Joyas y cosméticos de hace 5.000 años descubiertos en una tumba de la antigua Jericó

Un equipo de arqueólogos afirma que los restos de kohl y de escarabeos del antiguo Egipto descubiertos en una de las ciudades más antiguas del mundo muestran cómo aumentó su poder.miércoles, 20 de diciembre de 2017

Por Philippe Bohström

La ciudad de Jericó era próspera y gozaba de buenas conexiones con el exterior mucho antes de que sus muros se derrumbaran durante un ataque asociado a un conocido pasaje de la Biblia.

Un equipo italo-palestino lleva desde 1997 realizando excavaciones arqueológicas en el yacimiento de Tell es-Sultan, a 21 kilómetros al noreste de la actual Jerusalén en Cisjordania. Durante su última temporada de excavaciones, el equipo realizó un descubrimiento extraordinario en una casa ocupada hace unos 5.000 años: cinco conchas de nácar, apiladas una sobre otra, que podrían haber procedido del Nilo.

Dos de las conchas todavía contenían residuos de una sustancia oscura que, tras ser analizada en un laboratorio, se identificó como óxido de manganeso. Este mineral en polvo era el componente principal de un producto cosmético conocido como kohl, empleado como lápiz de ojos en la antigüedad. 

Los investigadores creen que el polvo probablemente procedía de la península del Sinaí, donde se han encontrado minas de manganeso que explotaron los antiguos egipcios.

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 «El descubrimiento confirma una estrecha relación comercial, [que existía] ya a principios del tercer milenio a.C., entre la antigua ciudad en Palestina y Egipto», afirma el arqueólogo principal Lorenzo Nigro, de la Universidad de Roma La Sapienza. «También muestra la aparición de una élite local sofisticada en Jericó».

Una antigua ciudad oasis conectada

La ciudad de Jericó, que se encuentra en la actual Cisjordania, creció alrededor de un manantial abundante. En el año 10.500 a.C., la gente empezó a reunirse en torno a este oasis. Finalmente, se asentaron, cultivaron y domesticaron a los animales.

A principios del tercer milenio, se erigió una ciudad fortificada y, más tarde, el palacio de un gobernante. El recurso más preciado de la ciudad, su suministro constante de agua dulce, la convirtió en un lugar próspero y permitió que comerciara con productos de lujo de otras tierras.

La temporada de excavación más reciente también desveló pruebas de relaciones permanentes entre Jericó y Egipto varios siglos posteriores a los cosméticos hallados en la singular tumba que data del 1.800 a.C., el Imperio Medio de Egipto.

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A diferencia de excavaciones anteriores, en las que se descubrieron grupos de tumbas de personas ricas, muy probablemente de la realeza, en la zona rodeada por las murallas del palacio, el equipo italo-palestino descubrió una tumba diferente justo bajo el suelo del palacio, lo que es indicativo de un estatus especial.

Esta cámara funeraria de élite contenía los restos de dos personas: una niña de entre 9 y 10 años ataviada de joyas y una mujer adulta que probablemente era una sirvienta. Los arqueólogos también encontraron los huesos de dos animales jóvenes sacrificados —una gacela y una cabra—, así como seis vasijas de cerámica.

La vasija más interesante era una pequeña jarra negra bruñida que se encontró junto al cráneo de la niña. Contenía un perfume o un ungüento y podría haber sido dispuesta en este lugar para que la fallecida pudiera oler aromas dulces por toda la eternidad.

Entre los ornamentos de la joven aristócrata había dos pares de pendientes de bronce, una pulsera de bronce, un broche de bronce sobre el hombro izquierdo que probablemente servía para cerrar su túnica, un collar de perlas con una cornalina colocada entre pares de cristales de roca, y un anillo grabado que tenía un tipo de escarabeo local y en el que se grabaron inscripciones de protección.

Un segundo escarabeo de piedra, colocado sobre el pecho de la niña, llevaba jeroglíficos que atestiguan la influencia cultural de Egipto sobre la élite de Jericó.

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Dos señales inscritas sobre el escarabeo, ‘dj y mr, representan un conocido título egipcio, «administrador de canales». Los gobernantes de Jericó podrían haberse apropiado del título, que se remonta al Imperio Antiguo de Egipto (2575-2150 a.C.), unos tres siglos antes. El título habría sido especialmente apropiado en esta ciudad, donde la gente aprendió a aprovechar el poder del agua para la agricultura —algo de lo que se beneficiaron enormemente— como habían hecho los antiguos egipcios.

Dos representaciones más sobre el escarabeo, un león acostado y el sol saliendo sobre una colina, representan rw y ha, que forman el nombre Rwha, o Ruha. Nunca se había identificado un nombre propio como este entre los egipcios ni los pueblos cananeos locales, según Nigro, pero podría haber sido un nombre antiguo de Jericó. De ser el caso, esta joven de la realeza probablemente habría sido enterrada con un escarabeo que llevaba el título de gobernante de la ciudad.

El final de esta próspera época internacional en Jericó llegó aproximadamente en el 1550 a.C., cuando un violento ataque redujo la ciudad a un montón de ruinas. La ciudad no sería reconstruida hasta varios siglos más tarde y su destrucción fue tan violenta que quedó grabada en la memoria colectiva de los pueblos cananeos, reflejada en el relato bíblico de Josué y su destrucción de la ciudad siguiendo las órdenes de Dios.

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