Un depredador luchando por sobrevivir a la peor extinción de la Tierra

La extinción del Pérmico acabó con el 70% de las especies terrestres conocidas. Las que sobrevivieron tuvieron que ser creativas. Otras lucharon por su último aliento.

Por Riley Black
Publicado 7 jun 2023, 14:49 CEST
Ilustración de un 'Gorgonopsian inostrancevia', un depredador que vivió en la Sudáfrica prehistórica.

Un depredador que vivió en la Sudáfrica prehistórica, Gorgonopsian inostrancevia, ahuyentando a una especie más pequeña. El rápido recambio de depredadores a finales del Pérmico revela detalles de una extinción masiva prolongada.

Fotografía de Illustration by Matt Celeskey

El fósil no debería haber estado allí. Los huesos originales de un depredador dientes de sable del tamaño de un oso negro, Inostrancevia, se encontraron en el norte de Rusia, encajonados en rocas de más de 253 millones de años de antigüedad. Sin embargo, los paleontólogos han descubierto recientemente los restos de este temible animal en antiguas rocas de Sudáfrica, a miles de kilómetros de distancia.

La historia de cómo el cazador de largos colmillos llegó a un lugar tan distante no es una historia de éxito carnívoro, sino que pone de relieve el último suspiro de un animal que huía del caos de la peor extinción masiva de la historia de la Tierra. Provocada por las incesantes erupciones de las Trampas Siberianas, volcanes de la Rusia prehistórica, la extinción de finales del Pérmico acabó con el 70% de las especies animales terrestres.

Al parecer, Inostrancevia emigró miles de kilómetros a través del supercontinente Pangea, en dirección sur, en busca de terrenos de caza más favorables. Descritos recientemente en la revista Current Biology, los fósiles del desierto de Karoo, en Sudáfrica, se reconocieron inmediatamente como una especie hermana de la Inostrancevia rusa. "Su identificación fue bastante sencilla", afirma Pia Viglietti, paleontóloga del Museo Field (Estados Unidos) y coautora del estudio, señalando que el gran tamaño, las proporciones relativamente esbeltas y los cuatro dientes incisivos superiores identifican al animal.

Bautizado como Inostrancevia africana, el carnívoro era un protomamífero, es decir, un animal más emparentado con los mamíferos que con los reptiles, a pesar de poseer algunos atributos propios de éstos. Observando las capas rocosas donde fue hallado, los investigadores detectaron una sucesión de depredadores diferentes en un lapso de tiempo relativamente corto. Hace entre 259 y 253 millones de años, un depredador similar llamado Rubidgea cazaba en la región. Después, los Rubidgea desaparecieron abruptamente y fueron sustituidos por Inostrancevia africana, que se extinguió hace unos 252 millones de años, para ser reemplazada por otros protomamíferos depredadores y parientes primitivos de los cocodrilos.

"Se trata de un hallazgo increíble", afirma la paleontóloga de la Universidad Loyola de Estados Unidos Megan Whitney, que no participó en la nueva investigación. "Durante mucho tiempo se ha considerado que el Inostrancevia era endémica de las rocas rusas, por lo que encontrar este animal en la cuenca del Karoo, en Sudáfrica, sugiere una distribución geográfica sorprendentemente amplia", afirma. El hallazgo de una nueva y enorme especie de protomamífero en una zona tan bien muestreada también sugiere que aún quedan importantes descubrimientos por hacer en la región.

Por increíble que parezca que el Inostrancevia africana viviera en la Sudáfrica prehistórica, el animal no se quedó mucho tiempo. La aparición repentina de carnívoros para luego extinguirse es un signo de la prolongada extinción masiva. "La extinción terrestre de finales del Pérmico fue en realidad más prolongada de lo que se pensaba", afirma Jennifer Botha, coautora del nuevo estudio y paleontóloga de la Universidad de Witwatersrand, en Sudáfrica. La vida luchó contra las condiciones cambiantes durante un millón de años.

"Lo que estaba causando la rápida rotación de depredadores era una crisis de calentamiento global", dice Viglietti. La erupción de las Trampas Siberianas arrojó lava suficiente para sepultar un trozo de tierra del tamaño de Castilla La Mancha y Extremadura bajo 60 metros de roca fundida. Pero lo más devastador para la vida fue la liberación a la atmósfera de una fantástica cantidad de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero, que distorsionaron el clima de la Tierra y provocaron un descenso de la cantidad relativa de oxígeno en el aire.

En un planeta que se calentaba rápidamente y en el que los cambios de temperatura, precipitaciones y aridez provocaron el colapso de los ecosistemas, los organismos tuvieron que adaptarse o desplazarse para evitar la extinción. "Las condiciones ambientales cambiaron de ecosistemas estacionalmente húmedos a entornos cada vez más calurosos y lo que parecen ser oscilaciones impredecibles entre sequías extremas e inundaciones", explica Botha. Los entornos cambiaron tan rápida y drásticamente que a muchas especies se les puso la alfombra ecológica debajo de los pies.

"En el momento en que el Inostrancevia tomó el relevo en Sudáfrica como principal depredador, todavía había grandes herbívoros como fuente de alimento", explica Viglietti. "La extinción de los primeros gorgonopsios supuso una oportunidad, pero con el tiempo los cambios en la vegetación provocaron la extinción de las presas herbívoras, lo que supuso también el fin de la Inostrancevia".

El descubrimiento altera lo que los expertos pensaban sobre la peor catástrofe ecológica de la Tierra. En el pasado, señala Whitney, los paleontólogos pensaban que los protomamíferos sufrieron pérdidas dramáticas y que los reptiles se limitaron a llenar el vacío en el período Triásico que siguió. El hallazgo de múltiples carnívoros que intentaron hacerse con un hueco antes de extinguirse indica que "había dinámicas más complicadas en juego", afirma.

A los grandes carnívoros no les fue bien durante el caos climático. A la mayor parte de la vida tampoco. "Aunque los pocos millones de años en los que se produjo este cambio faunístico nos parecen una locura de tiempo, se trata de un abrir y cerrar de ojos en el tiempo geológico", afirma Whitney. Pero algunos organismos lograron sobrevivir a las duras condiciones hasta llegar al Triásico, cuando surgieron nuevos ecosistemas como colecciones de "especies supervivientes".

"Los supervivientes del Triásico Temprano fueron capaces de sobrevivir a unas condiciones ambientales en constante cambio", afirma Botha. "Los rápidos y los muertos, por así decirlo".

El superviviente más emblemático del Pérmico es el Lystrosaurus. El animal era un protomamífero muy diferente de Inostrancevia, y quizá incluso fue presa del dientes de sable. El Lystrosaurus era un herbívoro achaparrado y picudo que parecía un cerdo con cara de tortuga. Sus fósiles se encuentran en rocas que datan desde finales del Pérmico hasta principios del Triásico, llevando el legado de los protomamíferos a la inminente era de los dinosaurios.

Su éxito ante tal adversidad ha suscitado repetidamente la misma pregunta entre los expertos: ¿cómo sobrevivió el Lystrosaurus a lo que la mayoría no pudo?

El secreto podría estar en las madrigueras del protomamífero. El Lystrosaurus excavaba en la tierra, ahuecando espacios de refugio en hábitats caóticos. "Cavar madrigueras parece haber sido un factor muy importante, utilizado como refugio diario o para escapar de las malas condiciones meteorológicas durante días", afirma Botha. El animal, del tamaño de un perro, puede incluso haber utilizado sus madrigueras para hibernar durante las peores estaciones.

Una respuesta de "dormir o esconderse" puede haber permitido al Lystrosaurus y a otros animales de madriguera sobrevivir a lo peor. Y es probable que otras especies también utilizaran estos refugios, lo que significa que el Lystrosaurus podría haber sido una especie de ingeniero del ecosistema, proporcionando refugio de la dureza de la superficie.

El Lystrosaurus no desarrolló la capacidad de excavar en respuesta al desastre. El protomamífero ya podía hacerlo, y excavar le ofreció una inesperada ventaja de supervivencia. La mayoría de los organismos que sobrevivieron a la extinción masiva parecen haberlo hecho gracias a golpes de suerte similares.

"A los supervivientes", dice Viglietti, "rasgos paleobiológicos innatos probablemente les permitieron beneficiarse de las condiciones que causaron la extinción masiva en otras especies". La forma en que los organismos crecían, se agrupaban y se reproducían se convirtieron en factores críticos para la supervivencia.

Nuestros antepasados fueron unos de los más afortunados. Los primeros mamíferos evolucionaron a partir de unos protomamíferos parecidos a las comadrejas, llamados cinodontos, que prosperaron en el Pérmico pero quedaron reducidos a unas pocas ramas rezagadas en el Triásico. Según Viglietti, las madrigueras, la capacidad de hibernar y una amplia tolerancia a distintas condiciones ambientales probablemente permitieron a los cynodontos sobrevivir.

"Esto demuestra lo afortunados que somos de estar aquí", añade. "Nuestros parientes mamíferos superaron esta crisis climática de hace un cuarto de billón de años por los pelos".

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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