Espacio

Un nuevo mapa estelar confirma que la Vía Láctea está retorcida

Si pudiéramos verla desde fuera, nuestra galaxia no sería plana, sino que se parecería a un disco doblado en forma de ese.viernes, 2 de agosto de 2019

Por Nadia Drake
La Vía Láctea se refleja sobre un lago de montaña en California. Desde dentro de uno de los brazos espirales de la galaxia, podemos contemplar la densa región interna del disco en forma de una franja distintiva de estrellas, pero nos cuesta más percibir la forma a gran escala de la galaxia.

En lugar de ser plana como un frisbee, el disco salpicado de estrellas de la Vía Láctea está deformado y retorcido, según un nuevo mapa tridimensional de nuestra galaxia. Si la observáramos desde un lateral, los brazos espirales que surgen del abultado núcleo de la galaxia se parecerían a un disco doblado en forma de ese o a un huevo escalfado que se desliza por una espumadera.

«La curva de la galaxia es tan pronunciada que, si pudiéramos observarla desde un lado, la veríamos claramente», afirma Dorota Skorwon, de la Universidad de Varsovia, cuyo equipo ha publicado los resultados en la revista Science.

El nuevo mapa, creado a partir de los pulsos rítmicos de miles de estrellas, es una de las representaciones más detalladas de nuestra galaxia hasta la fecha y respalda trabajos anteriores que sugerían que la Vía Láctea está curvada. En el proceso, Skowron y sus colegas también hallaron pruebas de recientes estallidos de formación estelar en nuestro barrio galáctico.

«Podemos ver con nuestros propios ojos, y dentro de nuestra propia galaxia, que la formación estelar no es un proceso constante, sino que ocurre por ráfagas», afirma.

Flexión galáctica

La Vía Láctea, que se extiende a lo largo de unos 120 000 años luz de una punta a otra, es una galaxia espiral. De su núcleo sobresalen cuatro grandes brazos y nuestro Sol se encuentra en un brazo inferior, a unos 26 000 años luz del centro.

El disco de estrellas y gas de la galaxia es más bien delgado y plano hacia el medio. Pero a casi la distancia entre el Sol y el núcleo, la galaxia empieza a retorcerse, curvándose hacia arriba en una dirección y cayendo hacia abajo en la contraria.

Esto es más perceptible cerca de los bordes. El disco se ensancha, expandiéndose de una anchura de 500 a más de 3000 años luz, y la curvatura es aún más prominente, con estrellas que se encuentran hasta 5000 años luz por encima o por debajo del plano galáctico.

«Creemos las interacciones con las galaxias satélites son una causa posible de la curvatura», afirma Skowron, que indica que la Vía Láctea está rodeada de un enjambre de galaxias enanas. «Otras ideas sugieren interacciones con gas intergaláctico o materia oscura», explica haciendo referencia al material invisible que compone hasta un 85 por ciento de la materia del universo.

Descubrir una galaxia espiral retorcida no es del todo inusual; los astrónomos han observado diversas galaxias curvadas entre las espirales que podemos ver de perfil y el conglomerado estelar más cercano, la galaxia espiral gigante Andrómeda, también está retorcido. Pero como estamos dentro de la Vía Láctea, cuesta mucho más ver la estructura a gran escala de nuestra propia galaxia.

Una idea brillante

Skowron y sus colegas cartografiaron la Vía Láctea en tres dimensiones a partir de 2431 estrellas variables cefeidas.

Las variables cefeidas, que pueden presentar un brillo miles de veces superior al de nuestro Sol, se iluminan y se apagan de forma rítmica en un periodo que está estrechamente vinculado a su brillo intrínseco. Si supervisan estos pulsos, los astrónomos pueden desentrañar el brillo de estas estrellas y, a continuación, utilizar el brillo intrínseco para calcular distancias precisas, una relación determinada por primera vez por Henrietta Swann Leavitt, astrónoma del Harvard College.

Durante años, Skowron y su equipo observaron los pulsos periódicos de estas estrellas grandes y jóvenes —supervisando incluso las situadas en los límites de nuestra galaxia— mediante el instrumento OGLE, que está montado en un telescopio de Chile, junto a otros telescopios. Y cuando Skowron y sus colegas trazaron las distancias precisas hasta sus 2431 estrellas, el mapa galáctico resultante en tres dimensiones presentaba una deformación intrigante.

«Las estructuras están bien cartografiadas, con distancias precisas», afirma Annie Robin, del Observatorio de Besançon en Francia, que ha creado mapas similares a partir de la información de la distribución y el movimiento del gas por el disco galáctico.

«Es claramente compatible con el mapa del gas», afirma.

Explosiones estelares

Skowron y sus colegas también identificaron grupos de cefeidas que existían desde hacía relativamente poco en términos cósmicos. El equipo identificó tres secciones distintas de estrellas con edades de entre 20 y 260 millones de años que se distribuyen por varios de los brazos espirales de la Vía Láctea.

A modo de comparación, las estrellas más antiguas de la Vía Láctea tienen entre 10 000 y 13 000 millones de años.

Los puntos de colores representan estrellas antiguas (rojas) y recientes (azules) en la Vía Láctea que pertenecen a los tres grupos estelares que parecen haberse formado en explosiones relativamente recientes.

No está del todo claro qué habría generado dichos estallidos de formación estelar en una galaxia donde solo nacen unas cuantas estrellas cada año. Robin indica que las regiones de movimiento lento y mayor densidad pueden comprimir el gas y el polvo en nubes interestelares y desencadenar la formación estelar. Por su parte, Skowron sugiere que la culpable podría ser una interacción reciente con una galaxia enana.

«Debemos recordar que las cefeidas [como grupo] son relativamente jóvenes», afirma Skowron. «Esto significa que podemos utilizar las cefeidas para estudiar solo la historia relativamente reciente de nuestra galaxia, de forma que queda mucho por descubrir sobre la historia más antigua de la Vía Láctea».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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