Efecto lujo: por qué las aves prefieren los barrios ricos de Sudáfrica

Es la primera vez que el denominado «efecto lujo» se confirma fuera de Europa, Estados Unidos y Australia.

Por Carrie Arnold
Publicado 16 mar 2020, 14:50 CET
Suimanga malaquita
Una suimanga malaquita se alimenta de una flor en el Jardín Botánico Nacional de Kirstenbosch, a unos 13 kilómetros del centro de Ciudad del Cabo, Sudáfrica.
Fotografía de Ann and Steve Toon, Minden Pictures

Quizá el dinero no compre la felicidad, pero puede comprar biodiversidad, al menos en el caso de las aves.

Según un estudio, las áreas urbanas más ricas de Sudáfrica atraen a más especies de aves autóctonas que las áreas menos adineradas. Eso se debe a que los barrios más prósperos contienen más espacios verdes, que proporcionan un hábitat a los animales.

El denominado «efecto lujo», identificado durante un estudio de 2003 sobre la biodiversidad vegetal en Phoenix, Arizona, se ha descubierto en varias especies, entre ellas insectos, murciélagos y lagartos.

Los jardines grandes y cuidados, la vegetación donde esconderse y cuidar de sus crías, y la abundancia de agua son factores que atraen a la fauna y flora silvestres.

El problema de los estudios pasados, según Dan Chamberlain, el autor principal y ecólogo de la Universidad de Turín, es que casi todos se han llevado a cabo en países relativamente ricos de Norteamérica, Europa y Australia.

Una paloma ojigualda, que en su día fue la especie del estudio, en el paso de Montagu, Sudáfrica.
Fotografía de Richard du Toit, Minden Pictures

 

Sin embargo, la urbanización y la pérdida de biodiversidad están más concentradas en partes de Sudamérica, el Sudeste Asiático y África.

Por eso Chamberlain y sus colegas han confirmado que el efecto lujo existe en Sudáfrica y han instado a los planificadores urbanísticos a que garanticen que todo el mundo tenga acceso a la naturaleza.

Los científicos proponen que la mitad de las zonas urbanas del mundo se dediquen a parques y otros espacios verdes para beneficio de personas y fauna silvestre: «Los ricos tienen acceso a los beneficios de los espacios verdes, ¿por qué debería privarse de ellos a los pobres?».

Viviendo a lo grande

Lo que convierte Sudáfrica en un lugar de estudio interesante son sus altos niveles de desigualdad salarial, así como las zonas urbanas pujantes con propiedades que oscilan de viviendas occidentales y prósperas a chabolas, según Chamberlain.

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    A partir de datos del segundo South African Bird Atlas Project, una iniciativa de ciencia ciudadana en la que los voluntarios identificaron especies de aves observadas durante visitas cronometradas a zonas específicas, Chamberlain y sus colegas de las universidades de Ciudad del Cabo y Witwatersrand midieron la biodiversidad de aves autóctonas en paisajes diferentes en 22 zonas urbanas.

    El equipo determinó que en los espacios urbanos y periurbanos (la zona de transición entre una ciudad y las áreas rurales), más riqueza se traducía en espacios verdes y especies de aves autóctonas.

    Sin embargo, en centros urbanos densos descubrieron el efecto contrario. En todas esas zonas, más árboles y cubierta vegetal se traducían en más aves, como el aguilucho lagunero etiópico y la golondrina cabecirrufa, según el estudio, publicado en la revista Global Change Biology.

    Un análisis cuantitativo reveló que el efecto lujo se activaba una vez las aceras, las viviendas y otra cubierta urbana excedían el 38 por ciento.

    «Es fantástico que calcularan el porcentaje», afirma Michelle Trautwein, entomóloga de la Academia de Ciencias de California que ha investigado el efecto lujo. En un estudio de 2016, Trautwein descubrió que los hogares ricos de Carolina del Norte albergaban más especies de insectos que las viviendas más baratas.

    «Es un concepto muy persuasivo, me encanta que lo hayan hecho cuantitativamente».

    Añade que la viabilidad de las recomendaciones de los científicos sobre aumentar los espacios verdes es otra cuestión.

    Paige Warren, ecóloga urbana de la Universidad de Massachusetts, afirma que el estudio demuestra cómo «los científicos tienen que expandir su caja de herramientas para comprender el entorno urbano», afirma. «No podemos comprender dónde están las aves sin comprender cómo los humanos modificamos los hábitats».

    Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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