzuelo y con cada anzuelo que quitas, cruzas los dedos y piensas: “¡Quizá esté en este!”», afirma Espinoza. A partir de su investigación recopilando datos de las capturas y avistamientos de peces sierra, sabe que el humedal nacional Térraba-Sierpe es uno de los dos últimos puntos donde se concentran los peces sierra en Costa Rica, donde antes eran abundantes. «No vamos del todo por mal camino. Es solo que somos una especie en peligro de extinción. Son muy insólitos».

El año pasado, Espinoza supo de un total de 10 avistamientos confirmados de peces sierra en todo el país.

Los peces sierra son rayas grandes con hocicos largos con forma de sierra, denominados rostras, que utilizan para encontrar y sorprender a sus presas en aguas turbias. Corren más peligro que los tiburones y las rayas y, según algunos cálculos, que todos los grupos de peces marinos. Las cinco especies de pez sierra están en peligro de extinción a pesar de que antaño grandes poblaciones ocupaban las aguas tropicales y subtropicales del Atlántico, el Índico y el Pacífico.

Al ser un pez de crecimiento lento armado con una enorme sierra por nariz, son susceptibles a quedarse atrapados en aparejo de pesca en las aguas costeras poco profundas, los estuarios y los lechos fluviales que habitan, así como las aguas más profundas donde buscan alimento. Además, tardan mucho en recuperarse de los descensos demográficos. Están protegidos por ley en 19 países y el Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), tratado que regula el comercio transfronterizo de fauna silvestre, prohíbe su comercio internacional. Como superdepredador en la cadena trófica, su pérdida puede desestabilizar un ecosistema costero.

«Nuestra misión consiste en encontrar un lugar del mundo en el que podamos salvarlos», afirma Nick Dulvy, ecólogo marino de la Universidad Simon Fraser en Vancouver. «Existen pruebas de la presencia de peces sierra en 90 países y, por el momento, solo parece que podremos salvarlos en cuatro».

“Los peces sierra se han extinguido a nivel local en al menos 20 países y otros 43 países han perdido al menos una especie de pez sierra.”

«Cuesta imaginarse que algo que alcanza una longitud de siete metros desaparezca sin que nos demos cuenta», afirma Dulvy. Cómo una de las especies de peces más grandes del mundo ha desaparecido tan rápidamente en muchas masas de agua del mundo es una gran incógnita. Sin embargo, la cuestión de cómo se puede salvar a las poblaciones restantes de pez sierra del mundo es más urgente.

En el mundo quedan dos bastiones de peces sierra: Florida, donde habita el pejepeine, y el norte de Australia, donde persisten las otras cuatro especies (enano, verde, común y de rostra estrecha). Aparte de esas dos poblaciones «salvavidas», el futuro de los peces sierra no está del todo claro. «Si no hacemos nada más en la próxima década, son los dos únicos lugares donde quedarán peces sierra», afirma Dulvy.

Los investigadores creen que los peces sierra se han extinguido a nivel local en al menos 20 países y otros 43 países han perdido al menos una especie de pez sierra, entre ellos Estados Unidos, donde no se ha observado un pez sierra común desde 1961. En los pocos lugares donde persisten —en las aguas de Papúa Nueva Guinea, las Bahamas, Brasil y Sudán—, los peces se enfrentan a peligros como quedarse atrapados en aparejo de pesca, la caza furtiva para el comercio de aletas y la pérdida de hábitat.

«Se quedan atrapados en más aparejo de pesca que casi cualquier otra especie, por eso son tan susceptibles. Además, sus aletas pueden valer mucho dinero», afirma Colin Simpfendorfer, biólogo marino de la Universidad James Cook en Townsville, Australia. Sus aletas no solo son unas de las más valiosas del mercado, sino que los dientes de su rostra pueden valer varios cientos de dólares la unidad como espolones en las peleas de gallos de Centroamérica y Sudamérica. Espinoza se enteró cuando un comerciante del mercado negro contactó con él a través de su página web de conservación y se ofreció a comprarlos.

En el noroeste del océano Índico, Rima Jabado es la fundadora y científica principal del The Gulf Elasmo Project, una organización sin ánimo de lucro con sede en los Emiratos Árabes Unidos dedicada a salvar elasmobranquios, el grupo en el que se incluye a rayas, tiburones y peces sierra. Ha pasado una década visitando las zonas de llegada de los peces en el golfo Pérsico. Los peces sierra eran tan abundantes en la región que los pescadores empleaban sus rostras para construir vallas alrededor de sus propiedades.

Ahora, considera que un país tiene suerte si llega un pez sierra en un periodo de dos o tres años. «Enseguida resultó obvio que las poblaciones de esta parte del mundo estaban cayendo en picado», afirma Jabado. Ocurría lo mismo en Sudamérica y Centroamérica, donde los peces sierra se han visto diezmados en México, Perú, Colombia y Venezuela, y están extintos a nivel local en Guatemala.

Un rayo de esperanza en Costa Rica

A principios de este año, Espinoza y su equipo se han unido a una colaboración de investigación internacional para detectar peces sierra y tomar muestras de agua en busca de restos de ADN de peces sierra, conocido como ADN ambiental o eDNA, por sus siglas en inglés. Este análisis tiene la capacidad de detectar indicios de peces sierra que haya dejado el pez en un periodo de tres a cuatro días en una franja de agua de 800 metros.

La investigación del ADN ambiental forma parte de una búsqueda internacional de ADN ambiental coordinada por Simpfendorfer para determinar dónde deberían centrarse las labores de conservación. «Queremos enfocar nuestros esfuerzos de conservación en lugares donde obtendremos los mejores resultados y donde podamos observar recuperación en las poblaciones. El [ADN ambiental] es una manera muy eficaz de hacerlo a escala internacional», afirma Simpfendorfer. Además de Costa Rica, Simpfendorfer ha enviado dispositivos de análisis de ADN ambiental a investigadores de otros 15 países, entre ellos Bangladesh, Pakistán, Papúa Nueva Guinea y Australia.

Espinoza sabe que su misión no terminará con la localización de los peces. «A partir de las experiencias de Florida y Australia, supe que estos tipos de iniciativas de conservación llevan mucho tiempo y debes combinar herramientas como la educación, la divulgación y la investigación para obtener resultados positivos», afirma.

Con ese fin, Espinoza ha sido fundamental a la hora de presionar al gobierno costarricense para que proteja al pez sierra a nivel legal, algo que logró en 2017. Mediante su iniciativa nacional de conservación del pez, En Busca del Pez Sierra - Costa Rica, su equipo y él están concienciando al público acerca de los peces sierra y fomentando la educación en comunidades costeras para enseñar a los pescadores que los peces están protegidos y cómo liberar e informar de la presencia de peces sierra si los atrapan.

La población salvavidas

Al otro lado del océano, Peter Kyne estudia las cuatro especies de pez sierra del norte de Australia. Al hablar con él, uno puede hacerse una idea de cómo debe ser un ecosistema apropiado para los peces sierra. La costa mide miles de kilómetros, suele ser inaccesible en coche y apenas se ha construido en ella. El caudal de los ríos aumenta durante la estación del monzón en grandes planicies aluviales y crea un hábitat valioso para los peces sierra jóvenes. La presión pesquera es relativamente baja y muchos sistemas fluviales de la costa norte siguen circulando salvajes, sin obstáculos como presas. Todo esto ha creado una región donde prosperan animales salvajes como los tiburones, las rayas, los cocodrilos, los dugongos y las poblaciones de delfines.

En los últimos años, Kyne, que colaboró con gestores indígenas de la tierra y el mar, ha descubierto aspectos sorprendentes sobre los peces sierra, como un hábitat de cría del pez sierra verde y un pez sierra común descubierto a 500 kilómetros río arriba de su desembocadura. «Solo hemos arañado la superficie del conocimiento», admite.

En Australia, todos los peces sierra están protegidos por la ley. «No cabe duda de que la protección haya beneficiado mucho a la especie», afirma Kyne. «Por ejemplo, la pesquería de arrastre de camarones en el norte de Australia ha avanzado mucho desde que se ha protegido a los peces sierra para mejorar la capacidad de supervivencia de los animales capturados por accidente», afirma.

Las campañas de educación han servido para enseñar a los pescadores deportivos cómo devolver a los peces sierra al agua. «Creo que si seguimos protegiéndolos y trabajando estrechamente con las pesquerías comerciales, y seguimos concienciando a los pescadores deportivos, el futuro de los peces sierra de Australia será prometedor», afirma Kyne.

Además de Australia y Florida, países como Sudán, Papúa Nueva Guinea y Bangladesh aportan lo que Kyne denomina «señales de esperanza» para los peces sierra. Pero estos países también tienen muchos menos recursos que Australia y Estados Unidos. El PIB per cápita de Australia es 21 veces superior al de Papúa Nueva Guinea y 35 veces superior al de Bangladesh, por ejemplo.

Ruth Leeney, exploradora de National Geographic y científica del Museo de Historia Natural de Londres, ha trabajado en la conservación de peces sierra en diez países de África y Asia. Cree que para instaurar una iniciativa duradera de conservación en países en vías de desarrollo se necesitará un enfoque más holístico que el enfoque descendente que ha funcionado en Estados Unidos y Australia. «Aprobar una ley no es suficiente [para proteger a los peces sierra] como en Estados Unidos. Eso no funciona en un país en vías de desarrollo», explica. «No se reconoce que se necesita una diversidad de enfoques de conservación de peces sierra que dependen en gran medida de la zona, la cultura y el contexto socioeconómico del país en el que estás».

«Nunca he visto a este animal»

A partir de 2012, Leeney visitó comunidades costeras de África del Este y del Oeste con fotos de peces sierra. «¿Conoce este pez? ¿Cuándo lo vio por última vez?», preguntó a cientos de pescadores.

Enseguida apareció un patrón: los pescadores más ancianos conocían a los peces sierra de primera mano, pero sus hijos no. «Si solo hablabas [con los hijos], tenías la impresión de que nunca había habido peces sierra en aquella parte del mundo», afirma Leeney. «Miran la foto [de un pez sierra] y dicen: “No he visto a este animal en mi vida”». Con unas pocas excepciones en Madagascar y Mozambique, donde conoció a pescadores que habían capturado peces sierra en los dos últimos años, surgió una historia de pérdida. En un periodo de 20 años, los peces sierra de África habían desaparecido de las aguas de culturas que antes los conocían tan íntimamente que aparecían en sus divisas y su folclore.

Durante la época en la que Leeney trabajó en África, descubrió que la desaparición de los peces sierra estaba vinculada a un descenso igualmente drástico de otros pecesen aguas costeras, que ha provocado inseguridad alimentaria entre muchos pescadores de subsistencia. Los pescadores cuyos abuelos se ganaban la vida echando las redes en la orilla se veían obligados a abandonar la profesión conforme la escasez de peces los alejaba de la costa en viajes cada vez más largos.

«Debemos ser capaces de trabajar con estas comunidades para desarrollar otras opciones laborales, porque si no cuentan con otros medios para ganarse la vida, seguirán explotando recursos que saben que son valiosos», afirma. «El valor de conservación de un pez sierra es insignificante para alguien que vive en precariedad».

Cualquier iniciativa para salvar al pez sierra tendrá efectos positivos en problemas relacionados que asedian a las comunidades costeras en muchos países en vías de desarrollo. Entre ellos, el principal es la seguridad alimentaria y el carbono azul, un término que hace referencia a las iniciativas para mitigar el cambio climático mediante la conservación y la restauración de ecosistemas costeros como manglares y praderas marinas.

«Si resolvemos el problema del pez sierra, resolveremos los problemas del carbono azul y la seguridad alimentaria», afirmó Nick Dulvy. «Porque si salvas a los peces sierra, entonces es que has averiguado cómo hacer que las pesquerías tropicales sean selectivas y sostenibles».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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