El extraño drama de la pizca de polvo lunar que acaba de venderse por 500 000 dólares

La subasta, celebrada hace unos días, es la culminación de una sórdida saga en la que están implicados los astronautas del Apolo, múltiples pleitos y científicos que ansían la oportunidad de estudiar materiales lunares raros.

Por Maya Wei-Haas
Publicado 18 abr 2022, 13:41 CEST
El astronauta de la NASA Edwin "Buzz" Aldrin se coloca en posición para desplegar dos componentes ...

El astronauta de la NASA Edwin "Buzz" Aldrin se coloca en posición para desplegar dos componentes del Paquete de Experimentos Científicos del Apolo en la superficie de la Luna durante la misión Apolo 11 en 1969. Una pequeña fracción de la primera muestra de polvo recogida en la Luna por la tripulación del Apolo 11 acaba de venderse en una subasta, lo que ha despertado el interés de los astrónomos y de los expertos en temas espaciales.

Fotografía de NASA

A punto de dar el primer paso de la humanidad en la Luna, Neil Armstrong subido en la escalera del módulo lunar y describió la peculiar textura del suelo. "Es casi como un polvo", dijo al Centro de Control de la Misión Apolo en Houston, Texas.

Apenas 10 minutos más tarde, recogió un montón de este polvo lunar, la primera muestra recogida en la superficie de otro mundo. Ahora, más de 50 años después, una pizca de ese polvo va a parar a un nuevo propietario: un comprador anónimo que pagó algo más de 500 000 dólares (463 477 euros) en una subasta para poseer un trozo de historia.

La NASA ha mantenido durante mucho tiempo que las rocas y el polvo lunares recogidos durante las misiones Apolo son propiedad del gobierno y no pueden ser poseídos por ciudadanos privados. La agencia espacial ha hecho todo lo posible por recuperar cualquier material lunar extraviado, incluida una operación encubierta en 2011 que incautó (a una mujer de 74 años en un restaurante) una roca lunar del tamaño de un grano de arroz incrustada en un pisapapeles.

(Relacionado: ¿Por qué tenemos la luna y cómo afecta a nuestro planeta?)

Cinco trozos de muestra de aluminio rematados con una capa de cinta de carbono que aglutina una pizca de polvo lunar de la primera muestra recogida en la Luna.

Fotografía de Bonhams

El polvo lunar que se vendió el 13 de abril de 2022 es una rara excepción a la regla, una peculiaridad debida en parte a una combinación de fraude, error de identidad y una serie de disputas legales.

"Es una situación única", dice Adam Stackhouse, especialista de la casa de subastas Bonhams.

Los científicos han expresado sentimientos encontrados sobre la subasta. La NASA ha analizado estas muestras de polvo, y los investigadores también han estudiado las otras fracciones de la muestra lunar más grande. Pero siempre existe la posibilidad de aprender más. "Las muestras lunares son muy, muy valiosas", dice Sara Mazrouei, científica planetaria y desarrolladora educativa de la Universidad Ryerson de Ontario (Canadá).

Los expertos en derecho espacial, por su parte, están entusiasmados por lo que esta venta podría significar para el futuro comercio de materiales extraterrestres, como los metales extraídos de los asteroides. "Es un paso más en esta marcha hacia la comercialización de los recursos naturales del espacio exterior", afirma Mark Sundahl, experto en derecho espacial internacional del Cleveland-Marshall College of Law de Ohio (Estados Unidos).

Polvo pegajoso

El polvo lunar en cuestión llegó a la Tierra gracias a una peculiar propiedad: es pegajoso.

En la luna sin aire, el viento solar golpea constantemente la superficie, impartiendo una carga electrostática al polvo de grano fino, también llamado regolito. Esta carga hace que el regolito lunar se pegue a todo: botas, guantes, trajes, cuerdas, herramientas y a casi cualquier equipamiento de los astronautas.

Escaneos SEM de polvo lunar ampliados a 7.880 veces.

Fotografía de Bonhams

"Los astronautas se dieron cuenta enseguida de lo pegajoso que era el regolito", afirma Nicolle Zellner, científica planetaria del Albion College. El polvo pegajoso es también dentado y abrasivo, y pronto resultó problemático durante las misiones Apolo, atascando el equipo, desgastando los trajes y ensuciando los aterrizadores. Los astronautas empezaron a golpear sus botas contra la escalera de la entrada del módulo lunar para eliminar la mayor cantidad de polvo posible después de salir a la superficie.

La pegajosidad del polvo hizo que, cuando Armstrong recogió la primera muestra en una bolsa de teflón, los granos finos cubrieran el exterior de la bolsa. Para el transporte a la Tierra, toda la bolsa se guardó dentro de una bolsa con cremallera en la que figuraban las palabras "Lunar Sample Return" en letras mayúsculas. Los granos de la reciente venta se extrajeron de la tela tejida dentro de esta bolsa protectora.

Al ver el polvo de la bolsa hoy, "sientes que estás cerca de ese momento", dice Stackhouse. "En cierto modo, es como una máquina del tiempo".

(Relacionado: Así han cambiado los grupos de astronautas de la NASA con el paso del tiempo)

Escaneos SEM de polvo lunar ampliados a 2.290 veces.

Fotografía de Bonhams

Dedos pegajosos

El camino del polvo hasta la subasta fue tortuoso. Hace varias décadas, la NASA prestó la bolsa de muestras externa junto con otros artefactos al museo espacial Cosmosphere de Hutchinson, Kansas. En algún momento desconocido, la bolsa desapareció.

Tras la marcha del director del museo, Max Ary, en 2002, el personal comenzó a investigar varios objetos desaparecidos. Descubrieron que Ary había estado vendiendo artefactos del museo junto con su colección personal y embolsándose los beneficios. Fue condenado a tres años de prisión y a una multa de 132 000 dólares (122 000 euros) por fraude, robo y blanqueo de dinero.

En un registro federal de la propiedad de Ary se encontraron más objetos. Entre los muchos tesoros estaba la bolsa de retorno de muestras lunares, pero debido a una confusión en los números de catálogo, los funcionarios no se dieron cuenta de la importancia de la bolsa en ese momento. El Servicio de Marshalls de EE.UU. la vendió en una subasta en línea de la colección espacial incautada a Ary para ayudar a pagar sus multas.

Nancy Lee Carlson, de Inverness, Illinois, ganó la bolsa blanca (y el polvo incrustado en sus fibras) por sólo 995 dólares (922 euros). Envió la bolsa al Centro Espacial Johnson de la NASA para verificar su autenticidad y quedó sorprendida por su respuesta: no sólo la bolsa era auténtica, sino que el polvo que contenía coincidía con las características y la composición de la primera muestra lunar devuelta por la tripulación del Apolo 11.

La NASA se negó a devolver la bolsa argumentando que era un tesoro nacional. "Este artefacto nunca estuvo destinado a ser propiedad de un individuo", dijo el portavoz de la NASA William Jeffs en un comunicado de 2017. No solo tiene valor científico, dijo, sino que también "representa la culminación de un esfuerzo nacional masivo que involucra a una generación de estadounidenses."

Para disgusto de la agencia, Carlson demandó su devolución, y ganó. Luego subastó la bolsa en 2017 por 1,8 millones de dólares (1,67 millones de euros). La NASA no ha respondido a las múltiples solicitudes de comentarios sobre la última subasta.

Dos años después, Carlson volvió a demandar a la NASA, esta vez por dañar la bolsa durante la inspección y retener algo de polvo de su interior. Los científicos de la NASA habían utilizado un trozo de cinta de carbono para recoger parte del polvo lunar incrustado, que se montó en pequeños trozos de aluminio para su análisis, y se habían quedado con esas muestras. Según Carlson, la pérdida le había impedido vender la bolsa por su valor originalmente estimado.

La agencia acabó llegando a un acuerdo con Carlson, devolviendo cinco de los seis talones con el polvo. Esas son las muestras que se acaban de vender en Bonhams.

La bóveda lunar

Más allá del drama legal, los expertos lunares están divididos sobre las repercusiones científicas de la venta de la semana pasada.

"La respuesta obligada es que cada muestra es importante y puede decir algo nuevo", dice Peter James, geofísico planetario de la Universidad de Baylor, en Texas. Pero las muestras subastadas son sólo una pequeña fracción de los 381 kilogramos de material lunar que los astronautas trajeron a la Tierra en el transcurso de seis misiones Apolo entre 1969 y 1972. Dado que esta muestra ya fue analizada por la NASA y es similar a la muestra mucho más grande que aún está disponible para su estudio, James no ve la venta como una gran pérdida para los científicos.

La contrapartida es que han pasado 50 años desde que alguien trajo un trozo fresco de la Luna, y cada trozo que se ha podido analizar ha aportado más información sobre la historia y la geología lunares. El análisis de las rocas lunares del Apolo ayudó a los científicos a elaborar la teoría más probable sobre los orígenes de la Luna: un objeto del tamaño de Marte colisionó con una Tierra recién nacida y expulsó una nube de escombros que acabó enfriándose y formando nuestro único satélite natural.

Tras el histórico viaje de Neil Armstrong y Buzz Aldrin a la superficie lunar, partieron en la etapa de ascenso del módulo lunar, que se muestra arriba. Con la Tierra a lo lejos, se dice que en esta imagen están todos los seres humanos vivos menos uno: Michael Collins, que tomó la imagen a bordo del módulo de mando en órbita.

Fotografía de NASA

El estudio de las muestras del Apolo también reveló que la luna tiene una sorprendente cantidad de agua. Los primeros análisis realizados a finales de la década de 1960 y principios de la de 1970 pasaron por alto débiles rastros de agua encerrada en las rocas. Pero las naves espaciales en órbita detectaron indicios de agua lunar, un hallazgo que se confirmó posteriormente al volver a analizar las rocas del Apolo con instrumentos ultrasensibles. Estas reservas de agua son clave para el regreso de los humanos a la Luna y más allá, ya que podrían ayudar a los futuros viajeros espaciales a reducir la carga que necesitan llevar de la Tierra.

Los científicos siguen estudiando las rocas del Apolo en la actualidad. Algunas de las muestras se colocaron en el almacenamiento a largo plazo "para que los científicos que aún no han nacido puedan utilizar instrumentos aún no desarrollados para responder a preguntas aún no formuladas", dijo el astroquímico de la NASA Jamie Elsila Cook a National Geographic en 2019. Uno de estos alijos de 1972 acaba de ser abierto en marzo con la esperanza de informar los planes de las misiones Artemis, el próximo intento de la NASA de enviar humanos de vuelta a la Luna.

Mazrouei destaca el extenso trabajo que realizan los investigadores escribiendo propuestas con la esperanza de conseguir solo un pedacito de polvo lunar para su estudio. "Así que ver que se subastan... ha sido un poco desalentador", dice.

Pero ve un pequeño rayo de esperanza en lo que la venta podría significar para la accesibilidad de las muestras lunares con fines educativos. "Tal vez esto abra la puerta a que las futuras muestras estén disponibles más allá de este grupo selecto de científicos", afirma.

Explotar los cielos

Los abogados especializados en temas espaciales ven la venta desde un punto de vista ligeramente diferente. A medida que muchos países se preparan para futuras misiones a la Luna y más allá, la extracción y el uso de recursos del espacio pueden ser pronto una realidad. Este tipo de actividades se enmarcan en el Tratado del Espacio Exterior de 1967, un acuerdo internacional que sienta las bases del derecho espacial moderno.

Aunque el tratado ofrece algunas orientaciones para la actividad futura, como la prohibición de las maniobras militares y el impedimento de que alguien reclame la propiedad de otros mundos, todavía hay muchas lagunas. En primer lugar, "no contemplaba la utilización de los recursos espaciales", afirma Christopher Johnson, asesor de derecho espacial de la Fundación Mundo Seguro y profesor adjunto de la Universidad de Georgetown en Washington, D.C.

A lo largo de los años, algunos países, como Estados Unidos y los Emiratos Árabes Unidos, han aprobado leyes que otorgan a los ciudadanos la propiedad de los recursos que extraen de los cuerpos celestes. La última venta consolida aún más la legalidad de la propiedad, el uso y la reventa de los recursos espaciales, afirma.

Sundahl, de Cleveland-Marshall, añade que cualquier caso que suscite conversaciones en el público en general sobre la extracción y venta de recursos lunares puede ser útil; se avecinan muchos debates sobre el equilibrio de los intereses públicos y privados mientras nos adentramos en las aguas de la minería celeste.

"Estamos al principio de todo", dice Sundahl.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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