Planeta Hostil

Las 5 formas más extrañas de fecundación animal

Un gusano, por ejemplo, vive dentro de la hembra y eyacula a través de la parte superior de su cabeza.

Por Liz Langley

Los hombres pueden dar gracias por no ser como este pez lofiforme.

Ciertas especies de peces abisales, como los Neoceratias, muerden a la hembra, que normalmente tiene 10 veces su tamaño, para pronto comenzar a desintegrarse, derretirse y fusionarse dentro de ella hasta que solo quedan de él los testículos: una fuente de esperma que esta utilizará para fertilizar sus huevos.

Por ahora sabemos que se trata de un proceso peculiar, pero ¿cómo llega entonces el codiciado esperma hasta los huevos?

La acción tiene lugar fuera de sus cuerpos: los machos liberan esperma y las hembras los huevos, que son fertilizados en el agua, explica la escritora Marah J. Hardt, autora de “Sex in the Sea: Our Intimate Connection with Sex-Changing Fish, Romantic Lobsters, Kinky Squid, and Other Salty Erotica of the Deep” (“Sexo en el mar: nuestras conexiones más íntimas con peces que cambian de sexo, langostas románticas, calamares pervertidos, y otras saladas y eróticas historias de las profundidades”).

Sin embargo, no está claro cuál de los dos peces (la hembra o el macho parásito) controla la liberación de esperma. “Debido a la protuberancia que forma el final de la cola”, podría darse el caso de que él libere el esperma cuando ella libera su óvulo, explica Hardt.

Pero no hagamos de este pobre pez un estereotipo. Debes saber que no todos los machos son tan “dependientes”. En otras especies, como el pejesapo rayado, macho y hembra colaboran en la liberación de esperma y huevos en el agua.

En otras, como el pez abisal Melanocetus johnsonii, son los machos los que se pegan a las hembras, pero las sueltan una vez termina la fertilización.

Parece que hasta los peces abisales han oído la canción de Frozen (¡Suéltalo!).

Métodos alternativos

Pero los peces abisales parásitos no son los únicos que muestran un apareamiento “creativo”.

Es el caso de los calamares macho, que dan a la hembra espermatóforos (pequeños paquetitos llenos de esperma) pegándolos dentro de esta mediante un tentáculo “con el nombre técnico de hectocótilo”, o “un órgano terminal parecido a un pene gigante”, explica Hardt. Una vez lo pegan (sobre la capa que rodea su cabeza) el esperma se mete en la piel. La ruta que recorre después es todo un misterio, aunque Hardt dice que las hembras de ciertas especies tienen receptáculos de esperma desde los que podrían hacer pasar los huevos o cogerlos cuando los necesitasen.

Los “rascadores” de esperma de las libélulas también son una herramienta única en el proceso reproductivo, según Katy Prudic, entomóloga de la Universidad de Arizona. Las libélulas macho tienen dos grupos de genitales y mueven el esperma de sus testículos a su pene. Sin embargo, previamente al apareamiento, utilizan su pene para extraer el esperma de cualquier apareamiento anterior que haya podido tener la libélula hembra antes de introducir el suyo.

“Una tragedia griega”: así es como Prudic describe el destino del macho del ácaro Adactylidium, que técnicamente se convierte en padre cuando todavía se encuentra dentro del cuerpo de su madre. El ácaro madre puede incubar un total de nueve huevos dentro de su cuerpo y normalmente solo uno es macho. Este fraternal grupo vive en el cuerpo de su madre y se alimenta de ella. Cuando alcanzan la madurez, las hembras se aparean con su hermano. Después, abren un agujero en el cuerpo sin vida de su madre y salen, mientras que el macho muere (probablemente de agotamiento y/o vergüenza).

Por su parte, los gusanos Osedax viven en las profundidades oceánicas, donde se alimentan de huesos de ballena. Su desarrollo suele verse interrumpido, por ello los machos parecen “gusanos prepubescentes pero con genitales completamente desarrollados”, afirma Hardt. Viven en el interior de las hembras y “eyaculan a través de la parte superior de sus cabezas, liberando el esperma junto a la abertura de la que salen los huevos de la hembra”.

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