Descubiertos depredadores de la Edad de Hielo junto a los restos humanos más antiguos de las Américas

Los restos en buen estado ofrecen una perspectiva del mundo cambiante que rodeaba a Naia, una chica que falleció hace unos 13.000 años.

Por Michael Greshko
Publicado 9 nov 2017, 4:22 CET

Hace unos 13.000 años, en la actual península de Yucatán, un hoyo profundo dentro de una cueva se convirtió en el lugar de reposo final para toda una colección de fieras exóticas.

Ahora, sus huesos exquisitamente preservados, ocultos durante siglos bajo el agua, ofrecen algunas de las primeras pistas sólidas de cómo las grandes bestias de la Edad de Hielo se mezclaban y migraban entre Norteamérica y Sudamérica después de que el istmo de Panamá conectase los dos continentes.

«Pasamos de no tener registros a tener los mejores registros de una gran cantidad de megafauna de México, Centroamérica y el norte de Sudamérica», declaró Blaine Schubert de la Universidad Este del estado de Tennessee, quien presentó los hallazgos esta semana en la reunión anual de la Sociedad de Paleontología de Vertebrados en Calgary.

Los huesos de los animales también componen una imagen más detallada del extraño mundo habitado por Naia, una niña de la Edad de Hielo que se encontró en la cueva y el esqueleto humano más antiguo y completo descubierto hasta ahora en las Américas.

Descubierto un antiguo fósil de perezoso gigante de 10.000 años de antigüedad

Al igual que los gatos de dientes de sable, los perezosos gigantes y otras criaturas salvajes ocultas en la cueva, Naia muy probablemente vagaba en busca de agua dulce y sufrió una caída mortal en el hoyo de 27 metros de profundidad. Más tarde, la subida del nivel del mar provocada por el derretimiento de los glaciares aumentó el nivel freático de la península de Yucatán en cientos de metros, inundando las cuevas y sepultando los esqueletos.

Los buzos se encontraron por primera vez con Hoyo Negro en 2007 y se sorprendieron al encontrar una enorme cámara llena de agua con restos de animales articulados y el esqueleto de Naia. Las expediciones sucesivas han localizado al menos 28 esqueletos de animales dentro de la fosa, aunque no todos han sido excavados.

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La complejidad de los carnívoros

Ahora algunos de esos huesos han sido recuperados y los últimos exámenes de los fósiles están dando a los paleontólogos una nueva perspectiva crucial del Gran Intercambio Biótico Americano, una impresionante migración de animales prehistóricos entre Norteamérica y Sudamérica.

Tras el surgimiento del istmo de Panamá entre hace 3 y 5 millones años, los ecosistemas que existían en los dos continentes —que se habían cocido a fuego lento en sus propios jugos evolutivos durante decenas de millones de años— fueron por fin capaces de mezclarse.

Este complejo intercambio de vida se estableció en los ecosistemas modernos de las Américas: Sudamérica dio armadillos a Norteamérica, y Norteamérica dio llamas a Sudamérica. Sin embargo, los paleontólogos todavía saben muy poco acerca de este intercambio masivo, ya que los fósiles son increíblemente difíciles de encontrar en los bosques tropicales que cubren la región.

Por el contrario, Hoyo Negro es un filón de fósiles. La cueva subacuática preservaba animales enteros, porque los cadáveres no tenían adónde ir y las aguas con bajos niveles de oxígeno permitieron que los restos permanecieran intactos durante más de 10.000 años.

Los paleontólogos y los buceadores han encontrado los restos de gatos de dientes de sable, jabalíes, pumas, tapires y animales parecidos a elefantes llamados gonfotéridos en las profundidades de Hoyo Negro. Algunas partes de la cueva subacuática incluso preservaban las huellas de osos prehistóricos, incrustadas en una película de calcita.

A comienzos de este año, el equipo mexicano-estadounidense identificó una nueva especie de perezoso terrestre en la cueva, a la que nombraron Nohochichak xibalbahkah, que en idioma maya significa «el habitante del inframundo con garras enormes». 

En la reunión de paleontología, Schubert reveló que los osos también entraban en estas cuevas y, en el caso de los que se adentraron en Hoyo Negro, no llegaron a salir. Los buceadores han encontrado tres cráneos en un estado de conservación extraordinario pertenecientes a una especie extinta de oso llamada Arctotherium wingei. La especie primitiva, pariente del oso de anteojos andino, era ligeramente más pequeña que el oso grizzly moderno. 

Los cráneos están tan bien preservados, según Schubert, que los visitantes a su laboratorio a menudo los confunden con reconstrucciones de alta calidad. Los buzos también encontraron el cráneo de un cánido, parecido a un coyote, que previamente solo se había descubierto en Sudamérica.

Juntos, los restos representan la primera prueba sólida de carnívoros que viajaron de Norteamérica a Sudamérica, diversificándose en una nueva especie sudamericana, y posteriormente regresando hacia el norte, añadiendo una mayor complejidad al Gran Intercambio Biótico Americano.

Es probable que Hoyo Negro albergue aún más sorpresas: Schubert ha obtenido recientemente una subvención de National Geographic para futuros trabajos de campo en el lugar. El equipo espera recoger más huesos y aventurarse a mayor profundidad en la oscura caverna.

«Cuando empiezas con pocos datos, es fácil imaginarte un escenario simple», afirma Greg McDonald, paleontólogo de la Oficina de Administración de Tierras de Estados Unidos y miembro del equipo de Hoyo Negro. «Ahora estamos viendo que es mucho más complicado y esta es la parte realmente divertida de la paleontología».

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