¿Qué «dicen» los elefantes? Esta biblioteca revela los misterios de su comunicación

La exploradora de National Geographic Joyce Poole reflexiona sobre el logro de su vida: un etograma que cataloga casi 50 años de datos sobre el comportamiento de los elefantes africanos.

Publicado 26 may. 2021 12:42 CEST
Joyce Poole graba vocalizaciones de elefantes

Joyce Poole graba vocalizaciones de elefantes en el parque nacional de Amboseli en 2005.

Fotografía de Elephant Voices

En 1975, a una Joyce Poole de 19 años se le presentó una oportunidad única en la vida: estudiar los elefantes del parque nacional de Amboseli, en Kenia.

La investigadora de elefantes Cynthia Moss, que acababa de comenzar un estudio sobre los elefantes africanos hembra, propuso a la alumna de una universidad estadounidense si querría hacer lo mismo con los machos, a los que Moss describía en broma como «aburridos», según Poole.

Poole enseguida demostró que los animales no eran nada aburridos al descubrir que los elefantes africanos macho tienen ciclos reproductivos llamados must, algo que los biólogos de elefantes habían rechazado durante años. Este gran hallazgo propulsó su carrera y en los 46 años transcurridos desde entonces, Poole, exploradora de National Geographic, se ha convertido en una de las principales expertas mundiales en el comportamiento y la comunicación de los elefantes africanos.

En 2002, Poole y su marido, el noruego Petter Granli, fundaron la organización sin ánimo de lucro con sede en California ElephantVoices, para educar al público en la comunicación de los elefantes y lo importante que es conservarlos.

Ahora, a partir de datos y vídeos acumulados durante décadas de estudio en Amboseli, la reserva nacional de Masái Mara de Kenia y el parque nacional de Gorongosa de Mozambique, Poole y Granli han creado el African Elephant Ethogram, la biblioteca audiovisual más exhaustiva del comportamiento de los elefantes africanos de sabana.

Poole junto a su hermano, Bobby, y un famoso elefante llamado Odinga en el parque nacional de Amboseli en 1967.

Fotografía de Robert Poole

El 25 de mayo, la base de datos se hizo pública, lo que permite que desde un alumno de instituto hasta un profesor de universidad busque un comportamiento específico —por ejemplo, una cría de elefante dando cabezazos— y encuentre varios vídeos que explican por qué el animal realiza esa acción en particular.

El etograma ha adquirido una nueva urgencia con la reciente reclasificación de los elefantes africanos de bosque y de sabana como especies diferentes y en peligro de extinción por parte de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Solo quedan 415 000 elefantes —la población era de cinco millones en 1950—, así que Poole espera que el etograma inspire a la gente «a explorar y contemplar los corazones y las mentes de los elefantes».

Virginia Morell: Está claro que crear el etograma fue una tarea enorme. ¿Qué te inspiró?

Joyce Poole: Empezó hace mucho tiempo, en 1982. En mi tesis [doctoral], incluí ilustraciones a bolígrafo y tinta de todos los comportamientos descritos, como la forma de andar durante el must, el movimiento de las orejas y mantener la cabeza alta, entre otros. Cuando completé mi tesis, [mi tutor] Robert Hinde dijo: «Tienes que hacer un etograma, un inventario descriptivo de todo el repertorio de comportamientos de los elefantes africanos». Recuerdo que pensé: «¿Cómo voy a hacer eso?». Pero nunca olvidé sus palabras. [La experta en bioacústica] Katy Payne y yo empezamos a descubrir otras cosas; por ejemplo, que los elefantes son capaces de producir sonido por debajo del nivel de la audición humana. Empecé a advertir posturas y gestos específicos asociados a cada vocalización. Entonces Petter sugirió que creáramos bases de datos virtuales para compartir lo aprendido. En 2017, 35 años después de que Hinde sugiriera la idea, al fin empezamos a trabajar en el African Elephant Ethogram.

 

 

VM: ¿De dónde proviene tu deseo inicial de estudiar a estos animales?

JP: Se remonta a mi infancia. Me mudé a África [desde Connecticut] cuando tenía seis años. Mi hermano tenía tres y mi hermana solo seis semanas, pobre de mi madre. Mi padre había sido nombrado director del programa del Cuerpo de Paz en Malaui. Fuimos de safari a África Oriental, fuimos en coche a Tanzania y Kenia. La verdad es que vi a mi primer elefante en el parque nacional de Amboseli. Era un macho grande y cargó contra nuestro coche; yo me escondí debajo del asiento del Land Rover. Aún recuerdo ese subidón de adrenalina. Así que desarrollé el amor por África y su fauna y curiosidad por los elefantes desde pequeña.

VM: ¿Cómo empezaste a estudiar a los elefantes?

JP: Después del instituto, me matriculé en el Smith College para estudiar biología. Terminé mi primer año, pero entonces mi familia me dijo que nos mudábamos a Kenia; mi padre había aceptado un puesto de director en la que entonces era la African Wildlife Leadership Foundation. Estaba decidida a tomarme un año sabático de mis estudios y acompañarlos, pero mi padre me dijo que solo lo haría si tenía un «proyecto de provecho» en el que trabajar mientras estuviera allí. Empecé a leer acerca de varios proyectos de fauna, pero entonces tuve un golpe de suerte. Mi padre había conocido a Cynthia Moss, y llegó a casa un día y me dijo: «¿Quieres trabajar con Cynthia Moss en Amboseli?». ¿Te lo imaginas?

Recuerdo claramente uno de los primeros días sobre el terreno. De repente estaba rodeada de estos gigantes. Estaba en la furgoneta VW de mi familia y los elefantes estaban a mi alrededor, respirando pesadamente. Me escondí en el suelo. Al final se marcharon. En el campamento, se lo conté a Cynthia y se rio y me dijo: «Solo están siendo amistosos».

Eso es lo que tienen los elefantes: en cuanto puedes interpretar su lenguaje corporal y entender sus vocalizaciones, se te abre un mundo completamente nuevo. La gente puede vivir esto a través del etograma.

VM: ¿Cómo organizaste el etograma?

JP: Incluye información recopilada a lo largo de 46 años, principalmente en Amboseli, pero también en Masái Mara y Gorongosa. La idea era crear un etograma exhaustivo, no uno específico, como los centrados solo en el comportamiento de madres y crías. Planificamos el nuestro de forma que lo describiera todo, todos los comportamientos que habíamos presenciado, y cualquier vocalización que los acompañara. Extrajimos y editamos unos 2400 vídeos de comportamiento de elefantes a partir de imágenes grabadas en Mara y Gorongosa, seleccionamos ejemplos de comportamientos específicos y añadimos descripciones escritas.

VM: ¿Cómo debería utilizarse el etograma?

JP: Pues lo primero sería echar un vistazo a la introducción y la guía del usuario o, si eres un científico, ir directamente a la sección de ciencia. Si eres como yo y no te gusta leer las instrucciones, puedes zambullirte e ir directamente al índice del etograma, desplazarte para hacerte una idea de los comportamientos y elegir uno que te interese; después haz clic en el vídeo. O puedes utilizar el portal de búsqueda introduciendo el nombre de un comportamiento o utilizando la búsqueda alfabética para ir a un tema. Para mí, lo más divertido es la búsqueda desplegable. Por ejemplo, quizá quieras aprender qué comportamientos realizan los machos en must en los que utilizan las orejas. En «edad/sexo», haz clic en orejas y después dale a buscar y mira los vídeos que aparecen.

Un recién nacido intenta colgarse del colmillo de su madre en Kenia.

Fotografía de Joyce Poole y Petter Granli, Nat Geo Image Collection

VM: ¿Hay algo del etograma que la gente no se debería perder?

JP: Si quieres un subidón de adrenalina, ve a la pestaña de «Attacking and Mobbing» en el índice y haz clic en «Head-Butt» («Cabezazos»). Solo hay un vídeo, grabado en Gorongosa. Pedimos perdón por las palabrotas en noruego que profirió Petter cuando vio lo que le pasó a nuestro coche.

VM: Cuando trabajaste en el etograma, ¿qué te pareció lo más importante sobre los elefantes?

JP: Confirma lo inteligentes, empáticos y creativos que son los elefantes. También me sorprendió el tiempo que pasan los elefantes pensando. Para la mayoría de la gente, un elefante pensativo parece que no hace nada. Por eso la mayoría de las personas pasan por alto a los elefantes que se aparean en estado silvestre. La mayoría de los elefantes, incluso la pareja afortunada, simplemente están de pie; están quietos porque esperan a que la hembra [en estro] se mueva. Están considerando lo que hacen los otros.

VM: ¿Qué más quieres descubrir sobre los elefantes?

JP: Quiero saber qué se dicen los elefantes. Sé que dicen cosas muy complejas y creo que «hablan» mucho de nosotros —de los humanos— y cómo deberían respondernos. Tienen miedo a las personas en algunos lugares por lo que les han hecho. Por ejemplo, en Gorongosa, debido a la larga guerra civil [de 1972 a 1992], los elefantes están muy asustados y son agresivos con las personas.

En Gorongosa, a veces los elefantes emitían una vocalización que nunca había oído antes. Era de muy baja frecuencia, plana y pulsátil. No tengo suficientes ejemplos, pero me pareció que era un comentario a sus familiares sobre que nosotros somos peligrosos. Y en todas partes los elefantes están sometidos a mucho estrés por tener que escucharnos y vigilarnos constantemente.

VM: ¿Crees que la reciente decisión de dividir a los elefantes africanos en dos especies —el elefante africano de bosque (Loxodonta cyclotis) y el elefante africano de sabana (Loxodonta africana)— y clasificarlos como en peligro crítico de extinción ayudará a proteger a estas especies de la extinción?

JP: La actualización de la UICN no protege a los elefantes en sí misma. Para salvar a los elefantes, tenemos que tomar medidas ahora y no solo decir palabras vacías. Perderemos a los elefantes si no somos [más listos] con nuestro uso del espacio. Entiendo que la gente también necesita espacio. Pero necesitamos zonificar las áreas estrictamente y reservar terrenos para que estén conectados para los elefantes y otros animales salvajes entre áreas protegidas.

Los elefantes importan porque forman parte del espectáculo de biodiversidad de nuestro planeta. Los elefantes también importan porque son conscientes y empáticos, y pueden preocuparse no solo por sus propias vidas, sino también por las de sus familiares y amigos.

Espero que el etograma inspire a las personas a ver este dilema moral. ¿Tienen los elefantes el derecho a vivir en la Tierra igual que nosotros? Si lo tienen, ¿cómo podemos crear espacio para ellos? Estas son grandes preguntas y no hay respuestas fáciles, pero debemos encontrar formas de vivir de manera más sostenible.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

Seguir leyendo

Descubre Nat Geo

  • Animales
  • Medio ambiente
  • Historia
  • Ciencia
  • Viajes y aventuras
  • Fotografía
  • Espacio
  • Vídeo

Sobre nosotros

Suscripción

  • Revista NatGeo
  • Revista NatGeo Kids
  • Registrarse
  • Disney+

Síguenos

Copyright © 1996-2015 National Geographic Society. Copyright © 2015-2017 National Geographic Partners, LLC. All rights reserved