La misión DART: por qué la NASA intentará desviar un asteroide

La misión impactará deliberadamente en el objeto espacial para probar las tecnologías que podríamos necesitar para salvar el mundo en un futuro.

miércoles, 29 de abril de 2020,
Por Nadia Drake
DART

DART, la primera misión de defensa planetaria de la NASA, probará el desvío de un asteroide estrellando la nave construida por el APL en un objeto a más de 23 000 kilómetros por hora.

Fotografía de NASA/Johns Hopkins APL

Un asteroide enorme (lo bastante grande para dejar un cráter de más de nueve kilómetros de ancho y cuyo polvo oscurecería el planeta si impactara en la Tierra) pasará sin causar daños por nuestro planeta el 29 de abril. El objeto, llamado 1998 OR2, tiene una anchura de 1,5 kilómetros y, aunque no supone una amenaza, pasará a 6,3 millones de kilómetros de nuestro planeta, lo suficiente para que la NASA lo clasifique como «potencialmente peligroso», ya que seguirá acercándose a la Tierra en el futuro conforme ambos objetos orbiten alrededor del Sol.

«Es un asteroide enorme. Es más pequeño que el objeto que se cree que causó la extinción de los dinosaurios, pero es capaz de causar muchos daños», afirma Amy Mainzer, de la Universidad de Arizona, una de las científicas más destacadas del mundo de detección de asteroides y defensa planetaria.

Que un asteroide pase relativamente cerca de la Tierra es más habitual de lo que se cree. Cada año, decenas de asteroides lo bastante grandes para provocar devastación regional pasan a ocho millones de kilómetros de la Tierra, el límite de los asteroides potencialmente peligrosos. De media, cada año pasan una o dos rocas espaciales lo bastante grandes para impactar en un continente de forma catastrófica.

Es casi seguro que, en algún momento del futuro, la Tierra tendrá que enfrentarse a una roca espacial lo bastante grande como para arrasar una ciudad. Si los humanos siguen existiendo cuando llegue ese día, sería prudente contar con un plan para proteger el planeta. Por eso el año que viene la NASA lanzará una nave para realizar la primera prueba de una estrategia prometedora para detener un asteroide asesino: impactar en él mientras esté lo suficientemente lejos para alterar su rumbo.

La misión DART (Double Asteroide Redirection Test o Prueba de Redireccionamiento del Asteroide Doble en español) estrellará una nave en el asteroide más pequeño de un sistema binario. Será fácil medir cualquier cambio en la órbita del objeto más pequeño desde la Tierra y será un buen indicador de si lo han desviado con éxito.

«Se trata de un momento emocionante. Creo que DART será una demostración extraordinaria», afirma Ed Lu, astronauta jubilado de la NASA y fundador de la B612 Foundation, una organización sin ánimo de lucro dedicada a la detección y el desvío de asteroides.

El concurrido sistema solar

El primer paso para detener un asteroide asesino es encontrarlo. «Hay literalmente cientos de miles de asteroides ahí fuera y queremos separar aquellos que deberíamos vigilar y seguir de cerca con el paso del tiempo», afirma Lindley Johnson, oficial de defensa planetaria de la NASA. Indica que, hasta la fecha, hay 2078 asteroides potencialmente peligrosos en el catálogo.

El asteroide 1998 OR2 mide al menos 1,5 kilómetros de ancho y pasará a 16 distancias lunares el 29 de abril de 2020.

Fotografía de Observatorio de Arecibo/NASA/NSF

El 1998 OR2, que viaja a casi 32 000 kilómetros por hora, pasará a más de seis millones de kilómetros de nuestro planeta hoy, o aproximadamente 16 veces la distancia entre la Tierra y la Luna. Aunque la distancia no es motivo de preocupación, el 1998 OR2 seguirá en su órbita de 3,7 años alrededor del Sol, se adentrará en el cinturón de asteroides más allá de Marte y volverá a entrar en la órbita terrestre con cada vuelta. En su próxima aproximación a nuestro planeta, en 2078, estará mucho más cerca: a casi 1,6 millones de kilómetros de la Tierra. Los astrónomos no pueden calcular la posición exacta del 1998 OR2 después de varios cientos de años.

La NASA clasifica cualquier objeto de más de 140 metros de ancho que pase a ocho millones de kilómetros de la Tierra como asteroide potencialmente peligroso. «La cifra de ocho millones de kilómetros se debe a lo mucho que pueden cambiar las órbitas con el paso del tiempo, más un poco de margen, por supuesto, para asegurarnos de que abarcamos cualquier cosa que pueda suponer un peligro en potencia en el futuro», afirma Johnson.

En solo siete años, otro asteroide enorme llamado 1990 MU, de casi tres kilómetros de ancho, pasará a casi cinco millones de kilómetros de la Tierra.

«No queremos que impacte algo tan grande», afirma Johnson. «Nuestra tarea principal es encontrarlos y completar el catálogo de todo lo que hay ahí fuera para que no nos sorprenda».

En 1998, el Congreso estadounidense ordenó a la NASA que detectara y caracterizara al menos un 90 por ciento de los asteroides potencialmente peligrosos que midieran un kilómetro de ancho o más. Siete años después, la agencia espacial recibió la orden de encontrar el 90 por ciento de los asteroides cercanos que medían 150 metros de ancho o más.

Si impactaran, los asteroides más grandes, como 1998 OR2 y 1990 MU, podrían devastar la vida de todo el planeta. «Se estima que los asteroides de un kilómetro o más provocarían devastación en todo un continente y el polvo inyectado en la atmósfera provocaría un enfriamiento drástico y la posibilidad de malas cosechas durante al menos varios años», explica Jay Melosh, geofísico de la Universidad Purdue.

Solo hemos descubierto unos 900 de estos objetos grandes, o el 95 por ciento de la población total estimada. No es ni remotamente probable que ninguno impacte en el planeta en los próximos siglos. En cambio, del grupo más pequeño, que podrían destruir ciudades enteras, solo hemos detectado aproximadamente el 30 por ciento de los 25 000 objetos estimados, según un informe del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

«Aún nos queda mucho trabajo con los más pequeños, los tamaños subglobales que son capaces de causar problemas regionales», afirma Mainzer. «Buscar estas rocas grises o negras en la oscuridad del espacio es un problema complejo».

Incluso las rocas espaciales de menos de 150 metros de ancho pueden ser extremadamente peligrosas. Algunos meteoros explotan en el cielo con la fuerza de bombas nucleares, como el de Cheliábinsk, Rusia, en 2013. Con solo 20 metros de ancho, este bólido generó una onda de choque que impactó en la ciudad, rompió ventanas y dejó unos 1500 heridos. Nadie lo vio venir.

Impacto cinético con DART

A la hora de detener un asteroide antes de que colisione en la Tierra, el tiempo de antelación es el quid de la cuestión. Con años o incluso décadas para prepararnos, los humanos podríamos desviar de su rumbo hasta los asteroides más grandes.

La misión DART de la NASA, cuyo lanzamiento se ha programado para julio de 2021, probará una estrategia y estrellará una nave de media tonelada en un asteroide. En octubre de 2022, a casi 11 millones de kilómetros de la Tierra, la nave del tamaño de una nevera se acercará a un asteroide de 800 metros de ancho llamado Didymos, orbitado por una luna de unos 150 metros de ancho.

Didymoon, el mote afectivo que han puesto al objeto más pequeño, es el blanco de DART. Tiene el tamaño aproximado de los asteroides que pueden arrasar ciudades enteras. Los telescopios terrestres podrán detectar los cambios en la duración de su órbita alrededor del asteroide más grande para medir los efectos del impacto.

«Si no fuera binario, sería imposible medirlo con alta precisión. Se trata de una oportunidad extraordinaria para probar la eficacia de la tecnología del impacto cinético en un asteroide real», afirma Megan Bruck Syal del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, que combina las pruebas de laboratorio y los superordenadores para crear modelos de los impactos de asteroides.

Poco antes de que DART se estrelle en Didymoon a más de 23 000 kilómetros por hora, la nave soltará una cámara del tamaño de una caja de zapatos fabricada por la Agencia Espacial Italiana. La cámara observará mientras la colisión de la nave con Didymoon y fotografiará la dispersión de los restos y quizá el cráter resultante. Johnson prevé que la colisión disminuirá hasta siete minutos la órbita de 12 horas del satélite, aunque el equipo considerará que la misión es un éxito si ese cambio es de un mínimo de 70 segundos.

«Al modificar la órbita de la luna, no cambiamos la órbita de [Didymos]. Didymos es un asteroide potencialmente peligroso, así que no queremos que afecte a su órbita. No queremos empujarlo por accidente en la dirección incorrecta», afirma Johnson.

Otra nave llamada Hera, construida por la Agencia Espacial Europea (ESA), llegará a los dos asteroides en 2026 para tomar medidas detalladas de las secuelas del impacto y probar las tecnologías de navegación autónoma.

Syal explica que, aunque la técnica del «impacto cinético» es conocida, hay varias variables que controlan si el impacto podría desviar un asteroide con éxito. La composición, fuerza y estructura del objeto, la cantidad de material que expulse el impacto y el ángulo al que entre la nave son factores importantes.

«Un rebote sería un resultado muy malo, ya que se perdería mucho impulso», afirma Syal.

Los impactadores cinéticos podrían lograr redirigir un asteroide tan pequeño como Didymoon, pero ¿y el 1998 OR2? Lu señala que si un objeto tan grande estuviera en trayectoria de colisión con la Tierra, necesitaríamos una estrategia mayor, como detonar una bomba nuclear cerca del asteroide para vaporizar parte de su superficie y desviarlo de su rumbo. Una explosión nuclear en la superficie del asteroide podría emitir una ráfaga de fragmentos hacia la Tierra.

Mainzer, que lidera una iniciativa para lanzar un telescopio espacial que se dedique a detectar asteroides peligrosos, afirma que la estrategia de desvío óptima depende tanto del objeto entrante como del tiempo con el que contemos antes del impacto. Para saber qué funcionará, hay que practicar.

«Lo vemos con el cambio climático, esta pandemia e incluso este problema [de defensa planetaria]: un poco de preparación supone una diferencia considerable», afirma Mainzer.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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