¿Qué nos han enseñado los brotes de COVID-19 en visones sobre las pandemias?

La propagación del coronavirus ha sacado a la luz los problemas inquietantes de las granjas peleteras y cómo respondemos a los brotes que se desencadenan en ellas.

Publicado 25 feb. 2021 12:52 CET
Fotografía de una granja peletera en Dinamarca

Dinamarca sacrificó a todos los visones de sus granjas peleteras —millones de animales— el año pasado, cuando se detectó una variante del nuevo coronavirus que circulaba entre visones y humanos. Una nueva investigación ha demostrado que muchos visones podrían ser portadores asintomáticos del SARS-CoV-2.

Fotografía de MADS CLAUS RASMUSSE, RITZAU SCANPIX, AFP, GETTY IMAGES

Anne Sofie Hammer buscaba visones enfermos. El gobierno danés había contratado a la patóloga veterinaria de la Universidad de Copenhague en junio del 2020 para investigar si los productores estaban contagiando el nuevo coronavirus a los visones. Esto significaba ir de granja en granja, buscando animales que no comieran o que tuvieran tos y tomar muestras de sangre y torundas bucales.

El virus SARS-CoV-2 se había propagado rápidamente entre los productores de visones y las autoridades temían que no solo infectara a los 17 millones de visones de las granjas del país, sino que también saltara a los humanos. El salto ya se había documentado en los Países Bajos.

Descubrió que algunos visones mayores, jadeando y con el pecho agitado, tenían dificultades para sobrevivir. A medida que sus sistemas inmunitarios pisaban el acelerador, sus pulmones se llenaban de fluidos. Estaban ahogándose, cuenta Hammer. Cuando recogió a algunos de los animales muertos, «les salía fluido por la nariz».

Había algo más que la inquietaba. En varias granjas, muchos visones aparentemente sanos habían dado positivo o tenían anticuerpos contra el virus. Que las infecciones ocurrieran sin apenas síntomas de la enfermedad o sin un incremento de las muertes de visones dificulta detectar la propagación de la infección, escribió en febrero del 2021 en la revista Emerging Infectious Diseases.

Por consiguiente, las granjas de visones podrían representar un «reservorio animal preocupante y no reconocido» del coronavirus, advirtió Hammer, que investiga en nombre del gobierno danés y de la industria peletera. Las infecciones no identificadas en animales, granjas o el medio natural podrían menoscabar nuestro esfuerzo colectivo para combatir la pandemia.

«Aunque tengas un programa de vacunación eficaz y erradiques [el coronavirus] en humanos, que ya es bastante difícil, si continúa en animales supondrá un problema», afirma W. Ian Lipkin, director del Centro de Infección e Inmunidad de la Universidad de Columbia. «Debemos evitar que haya un reservorio animal de la enfermedad», afirma. Al circular en una población de animales, el virus podría seguir evolucionando y quizá saltar entre los humanos y esa especie, por lo que podría volverse más transmisible o letal a medida que se multiplica, dice.

“En Estados Unidos, más de 12 000 de los tres millones de visones de las granjas del país han muerto de COVID-19.”

PJ Smith, director de política de moda en Humane Society International, es uno de los muchos defensores del bienestar de los animales que sostiene que la omnipresencia de la enfermedad en las granjas de visones pone de relieve lo peligrosa e inhumana que es esta industria. Se dice que este es el momento de clausurarla, ya que la cantidad de visones en granjas es baja. Los visones son sacrificados a finales de otoño, cuando sus pelajes son más densos y lustrosos, y no empiezan a criarlos de nuevo hasta el marzo siguiente.

Pero organizaciones como la Federación Internacional de Peletería, que representa a grupos y productores del sector peletero, sostienen que la industria puede contener las enfermedades infecciosas y que la cría de visones en granjas es una parte importante de la industria peletera global, cuyo valor es de 22 000 millones de dólares. «Muchos de los productores llevan haciendo esto durante dos, tres o cuatro generaciones», afirma Mike Brown, portavoz de la federación en Estados Unidos. «Es su medio de vida».

Con todo, los brotes de coronavirus en las granjas de visones han sacado a la luz problemas como el control inadecuado de enfermedades, la debilidad o inexistencia de regulaciones y la coordinación irregular ante un virus que puede transmitirse entre humanos y animales.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés), más de la mitad de las enfermedades que afectan a los humanos pueden ser propagadas por animales. Existe una amplia variedad: desde la rabia, la salmonela y el virus Nipah (un virus mortal transmitido por murciélagos que mata a cerdos y personas) hasta el síndrome respiratorio de Oriente Medio (SROM) y el SARS-CoV-2. La amenaza también ocurre al contrario, algo que se conoce como zoonosis inversa. Los humanos pueden transmitir la gripe a los visones, por ejemplo.

La semana pasada, tras reconocer la necesidad de tomar medidas más agresivas, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria y el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades recomendaron cambios como revisiones semanales de coronavirus en las granjas de visones, pruebas frecuentes a los trabajadores de las granjas y pruebas aleatorias a visones tanto enfermos como aparentemente sanos. Dichas precauciones no son la norma en Estados Unidos, donde no suelen hacerse pruebas si los animales no muestran síntomas obvios de una enfermedad.

Normalmente, los visones viven hacinados en jaulas contiguas. Para enero del 2021, más de 400 granjas de Europa habían detectado coronavirus en sus visones.

Fotografía de MADS CLAUS RASMUSSEN, GETTY IMAGES

Medidas desesperadas

La cría de visones por sus pieles está muy extendida por el norte de Europa, Norteamérica, Rusia y China, a menudo en granjas con miles de animales que viven en jaulas contiguas. En estas condiciones de hacinamiento, los patógenos pueden transmitirse fácilmente de un visón a un trabajador o viceversa al inhalar gotículas infecciosas o tocar superficies contaminadas.

De hecho, desde la primavera del 2020, el coronavirus ha iniciado su periplo migratorio por mas de 400 granjas de Europa. Su aparición más reciente fue este mes en Polonia, uno de los principales productores, y ya se había detectado en diciembre en Canadá. En torno a aquel momento, los Países Bajos, otro de los principales productores de visones, finalizó el sacrificio de varios millones de animales para prevenir futuros brotes y adelantó la fecha final del plazo para clausurar la industria del 2024 al 2021. A finales del año pasado, las autoridades de Dinamarca ordenaron el sacrificio de todos los visones cautivos cuando se detectó en humanos una variante del virus relacionada con los visones. Dinamarca y Suecia cancelaron las temporadas de cría del 2021.

En Estados Unidos, se identificó el primer visón cautivo con coronavirus en agosto del 2020 en Utah y desde entonces se han producido brotes en 16 granjas de visones, según el Servicio de Inspección Sanitaria de Animales y Plantas del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés). Mike Brown, de la Federación Internacional de Peletería afirma que más de 12 000 de los casi tres millones de visones de granjas del país habían muerto de COVID-19 antes de la matanza anual para obtener sus pieles, en diciembre.

Medio año después del primer brote en Estados Unidos, no está claro si los visones del país han contagiado la enfermedad a las personas, algo que sí se confirmó en los Países Bajos y Dinamarca.

El USDA no ha recomendado sacrificar a los visones, pero ha publicado pautas en las que aconsejan la cuarentena de granjas infectadas, el uso de mascarillas por parte de los trabajadores y que se queden en casa si padecen la COVID-19. Con todo, la respuesta a los brotes en las granjas de visones ha quedado en manos de los gobiernos estatales.

Este año, permitir que comience la cría en Estados Unidos sería «increíblemente imprudente», declaró Utah Animal Rights Coalition, una organización sin ánimo de lucro, en cartas enviadas recientemente a los CDC y el USDA. «Se necesitan medidas rápidas para combatir de forma eficaz la pandemia de COVID-19, prevenir la pérdida de vidas humanas y la propagación de la enfermedad a poblaciones de animales salvajes», escribieron, exigiendo que se detuviera la producción de visones.

Más de 200 granjas de visones danesas, casi una quinta parte del total del país, tenían infecciones de coronavirus para diciembre del 2020.

Fotografía de CARSTEN SNEJBJERG, BLOOMBERG, GETTY IMAGES

La falta de transparencia en Estados Unidos

Las infecciones de coronavirus en visones no solo se han producido en granjas. El pasado otoño, investigadores de Utah descubrieron un visón salvaje infectado «en las inmediaciones» de una granja que albergaba la enfermedad. La noticia, que el USDA no hizo pública hasta mediados de diciembre, ha exacerbado el miedo a que los visones contagien a humanos y animales salvajes. También en diciembre, un equipo de biólogos que tomaba muestras de animales salvajes en los alrededores de granjas infectadas de Oregón descubrió dos visones que habrían escapado de una granja cercana y que eran portadores del virus.

En Utah, donde han ocurrido brotes en 12 de las 16 granjas de visones, perros y gatos callejeros también han dado positivo en las granjas, lo que plantea dudas sobre cómo podría haber contraído el virus ese visón salvaje. Dean Taylor, veterinario del estado de Utah, afirma que una posibilidad es que la fuente fuera un gato callejero. Otra sería que el visón la hubiera contraído de otro visón salvaje, lo que sugeriría que el virus ya está más extendido de lo que creen los científicos. O quizá el visón halló la forma de entrar y salir del granero de la granja, donde se infectó.

En el medio natural, los visones son animales solitarios, lo que reduce las probabilidades de que la enfermedad se propague entre visones salvajes, según Hammer. Pero si el coronavirus se transmite de los visones a otras especies salvajes «también depende de cómo interactúen las poblaciones de visones con otras poblaciones», afirma Lane Warmbrod, analista del Centro de Seguridad Sanitaria de la Universidad Johns Hopkins. «Puedo afirmar que es totalmente plausible que un virus salte entre dos especies de mamíferos, como ya se ha comprobado de humanos a visones y viceversa».

Hasta la fecha, ninguna de las muestras de animales salvajes atrapados y analizados cerca de las granjas de visones de Estados Unidos (y Europa), salvo ese visón salvaje, ha dado positivo en coronavirus.

Pero en las granjas de Estados Unidos, los defensores de la protección de la salud pública y de la fauna silvestre afirman que hay una falta de transparencia preocupante en lo que respecta a los brotes de coronavirus. La Utah Animal Rights Coalition ha instado al gobierno de Biden a adoptar un papel más proactivo en el rastreo de los brotes, evaluando los riesgos que se derivan de ellos y tomando medidas como la secuenciación rápida del genoma de virus en las granjas y la divulgación de los hallazgos.

Según los CDC, la secuenciación del genoma del coronavirus en visones y humanos, la técnica utilizada en los Países Bajos y Dinamarca para confirmar rápidamente si el virus había saltado entre especies, todavía está en marcha en Estados Unidos. En los Países Bajos, esta labor se realizó en pocas semanas después del primer brote. Los CDC han rechazado varias solicitudes de entrevistas acerca de la lentitud de proceso.

Warmbrod afirma que muchos departamentos sanitarios carecen de los conocimientos técnicos y las herramientas necesarias para el análisis genómico y deben encargar el trabajo a laboratorios académicos y nacionales, lo que puede provocar retrasos.

En un comunicado, los CDC contaron a National Geographic que están trabajando con el USDA para secuenciar muestras de personas y animales en granjas de visones y sus alrededores para entender mejor las vías de transmisión e identificar las variantes genéticas del virus. Este trabajo lleva tiempo, afirman los CDC, pero «actualmente no hay evidencias de contagio de visones a humanos en Estados Unidos».

Antes de la temporada de cría, Wisconsin está administrando vacunas anticoronavíricas a los trabajadores de las granjas de visones, clasificándolos como trabajadores esenciales con mayor riesgo y más prioridad que otras ocupaciones, como los profesores.

“Aunque tengas un programa de vacunación eficaz y erradiques [el coronavirus] en humanos, que ya es bastante difícil, si continúa en animales supondrá un problema.”

por W. IAN LIPKINDIRECTOR OF COLUMBIA UNIVERSITY’S CENTER FOR INFECTION AND IMMUNITY

Los estados del país han tenido los labios sellados en lo que respecta al coronavirus en las granjas de visones. Además de Utah y Oregón, Míchigan y Wisconsin han tenido brotes. El Departamento de Agricultura y Desarrollo Rural de Míchigan se negó a proporcionar detalles e indicó a National Geographic que esta información está protegida de acuerdo con las leyes de privacidad del estado y que las granjas no están autorizadas ni reguladas específicamente por el estado. Las autoridades de Oregón también se han negado a proporcionar información, como la ubicación general del brote, citando la privacidad médica.

«El secretismo de la industria y el hecho de que las autoridades se nieguen a publicar información básica dificulta saber qué han hecho y qué ha funcionado y qué no», afirma Lori Ann Burd, directora ejecutiva del Centro para la Diversidad Biológica, una organización sin ánimo de lucro con sede en Arizona. La mayoría de las granjas carecen de regulación, «salvo algunas normas relacionadas con el agua potable que se aplican a las grandes granjas industriales de visones», afirma. Señala que es importante conocer con qué frecuencia se escapan visones de las granjas, debido a los posibles riesgos para el público y los animales salvajes. «Obviamente, se necesita mucha más transparencia».

El grupo de Burd ha exigido que los legisladores cierren las granjas de visones de Estados Unidos o que, como mínimo, aumenten la vigilancia reglamentaria.

Mejores pruebas y métodos de detección

En las granjas de visones danesas que visitó, Hammer informó del hallazgo de material genético del coronavirus en el aire cerca de los visones, en su pelo, en las moscas y en el agua de los canalones. En una granja, lo encontró en la pata de una gaviota. Pero el método de análisis que empleó no distingue si dicho material podría causar la enfermedad o si es solo un residuo viral.

Hammer no cree que las aves se infecten de coronavirus —no hay evidencias de ello—, pero apunta que resultaría útil saber si pueden transportar el virus de una granja de visones a otra. En Dinamarca, las gaviotas solían buscar comida bajo las jaulas y las aves pequeñas se colaban en las instalaciones y picoteaban la comida almacenada.

Ningún animal, incluidas las personas, vive completamente aislado. «Sabemos que tenemos que tomar más medidas de precaución y ser más proactivos en la supervisión del contacto entre animales y humanos», afirma Warmbrod. Ella recomienda desarrollar protocolos de control de enfermedades para las granjas de visones e integrar mejor los resultados de la secuenciación del genoma de la COVID-19 de las muestras de animales y humanos para rastrear la evolución de la enfermedad y detectar cualquier variante preocupante. Afirma que también deberían hacer pruebas regulares a los animales asintomáticos.

Tracey McNamara, expatóloga jefa del Zoo del Bronx, en Nueva York, dice que los científicos deberían haber realizado estudios inmunológicos de las muestras de los bancos de sangre de los zoos hace un año para identificar el posible conjunto de especies propensas al SARS-CoV-2. En aquel momento, recomendó a las autoridades estadounidenses que hicieran dichas pruebas. Señala que, con mejor información, las autoridades podrían haber promulgado políticas y medidas de precaución diferentes y haber supervisado todo de forma más específica.

Lipkin, de la Universidad de Columbia, afirma que tiene sentido cotejar las muestras de sangre disponibles en zoos tanto con el coronavirus como con otras enfermedades emergentes. «Mucha gente ha hablado de [la idea de McNamara], pero nunca se hacen inversiones reales en esto», afirma.

McNamara, que a finales de los años noventa ayudó a determinar que las aves propagan el virus del Nilo occidental, atribuye esta reticencia a que la gente no quiere pensar en que los animales de los zoos son susceptibles a enfermedades alarmantes que afectan a las personas. Lipkin está de acuerdo. Es plausible que «la gente deje de visitar los zoos si empiezas a hablar de infecciones en colecciones zoológicas», dice.

En Europa, a veces sacrificar a los visones y deshacerse de sus cuerpos, como en esta granja de Grecia, presentó grandes retos logísticos. No se han ordenado sacrificios en Estados Unidos, donde más de 12 000 animales han muerto de COVID-19.

Fotografía de ALEXANDROS AVRAMIDIS, REUTERS

¿Cómo sacrifican a los visones?

En general, para obtener sus pieles, los visones de granja son sacrificados con monóxido de carbono liberado mediante bombonas disponibles en tiendas.

Mike Brown, de la Federación Internacional de Peletería, indica que en Estados Unidos los productores pueden consultar las recomendaciones de la Asociación Estadounidense de Medicina Veterinaria sobre cómo sacrificar animales de forma compasiva. El estudio de la intoxicación de visones con monóxido de carbono citado en ese documento afirma que, en condiciones adecuadas, el gas puede detener la respiración de los animales en dos minutos y causar un infarto en menos de 10. (La asociación veterinaria declinó hacer comentarios al respecto.)

Pero en el 2016 al menos dos visones de una granja de Wisconsin sobrevivieron al gaseo inicial. Uno tardó 20 minutos en sucumbir, según una investigación encubierta de PETA. Los investigadores descubrieron que el otro visón que no murió fue sacrificado por el granjero, que le rompió el cuello. Sin embargo, las autoridades policiales locales concluyeron que no había sido un caso de maltrato animal.

«Criar visones en un confinamiento sucio y después matarlos gaseándolos, asfixiándolos o electrocutándolos ya es inherentemente cruel», afirma Delcianna Winders, directora de la Animal Law Litigation Clinic en la Facultad de Derecho Lewis y Clark en Portland, Oregón. Pero los sacrificios en masa durante una pandemia «elevan esta crueldad a un nuevo nivel», afirma. «Cuando miles de visones son hacinados en cámaras de gas al mismo tiempo, aumentan significativamente las probabilidades de sufrimiento prolongado y muertes atroces».

La pandemia ha sacado a la luz casos en los que los visones no murieron de inmediato. Un vídeo publicado en redes sociales a finales del año pasado por el trabajador de una granja danesa muestra cómo un visón vivo se retuerce entre los muertos mientras intenta respirar aire limpio por el orificio del recipiente que llenan de gas. En otro vídeo de un sacrificio en los Países Bajos relacionado con la pandemia, grabado en secreto por el grupo neerlandés de bienestar animal Animal Rights, aparecen visones vivos siendo arrojados en cámaras de gas móviles.

Los defensores de la industria culpan a los trabajadores inexpertos y a las circunstancias extremas de la pandemia de algunos sacrificios chapuceros.

¿Qué depara el futuro?

A pesar de las pérdidas económicas causadas por los cierres de las granjas de visones durante la pandemia y la creciente indignación por parte de los grupos de defensa de los animales que sostienen que esta industria es inhumana, las ventas de pieles han experimentado un crecimiento sostenido.

Mark Oaten, consejero delegado de la Federación Internacional de Peletería, con sede en Londres, afirma que los precios de las pieles a principios del 2021 han aumentado más de un 40 por ciento desde septiembre del 2020. Atribuye esto a los miedos de escasez futura de las empresas, así como a la fuerte demanda de China y Corea. «No prevemos muchos cambios en el año próximo», afirma.

Los productores de visones y los grupos de la industria peletera dicen que miran el futuro con optimismo. Aunque la mayor casa de subastas de visones del mundo, Kopenhagen Fur, en Dinamarca, ha anunciado que planea cerrar, otras casas de subastas pueden llenar ese vacío, señala Oaten. Añade que es probable que otros países incrementen la producción para compensar las pérdidas de las pieles de los Países Bajos y Dinamarca.

El futuro de la industria de los visones dependerá en parte de China, que en el 2019 produjo más de 11 millones de pieles, según la Asociación China de la Industria del Cuero. La oficina china de la Federación Internacional de Peletería ha declarado que no han ocurrido infecciones de coronavirus en ninguna granja de visones del país. Sin embargo, la información sobre la industria de visones china es escasa y se desconoce si han realizado pruebas del virus a los animales.

Mick Madsen, director de comunicaciones de Fur Europe, un grupo industrial con sede en Bruselas, explica que ante los cierres de las granjas, los productores de visones daneses y neerlandeses podrían decidir trasladar sus operaciones a otros países de la UE. «No tengo indicadores de que muchas empresas planeen trasladarse, pero no cabe duda de que algunas lo harán», afirma.

Por su parte, varias iniciativas de investigación tienen por objeto desarrollar una vacuna anticoronavírica para visones, lo que mantiene a flote las esperanzas de los granjeros. Jussi Peura, director de investigación de la Asociación Finlandesa de Criadores de Pieles, afirma que virólogos de la Universidad de Helsinki, financiados por la industria peletera finlandesa, están probando una vacuna que sería administrada mediante inyecciones o a través de la nariz.

Sin embargo, PJ Smith, de Humane Society International, no ve un futuro próspero para la industria. «Debido a la pandemia, se esperan más prohibiciones de la producción, que reducirán la oferta, así como más prohibiciones de importación y venta de pieles, que reducirán la demanda». A la larga, la cría de visones podría no ser económicamente viable, dice.

Incluso antes de la pandemia, cada vez más marcas de moda, como Coach, Ralph Lauren y Burberry, habían anunciado que dejarían de utilizar pieles de visones y de otros animales. Asimismo, varios países europeos —el Reino Unido, Eslovaquia, Austria y Bélgica, entre otros— han prohibido la cría de visones y otros animales por sus pieles.

En septiembre, Francia anunció planes, que los legisladores siguen debatiendo, para cerrar las cuatro últimas granjas de visones del país. Dos meses después, los visones de una granja dieron positivo en el virus. Las autoridades ordenaron el sacrificio de los mil animales de la granja para proteger la salud pública.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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