Las cebras con manchas y rayas atípicas podrían ser una advertencia sobre el futuro de la especie

Los patrones anómalos de algunos de estos animales podrían deberse a la endogamia, «una evidencia drástica» de cómo la fragmentación del hábitat puede afectar a la fauna salvaje, señala un nuevo estudio.

Por Lindsay Patterson
Fotografías de Brenda Larison
Published 22 ene. 2021 10:27 CET
Una cebra de llanura con una mancha inusual

Una cebra de llanura con una mancha que interrumpe sus rayas en el parque nacional de Akagera, Ruanda, en el 2018.

Fotografía de BRENDA LARISON

Cualquiera puede decirte que las cebras tienen rayas blancas y negras distintivas. Pero en algunos casos, estos equinos africanos lucen patrones de color insólitos, como manchones negros o rayas de color claro. También están apareciendo cebras con lunares. En 2019, en la reserva nacional de Masái Mara, en Kenia, los científicos documentaron un potro con lunares blancos que le cubrían el cuerpo de color pardo.

En general, estas anomalías —que a menudo son causadas por mutaciones genéticas que alteran la producción de melanina, un pigmento natural— son raras en mamíferos. Por eso a la bióloga Brenda Larison le sorprendió que una cifra inusualmente elevada —estimada en un 5 por ciento— de las cebras de llanura que viven cerca del lago Mburo, en Uganda, presentaran rayas anormales.

Aunque las cebras de llanura son las menos amenazadas de las tres especies, sus poblaciones han disminuido un 25 por ciento desde el 2002 y actualmente hay unos 500 000 animales distribuidos desde Etiopía hasta Sudáfrica. La fragmentación del hábitat provocada por las vallas, las carreteras y el desarrollo humano ha encerrado a las poblaciones de cebras, como la del lago Mburo, en pequeños tramos de tierra e impedido que algunos de los animales viajen entre rebaños.

Las migraciones aportan nuevos genes a las poblaciones, por lo que son fundamentales para la supervivencia a largo plazo de una especie. La falta de flujo genético puede provocar endogamia y, a la larga, infertilidad, enfermedades y otros defectos genéticos.

«La observación [de los patrones anómalos en cebras] hizo que me preguntara: ¿veo tantas en parte porque la población es endogámica?», afirma Larison, que estudia la evolución de las rayas de las cebras en la Universidad de California, Los Ángeles.

Para descubrirlo, Larison y sus colegas realizaron análisis genéticos de 140 cebras de llanura —entre ellas siete animales con patrones inusuales en el pelaje— de nueve lugares de África, entre ellos el parque nacional de Etosha, en Namibia, y el parque nacional de Kruger, en Sudáfrica.

Su estudio, publicado recientemente en la revista Molecular Ecology, desveló que las poblaciones más pequeñas y aisladas de cebras tenían una menor diversidad genética, lo que no es ninguna sorpresa. Pero el estudio también reveló que estos grupos aislados eran más propensos a producir cebras con rayas anómalas, lo que sugiere que estas mutaciones genéticas se deben a su poca diversidad genética.

Aunque el estudio solo analizó siete animales con patrones poco comunes, los resultados podrían ser una advertencia visual sobre el futuro de la cebra de llanura, señala Larison.

«Aunque las cebras de llanura no están gravemente amenazadas, a menudo estos problemas genéticos aparecen antes de que empiecen a suceder cosas realmente problemáticas», afirma.

Una cebra de llanura «rubia» o «dorada» junto a otra de color normal en el área de conservación del monte Kenia, en julio del 2018.

Fotografía de Brenda Larison

Vacíos genéticos

Es posible que las rayas anómalas conviertan a las cebras en blancos más obvios para los depredadores; por ejemplo, la mayoría de los ejemplos documentados de cebras con lunares son en potros, no en adultos. Sin embargo, dentro de sus grupos familiares a las cebras no parece importarles quién tiene rayas y quién lunares, indica Larison, cuya última investigación sugiere que las rayas de las cebras las ayudan a evitar a los tábanos.

Afirma que, de forma más inmediata, le preocupa la salud genética de la cebra de llanura. Para su análisis, Larison y sus colegas emplearon técnicas avanzadas de secuenciación genética para estudiar en detalle las diferencias entre las cebras endogámicas y entre las poblaciones de cebras de lugares diferentes.

«Descubrimos que hay poblaciones que posiblemente estén divergiendo más de lo que harían en circunstancias normales, debido a la presión de la población humana», afirma Larison, cuyo trabajo cuenta con el apoyo de la National Geographic Society.

En otras palabras, las cebras están acercándose genéticamente dentro de sus poblaciones, pero estas poblaciones son cada vez más distantes genéticamente, reflejando su separación física. A largo plazo, esto podría dar lugar a una nueva subespecie de cebra de llanura.

Una complicación para la conservación

Desire Dalton, que estudia la genética de la fauna silvestre en el Instituto Sudafricano Nacional de Biodiversidad en Pretoria, indica que esto resulta preocupante porque una de las herramientas principales para los conservacionistas de cebras son los traslados: desplazar a los miembros de una población para que se apareen con los de otra.

Con todo, si las poblaciones son demasiado diferentes genéticamente, puede ocurrir lo opuesto de la endogamia. Esto se denomina exogamia y provoca anomalías porque los genes son demasiado distintos.

Un potro con pseudomelanismo, una rara mutación genética en la que los animales muestran algún tipo de anomalía en su patrón a rayas, bebe en un abrevadero en el parque nacional de Etosha, Namibia, en noviembre del 2011.

Fotografía de Brenda Larison

Hay investigaciones conflictivas sobre qué poblaciones de cebras de llanura podrían estar convirtiéndose en subespecies genéticamente diferentes. Los científicos todavía no han llegado a un consenso sobre cómo definir y agrupar a estas subespecies.

Pero Dalton estaba de acuerdo con el equipo de Larison en que definir estos grupos es fundamental para gestionar a la especie.

«Hay que estar muy seguros de qué poblaciones podemos mezclar y cuáles hay que mantener separadas», afirma Dalton.

«No podemos esperar»

El nuevo estudio también es un recordatorio de que hay que vigilar a otras especies africanas que actualmente no parecen estar en apuros, afirma Philip Muruthi, vicepresidente de conservación de especies en la African Wildlife Foundation de Nairobi, Kenia.

Por ejemplo, Muruthi teme que la cebra de llanura siga los pasos de otra especie africana emblemática: la jirafa.

Debido a la pérdida de hábitat y la caza furtiva, principalmente, las poblaciones de jirafas han disminuido un 30 por ciento en los últimos 30 años; la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza considera al animal vulnerable a la extinción. Con todo, el fenómeno es tan poco conocido que se ha descrito como una «extinción silenciosa».

Por eso el estudio de las cebras es crucial: al «poner de manifiesto la posibilidad de que una especie común ya tiene problemas de conservación, nos dicen: “Este es el problema. No podemos esperar”», concluye Muruthi.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.
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