El cambio climático está agotando poblaciones de peces fundamentales

A lo largo de los últimos 80 años, el calentamiento del planeta ha alterado recursos pesqueros de todo el mundo, y muchos experimentan desplomes precipitados.viernes, 1 de marzo de 2019

Un nuevo estudio publicado el jueves en la revista Science describe las consecuencias del calentamiento marino en especies de peces de gran importancia comercial.

La industria pesquera mundial depende de recursos pesqueros, poblaciones regionales de peces que se pueden capturar con fines económicos. Los investigadores determinaron que la cantidad de peces en poblaciones importantes de todo el mundo han disminuido una media de un cuatro por ciento desde 1930.

Los recursos pesqueros ubicados en el mar de Japón y en el mar del Norte son los más afectados, ya que han experimentado un descenso de hasta un 35 por ciento. Sin embargo, otras pesquerías sacan provecho del calentamiento de las aguas y sus poblaciones crecen, una expansión que, según los científicos, podría generar una competición insostenible por los recursos.

«Nos sorprendió la intensidad de las consecuencias del calentamiento en las poblaciones de peces», afirma Chris Free, autor principal del estudio y ecólogo de la Universidad de California, Santa Bárbara.

Tomar la temperatura del mar

Para medir el efecto del calentamiento y la sobrepesca, Free empezó por analizar los datos de temperatura de los últimos 80 años y los comparó con la productividad de una pesquería cualquiera durante periodos de temperaturas más altas que la media. El equipo analizó 235 poblaciones de 124 especies de peces en 38 regiones distintas.

El calentamiento del agua puede hacer que algunas poblaciones de peces disminuyan al someter a los peces a estrés metabólico y dificultar que se reproduzcan o encuentren comida. La calidez de las aguas también puede provocar una disminución del zooplancton, un alimento fundamental para los peces. Los impactos en organismos más pequeños pueden tener un efecto dominó en el resto de la cadena trófica.

En el mar del Norte y el mar de Japón, donde midieron un aumento de la temperatura del agua, los científicos descubrieron que la sobrepesca había aumentado la vulnerabilidad de las poblaciones de peces.

«Es un golpe doble», afirma el coautor del estudio Malin Pinsky, ecólogo de Rutgers. «Si la pesca ya les afecta, es más probable que respondan mal ante el calentamiento».

«Cuando Chris me presentó las cifras, me quedé pasmado», añade Pinsky. «Sabíamos que los animales se desplazaban a nuevos lugares, pero no me di cuenta de que ya había afectado a la capacidad de estas poblaciones para producir peces».

Mitigar los efectos del calentamiento

Will White, ecólogo de pesquerías de la Universidad del Estado de Oregón que no participó en el estudio de Free y Pinsky, dice que sus conclusiones resaltan la importancia de la gestión de las pesquerías.

«En muchas pesquerías de la costa oeste, la gestión ha sido históricamente buena, lo que nos ha proporcionado resistencia», afirma White.

De 2014 a 2016, la costa oeste vivió la presencia letal de una masa de agua caliente a la que llamaron «the blob». Cuando calentó las aguas del Pacífico, mató a las criaturas marinas —como zooplancton— de las que se alimentan los salmones, poniendo en peligro la salud de las lucrativas pesquerías de salmón de Oregón.

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«No estoy seguro de que haya forma de salir de esta», dice White acerca del grave calentamiento marino. Pero, a una escala global menos drástica, dice que la gestión de pesquerías debería tener en cuenta el calentamiento marino como una herramienta importante.

Pinsky advierte que no se debe considerar que el aumento de las poblaciones es una buena señal.

«Los peces son como Ricitos de Oro», afirma Pinsky. «Para unos, [el agua] está demasiado fría, pero, si se calienta, estará demasiado caliente».

Asimismo, si aumentan las poblaciones de una especie de pez, estas podrían invadir el territorio de otras especies. En la costa de Nueva Inglaterra, han aumentado las poblaciones de Centropristis striata. «Resulta que les gusta comer bogavante. A medida que se vuelven más abundantes, podrían empezar a afectar al bogavante americano. Son efectos en cadena», añade.

Alimentar al planeta

Si las tendencias demográficas actuales continúan al mismo ritmo, el mundo necesitará duplicar su producción de alimentos para 2050. Para compensarlo, los líderes mundiales tienen la mira puesta en las pesquerías como fuente fundamental de proteína para millones de personas.

En 2016, se pescaron 171 millones de peces y se prevé que dicha cifra aumente a 201 millones en los próximos 10 años.

«La seguridad alimenticia es una preocupación importante», afirma Pinsky. Se estima que 3.000 millones de personas consumen pescado como principal fuente de proteína.

«Además, también sabemos que tiene consecuencias locales importantes para quienes se ganan la vida capturando estos peces», añade Pinsky.

Cree que una mejor gestión podría contribuir a mitigar los impactos del calentamiento. Por ejemplo, establecer zonas donde se prohíbe la pesca permite que las poblaciones de peces se recuperen de la sobrepesca y les da tiempo suficiente de reproducirse.

En última instancia, Free sostiene que su estudio hace hincapié en los amplios impactos de la quema de gases de efecto invernadero. Si no se toman medidas, algunas poblaciones de peces seguirán menguando.

«Simplemente tendremos que adaptarnos», añade. 

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