Moderna Therapeutics ha anunciado los resultados positivos de su vacuna contra la COVID-19, pero ¿es la favorita?

La empresa de biotecnología ha entrado en la segunda fase de ensayos clínicos. Te explicamos cómo funcionan las vacunas de ARN mensajero y qué significan dichos resultados.

Monday, June 1, 2020,
Por Nsikan Akpan
Superficie del virus SARS-CoV-2

La superficie del virus SARS-CoV-2 está cubierta de proteínas espiculares o proteínas S (en rojo). La vacuna de ARN mensajero (ARNm) de Moderna Therapeutics podría enseñar al cuerpo humano a reconocer esas proteínas y permitir que produzca un ejército de anticuerpos neutralizantes (en blanco) para detener el coronavirus antes de que pueda establecer una infección.

Fotografía de VISUAL SCIENCE (modelo en resolución atómica)

Una candidata prometedora a vacuna contra el coronavirus ha superado un obstáculo clave la semana pasada, cuando Moderna Therapeutics entró en la fase 2 de ensayos clínicos. Este avance señala que la vacuna de ARNm de la empresa ha pasado los controles de seguridad iniciales y ha dado un paso importante para acercar este medicamento al público y los mercados comerciales.

Tras casi cinco meses de muertes globales y desplomes económicos debido a la pandemia de COVID-19, la gente aguarda con ansias un rayo de esperanza para recuperar sus rutinas habituales. Esto explica en parte la reciente locura por los resultados de Moderna y su candidata principal, que pasó del laboratorio de la empresa en Cambridge, Massachusetts, a los ensayos en humanos en un tiempo récord de 63 días.

El 18 de mayo, la empresa biotecnológica había anunciado hallazgos preliminares de que los sujetos sanos habían respondido a su vacuna de ARNm produciendo «anticuerpos neutralizantes». Los anticuerpos son los centinelas que fabrica el sistema inmunitario para prevenir la infección del coronavirus. Los expertos enseguida aclararon que los resultados solo se aplicaban a ocho de los 45 participantes del ensayo, que se está llevando a cabo en el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos. La compañía no ha publicado información suficiente para evaluar si los sujetos de fase uno tuvieron respuestas inmunitarias protectoras, algo que según muchos inmunólogos implica algo más que solo producir anticuerpos.

Pero los detalles que sí presentó Moderna y su último comunicado sugieren que la empresa podría estar bien encaminada hacia la consecución de algo sin precedentes: patentar la primera vacuna de ARNm para uso en humanos.

El farmacéutico Michael Witte (izq.) administra a Rebecca Sirull una inyección en la primera fase de un ensayo clínico para una posible vacuna contra la COVID-19 el 16 de marzo de 2020. Sirull es la tercera paciente que recibió una inyección en el estudio, que se lleva a cabo en el Kaiser Permanente Washington Health Research Institute, en Seattle. Es uno de los tres centros que participan en el ensayo en fase 1.

Fotografía de Ted S. Warren, AP Photo

«Los resultados son emocionantes porque tienen datos de la fase uno que demuestran que la vacuna es segura, algo muy importante», dice Ali Salem, desarrollador de medicamentos y profesor de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Iowa que no participó en el ensayo de Moderna.

En el ensayo en fase 2 participarán unas 600 personas en 10 centros de ocho estados. Estos centros comenzaron la selección de sujetos esta semana y, si se clasifican según los exámenes físicos, algunos recibirán inmunizaciones a partir de este lunes. Tras la publicación de este artículo Moderna confirmó en un comunicado de prensa que los primeros participantes de cada grupo de edad del ensayo —adultos de más y menos de 55 años— habían recibido dosis de la candidata de la compañía.

«Nuestros investigadores principales podrían decir que estos estudios son los más importantes que han hecho en su vida», afirma Jaime Farra, director de marketing en Alliance for Multispecialty Research, que dirige uno de los centros en Newton, Kansas.

Cómo surgieron las vacunas de ARNm

Cuando un germen infecta un cuerpo, nuestros sistemas inmunitarios se apresuran a reconocer y preparar una respuesta. Las vacunas tradicionales aprovechan esta respuesta inyectando virus enteros pero inactivos o sus proteínas enteras en nuestros cuerpos, lo que provoca una reacción inmunitaria. Lleva su tiempo desarrollar este tipo de vacunas, en parte porque los científicos deben cultivar y desactivar un germen entero o sus proteínas de forma específica.

El ARN mensajero (ARNm) es el material genético compuesto de ácido ribonucleico —lo mismo que forma nuestro ADN— que recorre nuestras células y da instrucciones finales sobre qué proteínas debe construir para formar la arquitectura celular del cuerpo. A principios de los noventa, los científicos se preguntaron qué pasaría si fabricaran fragmentos del ADN viral y el ARNm y después los inyectaban en células humanas o animales de laboratorio. Esperaban que las células absorbieran los retales genéticos, elaboraran proteínas virales y desencadenaran una respuesta inmunitaria.

En teoría, este método permitiría a fabricar vacunas más rápidamente; en lugar de semanas, una candidata podría estar lista para un ensayo en cuestión de horas o días. Estas candidatas a vacunas también serían más flexibles y duraderas contra los gérmenes que tienden a evolucionar mediante mutaciones, como los coronavirus, la gripe y el VIH. Margaret Liu, presidenta de la junta de la Sociedad Internacional de Vacunas, señala que esto supondría un gran avance hacia una vacuna universal que fuera eficaz contra varias cepas de un virus.

Hace 30 años, Liu figuró entre la primera ola de investigadores de laboratorio que intentaron utilizar vacunas de ADN y ARNm; sus resultados preliminares con una vacuna de ADN universal contra la gripe fueron las primeras que mostraron protección y resultaron prometedoras, al menos en ratones. En general, los primeros días de las vacunas de ADN y ARNm mostraron un éxito reiterado en modelos animales —algo denominado etapa «preclínica» en el desarrollo de medicamentos—, pero no pudieron generar respuestas inmunitarias potentes en humanos.

«Se pensaba que quizá fuera porque los humanos somos más grandes», cuenta Liu. Sin embargo, esa hipótesis perdió apoyo cuando se desarrollaron con éxito vacunas de ADN para caballos, peces y cóndores californianos.

Por su parte, las vacunas de ARNm han tenido dificultades de estabilidad. Una vez dentro del cuerpo, el ARNm de una vacuna se degrada más rápido que el ADN, lo que también limita la potencia inmunitaria. Asimismo, el ARNm puede exacerbar las células inmunitarias y provocar reacciones adversas. Durante años, estos problemas marginaron las vacunas de ARNm y relegaron las vacunas de ADN a la medicina veterinaria.

Los giros del progreso

La narrativa cambió en 2005, cuando un equipo de científicos de la Universidad de Pensilvania introdujo ligeras modificaciones químicas en las vacunas de ARNm. Estos cambios añadían durabilidad y hacían que las vacunas fueran más seguras al provocar menos respuestas inmunitarias adversas.

«Mucha gente empezó a considerar el ARNm una estrategia terapéutica para diversas enfermedades», explica Salem. Una de estas ramificaciones se convertiría en «ModeRNA Therapeutics», ahora conocida como Moderna, una empresa creada en 2010 cuando el investigador de Harvard Derrick Rossi empleó ARNm modificado para reprogramar células madre con la intención de tratar enfermedades cardiovasculares.

Con los años, la compañía también acabó dependiendo de una herramienta popular para la administración de fármacos: las nanopartículas lipídicas. Al envasar material genético en el interior de una cápsula resbaladiza fabricada con lípidos, estas partículas podían introducir más fácilmente el ARNm en las células, donde puede empezar a trabajar. Con una tecnología ARNm más segura y una mejor administración del fármaco, la empresa fue capaz de expandir su cartera y buscar remedios para el cáncer y una amplia gama de enfermedades infecciosas, como la gripe. Pero el punto de inflexión llegó con el virus de Zika transmitido por los mosquitos.

Decenas de protuberancias forman una corona (en rojo) y sobresalen de la superficie del coronavirus y permiten la infección de una célula humana.

Fotografía de VISUAL SCIENCE (modelo en resolución atómica)

Cuando una vacuna convence al cuerpo para que fabrique anticuerpos neutralizantes (en blanco), estos centinelas rechazan el virus fijándose a sus proteínas S. Para elaborar una vacuna hay que comprender la estructura genética y molecular del virus. Puedes ver un vídeo de los componentes del virus aquí.

Fotografía de VISUAL SCIENCE (modelo en resolución atómica)

Cuando el zika apareció en 2015, los laboratorios se apresuraron a descubrir una vacuna apta. Justin Richner, que ahora es profesor adjunto en la Universidad de Illinois en Chicago, participó en una iniciativa de varias universidades para investigar candidatas a vacunas de ARNm fabricadas por Moderna Therapeutics. Richner afirma que el equipo perfeccionó los códigos de ARNm, lo que llevó una de las vacunas contra el zika de Moderna a ensayos en humanos en 2016, donde se estancó.

La seguridad ante todo

Moderna Therapeutics no respondió a las varias peticiones de entrevista de National Geographic. Pero de las actualizaciones corporativas de la compañía, que no se revisan por pares, pueden sacarse pistas de su progreso con la vacuna para la COVID-19. Por ejemplo, el comunicado de Moderna del 18 de mayo no ofrecía cifras concretas sobre cuántos anticuerpos había en humanos ni en ratones tras la inmunización. Sin embargo, sí reveló que la primera fase del ensayo ha logrado su meta principal: determinar la dosis más segura del medicamento.

«Cuando haces un ensayo clínico en humanos por primera vez, la información más importante que hay que extraer es si la vacuna es segura», afirma Maria Elena Bottazzi, decana adjunta de la Facultad Nacional de Medicina Tropical del Baylor College of Medicine que no participó en el ensayo de Moderna.

Una célula humana (en marrón verdoso) infectada de partículas del virus SARS-CoV-2 (rosa) aislado de un paciente humano. Esta imagen se capturó y se le aumentó el color en la Integrated Research Facility de los NIAID en Fort Detrick, Maryland. Una vacuna impediría que el virus se multiplicara y se apoderara de las células del huésped.

Fotografía de Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, NIH (micrografía de un microscopio electrónico de barrido en color)

Añade que una señal de éxito mejor para Moderna sería algo que no han abordado los comunicados de la empresa: los linfocitos T. Los anticuerpos son solo una rama de la respuesta inmunitaria. Los linfocitos T son la otra. Ambos pueden crear una protección duradera por sí solos, pero los linfocitos T contribuyen a la aparición de los anticuerpos. Esto importa porque las vacunas de ADN y ARNm van mejor encaminadas hacia la activación de los linfocitos T, señala Bottazzi, pero evaluar dicha respuesta es complejo y normalmente se reserva para fases posteriores de los ensayos en humanos.

Con todo, Moderna aún tiene un largo camino por delante. Se calcula que supervisarán a los sujetos de la fase 2 durante al menos 15 meses, aunque si las primeras señales son buenas, la candidata a vacuna progresaría hasta sus etapas finales este mismo año.

Independientemente de si Moderna lo consigue, el mundo necesitará varias versiones para superar la pandemia. En todo el mundo se están llevando a cabo más de cien ensayos con candidatas a vacunas contra la COVID-19 y, por ahora, varias empresas han informado de resultados prometedores revisados por pares. En última instancia, Bottazzi cree que apostar por más de una es ventajoso, ya que si una candidata a vacuna fracasa, quedarán las otras en las que depositar nuestra esperanza.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.
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