Historia

Ann Hodges, la única persona en la historia golpeada por un meteorito

Ann Hodges recibió el impacto de un meteorito en su casa de Alabama en 1954. Esta es la historia de lo que sucedió después.Friday, November 24, 2017

Por Justin Nobel
Moody Jacobs muestra el cardenal gigantesco en la cadera derecha de su paciente, Ann Hodges, en 1954, tras haber recibido el impacto de un meteorito.

[Noticia actualizada el 30 de noviembre de 2016]

En febrero de 2013, la explosión sónica de un meteorito gigantesco dañó edificios e hirió a más de mil personas cerca de la ciudad de Cheliábinsk, Rusia. Sin embargo, esa dañina roca espacial no fue la primera en afectar a un humano.

Un ejemplo de ello es la historia de Ann Hodges, la única persona confirmada que ha recibido el impacto de un meteorito en la historia, acontecimiento que se produjo el 30 de noviembre de hace 63 años.

En una tarde despejada de 1954, en Sylacauga, Alabama (véase en el mapa), Ann dormía en el sofá, tapada con edredones, cuando un pedazo de roca negra de unos 30 centímetros de diámetro atravesó el techo, rebotó en una radio y la golpeó en la cadera, dejando un cardenal gigantesco.

La historia de Ann es especialmente inusual porque la mayoría de meteoritos suelen caer en el océano o en uno de los lugares vastos y remotos de la Tierra, según Michael Reynolds, astrónomo del Florida State College.

«Piensa en cómo ha vivido mucha gente a lo largo de la historia de la humanidad», afirmó Reynolds. «Tienes más probabilidades de que te lleve por delante un tornado o un huracán o de que te caiga un rayo, todo al mismo tiempo».

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De otro mundo

Antes de que el meteorito se estrellase en el salón de Ann, los habitantes del pequeño Sylacauga y de todo el este de Alabama habían informado de un avistamiento de «una luz rojiza brillante, como una vela romana que deja una estela de humo», según la publicación web «The Day the Meteorite Fell in Sylacauga», del Museo de Historia Natural de Alabama en 2010.

Otros vieron «una bola de fuego, como un arco de soldadura gigantesco» acompañada de tremendas explosiones y una nube marrón.

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Pidieron a un geólogo del gobierno que trabajaba en una cantera cercana que se acercase a la escena, donde determinó que el objeto se trataba de un meteorito. Pero no todos en el pueblo estaban tan seguros, según la publicación del museo. Muchos pensaron que se había estrellado un avión, mientras que otros sospechaban de los soviéticos.

Fue tanta la gente que acudió en bandada a la casa de Hodges que cuando su marido Eugene Hodges volvió a casa del trabajo tuvo que empujar a los curiosos que se amontonaban en el porche para entrar.

Ann se vio tan abrumada por la multitud que fue trasladada a un hospital. Debido a la exaltada paranoia de la Guerra Fría, el jefe de la policía de Sylacauga confiscó la roca negra y se la entregó a las Fuerzas Aéreas.

Después de que las Fuerzas Aéreas confirmasen que se trataba de un meteorito, la cuestión era qué hacer con él. El público exigió que la roca espacial se le devolviera a Ann, y ella accedió.

«Siento que el meteorito es mío», dijo, según el museo. «Creo que Dios quería que fuera para mí. Al fin y al cabo, ¡fue a mí a quien golpeó!».

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Un final trágico

Pero había una pega. Ann y Eugene eran inquilinos y su casera, una reciente viuda llamada Birdie Guy, quería quedarse con el meteorito.

Guy contrató a un abogado y la demandó, alegando que la roca era suya porque había caído en su propiedad. De hecho, la ley estaba de su parte, aunque no la opinión pública. 

Guy llegó a un acuerdo sin llegar a los tribunales y retiró su demanda a cambio de 500 dólares. Eugene estaba convencido de que podían ganar mucho dinero con la roca y rechazó una modesta oferta del Smithsonian.

Sin embargo, nadie picó, por eso los Hodges donaron el meteorito al Museo de Historia Natural de Alabama en 1956, donde todavía está expuesto.

Posteriormente, Ann sufrió una crisis nerviosa y en 1964 Eugene y ella se separaron. Murió en 1972 con 52 años debido a un fallo renal en una clínica de Sylacauga. 

Eugene sospecha que el meteorito y todo el revuelo posterior habían pasado factura a Ann. Dijo que «nunca llegó a recuperarse», según el museo.

Ann «no era una persona que buscase el protagonismo», añadió el director del museo Randy Mecredy. «Los Hodges eran gente de pueblo sencilla y creo realmente que toda esa atención fue su perdición».

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