Otro lanzamiento de un megacohete de SpaceX que termina explotando: ¿y ahora qué?

Starship es una pieza clave de las misiones lunares tripuladas de la NASA y, con el apoyo del Gobierno de EE. UU., SpaceX está llevando al límite su nuevo cohete experimental.

El cohete Starship de SpaceX —el más grande del mundo— se prepara para el lanzamiento en las instalaciones de la compañía en cerca Brownsville, Texas (Estados Unidos).

Fotografía de Joe Skipper, Reuters, Redux
Por Joe Pappalardo
Publicado 20 nov 2023, 14:47 CET

En medio de una llamarada de fuego y humo, SpaceX ha lanzado el mayor cohete jamás construido y ha enviado la nave Starship al espacio. Poco después, la nave explotó. Aunque la misión en su totalidad no se completó, el lanzamiento representa un gran paso para el cohete, que la NASA planea utilizar para llevar astronautas a la superficie de la Luna.

A las 7:03 a.m. hora local (14:03 hora peninsular española) del domingo 19 de noviembre en Boca Chica, Texas (Estados Unidos), el enorme propulsor llamado Super Heavy [Súper Pesado] despegó y se separó con éxito de la nave espacial de la etapa superior. A continuación, el propulsor explotó al caer de nuevo a la Tierra, en lugar de amerizar en el Golfo de México como estaba previsto. La etapa superior de la Starship parecía estar en camino hacia un vuelo alrededor de la Tierra en dirección este, para rodear el planeta y luego amerizar en el Océano Pacífico, cerca de Hawái.

Pero minutos después se perdió la comunicación con la Starship. Mientras la nave ascendía hacia el espacio, alcanzando los 140 000 metros y justo antes de que SpaceX planeara apagar sus motores, el sistema automatizado de terminación de vuelo se disparó y destruyó la Starship sobre el Golfo de México.

(Relacionado: Puede que el Starship de Elon Musk estallase en abril, pero incluso eso no es una mala noticia; ¿por qué?)
 

El mega cohete Starship de SpaceX realiza un vuelo de prueba desde la base estelar de Boca Chica, Texas, el sábado 18 de noviembre de 2023.

Fotografía de Eric Gay, AP Photo

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    La Starship rompe la barrera del sonido durante su segundo vuelo de prueba. La nave se separó con éxito del cohete propulsor y llegó al espacio antes de ser destruida por un sistema automático de terminación.

    Fotografía de Eric Gay, AP Photo

    "Felicidades a los equipos que han progresado en la prueba de vuelo de hoy", dijo el administrador de la NASA, Bill Nelson, en X, antes Twitter, tras el lanzamiento.

    Los lanzamientos experimentales de SpaceX a menudo se han caracterizado por explosiones y contratiempos que hacen que la gente se pregunte si el vuelo de prueba fracasó. Este lanzamiento alcanzó sus objetivos principales, como atestiguaron los vítores del personal de SpaceX en Hawthorne, California, durante el lanzamiento. Para que el lanzamiento de un cohete experimental se considere un éxito, debe tener mejores resultados que la prueba anterior, y durante el primer vuelo de prueba, el cohete quedó fuera de control después de que Starship no lograra separarse, y luego se autodestruyó en el aire.

    En el vuelo de esta semana, SpaceX ha modificado la forma en que se produce esta separación crítica de la nave superior. La etapa superior encendió sus motores secundarios antes de que las secciones del cohete se separaran, un método llamado "separación en caliente de la etapa", y sorprendentemente, funcionó en su primer intento en el mundo real.

    Tras esta parte clave del vuelo, las cosas empezaron a desmoronarse. El propulsor explotó en el descenso, en lugar de volver a encender sus motores para dar la vuelta y posarse en el Golfo. Y la etapa superior se autodestruyó automáticamente debido a un problema en el vuelo.

    Es difícil creer que un programa de vuelos espaciales tripulados se base en hacer estallar repetidamente cohetes y naves espaciales. También es difícil imaginar que los reguladores estatales y federales lo permitan. Pero esa es la historia de SpaceX.

    No sólo los ojos de los espectadores y de los que retransmiten en directo estaban atentos al lanzamiento de hoy: los empleados de la NASA están ansiosos por ver los progresos, ya que Starship es una parte integral del programa Artemis moonshot para establecer un puesto avanzado lunar en esta década. En el futuro, la nave será enviada a la órbita lunar, donde los astronautas la abordarán para el primer descenso a la superficie de la Luna en más de 50 años.

    Las diferencias culturales entre la ingeniería tradicional de la NASA y SpaceX se ponen de manifiesto en cada vuelo de prueba. Los programas de desarrollo tradicionales diseñan hasta la perfección antes de probar para validar. El mantra de SpaceX es muy diferente: "Construir. Probar. Romper. Repetir". Entre los restos en llamas, la empresa de Elon Musk ha hecho más progresos de ingeniería que cualquier competidor o programa espacial financiado por el Gobierno.

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      Un grupo de personas observa cómo se prepara la nave Starship de nueva generación de SpaceX para su lanzamiento desde la plataforma de Boca Chica, cerca de Brownsville (Texas), el 17 de noviembre.

      Fotografía de Go Nakamura, Reuters, Redux

      "SpaceX diseña vehículos de los que se pueden crear prototipos rápidamente", afirma Garrett Erin Reisman, profesor de la Universidad del Sur de California, antiguo astronauta de la NASA y empleado de SpaceX. "Si el número de serie 10 explota, tienes el número de serie 11 esperando entre bastidores. Hay que seguir avanzando y aprendiendo".

      Cuando SpaceX comenzó a desarrollar su Falcon 9, la empresa sufrió cuatro fallos en vuelo antes de que las diferentes etapas del cohete se separaran con éxito sin destruirse. Ese cohete es ahora el que se lanza con más frecuencia en el mundo, el pilar de las misiones tripuladas y de carga de la NASA a la Estación Espacial Internacional, así como el líder del sector de lanzamientos de satélites comerciales. La empresa está aplicando la misma metodología de ingeniería al proyecto Starship, pero con prototipos mucho más grandes. "Un enfoque de desarrollo rápido e iterativo ha sido la base de todos los grandes avances innovadores de SpaceX", señaló SpaceX en una declaración previa al vuelo.

      (Relacionado: Así se convirtió SpaceX en el vehículo de la NASA hacia la órbita)

      El coste de una nueva manera de hacer cohetes

      El enfoque y el ritmo también pueden tener un precio. Una investigación publicada este mes por Reuters describe un lugar de trabajo en el que la seguridad se deja de lado por el progreso. El informe contabilizaba 600 lesiones en nueve años, incluida una víctima mortal en el lugar de trabajo. En 2014, Lonnie LeBlanc murió tras caer de un camión en marcha en el centro de pruebas de motores de la empresa en McGregor, Texas, mientras intentaba sujetar una sección de aislamiento para un tanque de presión.

      Una muerte así en una instalación gubernamental habría llamado más la atención. Al contratar a SpaceX, la NASA se posiciona para disfrutar de los frutos del agresivo ritmo de la empresa privada sin asumir responsabilidades. "La NASA tiene un perfil muy alto en lo que respecta a su reputación y a quién deben rendir cuentas", afirma Laura Seward Forczyk, fundadora de la empresa de consultoría espacial Astralytical; "tienen al Congreso. SpaceX no tiene tanta responsabilidad, sólo ante sus inversores y sus clientes".

      Dadas las cuestiones planteadas por el historial de seguridad de la empresa, muchos se preguntan si otros deberían adoptar este agresivo enfoque de ingeniería, si otras empresas podrían incluso salirse con la suya con los riesgos que asume SpaceX.

      "Fundamentalmente, creo que SpaceX tiene licencia para fracasar", afirma Casey Dreier, jefe de política espacial de The Planetary Society. "Es una ventaja enorme que no se examina lo suficiente".

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        Un grupo de personas observa el despegue del cohete Starship de nueva generación de SpaceX en un vuelo de prueba sin tripulación, visto desde South Padre Island, Texas.

        Fotografía de Go Nakamura, Reuters, Redux

        El apoyo de SpaceX se debe a su historial, algo que otras empresas espaciales no tienen. "SpaceX ya no es una empresa desconocida, fanfarrona y sin experiencia. Son el contratista más fiable y con más éxito de la NASA", señala Dreier. "Hay tres instituciones en el mundo que tienen la capacidad de lanzar personas al espacio de forma independiente: Rusia, China y SpaceX. El Gobierno estadounidense ya no tiene esa capacidad".

        La urgencia geopolítica ha vuelto a los vuelos espaciales, y sin SpaceX, la NASA seguiría alquilando a Rusia viajes para sus astronautas. El administrador de la NASA, Bill Nelson, también enmarca el programa lunar chino como un rival de Artemis, y uno que podría llegar primero a la superficie lunar. La NASA necesita que SpaceX tenga éxito para seguir siendo competitiva en esta carrera espacial.

        Según el calendario actual, el primer alunizaje de Artemis en la NASA se producirá en 2025. Se esperan retrasos, incluso en el Space Launch System de la NASA, el cohete que llevará a los astronautas desde Florida hasta la órbita lunar, donde les esperará un vehículo Starship para el aterrizaje en la Luna. Este lugar tan destacado en el programa Moonshot de la NASA da influencia a SpaceX, en Washington D.C. y más allá.

        La rama reguladora del Gobierno que más influencia tiene sobre SpaceX es la Administración Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés). Puede sorprender a los entusiastas de SpaceX, pero la agencia ha sido bastante complaciente con la empresa, teniendo en cuenta sus lanzamientos a menudo destructivos. Obtener los permisos de la FAA ha retrasado el programa Starship varios meses, pero las exigencias impuestas a la empresa en cuanto a cambios de hardware y mitigación medioambiental han sido leves.

        Desde el explosivo último vuelo de prueba, la FAA ha ido acumulando información para aprobar el siguiente. Como exige la Ley de Especies Amenazadas, la agencia colaboró con el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos (FWS, por sus siglas en inglés) para aprobar cualquier cambio introducido en el cohete y la plataforma de lanzamiento. El problema de este lanzamiento era el nuevo sistema de rocío de agua, que liberó más de un millón de litros de agua durante el despegue del Starship, la mayor parte convertida en vapor. Esta agua enfría una nueva placa de acero que SpaceX instaló para proteger su plataforma de lanzamiento, que sufrió importantes daños durante el primer vuelo de prueba de Starship.

        La presión sobre FWS no sólo vino de la cuenta X de Musk. El administrador de la NASA Nelson, una semana antes del lanzamiento de hoy, dijo al Washington Post: "Para nosotros es esencial que SpaceX pueda probar su cohete". Los representantes estadounidenses Tony Gonzales y Vicente González (demócrata y republicano, ambos del sur de Texas) escribieron una carta pública al FWS pidiendo una rápida aprobación. "Estados Unidos se encuentra actualmente en una carrera espacial con el resto del mundo", escribieron. "El Gobierno federal no debería poner trabas a las empresas públicas en su desarrollo y empujar a Estados Unidos a seguir siendo líder en el ámbito de la exploración espacial".

        El 15 de noviembre, el FWS y la FAA anunciaron que el nuevo sistema de diluvio de agua estaba cubierto por una licencia de lanzamiento existente presentada en 2022. "No hay cambios ambientales significativos", dijo la FAA, permitiendo que el lanzamiento de hoy se lleve a cabo.

        Este tipo de decisiones permisivas son de esperar, a pesar de la envergadura del cohete y de los incidentes de aterrizaje de restos en llamas en reservas naturales públicas. Jim Chapman, presidente del grupo local Friends of the Wildlife Corridor, ha acusado a la FAA de ser "casi un socio" de SpaceX. Su grupo se unió al Sierra Club y a otros en una demanda contra el Estado de Texas para detener las pruebas de la nave espacial, alegando que los funcionarios violaron la constitución estatal al hacer excepciones para el sitio de lanzamiento de la compañía en la playa de Boca Chica. Fracasó en septiembre, eliminando uno de los pocos obstáculos a las ambiciones de pruebas de Starship allí.

        Elon Musk ha prevalecido en los tribunales, ha controlado los tiempos de los reguladores y ha dominado el sector de los lanzamientos comerciales. Pero la física tiene la última palabra sobre el éxito de Starship. "Creo que tienen muchas posibilidades de lograrlo", dice Dreier sobre el cohete. "Pero aún hay que probarlo".

        No se puede hacer palanca, engatusar o retocar los cálculos del empuje, la presión dentro de los tanques criogénicos o el comportamiento de una nave espacial de 50 metros de largo que intenta aterrizar propulsada por un cohete.

        Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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