Así es la caza furtiva y nocturna de los tigres siberianos

Pese a que sólo quedan unos cientos de ejemplares en la naturaleza, una nueva investigación revela cómo los cazadores furtivos matan y envían sus huesos, penes y otras partes del cuerpo de estos felinos a China.

Los tigres de Amur, a veces llamados tigres siberianos, viven sobre todo en el Extremo Oriente ruso. La expansión de las carreteras forestales facilita a los cazadores furtivos encontrar y matar a estos felinos protegidos, cuyas partes del cuerpo son muy demandas para usarlas en la medicina tradicional china.

Fotografía de Emmanuel Rondeau
Por Dina Fine Maron
Publicado 20 ene 2022, 12:20 CET, Actualizado 20 ene 2022, 16:25 CET

Los cazadores aseguraron que el tigre ya estaba muerto cuando lo vieron: un montículo peludo y ocre sobre el fondo nevado de Primorie, una extensa región situada a ocho husos horarios de Moscú, en el Lejano Oriente ruso.

Los siete hombres se hicieron una foto con el enorme tigre de Amur, con los brazos colgando despreocupadamente alrededor de los hombros de los demás, con las correas de sus rifles de la época soviética colgando de forma torcida. El calor del cadáver ya había empezado a derretir la nieve.

Cuatro de los hombres sonríen mientras miran la foto. Pero cambiaron de idea cuando la investigadora de delitos contra la vida silvestre y exploradora de National Geographic, Allison Skidmore, se inclinó hacia ellos y les preguntó si podía fotografiar su preciada imagen del tigre. Le dijeron que matar tigres en el país es ilegal desde hace casi 75 años y que no querían que nadie pensara que habían cometido un delito.

Sin embargo, ¿cómo explicar el cadáver acribillado?

El tigre de Amur (o tigre siberiano)

"La caza furtiva fluctúa en función de la probabilidad de que la gente se encuentre con tigres en la naturaleza", dice Roman Kozhichev, un guardabosques que trabaja en el norte de Primorie. Pero lejos de ser accidentales, dice Skidmore, los encuentros suelen ser de cazadores que buscan cazar tigres furtivamente.

Los tigres de Amur, a veces llamados tigres siberianos, son los únicos que viven en climas septentrionales. Pueden pesar más de 270 kilos y medir 3 metros desde el morro hasta la punta de la cola, lo que probablemente los convierte en la mayor de las seis subespecies de tigre que sobreviven. (Algunos expertos dicen que los tigres de Bengala tienen más o menos el mismo tamaño). Comen hasta 27 kilos de carne en una sola noche.

Hace un siglo, la gente rara vez veía tigres de Amur salvajes: la caza había reducido su número estimado a unos 30 ejemplares. Los esfuerzos de conservación de las últimas décadas han aumentado su número a unos 600 tigres de Amur (o tigre siberiano), casi todos en Rusia, y al menos dos tercios de ellos viven en Primorie.

Pero Skidmore sigue preocupado. Últimamente, encontrar (y matar) a estos tigres se ha vuelto más fácil a medida que se acelera la deforestación ilegal y se reduce su hábitat. 

"Una red de carreteras en constante crecimiento aumenta drásticamente la oportunidad y la facilidad de la caza furtiva", señala en su trabajo. Ahora, alrededor del 52% de la taiga de Primorie, el bosque boreal que alberga a los tigres, es accesible a los cazadores, según los cálculos que publicó en junio de 2021 en la revista Crime Science.

Para investigar la situación de los tigres de Amur en Rusia, Skidmore realizó dos viajes a Primorie, en 2019 y 2020, en total cinco meses. Entrevistó a más de un centenar de cazadores y a 12 compradores de partes de tigre. Las conversaciones iban desde charlas de 30 minutos hasta "conversaciones informales de varios días" mantenidas mientras se pescaba en el hielo, se cazaba, se bebía o se revisaban álbumes de fotos, dice. A menudo, los cazadores furtivos le presentaron a otros cazadores furtivos o compradores de partes de tigre. 

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Un tigre al que se dispara de noche desde la carretera no suele morir al instante. Los cazadores furtivos pueden acabar siguiendo el rastro de sangre de un animal herido hasta lo más profundo del bosque. Este tigre de la región de Primorie probablemente fue abatido por afición (y no por sus partes) porque su cadáver está intacto.

Fotografía de Allison Skidmore

Más de un tercio de los hombres con los que habló Skidmore (todos eran hombres) admitieron estar implicados en el comercio ilegal de tigres. Describieron sus motivos para practicar la caza furtiva, sus métodos y cómo se introducen las partes de tigre en China. Los resultados se publicaron en su tesis doctoral en la Universidad de California, Santa Cruz (Estados Unidos) la pasada primavera, y posteriormente en artículos revisados por expertos. 

Los cazadores furtivos contaron a Skidmore que conducen por las carreteras de noche armados con pistolas y gafas de infrarrojos para detectar tigres. Disparan a los animales desde sus vehículos o venden a los cazadores furtivos las coordenadas GPS de los animales. También revelaron sus técnicas de contrabando, como sobornar a los funcionarios de aduanas en los pasos fronterizos, ocultar partes de cuerpos en los cargamentos de madera y triturar huesos de tigre y ocultar el polvo en bolsos de mujer.

(El comercio legal de vida salvaje es lo que debería preocuparnos para evitar la próxima pandemia)

Basándose en lo que Skidmore escuchó de la docena de compradores de tigres a los que entrevistó, en su disertación estima que entre 49 y 73 tigres de Amur son cazados furtivamente cada año en Primorie. "Esta cifra es entre tres y cuatro veces superior a la comunicada por el gobierno ruso" para todo el país, afirma.

Las cifras, sin publicar de manera oficial, las ha obtenido a partir de cinco años de registros de venta obtenidos de los compradores de tigres. "Los compradores saben de qué regiones proceden los tigres que compran", afirma, y añade que sus datos abarcan una gran parte del hábitat del tigre de Amur. La frecuencia de estas muertes es devastadora, afirma. "Incluso si se toma la estimación conservadora", dice, "eventualmente habría un colapso de la población". Los tigres de Amur, dice, tardan mucho en alcanzar la madurez sexual y en reponer su número perdido.

El recuento oficial de tigres muertos por cazadores furtivos en Rusia procede del Centro del Tigre de Amur, la organización sin ánimo de lucro rusa fundada a instancias del presidente Vladimir Putin y encargada de investigar y preservar los tigres del país. El centro afirma que entre 10 y 15 tigres fueron cazados furtivamente en toda Rusia en 2020, cifras calculadas en parte por el recuento de todos los delitos de tigres conocidos junto con los informes de los ciudadanos y las fuerzas del orden sobre envíos o actividades de caza sospechosas.

Sergei Aramilev, director general del Centro del Tigre de Amur, ha declarado a National Geographic que la investigación sobre el tigre publicada por Skidmore es "en gran parte ficción", basada en "errores en los hechos".  

Izquierda: Arriba:

En Primorie, la exploradora de National Geographic Allison Skidmore fotografió los restos de un tigre al que los cazadores furtivos habían despojado de sus partes. Utilizó su teléfono para tomar una instantánea de la pantalla de su cámara y la subió a la nube como medida de precaución en caso de que las autoridades rusas le confiscaran la cámara y el teléfono, cosa que hicieron más tarde.

Fotografía de Allison Skidmore
Derecha: Abajo:

Los huesos de tigre se utilizan a menudo para hacer vino o pasta medicinal en China. Los caninos a veces se convierten en joyas.

Fotografía de Emmanuel Rondeau

El biólogo Marshall Jones, asesor principal de conservación del Instituto Smithsonian en Estados Unidos, no está de acuerdo. Afirma que las conclusiones de Skidmore proporcionan la "mejor información reciente" sobre la caza furtiva de tigres y los métodos utilizados en Rusia. Si sus cifras de caza furtiva son exactas, sería "terrible" para los tigres, dice Jones, que anteriormente dirigió las subvenciones para la investigación y conservación del tigre en el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de EE.UU. y ayudó a asesorar en los esfuerzos mundiales para formar a los guardas de tigres y a los gestores del hábitat. "Después de la India, ésta es la siguiente población de tigres más grande".

La caza furtiva de tigres es difícil de estudiar, y los informes de los cazadores furtivos y de los propios compradores son particularmente raros, según Masha Vorontsova, directora de la rama rusa del Fondo Internacional para el Bienestar de los Animales desde 1994 hasta 2018. "Creo que es importante sacar a la luz la verdad y decir que esto está ocurriendo", dijo en una llamada telefónica desde Moscú, y añadió que admira la valentía de Skidmore (es arriesgado investigar la caza furtiva de tigres) y sus "fantásticos" resultados.

Recuento de los grandes felinos

La caza de tigres y la pérdida de hábitat son en gran medida responsables de la reducción mundial de tigres salvajes, que han pasado de unos 100 000 hace un siglo a unos 5000 en la actualidad. Aparte de los tigres de Amur, las otras cinco subespecies supervivientes se encuentran en bosques tropicales, manglares y sabanas.

El último censo oficial de tigres de Amur en Rusia, realizado en 2015, estimó la población en 532 (67 ejemplares más que una década antes). Hay unos 50 ejemplares en el extremo norte de China, cerca de la frontera rusa, y un pequeño número desconocido puede vagar por Corea del Norte o por otros países asiáticos sin ser detectado.

Calcular las poblaciones de tigres no es una ciencia exacta. Los métodos más fiables, como los estudios aéreos y el seguimiento mediante cámaras trampa, son demasiado caros. En su lugar, los equipos rusos, según el censo oficial de tigres de Rusia, cuentan sobre todo las huellas de los tigres en la nieve y comparan su tamaño, dando resultados localizados, posiblemente imprecisos o incompletos.

En 1947, la Unión Soviética se convirtió en la primera jurisdicción en tipificar como delito federal la caza de tigres. En 2013, Rusia tipificó como delito la posesión de partes de tigre y, en la actualidad, las áreas de hábitat de tigre que quedan, incluidos unos 57 000 kilómetros cuadrados en todo el país (41 000 kilómetros cuadrados en Primorie), están designadas como zonas naturales protegidas, según el Centro del Tigre de Amur.

Estas medidas han ayudado a los tigres de Amur a recuperarse, incluso cuando los tigres han desaparecido en otros lugares. Kazajstán, por ejemplo, donde los tigres del Caspio fueron vistos por última vez en 1948, espera ahora introducir tigres del Amur en 2025 para reemplazar a sus tigres perdidos.

Pero la recuperación de los tigres de Amur en Primorie es precaria. Los ciervos y jabalíes que comen los tigres son cada vez más difíciles de encontrar, ya que la deforestación destruye los bosques de pinos, y menos árboles significan menos piñones, un alimento básico para los animales de presa. Además, un brote mundial de peste porcina africana, que primero asoló a los miembros de la familia del cerdo en el África subsahariana y luego se extendió al sudeste asiático, Mongolia, Europa y otros lugares, ha acabado con al menos la mitad de los jabalíes de la región, según la división rusa de la organización ecologista WWF. Como consecuencia, los tigres hambrientos se adentran a veces en las comunidades y arrebatan el ganado y los perros de la gente.

Más raramente, los tigres matan a la gente. La mayoría de estos ataques, según el Centro del Tigre de Amur, se producen en Khabarovsk Krai, al norte de Primorye, en la región más septentrional del hábitat del tigre en Rusia. Allí se produjo un incidente mortal en agosto de 2021, cuando un hombre que trabajaba como leñador salió de su remolque y fue atacado. Su cuerpo fue arrastrado al bosque y parcialmente devorado. Antes, en enero de 2021, otro hombre en Khabarovsk Krai fue asesinado y devorado, dice el centro. Los guardabosques localizaron y abatieron a ambos tigres. 

Los guardas inspeccionan las huellas de tigre en una carretera de la Reserva Natural de Ussurisky, en Primorie.

Fotografía de Emmanuel Rondeau

"¡Las hormigas pueden esperar!"  

Horas después de que Allison Skidmore viera la foto del tigre muerto en la nieve, se sentó con los cazadores junto a un fuego crepitante en una de sus casas. Las lenguas se soltaron mientras las botellas de vodka se vaciaban, dice, y su historia empezó a cambiar. 

Uno de los hombres dijo que habían disparado al tigre ellos mismos, dividiendo los 4500 dólares que ganaron con la venta en siete partes.

Encontrar un comprador no fue difícil, dijo. En la vecina China, los huesos de tigre, los penes y otras partes del cuerpo están muy solicitados para la medicina tradicional. Otros miembros del grupo se sumaron, confirmando esta versión de los hechos, dice Skidmore. Los hombres "estaban muy a la defensiva, diciendo que no habían venido a la taiga a buscar tigres". Dice que le dijeron que "cualquiera dispararía a un tigre si lo viera. Se trataba simplemente de una oportunidad". 

Skidmore atribuye su habilidad en el manejo de un arma, junto con su entusiasmo por la pesca en el hielo en un clima de 28°C bajo cero, a su credibilidad a los ojos de los cazadores rusos. Cree que la veían a ella, una mujer estadounidense, como una novedad y estaban más dispuestos a hablar libremente de sus experiencias, incluso compartiendo nombres de otros cazadores y compradores.

Skidmore comenzó su carrera en biología de la conservación hace más de una década estudiando las termitas en Zimbabue. Una noche, acurrucada en una tienda de campaña con sus colegas, oyó disparos. Al día siguiente, guiados por los buitres que volaban en círculos, los investigadores se encontraron con tres elefantes muertos y sin colmillos. Skidmore dice que el incidente encendió su pasión por la lucha contra los delitos contra la vida salvaje. "Fue como, ¡Hola, hay problemas más importantes, las hormigas pueden esperar!", dice.

Se trasladó a Sudáfrica y se incorporó como guardabosques al Parque Nacional Kruger. Con el tiempo, su interés se centró en los tigres. Dice que quería aportar "las primeras pruebas empíricas sobre la caza furtiva de tigres en Rusia".

La mayoría de los cazadores furtivos de tigres que conoció dijeron que cazaban tigres porque necesitaban el dinero para sobrevivir. Con la disminución de la demanda internacional de productos de piel, la marta que habían cazado legalmente en el pasado (animales parecidos al hurón, valorados durante mucho tiempo por su pelaje sedoso) ya no pagaba las facturas, así que recurrieron a la caza furtiva de tigres. Un número menor dijo que mataban tigres que se cebaban con su ganado o sus perros, o que mataban a los tigres por diversión.

Entre comida, vodka y conversaciones con cazadores de Primorie, Allison Skidmore reunió información sobre la caza furtiva de tigres.

Fotografía de Allison Skidmore

Como describe Skidmore en un artículo académico de próxima aparición compartido con National Geographic, un hombre le dijo que había matado a 10 tigres. "Tengo dos hijos en el FSB, así que, ¿quién me va a parar?", dijo, refiriéndose a la poderosa y secreta agencia de seguridad rusa.

Skidmore también dice que algunos cazadores furtivos y compradores le dijeron que sus transacciones eran posibles sólo porque los funcionarios del gobierno aceptan sobornos. "La gente de arriba está sacando dinero de esto. Si no hablara con gente del gobierno, no podría ser un comprador", dijo un hombre.

A lo largo de la frontera rusa con China, cinco cruces, incluidos varios en Primorie, son las principales rutas de contrabando, según Skidmore. Los compradores le dijeron que algunos funcionarios de aduanas aceptan pequeños pagos, de 50 o 60 dólares (entre 44 y 62 euros), por cada envío de contrabando de tigres. 

"Mi opinión es que [las autoridades rusas] tienen al menos una idea anecdótica de lo que ocurre", dice Jones, del Instituto Smithsonian, "pero pueden estar en desacuerdo con Allison".

Durante la fluida conversación que Skidmore mantuvo con los cuatro de los cazadores de la fotografía del tigre, era más de medianoche cuando uno de ellos se llevó a su intérprete a un lado y le preguntó si le gustaría conocer a su comprador, que casualmente vivía cerca. Sí, por favor, dijo la intérprete, y el cazador hizo una rápida llamada telefónica.

El comprador resultó estar encantado de conducir hasta allí y hablar de su negocio, con la condición de que Skidmore no lo nombrara.  Las estrechas relaciones que mantiene con los funcionarios locales y la policía, dijo, permiten su trabajo ilegal.

Otro comprador de Primorie accedió a hablar con National Geographic por teléfono en junio de 2021, también bajo condición de anonimato. Parecía nervioso, diciendo repetidamente que el FSB podría estar escuchando nuestra conversación. En comunidades pequeñas como la suya, explicó, los cazadores furtivos saben que compra tigres además de productos legales, y saben cómo encontrarlo. Normalmente, dijo, los compradores venden tigres o sus partes a un intermediario que se encarga de llevarlos a China a través de la frontera.

Dice que fue detenido hace cinco años por vender partes de tigre, y que le confiscaron un cadáver que llevaba consigo. (Sospecha que un comprador de la competencia lo delató). En aquel momento, temía que le cayera un año de cárcel o una fuerte multa, pero dice que aún no tiene fecha de juicio. "Estuve preocupado durante los primeros 10 días", dijo. "Pero ya no me preocupa". (Masha Vorontsova, ex integrante del Fondo Internacional para el Bienestar de los Animales, afirma que los largos retrasos judiciales son habituales).

La política de conservación del tigre 

Las conclusiones de Skidmore llegan en un momento delicado. En el verano de 2022, Rusia acogerá el segundo Foro Internacional del Tigre, una cumbre mundial sobre su protección. Putin, un amante de los tigres, habló con pasión en el último foro de este tipo, celebrado en San Petersburgo en 2015, cuando respaldó los planes para acabar con la caza furtiva y se comprometió a ayudar a duplicar el número de tigres en sus 13 países de distribución.

La respuesta oficial de Rusia a las conclusiones de Skidmore ha sido fría. Aramilev, director general del Centro del Tigre de Amur, dijo que sus hallazgos eran incorrectos y que hay más tigres de Amur que viven en áreas protegidas en el Lejano Oriente ruso (20 por ciento) que la cifra más antigua, revisada por expertos, del 3 al 4 por ciento que citó en su trabajo publicado.  

En marzo de 2020, mientras Skidmore realizaba una investigación en Primorie con un visado de intercambio científico, su viaje se vio interrumpido. Se enteró por unos cazadores con los que se reunió de que los agentes del FSB que la seguían se habían presentado en sus casas haciendo preguntas sobre ella. "Sabía que los muros se estaban cerrando", dice.

Los funcionarios rusos finalmente se enfrentaron a ella en el aeropuerto de Vladivostok el 18 de marzo. Tenía previsto tomar un vuelo nacional a Khabarovsk, a unos 800 kilómetros de distancia, en el sureste de Rusia. "Estaba aterrorizada", dice. "No sabía si iba a acabar en la cárcel". Dice que le confiscaron el ordenador, el teléfono y otras pertenencias. "Se lo llevaron todo".

Pero no encontraron sus notas manuscritas de entrevistas con cazadores y compradores. Las había destruido cada noche después de subir la información y sus fotos a la nube, una medida de precaución porque temía que "en algún momento algo pudiera salir mal".

Los funcionarios retuvieron a Skidmore durante horas y luego la metieron en un vuelo comercial sin decirle adónde iba ni devolverle lo que se había llevado. Cuando el avión aterrizó en Tokio, corrió hasta un teléfono público y pidió a sus padres que le compraran un billete de vuelta a casa.

"Sabía que este trabajo no sería fácil", dice.

Poco después de volver a casa, se publicaron comentarios racistas y violentos sobre los chinos con su nombre en las redes sociales. Dice que sus cuentas fueron pirateadas y que cree que las publicaciones pretendían desacreditarla a ella y a su trabajo haciéndola aparecer como una "racista genocida".

Los cazadores le dijeron a Skidmore que las técnicas de contrabando incluyen sobornar a los funcionarios de aduanas en los cruces fronterizos con China, ocultar partes del cuerpo en los envíos de madera y moler huesos de tigre y ocultar el polvo en los bolsos de las mujeres. "Creo que es importante sacar a la luz la verdad y decir que esto está ocurriendo", afirma Masha Vorontsova, antigua directora de la rama rusa del Fondo Internacional para el Bienestar de los Animales.

Fotografía de Emmanuel Rondeau

"Un trabajo muy grande, difícil y peligroso" 

Pavel Fomenko, especialista en tigres de Amur del programa de Conservación de Especies Raras de la rama de Amur de WWF-Rusia, elogia a Skidmore por haber hecho un "trabajo muy grande, difícil y peligroso" y dice que su análisis del modus operandi de los implicados en la caza furtiva de tigres es sólido. Dice que ha compartido sus conclusiones, revisadas por expertos, con los funcionarios regionales rusos encargados de la gestión de la fauna salvaje, pero que no ha obtenido respuesta.

Para ayudar a combatir el tráfico de tigres, Skidmore sugiere aumentar el sueldo de los funcionarios de aduanas y rotar al personal para que sea menos probable que cualquier funcionario que haya aceptado un soborno esté trabajando el día en que el contrabandista que le pagó cruce a China.

Dice que un control más estricto de las importaciones de armas y gafas térmicas ayudaría y que una mejor regulación de los permisos generales de caza reduciría el número de cazadores con "oportunidades" ilegales en el hábitat del tigre.  

Skidmore también reclama líneas de denuncia anónimas que ofrezcan recompensas por información procesable sobre delitos relacionados con los tigres. Insta al gobierno ruso a que pague a los cazadores por la reforestación de los antiguos caminos de tala y aboga por el uso de cámaras trampa que proporcionen pruebas fechadas de la presencia de tigres. El Centro del Tigre de Amur afirma que ya existen líneas de información pública que ofrecen recompensas "si la información es creíble" y que el crecimiento natural de los árboles se produce rápidamente a lo largo de los caminos de tala en desuso.  

Aunque la pandemia de coronavirus ha frenado los viajes internacionales, no ha eliminado el comercio transfronterizo de tigres de Amur, según el comprador con el que habló National Geographic. Los cazadores furtivos le dijeron que habían matado recientemente "cinco o seis tigres", y que probablemente los venderían pronto.

Sin la venta de tigres, dijo el comprador, no podría mantener a su familia. A lo largo de los años, ha intentado otros trabajos y ahora está empleado como electricista, pero el salario es sólo de unos 300 dólares al mes. "Puedes encontrar un trabajo que pague poco (los hay), pero es difícil permitirse comer", dijo. El dinero de los tigres es demasiado difícil de rechazar.

La National Geographic Society, comprometida con la iluminación y la protección de las maravillas de nuestro mundo, financió el trabajo de la exploradora Allison Skidmore. Aprende más sobre el apoyo de la Sociedad a los exploradores que destacan y protegen especies críticas.

Wildlife Watch es un proyecto de investigación periodística entre National Geographic Society y National Geographic Partners que se centra en los delitos y la explotación de la vida salvaje. Lea más historias de Wildlife Watch aquí. 

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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