Estos santuarios españoles dan un hogar a los animales de granja rescatados

«A veces lloro al verlos, de felicidad».

Fotografías de Ana Palacios
Publicado 6 abr 2021 17:33 CEST
Carla Heras, voluntaria del Santuario Gaia

Carla Heras, voluntaria del Santuario Gaia en Camprodón, Gerona, con Laietana el pato. Laietana es uno de los 1500 animales —la mayoría rescatados de las calles y del sector agropecuario— que viven en el santuario. Gaia es uno entre decenas de santuarios españoles que proporcionan un hogar a animales que antes eran criados para producir alimentos.

Fotografía de Ana Palacios

Cuando Elena Tova rescató a un cerdo enfermo por capricho hace casi 15 años, nunca había oído hablar del concepto de los «santuarios de animales». «Los santuarios no existían en España. La palabra no existía», dice, y añade que solo había oído hablar de «santuarios» en un contexto religioso.

Tova encontró al joven cerdo, al que más adelante llamaría Benito, en una granja a las afueras de Madrid que había visitado para construir un refugio para perros y gatos rescatados. Todos los cerdos de la granja habían sido enviados al matadero el día anterior, salvo Benito, que tenía una infección y no era apto para el consumo humano. Los propietarios estaban a punto de matarlo. Tova les convenció para que le entregaran el cerdo.

Buscó refugios para acoger a Benito, pero no había ninguno. «Nos dimos cuenta de que no podíamos llevarlo a ningún sitio, así que aquel fue el comienzo del santuario», cuenta Tova. La Fundación El Hogar, fundada en 2007, se convirtió en el primer santuario para animales de granja de España.

Gary, un carnero Awassi artrítico que vive en la Fundación El Hogar de L'Esquirol, recibe medicación y masajes dos veces al día en la columna vertebral para estimular la circulación. Hace unos ocho años fue entregado al santuario cuando era solo una cría desnutrida procedente de una granja lechera, donde suelen sacrificar a los machos porque no producen leche.

Fotografía de Ana Palacios

Tova siguió rescatando gatos y perros, pero la gente también empezó a traerle gallos, gallinas, ovejas y cerdos. Muchas de las personas que trabajaban con ella se marcharon, diciéndole que rescatar ganado era malgastar el dinero. «No era lo que querían. Querían seguir rescatando perros y gatos», dice. «En mi opinión, todos los animales tienen derecho a ser rescatados».

Cuatro años más tarde, se inauguró otro santuario, y después, muchos más. En la actualidad, Tova calcula que hay entre 30 y 40 santuarios en toda España que proporcionan hogares a animales de granja abandonados o entregados, como Benito, y que cuentan con la ayuda de seguidores muy entusiastas en redes sociales.

Iniciativas de base como la de Tova están cambiando la mentalidad de la gente en lo que respecta al trato que reciben los animales criados para el consumo humano, explica Valerie Taylor, directora ejecutiva de la Federación Mundial de Santuarios de Animales (GFAS), con sede en Estados Unidos, que acredita a santuarios sin ánimo de lucro de todo el mundo que se adhieren a prácticas éticas, como la prohibición de la cría y el comercio de animales.

Olivia Gómez trata con electroterapia a un cerdo llamado Paola. El Santuario Gaia rescató a Paola en noviembre de 2019, después de que la abandonaran frente a una granja cuando llevaban a otros cerdos al matadero: tenía una vértebra rota y no podía subirse al camión de transporte. Los veterinarios de Gaia le curaron la columna y ahora puede ponerse de pie y dar unos cuantos pasos.

Fotografía de Ana Palacios

«Ha habido un gran cambio en los refugios de animales en general y es reconfortante ver que esto se extiende a las especies [de granja] cuyo sufrimiento se esconde de la vista del público de forma intencionada».

Millones de animales criados en granjas: la situación en España

España es uno de los principales productores mundiales de carne de cerdo. En 2019 se sacrificaron 53 millones de cerdos para la producción de carne en el país. Los defensores del bienestar animal critican prácticas comunes de la industria, como el uso prolongado de jaulas de gestación que confinan a los cerdos en espacios reducidos y la separación prematura de las crías de sus madres. Una investigación encubierta realizada en 2020 por Tras Los Muros, un proyecto fotográfico de investigación, en 30 granjas de cerdos de España documentó muchos cerdos con infecciones graves y no tratadas.

España es también uno de los principales productores de carne de conejo; en 2016 se sacrificaron 48 millones de conejos. Los activistas también han documentado un trato inhumano en este sector. Una investigación encubierta llevada a cabo en 2014 en 72 granjas de conejos por Animal Equality, un grupo español de defensa de los derechos de los animales, documentó conejos vivos tirados en cubos de basura, conejos en jaulas con heridas sin tratar y canibalismo entre conejos hacinados.

La Fundación El Hogar es el único santuario de España que rescata peces, principalmente de acuarios de hoteles y restaurantes. El cuidado de los peces rescatados es igual de complicado como el de cualquier otra especie, dice su fundadora, Elena Tova. Algunos han recibido un tratamiento médico exhaustivo, como un pez, Slovoda, al que le extirparon un tumor canceroso.

Fotografía de ANA PALACIOS

El personal y los voluntarios de El Hogar comparten una comida vegana y planifican los horarios. El grupo comparte una pasión por los derechos de los animales y la creencia en el veganismo para reducir el sufrimiento animal. «Es bonito compartir esta filosofía de vida con otros y sentir que estoy siendo útil», dice la voluntaria veterana Victoria Celedón. «Estar aquí me hace feliz».

Fotografía de Ana Palacios

Todas las mañanas, Elena Tova da comida (en el sentido de las agujas del reloj desde Tova) a Sia (que es sorda), Woody (que tiene tres patas), Gretel y Neo (ambos con discapacidades físicas), Soul y Julieta, como recompensa por su buen comportamiento. Al principio, Tova rescataba perros hasta que amplió El Hogar para incluir otras especies en 2007. Los trabajadores y voluntarios del santuario dan amor y atención constantes a los perros.

Fotografía de Ana Palacios

De acuerdo con la organización sin ánimo de lucro Would Animal Protection, que evalúa las leyes de bienestar animal de cada país, la nota de España es una D (en una escala de la A a la G) en lo que respecta a la protección de los animales de granja. El grupo cita, entre otros problemas, el uso continuado de establos de confinamiento y el hecho de que no se exige aturdir a los animales antes del sacrificio. (Francia, Italia, Reino Unido y Alemania también tienen una D, y Estados Unidos, una E).

Lucho Galán, portavoz de Interporc, grupo comercial que representa al sector porcino español, escribe por correo electrónico que «España es un referente mundial en bienestar animal» y que Interporc anima encarecidamente a los ganaderos a proporcionar la mejor calidad de vida a los animales.

«Por su parte, los denominados santuarios nos parecen una opción legítima, pero esperamos el mismo respeto hacia nuestra actividad que el que dan los ganaderos [a los santuarios]», dice. Muchos miembros de la comunidad de rescatadores defienden la importancia de establecer buenas relaciones con los ganaderos para facilitar los rescates y mantener un diálogo abierto sobre el trato de los animales.

«Los santuarios son la única oportunidad que tenemos de ver este tipo de animales en un entorno diferente, la única forma de conocer y conectar de verdad con estos animales fuera de la industria [agrícola]», dice Abigail Geer, fundadora del Mino Valley Sanctuary, en Galicia.

Patri, un pavo hembra de El Hogar, descansa en una cuna, rodeada de almohadas y cojines de embarazo para evitar las úlceras por presión. Fue rescatada del contenedor de basura de una granja de pavos y padece un trastorno articular incurable que le impide caminar. También pasa el rato colgada de un columpio hecho a medida, para que pueda estirar las piernas.

Fotografía de Ana Palacios

Geer, originaria del Reino Unido, fundó el santuario con su marido en 2012. Fue el primero de Galicia. Comenzó de forma espontánea: los Geer les habían comentado a unos amigos que querían fundar un santuario algún día y alguien les trajo una oveja hembra que no podía caminar y había sido abandonada en la ladera de una montaña. El santuario, ubicado en 20 hectáreas de praderas y bosques, ya alberga más de 300 animales, la mayoría rescatados del sector agropecuario.

Muchos animales tanto en Mino Valley como en El Hogar tienen necesidades especiales. Como las leyes prohíben que los animales enfermos entren en el suministro alimentario, estos —junto con los animales discapacitados y heridos— suelen ser abandonados o ser entregados, explica Geer.

Casi todos los animales del santuario tienen una historia desgarradora. Un ejemplo de ello es River, un cerdo encontrado junto a la orilla de un río con las cuatro patas rotas. Lo descubrió un ciclista que se puso en contacto con El Hogar. Ahora, River está curado y se encuentra bien. Mino Valley alberga 16 conejos a los que abandonaron a su muerte durante el incendio de un granero en una granja cárnica en 2019. Ahora viven en habitáculos espaciosos con heno.

Obstáculos y esperanzas

Por cada animal rescatado, hay miles que mueren solos. «Esas cosas viven contigo y te atormentan», cuenta Geer, que ha tenido que lidiar con el insomnio, la culpa y la depresión. Pero dice que, con el tiempo, ha mejorado a la hora de gestionar estos sentimientos. «No significa que no sufra cuando los animales mueren, pero he cambiado. Tengo que hacerlo para seguir dedicándome a esto sin desgastarme del todo».

«La gente de los santuarios es muy fuerte pero también muy sensible», dice Tova. «Hay muchos altibajos y, a la larga, después de muchos años, no todo el mundo puede soportarlo». Ella y otros propietarios de santuarios cuentan que son los animales del santuario —de los que hablan como su familia— los que les dan fuerza.

Neo, un pitbull en El Hogar, estaba enfermo y paralizado cuando lo encontraron en unos arbustos en 2016. Aunque todavía no siente por debajo de la cintura, gracias a la atención médica intensiva y la fisioterapia puede correr sobre las patas delanteras y explorar las 25 hectáreas de terreno de El Hogar.

Fotografía de Ana Palacios

Los miembros de la comunidad de los santuarios comparten un lenguaje y una doctrina universales. La mayoría de los propietarios de santuarios son veganos, suelen referirse a los animales como a personas y evitan el uso de pronombres como «eso» cuando se desconoce el sexo de un animal. Ismael López fundó la Fundación Santuario Gaia a las afueras de Barcelona en 2012. Cuenta que ha notado el comienzo de un cambio en la forma en que los españoles piensan en los animales. «La gente está evolucionando más rápido que la política», dice.

Esos cambios se reflejan en las redes sociales y se traducen en beneficios tangibles. En la actualidad, Gaia alberga 1500 animales y tiene más de un millón de seguidores en Facebook. «Sin las redes sociales, este crecimiento no sería posible», explica López.

El Hogar y Mino Valley también tienen seguidores en Instagram y Facebook, tanto en España como en el resto del mundo. Los santuarios comparten historias de rescate en tiempo real y recaudan dinero para cada caso. Otros ofrecen opciones de membresía mensual a través de páginas web como Patreon. Todos los santuarios dependen de las donaciones del público.

Aunque se están produciendo cambios a nivel popular, los propietarios de los santuarios afirman que siguen afrontando obstáculos estructurales. Por ejemplo, si un camión lleno de cerdos tiene un accidente de camino al matadero, es ilegal rescatar a los animales sin el permiso del propietario.

Bichi, un gato ciego y sin dientes, se acurruca en el hombro de Elena Tova en El Hogar en septiembre de 2020. Bichi murió un mes después, a los 22 años. En la espalda de Tova, bajo la palabra «vegan», tiene un tatuaje de Félix. Tras ser atacado por unos perros, se recuperó de las graves heridas y pasó el resto de su vida en el santuario, hasta que falleció el pasado julio. Tova considera que Bijou y Félix son símbolos del santuario.

Fotografía de ANA PALACIOS

«No son víctimas, son propiedad», dice Tova. Explica que los dueños pueden solicitar el dinero del seguro por los animales que mueren en un accidente de tráfico. López explica que, debido a la normativa sobre el transporte y la salud de los animales, su rescate también requiere papeleo y la aprobación gubernamental, que puede tardar hasta dos semanas, un tiempo que un animal enfermo o herido no siempre tiene.

Incluso encontrar buena atención veterinaria para los animales del santuario puede ser un reto, dicen Greer, Tova y López. Suelen acoger animales que necesitan bastante atención médica. Pero para los veterinarios, sobre todo en las zonas rurales y agrícolas, suele ser «la primera vez que ven estas cosas en estos animales y la primera vez que la gente les pide ayuda con estas cosas», afirma Geer.

Pero en los últimos años, los estudiantes de veterinaria han empezado a incorporarse cada vez más a los santuarios. El Santuario Gaia ha acogido a varios estudiantes de veterinaria durante meses, cuenta López.

El verdadero poder de los santuarios de animales granja «reside en las conexiones que pueden fomentar entre los seres humanos y los animales a nivel individual», explica Taylor, de la GFAS, sobre todo si la gente puede seguir la evolución de un animal rescatado.

Laro, una vaca de 20 meses, estaba atada con una cadena corta en un cobertizo de Cantabria. Abandonada entre sus propias heces, sólo era capaz de tumbarse y levantarse; nunca había podido caminar. Ángela Gómez, que vivía en la zona, la había oído gritar cuando tenía unos meses y, durante más de un año, fue a visitarla todas las semanas, acariciándola a través de un listón del establo. Su dueño planeaba tenerla hasta los tres años y luego sacrificarla para obtener carne, dice.

Gómez acabó convenciendo al granjero para que entregara a Laro el pasado agosto, cuando tenía 14 meses. Mino Valley publicó su caso en Instagram y recaudó 1100 euros en un día para cubrir su transporte hasta el santuario.

Los vídeos de los últimos siete meses muestran su nueva vida, empezando por sus primeros pasos temblorosos tras llegar a Mino Valley. «Tenía mucho miedo hasta de caminar», dice Geer. Otro vídeo la documenta observando el movimiento de las hojas. Otro, su primera nevada.

Esta semana, el santuario ha publicado un vídeo en el que se la ve corriendo, saltando y dando vueltas por el bosque.

«A veces», dice Geer, «lloro al verlos, de felicidad».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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