¿De verdad el azúcar vuelve hiperactivos a los niños?

La idea de que los niños tienen un "subidón de azúcar" surgió en la década de 1970, y el mito continúa a pesar de las pruebas que demuestran lo contrario.

Por Jason Bittel
Publicado 9 jun 2023, 13:26 CEST
Algodón de azúcar

Comer demasiado algodón de azúcar y otros dulces puede acarrear problemas de salud, pero la hiperactividad no es uno de ellos.

Fotografía de Robert Clark, Nat Geo Image Collection

Conos, refrescos, helados, polos... el verano ya está aquí, y eso significa que tus hijos probablemente están comiendo más dulces de lo habitual.

Pero, ¿la afluencia de azúcar provoca realmente hiperactividad en los niños, tal y como creen muchos padres?

La idea del "subidón de azúcar" empezó a cobrar fuerza en la década de 1970, en gran parte gracias a un best-seller del alergólogo pediátrico Ben Feingold, Por qué su hijo es hiperactivo. En el libro, Feingold argumentaba (con pocas pruebas) que los aditivos alimentarios, incluido el azúcar, están relacionados con el comportamiento excitable de los niños.

Sin embargo, la relación entre el azúcar y la hiperactividad ha quedado completamente desacreditada en dos revisiones exhaustivas y bien consideradas de la investigación, en 1994 y 1995.

Según Mark Corkins, presidente del Comité de Nutrición de la Academia Americana de Pediatría, el consenso abrumador de los investigadores es que "no existe ninguna relación".

Sin embargo, el mito del subidón de azúcar sigue existiendo, y con más fuerza que nunca. ¿Qué está pasando?

Piensa en qué acontecimientos se asocian con un elevado consumo de azúcar, dice Corkins, que también es profesor en el Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Tennessee (Estados Unidos). "Fiestas de cumpleaños, reuniones, Navidad, Acción de Gracias".

La piscina, las barbacoas, los picnics, los días de playa. ¿Empiezas a ver el patrón?

"Cuando nos fijamos en los momentos en que los niños tienen un alto consumo de azúcar, por lo general se asocia con cuando van a estar hiperactivos, incluso si no les diste nada de azúcar", dice.

En otras palabras, estar en un entorno festivo con familiares y amigos a los que los niños no ven todos los días es en sí mismo un estimulante muy potente.

Diana Schnee, dietista pediátrica titulada del Cleveland Clinic Children's de Estados Unidos, dice que ha visto de primera mano pruebas anecdóticas de subidas de azúcar.

Sin embargo, "hay muchas cosas que pueden explicar la hiperactividad y el cambio de emociones de los niños", dice Schnee. "Una de ellas es que son niños, y eso es algo muy típico".

Es más, comer carbohidratos muy refinados puede causar inflamación, lo que puede afectar al comportamiento del niño, dice. Del mismo modo, no comer suficientes frutas o verduras puede provocar estreñimiento, que también puede causar malestar y mal humor.  

Cuando comemos hidratos de carbono, nuestro cuerpo descompone los alimentos en un tipo de azúcar en sangre llamado glucosa. Nuestros órganos, tejidos y células dependen de la glucosa como fuente de energía vital, una de las razones por las que la dieta keto es tan peligrosa.

Aunque hay muchos tipos de azúcar en la dieta, los nutricionistas tienden a dividir el azúcar en la dieta en dos categorías básicas: azúcar regular, o natural; y azúcar añadido.

"Vale, las zanahorias son una verdura. Son ricas en betacaroteno. Pero en realidad tienen algo de azúcar natural", dice Corkins.

La fruta también tiene azúcares naturales, llamados fructosa, al igual que la leche, que contiene un azúcar natural llamado lactosa. Sin embargo, Corkins afirma que no hay límite en la cantidad de azúcares naturales que los niños deben comer a diario. Lo que hay que vigilar son los azúcares añadidos, que pueden contribuir a enfermedades como la obesidad, la caries dental, las cardiopatías, la hipercolesterolemia, la hipertensión, la diabetes de tipo 2 y la hepatopatía grasa, según la Academia Americana de Pediatría.

En España, las principales fuentes de azúcares añadidos son los postres procesados, las bebidas azucaradas y los aperitivos, según un estudio de la Universidad CEU-San Pablo y la Fundación Española de Nutrición publicado en la revista Nutrients.

Para los niños menores de dos años, la Academia Americana de Pediatría recomienda no añadir azúcares en absoluto. Asimismo, para los niños de entre dos y 18 años, los mismos expertos sugieren no más de 25 gramos, o unas seis cucharaditas de azúcar añadido, al día.

Ahora bien, antes de que empieces a sentirte como un mal padre por dejar que tus hijos tomen más azúcar de la que recomiendan las autoridades sanitarias, ten por seguro que Corkins y sus colegas son conscientes del desafío que supone esta tarea.

"La mayoría de los niños toman más que eso", admite.

Aunque en países como México se indica claramente con un distintivo negro la presencia de azúcares añadidos, en España todavía tenemos que escudriñar en la letra pequeña de la información nutricional y buscar en la categoría denominada “hidratos de carbono, de los cuales azúcares”.

En general, Schee aconseja a los padres que se den cuenta de que el azúcar es como cualquier otro ingrediente: bueno con moderación.

"El azúcar en sí no es necesariamente terrible si se consume en pequeñas cantidades y con poca frecuencia", dice.

"Así que no me preocupa el trozo ocasional de tarta de cumpleaños o el pastel de Acción de Gracias. Me preocupa más el azúcar en la dieta de un niño de forma regular".

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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