El que se consideraba el dinosaurio más pequeño del mundo es en realidad un lagarto

Un fósil conservado en ámbar parecía un dinosaurio del tamaño de un colibrí, pero ahora se ha reclasificado como lagarto.

Por Michael Greshko
Publicado 14 ago 2020, 11:09 CEST

Hace unos 99 millones de años en la actual Birmania, la resina que rezumaba de un árbol sepultó al Oculudentavis khaungraae, un animal enigmático que ha sido reclasificado como lagarto.

Fotografía de Stephanie Abramowicz

Nuevas evidencias sobre un fósil preservado en ámbar revelan que una criatura de 99 millones de años llamada Oculudentavis, al que recientemente habían descrito como un dinosaurio del tamaño de un colibrí, era en realidad un tipo de lagarto raro.

En marzo, el primer cráneo encapsulado en ámbar de un Oculudentavis causó sensación en todo el mundo, apareció en la portada de la revista científica Nature y la historia fue difundida por muchos medios, entre ellos National Geographic. Entonces, los científicos interpretaron que el cráneo de 14 milímetros era un resto de un ave dentada primitiva con ojos similares a los de un lagarto. Como estos tipos de aves prehistóricas se reconocen como parte del árbol familiar de los dinosaurios, se creyó que era el fósil de dinosaurio más pequeño hallado hasta la fecha.

Sin embargo, el fósil original era solo un cráneo sin el resto del cuerpo. Ahora, un equipo de paleontólogos ha identificado un segundo fósil de Oculudentavis, que incluye tanto un cráneo como partes del cuerpo. Dicho fósil confirma que la criatura era un lagarto, aunque uno bastante raro.

“Es un animal raro, de ojos grandes y nariz crestada que, la verdad, no parece un lagarto a primera vista. Es raro, pero es un lagarto”, explica Susan Evans, coautora del estudio y paleontóloga del University College London.

Este fragmento de ámbar cortado y pulido alberga el segundo espécimen conocido de Oculudentavis. El fósil es el primero que contiene partes del cuerpo del animal, además de la cabeza.

Fotografía de Adolf Peretti, PMF

Aunque la palabra “dinosaurio” deriva del griego y significa “lagarto terrible”, los lagartos verdaderos y los dinosaurios divergieron hace aproximadamente 270 millones de años. Los ojos grandes y la anatomía de la mandíbula del Oculudentavis sugieren que era activo durante el día y que capturaba presas como insectos pequeños con una mordedura rápida pero débil. Esos rasgos aviares también sugieren que el lagarto y las aves coetáneas afrontaban presiones evolutivas similares: quizá un gusto compartido por los bichos o una vida compartida en los árboles. Poco a poco, la evolución modificó al Oculudentavis y sus parientes aviares lejanos de formas similares, un proceso parecido al que otorgó a los mamíferos marinos cuerpos aerodinámicos como los de los peces.

“El cráneo del Oculudentavis es muy diferente del de cualquier lagarto conocido y representa un ejemplo asombroso de evolución convergente”, escriben los investigadores en una preimpresión que describe el nuevo fósil.

Redescribiendo una criatura Antigua

Al igual que el fósil original de Oculudentavis, el nuevo espécimen procede de las minas de ámbar del estado de Kachín, en el norte de Birmania. Los fósiles no son exactamente iguales: el hocico del espécimen original tiene un aspecto más afilado, mientras que el del nuevo espécimen parece tener una cresta central. Para algunos paleontólogos externos, la diferencia es suficiente para sugerir que quizá no se trate de la misma especie. “Ese tipo de precisión está un poco en el aire”, afirma Ryan Carney, paleontólogo de la Universidad del sur de Florida que no participó en ninguno de los estudios.

Sin embargo, los autores del nuevo estudio afirman que los huesos de ambos fósiles presentan suficientes similitudes anatómicas para justificar su descripción como miembros de la misma especie, Oculudentavis khaungraae. Cualquier diferencia entre los dos especímenes podría deberse a cómo se deformó cada fósil con el paso del tiempo o quizá a que uno sea hembra y el otro macho.

A partir de la forma de los huesos de las mandíbulas y la disposición de los orificios de la parte trasera del cráneo, el nuevo fósil de Oculudentavis tiene muchos rasgos propios de un lagarto. Aunque los cráneos pueden tener aspecto aviar, el Oculudentavis también carece de algunos rasgos característicos de los dinosaurios, como un par de agujeros frente a las cuencas de los ojos que presentan a menudo los terópodos, el grupo de los dinosaurios del que surgieron las aves. Y a diferencia de los dientes con alvéolos de los dinosaurios, los del nuevo fósil del cráneo están fusionados a los bordes internos de la mandíbula, como los dientes de los lagartos. El nuevo fósil también incluye escamas preservadas y una región dorsal similar a la de los lagartos.

La descripción del nuevo fósil de Oculudentavis se ha presentado a la revista científica eLife, pero aún no ha sido sometida a revisión científica externa ni ha sido publicada formalmente. Los investigadores señalan que publicaron sus hallazgos antes para responder a los rumores de un segundo espécimen. “Llegamos a la fase en que pensamos que quizá teníamos que [publicar una preimpresión] para poner fin a la especulación”, explica Evans.

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    Mediante rayos X de alta energía de un acelerador de partículas, los investigadores escanearon el nuevo fósil de Oculudentavis para observar detalles tan diminutos como un glóbulo rojo humano.

    Fotografía de Edward L. Stanley

    La nueva preimpresión no es la primera que sugiere que el Oculudentavis era un lagarto. Basándose en la anatomía inusual del cráneo original, un equipo externo de paleontólogos chinos publicó sus sospechas de que el Oculudentavis no era un dinosaurio a principios de junio. Ahora, gracias al segundo fósil, los científicos que describieron originalmente al Oculudentavis como un ave dentada están de acuerdo en que la criatura no era un dinosaurio.

    “Creo que [los autores del nuevo estudio] tienen razón, que es un lagarto”, afirma la coautora del estudio original Jingmai O’Connor, paleontóloga del Instituto de Paleontología y Paleoantropología de Vertebrados de China. “Este espécimen demuestra de forma concluyente que el Oculudentavis no es un ave”.

    El 22 de julio, el estudio original que describía al Oculudentavis fue retirado de Nature para “impedir que quedara información imprecisa en la literatura”.

    “Es impactante… es algo muy importante”, afirma el experto en reptiles Mark Scherz, investigador posdoctoral en la Universidad de Constanza en Alemania. “Por otra parte, han hecho lo correcto”.

    Las identificaciones erróneas no son inusuales en paleontología. Es difícil interpretar el registro fósil, sobre todo cuando se trabaja con especímenes incompletos. Pero las retractaciones totales dentro de este ámbito son raras y los ejemplos más recientes han implicado fósiles falsificados.

    Para O’Connor, el Oculudentavis ofrece una historia con moraleja. “En el estudio indicamos que tiene ojos de lagarto. Así que son cosas que ya habíamos reconocido, pero teníamos visión de túnel aviar”, dice. “Todo está más claro en retrospectiva”.

    Fósiles polémicos

    La atención internacional al Oculudentavis también pone de manifiesto la ética del estudio del ámbar birmano. Las zonas mineras se encuentran en una región que alberga un conflicto entre los militares birmanos y los rebeldes que luchan por la independencia del estado de Kachín. En 2018, una ofensiva militar para hacerse con el control de las zonas de minería de ámbar desplazó a miles de indígenas kachin, según el Kachin Development Networking Group. En 2019, un informe del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas desveló que, en parte, el conflicto en la región está impulsado por el deseo de explotar los recursos naturales, como el oro, el jade y el ámbar.

    Hasta ese momento, “la mayoría de los integrantes de la comunidad [de paleontología] no eran conscientes, hasta ese grado, [de] la forma en que ese ámbar llega al mercado y los muchos problemas que entraña”, cuenta Scherz.

    En abril, la Sociedad de Paleontología de Vertebrados envió una carta a varias revistas científicas en la que exigía una moratoria sobre la publicación de descripciones de fósiles preservados en ámbar birmano comprados después de junio de 2017 para evitar cualquier material asociado a la ofensiva de 2018. El cráneo original del Oculudentavis se adquirió en 2016.

    Los investigadores que estudiaron el nuevo fósil de Oculudentavis sostienen que se han esforzado para obtener de forma ética su espécimen, que salió a la luz a finales de 2017 cuando el gemólogo y coleccionista de ámbar Adolf Peretti —coautor del nuevo estudio— vio el fósil durante una visita humanitaria a Kachín. En un email a National Geographic, Peretti señala que un gemólogo birmano local que tiene vínculos a las iglesias de la zona recuperó el fósil más adelante. En 2018, Peretti se llevó el fósil en consignación y lo compró al año siguiente.

    Peretti se especializa en autentificar las gemas de color, un proceso que espera aplicar al ámbar birmano. En el estudio, Peretti confiesa que “los fondos de la venta de este espécimen en ámbar no se han destinado a apoyar el conflicto en Kachín”. Peretti añade que los fondos de la venta fueron distribuidos entre organizaciones benéficas birmanas.

    La preimpresión indica que el fósil se exportó legalmente a Suiza y actualmente lo supervisa la Peretti Museum Foundation, una organización sin ánimo de lucro que fundó hace poco. Conforme a la legislación suiza, todos los fósiles de la fundación —incluido el nuevo Oculudentavis— deben mantenerse para la ciencia indefinidamente. Peretti afirma que los investigadores pueden observar y estudiar los fósiles en la sede suiza de la organización.

    Según Juan Daza, coautor del nuevo estudio y paleontólogo de la Universidad Estatal Sam Houston, el estudio podría aportar un modelo para obtener ámbar birmano de forma ética ante las complejidades del conflicto en la región. “Intentamos hacer las cosas bien”, dice.

    Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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