Este pez vive junto a la orilla, pero desova a gran profundidad, batiendo récords

Los macabíes pasan la mayor parte del tiempo en aguas poco profundas. Pero para desovar nadan a gran profundidad, sumergiéndose a casi 140 metros, un hito sin precedentes.

Publicado 17 feb. 2021 13:58 CET
Banco de macabíes

El macabí (Albula vulpes) se alimenta de crustáceos en las aguas poco profundas de las Bahamas. Estos animales se sumergen a una profundidad sin precedentes para desovar.

Fotografía de SHANE GROSS

No es fácil pescar un macabí. Estos peces plateados, recelosos de los humanos, se camuflan en los fondos arenosos cuando buscan comida y huyen despavoridos como una flecha.

Varias especies de este pez viven en aguas tropicales poco profundas de todo el mundo. Para capturar a un pez tan escurridizo, los pescadores expertos pasan años aprendiendo a imitar los movimientos de sus presas, como los camarones, con sus cebos. «Es un arte», afirma Matt Ajemian, ecólogo de pesquerías en el Instituto Oceanográfico Harbor Branch de la Universidad Atlántica de Florida. Cuando pican, «estos peces pegan fuerte» y pelean, cuenta Ajemian. «Son unos titanes, por eso la gente los adora».

Su apodo, «fantasmas grises», no solo se refiere a su esquivez, sino también a sus misteriosos hábitos de desove. Los macabíes del Caribe y el Atlántico occidental pasan el rato en aguas de pocos centímetros de profundidad. Pero en la temporada de apareamiento otoñal, desaparecen cuando se congregan y se aventuran a aguas profundas. Hasta hace poco, los investigadores no tenían ni idea de a dónde iban.

Ajemian y su estudiante de doctorado, Steve Lombardo llevan años intentando rastrear a los macabíes del Caribe, Abula vulpes, en el norte de las Bahamas, entre ellas las Islas Ábaco. Tras unas cuantas temporadas empleando técnicas refinadas, en noviembre del 2019 el equipo etiquetó y siguió a varios macabíes mientras desovaban y lo que descubrieron los desconcertó.

Según describen en un artículo publicado en la revista Marine Biology, los investigadores descubrieron que los macabíes de Ábaco habían viajado desde la orilla hasta el borde de la plataforma continental y se habían sumergido a casi 140 metros de profundidad. También habían permanecido más de dos horas en las aguas profundas.

Es un comportamiento peculiar. «No se ha observado a ningún pez que viva cerca de la orilla o en aguas poco profundas saliendo a mar abierto y llegando a estas profundidades para desovar», afirma Lombardo.

El hallazgo es fundamental para la conservación, porque «si no se sabe dónde desovan los peces y cómo lo hacen y las condiciones que necesitan, es muy difícil gestionar una población», afirma Ajemian. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza considera a la especie caribeña «casi amenazada», en parte debido a la sobrepesca. Aunque se consumen en algunas partes del mundo, la mayoría de los pescadores recreativos los capturan y los liberan. En inglés se llaman «bonefish» o «peces hueso» porque tienen muchos huesos densos «que hacen que separar la carne sea laborioso», añade Ajemian.

Huyendo a la orilla

Ajemian explica que, antes de desovar, los macabíes forman grandes bancos cerca de la costa al atardecer. Durante unos 10 minutos, saltan en la superficie. «A continuación, se alejan de la orilla en línea recta», afirma.

A veces es un falso inicio: empiezan su viaje hacia alta mar y después, por el motivo que sea, regresan. Pero una noche de noviembre del 2019 —cuando había luna llena— todo se alineó. El equipo había colocado un rastreador acústico dentro de un macabí, al que rastreó con un hidrófono a bordo de un barco proporcionado por la Fisheries Research Foundation. (También colocó sensores que fallaron o que se perdieron cuando los peces fueron depredados.)

Mientras los peces nadaban hacia alta mar, los científicos también les siguieron la pista mediante sónar. Cuando los peces llegaron a la plataforma continental, un viaje horizontal de apenas cinco kilómetros, se sumergieron y permanecieron a una profundidad de unos 91 metros durante más de dos horas. Se desplazaron arriba y abajo ligeramente, culminando en un rápido ascenso —de una profundidad de unos 130 metros a 67 metros en menos de dos minutos— para desovar.

Esta subida veloz haría que los gases de sus cuerpos se expandieran y los ayudarían a expulsar óvulos y esperma, añade Ajemian. Los investigadores afirman que se desconoce cómo los cuerpos de los macabíes son capaces de soportar el cambio de presión extremo y no existen precedentes en peces de aguas poco profundas.

El desove en las profundidades

El hallazgo plantea una pregunta obvia: ¿por qué se molestan los peces en hacer todo esto? «Salen de noche, hay tiburones dando vueltas al banco todo el tiempo», afirma Ajemian. «Es de alto riesgo».

La recompensa debe ser considerable. «Con cualquier coste tiene que haber un beneficio, de lo contrario no existiría», explica Alan Friedlander, ecólogo de pesquerías y científico jefe del proyecto Pristine Seas de la National Geographic Society, que no participó en el artículo.

A medida que los investigadores rastreaban a los macabíes, registraron la densidad y temperatura del agua y otras variables. Descubrieron que los peces pasaban gran parte del tiempo en la región en la que el agua superficial más cálida entra en contacto con el agua profunda más fría, pero no se mezclan del todo.

Los investigadores plantean la hipótesis de que esto forma una capa diferenciada que podría ser el lugar ideal para que los huevos eclosionen y se desarrollen. Lombardo explica que aquí se acumulan pequeñas partículas llamadas nieve marina, que probablemente proporcionen comida para las larvas de pez. La capa también mantiene una temperatura relativamente constante y hasta cierto punto protege de las tormentas y los depredadores.

También podría actuar como una especie de cinta transportadora para guiar a las larvas hacia la orilla a medida que se convierten en juveniles, un fenómeno que Lombardo planea estudiar.

Friendlander está de acuerdo en que los datos del estudio sugieren que los peces sienten la temperatura y la presión y «buscan las condiciones adecuadas para desovar».

Peces primitivos

Ajemian dice que los macabíes no han cambiado mucho en más de 100 millones de años y es probable que este comportamiento los haya ayudado a resistir.

Las anguilas europeas, que están emparentadas con estos peces, emprenden travesías aún más espectaculares para desovar en el mar de los Sargazos. Pero las anguilas hacen un viaje solo de ida.

«Cuando las anguilas desovan, mueren, así que no lo hacen varias veces como los macabíes», que pueden viajar varias veces para reproducirse en un solo mes, señala Lombardo.

Aunque esta investigación se centró en los macabíes del Atlántico occidental, «sí tenemos pruebas de que este comportamiento también podría ocurrir en especies de macabí del Pacífico», afirma Ajemian.

Este estudio sugiere que para gestionar a las especies de macabíes que están disminuyendo, quizá haya que proteger superficies más grandes «para tener en cuenta esa oceanografía dinámica» que determina dónde desovan, afirma Friedlander.

«Tenemos que asegurarnos de mantener a estos animales y sus comportamientos naturales», afirma Friedlander. Si perjudicamos el comportamiento de los peces, incluyendo el desove, mediante repercusiones humanas como la sobrepesca, podríamos condenar a una población de peces sin darnos cuenta, dice. «Ni siquiera sabríamos [que el comportamiento] existía y que quizá sea realmente importante para su supervivencia».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.
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