¿Vivían los tiranosaurios en grupos? Los expertos debaten nuevas pistas fósiles

Un nuevo yacimiento revela un grupo de tiranosaurios que murieron juntos, una nueva prueba de que estos depredadores presentaban algunos comportamientos sociales.

Publicado 27 abr 2021 11:42 CEST
Grupo de tiranosaurios ahogados y cocodriliano carroñero

Una interpretación artística de un grupo de tiranosaurios ahogados y un cocodriliano alimentándose de los cuerpos tras ellos.

Fotografía de Victor Leshyk

En julio de 2014, un equipo de investigadores que buscaba fósiles de tortugas en terrenos públicos del sur de Utah halló pistas de un «asesino monstruoso»: el hueso del tobillo de un tiranosaurio llamado Teratophoneus. En cuestión de horas, habían despejado la arena y descubierto los restos mezclados de varios Teratophoneus, que parecían haber muerto en el mismo lugar y al mismo tiempo.

Los científicos revelaron el yacimiento al mundo en un estudio publicado el martes pasado en la revista científica PeerJ, donde sugieren que los dinosaurios formaban grupos sociales. «El comportamiento de los dinosaurios, la ecología de los dinosaurios, probablemente resulte algo más compleja de lo que pensábamos», afirma Alan Titus, autor principal del estudio y paleontólogo de la Oficina de Administración de Tierras de Estados Unidos que trabaja en el monumento nacional Grand Staircase-Escalante, donde se encuentra el yacimiento.

Se descubrió un grupo de fósiles de tiranosaurio enterrado en la «cantera de arcoíris y unicornios» del monumento nacional de Grand Staircase-Escalante. Se halló un cráneo de la misma especie de tiranosaurio (en la imagen) a unos tres kilómetros al norte del yacimiento donde encontraron al grupo.

Fotografía de Alan Titus, BLM

Titus cree que el yacimiento podría ser una prueba de que los tiranosaurios colaboraban como cazadores cooperativos en manadas. «Ahora parece que estos depredadores terrestres gigantes se comportaban en grupo, siendo mucho más similares a una manada de lobos o leones, [lo que] resulta sombroso», afirma.

Pero como señalan tanto él como otros expertos, la verdadera caza en manada es rara en depredadores vivos. Y los comportamientos sociales entre depredadores oscilan desde tolerar a otro individuo hasta atacar en manada de forma coordinada.

Los nuevos fósiles no son el primer ejemplo de tiranosaurios descubiertos en el mismo lugar, pero una reconstrucción meticulosa de la historia geológica de la zona proporciona evidencias sólidas de que fallecieron en grupo. La cuestión más esquiva es qué hacían juntos.

La cantera de arcoíris y unicornios

El yacimiento de 75 millones de años —llamado cantera de arcoíris y unicornios por el colega de Titus debido a sus increíbles especímenes— es el primero de este tipo en el sur de Estados Unidos. Sin embargo, dista de ser el único que sugiere que los tiranosaurios se congregaban en grupos. Un yacimiento de Alberta, Canadá, contiene los cuerpos de 12 a 14 Albertosaurus que aparentemente se concentraron durante una inundación. En Montana, una superficie equivalente a casi la mitad de una pista de tenis contiene los restos de al menos tres Daspletosaurus. Incluso el yacimiento de Dakota del Sur donde se encontró el fósil de Sue, un T. rex famoso, contenía restos de otros ejemplares de T. rex.

Las huellas fósiles también ayudan. En 2014, un equipo de científicos anunció que unas rocas en Columbia Británica preservaban huellas de tres tiranosaurios que caminaban en la misma dirección con poco tiempo de diferencia, si no al mismo tiempo. Los investigadores alegaban que el yacimiento podría sugerir un comportamiento social e incluso proponía un nombre colectivo para un grupo de tiranosaurios: un «terror».

El nuevo estudio acerca del grupo de Teratophoneus examinó minuciosamente los sedimentos alrededor de los huesos. El equipo sospechaba que los tiranosaurios habían muerto a la vez durante una inundación. Después, sus cadáveres fueron arrastrados hasta un lago a baja altitud y quedaron sepultados bajo un lodo fino que se introdujo en los recovecos expuestos de los huesos.

Más adelante, el lago se secó y, después, un río cercano cambió de curso y fluyó sobre el lugar donde habían quedado enterrados los tiranosaurios. La corriente de agua removió y desarticuló los esqueletos, volviendo a enterrar los huesos revueltos en la arena donde los encontró el equipo de Titus.

Los sedimentos de yacimiento también contienen restos de carbón vegetal, lo que sugiere que se produjo un incendio forestal en torno al momento en que los restos de los dinosaurios quedaron reenterrados.

Tiranosaurios que socializaban

Ante las numerosas evidencias de convivencia ocasional entre tiranosaurios, los investigadores han empezado a observar a los parientes de los dinosaurios para elaborar hipótesis sobre qué podrían haber hecho juntos.

Thomas Carr, paleontólogo del Carthage College de Kenosha, Wisconsin, que no participó en el nuevo estudio, afirma que hallar más indicios de dinosaurios sociales no debería ser necesariamente una sorpresa. Los dinosaurios extintos pertenecen a un grupo más grande llamado arcosaurios, que incluye animales sociales modernos como las aves, los caimanes y los cocodrilos.

Imagen aérea de paisaje de Utah en el monumento nacional de Grand Staircase-Escalante, cerca de donde se descubrieron los huesos de tiranosaurio.

Fotografía de Alan Titus, BLM

Los arcosaurios vivos presentan muchas formas de comportamiento social. A veces, los caimanes y los cocodrilos persiguen la misma presa sin atacarse mutuamente o dirigen los peces hacia la boca del otro. En ocasiones, las águilas reales cazan en pareja. Con todo, estos comportamientos son muy raros o no presentan las rígidas estructuras sociales que tienen las manadas de lobos modernas.

Escasean los ejemplos de verdadera caza cooperativa en el grupo de los arcosaurios. Quizá el mejor ejemplo sea el busardo mixto, un ave rapaz que vive en el suroeste de EE.UU. En parte de su área de distribución, grupos de tres a siete halcones anidan y cazan juntos. Pero en algunos hábitats, los busardos solo anidan en parejas.

Aunque fuera verdad que los dinosaurios extintos cazaban en grupo, puede que los cazadores modernos no sean la analogía perfecta. En un estudio de 2020, un equipo dirigido por el paleontólogo Joseph Frederickson analizó al Deinonychus, pariente del Velociraptor, del que se había especulado que era un cazador en manada similar al lobo. En los lobos vivos, los cachorros se alimentan de las presas de los adultos, así que para comprobar si el Deinonychus hacía lo mismo, Frederickson midió los rastros químicos de los dientes de Deinonychus grandes y pequeños hallados en los mismos lugares.

Los conjuntos de dientes presentaban una composición química diferente, lo que quiere decir que los jóvenes y los adultos no comían lo mismo y echa por tierra la idea de que el Deinonychus era un auténtico cazador en manada.

Entonces, ¿qué hacían juntos los Teratophoneus? «Por mucho que me guste probar estas cosas —por mucho que me guste el concepto—, no estoy seguro de que vayamos a saber nunca la respuesta a esta pregunta», dice Frederickson, director del Museo Weis de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Wisconsin. «El comportamiento de los dinosaurios podría ser un misterio perpetuo para nosotros».

Cerebros de dinosaurio

Otra forma de conocer el comportamiento de los tiranosaurios es analizar lo que sabemos sobre sus cerebros. Carr señala que, comparados con sus parientes más próximos, los tiranosaurios tenían cerebros bastante sofisticados con regiones ampliadas vinculadas al equilibrio y el olfato. Sin embargo, el cerebro de los tiranosaurios, en relación con el tamaño del cuerpo, era más pequeño que el de las aves modernas y más parecido al de los caimanes y cocodrilos actuales.

Los caimanes y los cocodrilos pueden ser sociales y a menudo viven en densidades elevadas, pero rara vez cazan en manada. Si cazan de forma coordinada, como han argumentado algunos investigadores, parece que apenas se ha observado.

Los fósiles de tiranosaurios de la cantera de arcoíris y unicornios están cubiertos de capas de yeso y lona para ser transportados al laboratorio de paleontología del distrito del río Paria en Kanab, Utah.

Fotografía de Alan Titus, BLM

Dicho esto, Amy Balanoff, bióloga evolutiva de la Universidad Johns Hopkins que estudia la evolución de los cerebros de las aves, señala que no es fácil reconstruir el cerebro de un animal ni mucho menos determinar el tipo de comportamientos que permitía. «Se reduce al hecho de que los cerebros son muy complicados... se trata del tamaño del cerebro, de sus conexiones, del tamaño de las conexiones», explica.

Balanoff añade que saber tanto como sea posible acerca del comportamiento de los tiranosaurios —como si incubaban sus huevos, por ejemplo— ayudaría a llenar los vacíos.

Quizá la cantera de arcoíris y unicornios de Utah nos dé una idea más clara. Titus y sus colegas realizarán más estudios sobre el yacimiento de los Teratophoneus y quizá incluyan el mismo tipo de análisis químicos que realizó Frederickson en los dientes de Deinonychus.

También planean seguir excavando, no solo en busca de dinosaurios, sino también de otros fósiles. En el pasado, el yacimiento fue un lago de agua dulce y un canal fluvial, y contiene los huesos de tortugas gigantes de agua dulce y los del antiguo cocodrilo Deinosuchus.

Titus ha hablado con mucho entusiasmo del yacimiento, de ahí que su colega dijera en broma que parecía demasiado bueno para ser verdad, es decir, que contenía «arcoíris y unicornios». Ahora «creo que el nombre no le hace justicia», bromea.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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