Descubren una nueva especie de tortuga de 205 millones de años de antigüedad

Esta tortuga convivió durante el Triásico con otras especies recién descubiertas de dinosaurios herbívoros y carnívoros, así como antecesores de mamíferos y cocodrilos.

Thursday, September 3, 2020,
Por Cristina Crespo Garay, National Geographic
'Waluchelys Cavitesta' se sitúa entre las especies de tortuga más primitivas conocidas hasta la fecha.

'Waluchelys Cavitesta' se sitúa entre las especies de tortuga más primitivas conocidas hasta la fecha.

Fotografía de Servicio Informativo del Gobierno de San Juan, Argentina

Nuevos restos fósiles de hace 205 millones de años hallados en Argentina pertenecen a una de las especies de tortuga más primitivas descubiertas hasta la fecha. Bautizada como Waluchelys Cavitesta, habitó esta región de nuestro planeta en el período Triásico, poco después que la tortuga más antigua conocida, que data de 220 millones de años atrás.

Cuatro nuevos fósiles fueron hallados por un grupo de paleontólogos argentinos en un yacimiento de la localidad Balde de Leyes, al sudeste de la provincia de San Juan, lo que ha permitido la reconstrucción del caparazón de la tortuga. Según el estudio, publicado en la revista científica Papers in Palaeontology, esta nueva especie convivió con el primer dinosaurio gigante del que se tienen registros, Ingentia prima, así como con antecesores de mamíferos y cocodrilos.

“Esta nueva especie está entre las tortugas más antiguas que se conocen y su estudio nos aportó datos sobre cómo se originó su caparazón”, explica Juliana Sterli a la Agencia Ciencia, Tecnología y Salud. “El origen del caparazón en las tortugas es uno de los temas más cautivadores de la evolución de los tetrápodos (vertebrados con miembros) y, en esta especie, se observa una estructura inesperada y que es absolutamente nueva: las placas que conforman la periferia del caparazón tienen unas cavidades internas”.

La tortuga más antigua del hemisferio sur

Los tejidos que quedaron preservados en esas placas periféricas son diferentes a cualquier otro que se haya encontrado hasta el momento, según ha declarado Ignacio Cerda, investigador del Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología de la Universidad Nacional de Río Negro (IIPG-CONICET, UNRN), al medio local El Federal.

La nueva especie debe en parte su nombre a estas cavidades con la palabra cavitesta, mientras Waluchelys hace honor a la palabra tortuga en lengua diaguita (walu) y en griego (chelys). “El descubrimiento del primer ejemplar se hizo en 2015 y los restantes en campañas sucesivas en 2017 y 2018”, afirma al mismo medio Ricardo Martínez, investigador del Instituto y Museo de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de San Juan (IMCN) y del Centro de Investigaciones de la Geosfera y la Biósfera (CIGEOBIO).

Los expertos estiman que estas tortugas no retraían la cabeza ni las patas en el interior del caparazón como las actuales.

Fotografía de Servicio Informativo del Gobierno de San Juan, Argentina

“Las placas que conforman el caparazón no son iguales en todos los grupos de tortugas. Waluchelys ilustra claramente el importante grado de variación que puede ocurrir en un tipo particular de placas, en las periféricas”, explica el experto. “Por un lado, la microestructura del hueso que las compone indica que se formaban íntegramente mediante la mineralización de tejidos preexistentes, particularmente de la dermis, similar al reportado en dinosaurios acorazados. Por otro lado, las cavidades internas, cuya función es de momento desconocida, no aparecen en ningún otro tipo de tortugas conocidas hasta el momento”.

El origen del caparazón de las tortugas

En el yacimiento donde fueron descubiertos los fósiles de estas tortugas, Balde de Leyes, los paleontólogos encontraron más fauna y flora desconocida a nivel mundial. “Hallamos desde animales muy pequeñitos, del tamaño de un ratón, a otros grandísimos, de muchos metros y toneladas de peso, como el caso de Ingentia prima, esta famosa especie que mostró que el gigantismo en dinosaurios comenzó 30 millones de años antes de lo que se pensaba hasta que la dimos a conocer en 2018”, asegura Martínez a la Revista Ecociencias.

Los expertos estiman que estas especies de tortuga ancestrales no retraían la cabeza ni las patas en el interior del caparazón, tal y como hacen las actuales, debido a su constitución. El registro fósil mostraba animales con y sin caparazón, lo que abrió un debate que se prolongó durante años entre los científicos.

Sin embargo, Sterli afirma que “en los últimos años, se han conocido especies en el linaje de las tortugas que tenían costillas ensanchadas, y algunas hasta poseen un plastrón (parte ventral del caparazón) que daría lugar, millones de años después, a lo que sería el caparazón como se observa en las primeras tortugas, entre las cuales se encuentra Waluchelys cavitesta”. Este importante hallazgo forma así parte de la gran ventana al pasado que abre este yacimiento argentino, permitiendo reconstruir un paleoecosistema único en el planeta.

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