Qué nos enseña el terremoto más intenso de Alaska en más de 50 años

El terremoto de magnitud 8,2 apenas causó daños y ofrece a los científicos la oportunidad de asomarse a las entrañas del planeta.

Publicado 30 jul 2021 13:56 CEST
Alaska

El miércoles, un fuerte terremoto de magnitud 8,2 sacudió una parte remota de Alaska, provocando una alerta de tsunami que hizo que los residentes de la costa se dirigieran a zonas más altas, como vemos aquí en la ciudad de Homer.

Fotografía de Sarah Knapp, Homer News via AP

Un lamento oscilante interrumpió la soleada noche de verano en la casa de Kasey Aderhold en Homer, Alaska. La misma sirena había sonado horas antes para probar del sistema de alerta de tsunami, pero esta vez el peligro era real.

A unos 611 kilómetros al oeste, en la costa de la península de Alaska, un terremoto de magnitud 8,2 acababa de sacudir esta parte del planeta, el mayor seísmo que ha vivido Estados Unidos en más de 50 años. El fenómeno, ocurrido poco después de las 10 de la noche del 28 de julio en hora local, sacudió las costas cercanas y causó deslizamientos de tierra que se precipitaron por las escarpadas montañas costeras.

Por suerte, el terremoto apenas causó daños. Se produjo lejos de centros de población densos y solo hizo que se agitaran los mares. Pero en cualquier otra parte, un fenómeno tan fuerte habría sido devastador. Un terremoto de magnitud 8,2 en la escala de richter es casi tan fuerte como el mayor terremoto considerado posible a lo largo de la falla de San Andrés. 

«El "grande” del que hablamos en el sur de California, es así», afirma Wendy Bohon, geóloga de terremotos de las Instituciones de Investigación Incorporadas para Sismología (IRIS, por sus siglas en inglés), un conjunto de universidades de investigación que recaba, organiza y distribuye datos sísmicos en EE. UU. 

Este temblor intenso se había reducido a un suave balanceo para cuando llegó a Aderhold, sismóloga de terremotos también de IRIS. Levantó la vista y observó que su lámpara de cristal colgante —un vestigio de los antiguos dueños de la casa— oscilaba lentamente de un lado a otro «como un péndulo», dice.

Ahora, el seísmo sirve para recordarnos la agitación de la superficie de nuestro planeta y presenta una oportunidad emocionante para observar los mecanismos internos de nuestro planeta. El fenómeno fue tan intenso que sus ondas sísmicas encendieron detectores de todo el mundo e incluso perturbaron los niveles de agua subterránea del condado de Washington, en Maryland (Estados Unidos), en la Costa Este del continente y a más de 7000 kilómetros de distancia. 

Como las ondas se desplazan de forma diferente a través de rocas a temperaturas y composiciones diferentes, los científicos pueden utilizar estos temblores sísmicos como rayos X planetarios para cartografiar las entrañas de la Tierra. Asimismo, comparar este seísmo con fenómenos pasados puede ayudar a los científicos a entender mejor el potencial de la región para producir temblores futuros.

«Cada terremoto que registramos nos enseñará algo nuevo», afirma Aderhold. «Es emocionante ver esos datos».

Una historia temblorosa

El potente terremoto se produjo en la costa sur de Perryville, en la península de Alaska. Aquí, la tierra sobresale de Norteamérica en una punta curva y delgada que se estrecha en una serie de islas, como cuentas caídas de un hilo. Esta extensión de tierra y el reciente terremoto que la ha sacudido tienen el mismo origen: una batalla subterránea entre placas tectónicas.

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La placa del Pacífico está hundiéndose lentamente bajo de la placa norteamericana, desplazándose hacia el norte unos seis centímetros cada año en la zona donde se produjo el nuevo terremoto. Este proceso, conocido como subducción, puede levantar montañas y es responsable de los volcanes que construyeron las islas Aleutianas. Pero estas dos placas tectónicas no se deslizan suavemente la una junto a la otra y cada desplazamiento acumula tensiones a lo largo de la falla hasta que alcanza un límite y la tierra se desplaza de repente, causando un terremoto que hace temblar el suelo.

Se produjo un fenómeno de este tipo durante el temblor de la noche del 28 de julio, que los científicos creen que se fracturó justo en la unión subterránea entre las placas del Pacífico y de Norteamérica.

Esta batalla tectónica significa que los terremotos de Alaska no son una gran sorpresa. De media, un seísmo retumba en los detectores del Alaskan Earthquake Center cada 15 minutos, lo que se traduce en decenas de miles de temblores cada año.

La última vez que se produjo un terremoto más intenso en Estados Unidos fue también en Alaska, cuando se produjo un seísmo de magnitud 8,7 cerca de la isla de las Ratas, en las Aleutianas, en 1965. Esto ocurrió un año después de que un fuerte seísmo de magnitud 9,2 sacudiera la región, el segundo mayor terremoto registrado en el mundo.

Curiosidades sísmicas

Este último fenómeno resulta particularmente intrigante para los científicos porque se produjo a solo decenas de kilómetros al este de dos grandes seísmos que sacudieron la región en 2020: uno de magnitud 7,8 el 22 de julio y otro de magnitud 7,6 el 19 de octubre.

Aunque las diferencias numéricas parezcan pequeñas, se traducen en enormes cantidades de energía. Bohon lo explica con pasta: si un espagueti es la energía liberada por un terremoto de magnitud 5, entonces 900 espaguetis representarían una magnitud 7, y 25 000, una magnitud 8.

Es probable que la posición de estos tres grandes fenómenos no sea una coincidencia: aunque un terremoto libere tensiones en una zona, puede acumularlas en zonas cercanas, aumentando el potencial de futuros terremotos.

«Cada terremoto aumenta la probabilidad de que se produzcan otros», afirma Bohon. El último terremoto se produjo a menos de 40 kilómetros de otro de magnitud 8,2 que sacudió la región en noviembre de 1938. Los científicos aún están analizando el suceso, pero es posible que la zona donde se abrieron paso estos dos seísmos en el subsuelo se superponga.

Ambos seísmos son adyacentes a una zona curiosa conocida como brecha de Shumagin. Esta denominada brecha sísmica es un área a lo largo de la zona de subducción que no ha tenido un gran terremoto en un periodo relativamente largo; la brecha de Shumagin ha permanecido tranquila en gran medida durante el último siglo. El temblor de julio de 2020 rompió parte de la brecha, lo que sorprendió a algunos científicos, ya que pensaban que las placas de esta región se deslizaban lentamente la una junto a la otra y no acumulaban suficiente tensión para causar un gran terremoto.

Este último seísmo no parece haber llegado a la zona tranquila, pero podría proporcionar más pistas sobre las fuerzas subterráneas involucradas. Quedan muchas incógnitas sobre la brecha de Shumagin y los motivos podrían diferir de otros tramos de la costa de Alaska.

«¿Tiene algo que ver con cómo se acumulan el estrés y la presión? ¿Tiene algo que ver con las propiedades de las rocas en la brecha de Shumagin?», se pregunta Bohon.

«Conforme tengamos más y más terremotos, podremos averiguar cómo se comporta la placa a lo largo del tiempo», añade.

Temblores grandes, ondas pequeñas

La liberación de grandes sacudidas tectónicas podría desatar otra fuerza devastadora: tsunamis. Mientras la placa del Pacífico se abre paso bajo la costa de Alaska, la placa norteamericana suprayacente se frunce. Pero cuando una falla desencadena un terremoto, la tierra se desplaza de repente y la placa superior retrocede, empujando las aguas marinas cercanas, como el mecanismo de las piscinas de olas.

Justo después del terremoto del 28 de julio, los sistemas de alerta enviaron avisos de tsunami a lugares tan lejanos como las islas hawaianas y empezaron a chocar más olas de lo normal en las costas cercanas, pero no se materializó en una muralla de agua.

Esto se debe a la profundidad de este último terremoto, que empieza a al menos 32 kilómetros bajo tierra. Los mayores movimientos a lo largo de una placa ocurren en la zona subterránea donde comienza, conocida como hipocentro. Así que, si un terremoto comienza cerca de la superficie, esto se traduce en mucho movimiento en el océano. Pero si el terremoto es profundo, como el de magnitud 8,2, ese movimiento se disipa para cuando el temblor alcanza las partes menos profundas de la placa.

Por ahora, el riesgo de tsunami ha pasado y, aunque las réplicas seguirán sacudiendo la región, es probable que sean pequeñas. Las probabilidades de que ocurra un seísmo de magnitud 7 o más en esta parte de Alaska en la próxima semana son inferiores al 4 por ciento, según el Servicio Geológico estadounidense.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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