Animales

Estas son las personas que intentan detener la caza furtiva de aves cantoras en Italia y Malta

Estos voluntarios se enfrentan a los contrabandistas que trafican con miles de aves al año. Lunes, 13 Mayo

Por Matteo Civillini

Mientras un coro de aves cantoras crea una melódica banda sonora, diez activistas anti caza furtiva se ocultan entre los densos matorrales de las montañas que se ciernen sobre esta ciudad de la isla italiana de Cerdeña. Esperan avistar a un cazador de aves ilegal que saben que actúa en la zona. «Este tío es como un reloj suizo», afirma Giovanni Malara, el líder del equipo. «Comprueba las redes y vuelve exactamente a la misma hora cada día».

Tras unos instantes, una motocicleta de color turquesa aparece a toda velocidad por un camino de tierra. «Es él», exclama Malara. Ahora comienza la segunda parte de la operación: encontrar sus trampas para aves.

Los activistas, miembros del Comité contra la matanza de aves (CABS, por sus siglas en inglés), una organización de conservación que lleva a cabo operaciones contra la caza furtiva, se dispersan para comprobar las cámaras con sensores de movimiento que habían escondido el día antes. Esperaban que las imágenes de las cámaras les indicaran el camino utilizado por el supuesto furtivo para llegar a sus trampas. A continuación, los activistas estudiarían el terreno en busca de pistas —pisadas, jirones de tela— que los llevarían a las redes que había colocado para atrapar a las aves en pleno vuelo. Estas redes, que suelen estar suspendidas entre dos postes, se denominan redes de niebla porque están hechas de un hilo tan fino que las aves no las ven.

Ese día de febrero de 2019, el equipo del CABS no logró ubicar las trampas. Pero dos días después, cuando aparecieron más pruebas de sus actividades sobre el terreno, hallaron 28 redes. Malara cuenta que las pruebas fueron entregadas a la policía local, que sigue investigando. 

“Cada año se cazan ilegalmente más de cinco millones de aves en Italia.”

Según la investigación de Birdlife International, una asociación global de grupos de conservación de aves, cada año se cazan ilegalmente más de cinco millones de aves en Italia, la mayor cantidad en toda Europa, con diferencia. A muchas las matan de inmediato y se consumen en platos tradicionales. Otras, sobre todo las aves cantoras, se mantienen con vida y se pasan de contrabando al extranjero, donde las venden como mascotas o como cebo para otras actividades de captura, como ocurre en la cercana isla mediterránea de Malta y su vecina, Gozo.

Atrapar aves «es un delito insidioso cometido por personas con una serie de motivaciones diferentes», afirma Stefano Testa, director de SOARDA, la unidad anti caza furtiva de la policía italiana, los carabinieri. «Hay de todo: desde aficionados a pequeña escala hasta personas que intentan aportar un ingreso para sus familias, y finalmente las grandes organizaciones criminales que ganan sumas enormes de dinero con menos de los riesgos asociados a otras actividades ilícitas».

El problema es tan grave que, en 2017, el gobierno italiano puso en marcha un plan de acción para hacer frente a los delitos contra las especies de aves. El año pasado, el grupo especial responsable de coordinar las operaciones, dirigido por Testa, contribuyó a la incautación de más de 5.000 aves protegidas —vivas y muertas— y a la derivación de 200 personas a la fiscalía.

Pero, según Testa, los recursos para combatir estos delitos son limitados y, como consecuencia, los grupos medioambientales como el equipo de CABS de Malara suponen una primera línea fundamental de iniciativas anti caza furtiva. «No podemos estar en todas partes y pueden aportar más ojos entrenados sobre el terreno», afirma Testa. «Solo seremos capaces de conseguir resultados duraderos mediante la cooperación con las autoridades locales y los grupos de la sociedad civil».

Malara ha dedicado la mayor parte de sus 67 años a perseguir a cazadores de aves. «Es una actividad cruel», afirma. «Cuando los cazan como alimento, abandonan a las aves para que mueran en las redes o el trampero les aplasta la cabeza». Malara dice que no fue solo el destino que corrían las aves lo que lo motivó en un principio. «Me horrorizó la negación general ante la mera existencia de una actividad tan flagrantemente ilegal», afirma. «En mi ciudad, vi a gente cazando a todas las aves que pasaban y a nadie le interesaba».

Las pruebas recopiladas mediante su tenaz esfuerzo han compuesto las bases de varias investigaciones judiciales. Destaca un caso reciente: una serie de peticiones de Malara provocaron una investigación policial que destapó una nueva y lucrativa ruta de contrabando de especies de fringílidos atrapadas en el sur de Italia. Los fringílidos, familia a la que pertenecen especies como canarios o pinzones, son preciados por su plumaje colorido pero, sobre todo, por sus capacidades de canto. Con una mezcla de gorjeos suaves y trinos rápidos y agudos, estas aves cantoras pueden crear una amplia gama de sonidos melódicos.

El vínculo con Malta

Malta, un punto diminuto en el mapa, posee una temporada de caza de aves aprobada, que generalmente va desde octubre a diciembre, y más de 6.400 estaciones de captura registradas. Pero los tramperos también operan ilegalmente durante la migración primaveral de las aves hacia el norte, entre febrero y abril. Hasta el año pasado, capturar especies de fringílidos en otoño era ilegal. Pero tras la nueva sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, solo es legal cazar dos especies —el chorlito dorado y el zorzal común— en Malta. El tribunal indicó en su sentencia, citando un estudio de Birdlife International, que la caza ilegal de fringílidos es tan intensa en Malta que ahora solo se reproducen aquí unas cuantas aves de esta especie.

Como consecuencia, según Nicholas Barbara, director de conservación de Birdlife Malta, «siempre hay una demanda enorme de fringílidos de Italia». Los tramperos locales encierran a las aves importadas ilegalmente en jaulas y colocan las jaulas alrededor de sus redes de niebla como cebo para atraer a otros fringílidos.

En mayo de 2018, la policía italiana destapó una red organizada responsable del tráfico de decenas de miles de fringílidos a Malta. El auto de procesamiento describe una empresa bien engrasada.

Primero, los mayoristas italianos hacían grandes pedidos de fringílidos al grupo de furtivos italianos. A continuación, los furtivos capturaban la cantidad de aves acordada en decenas de redes de niebla y las preparaban para su transporte.

Las escuchas de conversaciones telefónicas revelan cómo los contrabandistas dependían de veterinarios cómplices que supuestamente colocaban anillos de metal falsificados en las patas de las aves y aportaban la documentación que certificaba que habían nacido en cautividad.

Después, se transportaban las aves a través de la corta franja de mar hasta Malta mediante un truco que los contrabandistas utilizan de vez en cuando para transportar drogas ilegales por la misma ruta: las aves se guardaban en contenedores de plástico ocultos en vehículos modificados con dobles fondos y cubiertos de alimentos, normalmente marisco. Los investigadores italianos documentaron cómo los portadores de aves designados viajaban varias veces al año en el ferri, vinculando el puerto de Pozzallo, en Sicilia, con la capital de Malta, La Valeta.

Las aves pertenecientes a la familia de los fringílidos figuran entre las más de 500 aves salvajes protegidas conforme a la Directiva de Aves de la Unión Europea (la versión más reciente de la legislación adoptada originalmente por la UE en 1979), que establece los protocolos de protección basándose en el estado de conservación de cada especie.

Cuando Malta se unió a la UE en 2004, se le exigió que integrara la directiva en su legislación nacional, pero según Birdlife Malta y el CABS, los gobiernos malteses sucesivos se han mostrado laxos a la hora de impedir las capturas. En junio de 2018, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea determinó que Malta había incumplido la directiva al introducir demasiadas excepciones y por no haber puesto en marcha las medidas de ejecución pertinentes.

El Ministerio para el Medio Ambiente de Malta no respondió a las peticiones de entrevista.

«No ha cambiado nada»

En octubre de 2018, Malta reaccionó a la sentencia de junio derogando las regulaciones de la captura de fringílidos vivos en otoño y permitiendo solo la captura de chorlitos dorados y zorzales comunes. Pero esta primavera, Birdlife Malta y las patrullas de voluntarios anti caza furtiva del CABS recorrieron la isla en busca de actividad ilegal e informaron de que había pocos indicios de que se hubiera mejorado la aplicación de la ley en marzo, el mes en el que se produce el pico migratorio de fringílidos por Malta en camino hacia Europa continental.

«No ha cambiado nada», afirma Barbara. «La captura está prohibida, pero casi todos los días que hemos salido a patrullar, [hemos visto] tramperos ilegales y los hemos denunciado a la policía. Esto incluye a personas que operan a escala industrial y que ya hemos llevado a juicio en varias ocasiones».

El 19 de marzo de 2019, dos activistas alemanes del CABS se situaron en un mirador con un telescopio para supervisar la actividad en un valle estrecho que se cierne sobre el Mediterráneo. Días antes, un reconocimiento aéreo había revelado franjas de terreno despejado salpicadas de pequeñas cabañas de adobe, donde los cazadores esperan a que las aves se queden atrapadas en sus redes. «Esto es un paraíso para los furtivos», afirma Alex Heyd, uno de los vigilantes.

Momentos después, sus sospechas se confirmaron cuando un hombre, que no sabía que estaba siendo observado, salió precipitadamente de una cabaña, se arrodilló y empezó a recoger lo que parecían ser aves de una red.

«Lo pillamos», gritó Alex Hirschfeld, el otro vigilante, mientras buscaba su teléfono móvil para llamar a la policía de Malta.

Llegó una unidad policial y, tras inspeccionar la zona, los agentes se acercaron al supuesto lugar de captura. Tan pronto como el coche de policía se detuvo, se desató el caos. Otros tres hombres aparecieron de la nada y, junto al primer hombre, empezaron a recoger su equipo a toda prisa. Después echaron a correr por el valle.

Con una sensación de urgencia, los agentes empezaron a correr en la dirección equivocada.

«Increíble», gritó Hirschfeld. «¿A dónde van?».

Para cuando los tres agentes de policía llegaron al lugar, los supuestos cazadores ya habían desaparecido. Según Hirschfield, la policía dio el alto, interrogó y acusó a tres sospechosos por la captura ilegal de especies protegidas. Más adelante, serán citados para comparecer en una audiencia preliminar. La policía de Malta no respondió a las preguntas acerca de este incidente ni acerca de la captura de fringílidos en general.

Delitos y castigos desiguales

En diciembre de 2018, el tribunal de la ciudad costera italiana de Reggio Calabria declaró culpables a siete hombres y una mujer italianos por llevar a cabo actividades de comercio ilegal de fauna silvestre y receptación de bienes robados, en otras palabras, pasar de contrabando decenas de miles de fringílidos a Malta y al norte de Italia, según la sentencia. El juez Pasquale Laganà los condenó a penas de cárcel que suman un total de 20 años. Francesco Repaci, de 70 años, el supuesto jefe, fue el que se llevó la más larga, de cuatro años.

Los grupos de protección de aves de Italia aclamaron la sentencia por suponer un hito, en marcado contraste con las multas simbólicas impuestas en la gran mayoría de casos de caza furtiva de aves. «Es la primera vez que un tribunal italiano promueve un cargo de conspiración en relación con un caso de caza furtiva de aves», afirma Giovanni Malara. «Es importante, no solo porque las penas para los criminales convictos son mayores. Sino también porque esperamos que, a partir de ahora, más fiscales puedan llevar a cabo investigaciones en profundidad empleando herramientas más eficaces, como las escuchas telefónicas».

Pero, en Malta, las consecuencias de esta operación fueron muy diferentes. Los investigadores italianos localizaron al hombre que, según se cree, sería uno de los compradores malteses de fringílidos más prolíficos: Albert Satariano, de 65 años. Satariano, cortador de diamantes jubilado, era un trampero entusiasta autoproclamado hasta que la práctica se prohibió en gran medida el año pasado.

La policía grabó las conversaciones entre Satariano y los traficantes italianos condenados que, según la acusación, supuestamente tuvieron que «acordar la cantidad de aves vivas que transportar y la forma en la que se llevaría a cabo el intercambio».

La acusación también alega que Satariano tuvo una serie de reuniones con miembros de la red de contrabando. Mediante la verificación de las listas de pasajeros del ferri de Malta y los datos de los peajes de las autopistas, la policía sostiene que cuando Satariano viajaba al puerto de Pozzallo, se detectaron los vehículos que pertenecían a los grupos de contrabando.

En una ocasión, a finales de noviembre de 2016, tras reunirse con el hijo de Francesco Repaci, Pasquale, Satariano fue grabado por la policía cuando pedía un «recibo». Repaci respondió que lo llamaría y le describiría sus contenidos. Unos minutos después, en otra conversación grabada entre ambos, el italiano empezó a enumerar cifras de diferentes especies de aves. «Escriba», dijo Pasquale a Satariano, supuestamente. «840 canarios, 570 jilgueros... 110 verderones... 20 pardillos». Los investigadores sospechaban que las cifras se referían a aves intercambiadas en dicho encuentro.

“La caza ilegal de fringílidos se ha vuelto tan intensa en Malta que ahora solo se reproducen allí unas pocas aves de esta familia.”

Unas semanas después, la policía grabó otra conversación, en la que, supuestamente, Satariano y Repaci hablaron de los problemas de transportar las aves a Malta porque los agentes de aduanas italianos estaban aumentando los registros.

Satariano niega rotundamente haber estado implicado en la adquisición de aves contrabandeadas desde Italia. «Solía dedicarme a la importación de aves desde Bélgica, pero paré hace 20 años», afirma. «Nunca me han ofrecido aves en Italia y nunca importaría aves desde Italia». Satariano admite haber comprado aves a la red dirigida por Repaci, pero sostiene que los intercambios tuvieron lugar en Malta. «Nunca estuve al tanto de que las aves procedieran de una fuente ilegal. Repaci solía decir que habían sido criadas y que no habían sido capturadas en estado salvaje».

Satariano también dice que ha conocido a la familia de Repaci durante años y describió las reuniones de 2016 como encuentros entre viejos amigos. El recibo mencionado en la llamada grabada, según dice, «probablemente se refiriese a una partida de aves que ya habían enviado a Malta y que me habían ofrecido para que las comprara. Pero, tras pensarlo, me negué porque no quería estar implicado».

Satariano, que dice que descubrió las alegaciones de los investigadores italianos después de que contactáramos con él para este reportaje, ha salido ileso de la investigación italiana. Las autoridades italianas afirman que necesitarán la cooperación de sus colegas malteses para llevarlo a él y a cualquier otro supuesto comprador maltés ante la justicia.

Stefano Testa, que coordinó la investigación en Sicilia, sostiene que la información de inteligencia ha sido transmitida por la Europol, la agencia policial de la Unión Europea, a la policía de Malta. En esta fase, no queda claro qué tipo de acciones han llevado a cabo las autoridades de Malta en este caso.

Los grupos de conservación creen que, siempre y cuando las capturas sigan siendo toleradas en Malta, la demanda de aves vivas como cebo mantendrá activos a los furtivos en Italia. Para Nicholas Barbara, de Birdlife Malta, solo la verdadera voluntad política para erradicar las actividades ilegales podrá poner fin a este comercio. Pero, según me cuenta con tono desanimado, «no creo que ocurra pronto. A menudo sentimos que luchamos solos en esta batalla. Si nosotros dejamos de vigilar el territorio, nadie más lo hará. Sería un desastre».

Matteo Civillini es un periodista freelance que trata temas sobre delitos y corrupción. Forma parte del Investigative Reporting Project Italy. Su reportaje ha sido financiado con una beca de la Earth Journalism Network. Síguelo en Twitter.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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