Estos peces primitivos de aguas profundas viven hasta los 100 años

Los celacantos también podrían gestar a sus crías durante cinco años, según un estudio que plantea preocupaciones por el futuro de esta especie en peligro crítico de extinción.

Publicado 18 jun. 2021 10:39 CEST
Un celacanto nada en la bahía de Sodwana, en Sudáfrica

Un celacanto nada en la bahía de Sodwana, en Sudáfrica. El animal, considerado extinto durante años, se redescubrió en 1938.

Fotografía de Laurent Ballesta, Nat Geo Image Collection

 

Los celacantos —peces primitivos de aguas profundas que durante años se consideraron extintos junto con los dinosaurios— han vuelto a sorprender a los científicos. Según un nuevo estudio, estos «fósiles vivos» de dos metros de largo pueden vivir hasta los cien años, cinco veces más de lo pensado.

Un nuevo análisis de las escamas de los celacantos africanos —una de dos especies conocidas— revela que su longevidad se había estimado de forma errónea en solo 20 años.

Además, es probable que los celacantos hembra gesten a sus crías durante cinco años —tres años más de lo pensado— y no alcanzan la adultez hasta los 55 años, explica el líder del estudio Kelig Mahe del IFREMER, el instituto francés de investigación marina.

La supuesta longevidad corta del celacanto nunca había coincidido con sus bajos ritmos reproductivos, metabolismo lento y escasa absorción de oxígeno, todas cualidades de animales marinos de maduración lenta, como los tiburones de aguas profundas.

«Han sido un enigma todo este tiempo», afirma Selena Heppell, directora del Departamento de Ciencias Pesqueras, de Fauna y de Conservación de la Universidad Estatal de Oregón, que no participó en el estudio. «Así que [ahora] tiene mucho más sentido».

Por otra parte, los resultados, publicados en la revista Current Biology, significan que los peces en peligro crítico de extinción son más vulnerables a amenazas como la captura incidental o los fenómenos climáticos extremos.

Aumentando la escala

En 1977, el primer estudio sobre el envejecimiento de los celacantos se centró en unas estructuras calcificadas llamadas macrocírculos de las escamas de 12 especímenes de museo de celacantos africanos. Se creía que estos macrocírculos eran como los anillos de los árboles o los testigos de hielo, marcas que registran intervalos de tiempo.

Basándose en los incrementos regulares del crecimiento de los macrocírculos en las escamas, los científicos concluyeron que era probable que los macrocírculos se depositaran dos veces al año, cifra corregida más adelante en una vez al año, un resultado equivalente a una longevidad de 20 años.

Curiosos por saber si había más información, Mahe y su equipo examinaron recientemente 27 especímenes de celacantos africanos del Museo Nacional de Historia Natural de París capturados entre 1954 y 1991, entre ellos un juvenil y dos embriones.

Cuando analizaron los macrocírculos con un microscopio de luz transmitida, tal y como habían hecho los equipos anteriores, descubrieron los mismos resultados que en los años setenta.

Pistas ocultas

En cambio, cuando el equipo examinó las escamas de celacanto utilizando un microscopio de luz polarizada —una técnica más avanzada que reduce el resplandor y produce imágenes más nítidas—, todo cambió. La luz polarizada reveló la presencia de numerosos microcírculos entre los macrocírculos. El análisis de los microcírculos también reveló que se depositan de forma anual.

Contar estos circulitos como depósitos anuales situaba la edad de los especímenes de museo entre los cinco y los 84 años, algo que encaja mejor con la biología conocida de los celacantos.

Análisis posteriores con mediciones estandarizadas para especímenes de animales envejecidos confirmaron los resultados, lo que quiere decir que el celacanto tiene uno de los metabolismos más lentos del mar.

Para averiguar el periodo gestacional del celacanto, el equipo midió las escamas de los especímenes embrionarios empleando los mismos métodos que en los peces adultos, lo que demostró que el embarazo de un celacanto dura cinco años.

Aunque los científicos no estudiaron al celacanto indonesio, una especie relacionada que también se encuentra en peligro crítico de extinción, esperan aplicar la misma técnica a esa especie.

Resultados convincentes.

Los resultados del estudio resultan convincentes, dice Brian Sidlauskas, ictiólogo de la Universidad Estatal de Oregón que no participó en el trabajo.

Señala que el estudio tiene un método estadístico minucioso y los científicos «se preguntaron si se creen estos datos».

Un fantasmagórico pez baboso ha sido descubierto a 2.400 metros de profundidad

 

Mark Terwilliger, experto en el crecimiento de los peces del Departamento de Pesca y Vida Silvestre de Oregón, señala que, como las escamas de pez pueden desprenderse y reabsorberse en el cuerpo a medida que un animal envejece, no son una estimación fiable de las edades de peces longevos.

Es más, no se ha demostrado que los microcírculos en las escamas de otras especies de peces óseos se corresponden con la edad de un animal.

«Dicho esto, sus resultados son lo que cabría esperar para un pez de aguas profundas y crecimiento lento», dijo Terwilliger por correo electrónico.

«Especialmente sensibles»

Los resultados son una noticia preocupante para este raro pez, que suele vivir en profundidades de 700 metros en la costa este de África.

Si un celacanto muere antes de poder aparearse, dicho animal no puede contribuir a las poblaciones de la especie que ya están disminuyendo, señala Mahe. Es probable que los celacantos africanos produzcan una camada de entre tres y 30 crías cada cinco años.

Esto quiere decir que los celacantos africanos son «especialmente sensibles a cualquier perturbación», dice Mahe, que está interesado por estudiar si el calentamiento marino debido al cambio climático podría repercutir en los celacantos.

El estudio, añade Heppells, «nos recuerda que hay mucho que aún no sabemos sobre las cosas raras del mar».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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