Seis niñas por minuto sufren la mutilación genital femenina

200 millones de mujeres en todo el mundo han sufrido la mutilación genital femenina y se calcula que en 2030 se habrán sumado 90 millones de niñas más, según la Organización Mundial de la Salud. miércoles, 6 de febrero de 2019

Por Cristina Crespo Garay - National Geographic

Cada día, 8.427 niñas son mutiladas en el mundo, 351 cada hora, 6 cada minuto, según cifras de la Fundación Wassu de la Universidad Autónoma de Barcelona. En la mitad de los países, como Somalia, Guinea, Egipto, Eritrea, Mali o Sudán, la mayoría de las niñas son sometidas a la mutilación antes de los 5 años de edad. En el resto, entre los 5 y los 14 años.

Hoy, Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, el Secretario General de las Naciones Unidas ha hecho un “llamamiento en favor de la adopción de más medidas concertadas e integrales para poner fin a la mutilación genital femenina y asegurar el pleno respeto de los derechos humanos de todas las mujeres y las niñas".

A finales del pasado mes y a raíz de la presión internacional debido a la muerte de una niña de diez años, el Gobierno de Sierra Leona prohibió la mutilación genital femenina. Un paso muy significativo viniendo de una sociedad donde, según Naciones Unidas, el 90% de las mujeres y las niñas sufre esta violación, una de las tasas más altas de toda África.

Una profunda violación de los derechos humanos que se dibuja como una de las formas de violencia contra la mujer más brutales, en el momento en el que más deben ser protegidas: cuando son niñas.

Por ser niña

La ONG Plan Internacional alerta, en su campaña Por ser niña, de que otras 15 millones de adolescentes podrían ser mutiladas de aquí a 2030, debido a que los gobiernos no aplican las leyes al respecto, cuando estas existen.

Realizada en decenas de países africanos donde esta práctica es endémica, y también en algunos puntos de Asia, como India o Pakistán, América Latina, como Colombia, o Indonesia, esta costumbre aún está legalizada en cinco países: Chad, Mali, Liberia, Sudán y Somalia.

La Organización Mundial de las Naciones Unidas denuncia que, de los 28 países africanos donde se realiza, solo Kenia y Uganda tienen una fuerte legislación en contra. Lugares con una fuerte tradición conservadora donde la mutilación era la norma, por lo que las autoridades han tenido que prohibirla a la fuerza a raíz de la ley.

El 20 de diciembre del año 2012, la Asamblea General de las Naciones Unidas, sacó una resolución unánime sobre la eliminación de la mutilación genital femenina. Aunque tardío, significó un tremendo avance que además acerca un gran conjunto de recomendaciones a los gobernantes y líderes sociales y religiosos de las comunidades. Finalmente, la Unión Africana también prohibió la ablación en 2016.

Alerta dentro de nuestras fronteras

No tan lejos como creemos, la mutilación genital femenina también llega hasta España, donde hay  57.000 mujeres y 17.000 niñas migrantes que han sido víctimas de la ablación. Niñas que crecen entre los patios de nuestros colegios y que también corren el riesgo de ser mutiladas, sobre todo cuando viajan a sus países de origen.

“Lo que un día fue local, hoy es global, y con las migraciones la mutilación está en diáspora”, afirmaba en La manzana de Eva Adriana Kaplan, de la Fundación Wassu.

El pasado lunes, la BBC publicaba que “la mutilación genital femenina se realiza cada vez más en bebés del Reino Unido”, según declaraciones de Victoria Derbyshire. Un informe de Yorkshire relataba el caso de un bebé con tan solo un mes de edad. La doctora Charlotte Proudman declaraba al mismo medio que es algo “casi imposible de detectar” debido a que “las niñas no están en la escuela o tienen una edad insuficiente para denunciarlo”.

La legislación en Europa también presenta avances, aunque no suficientes. En 2011, el Convenio de Estambul sobre prevención y lucha contra la violencia contra la mujer y la violencia doméstica incluye la ablación como una forma de violencia, contemplando como delito la violencia física, psicológica y sexual, incluida la violación; la mutilación genital femenina, el matrimonio forzado, el acoso, el aborto forzado y la esterilización forzada.

Más allá del Consejo de Estambul, Amnistía Internacional pide leyes específicas que lo prohíban en todos los países, así como que los estados reconozcan como refugiadas a las personas que huyen de esa realidad y les presten asilo y derecho a asistencia médica, y que la persona ejecutora comparezca ante la justicia con permiso de persecución internacional.

Una profunda huella silenciada

“Un día estaba mirando el cuadro con los diferentes tipos de mutilación genital femenina. Antes de eso, tenía como una amnesia. Tenía tal conmoción y trauma por lo que había pasado que no recordaba nada de lo ocurrido. Sabía que tenía una cicatriz, pero pensaba que todo el mundo la tenía. De repente, recordé lo que me habían hecho, haber estado en esa choza con la anciana y mi mamá reteniéndome. Las palabras no pueden expresar el dolor y la confusión que sentí al darme cuenta”. Es el testimonio de Khadija Gbla que ha dado la vuelta al mundo a través de las TED Talks.

Con cuchillas afiladas incluso en piedras, a menudo son las propias abuelas quienes practican esta aberración sobre las niñas, instigadas por los padres. “Cuando tenía 5 años, me dijeron que me llevaban a Moyale, en la frontera de Kenia, donde vivía mi abuela. Me decían que me iban a purificar. Recuerdo la noche de antes del gran día, no podía dormir, casi como cuando esperas a los Reyes Magos”, afirmaba la activista Asha Ismail en el documental La Manzana de Eva.

Dentro de esta barbarie, hay niveles de atrocidad. Según las creencias y tradiciones de cada zona, la mutilación puede ser parcial o total.  “Ese sonido, el de la cuchilla cortando mi piel, nunca se me ha olvidado”, recuerda Asha Ismail. “Lo que te hacen ese día es marcarte para toda la vida”.

Su testimonio sobre los problemas de salud que le ocasionó de cara a prácticas del día a día como miccionar, menstruar o tener relaciones sexuales, para lo cual volvieron a cortar su piel en su propia noche de bodas, ponen el vello de punta.  Infecciones, hemorragias, septicemia y muerte son algunas de las posibles consecuencias más graves, más todas aquellas que quedan tapiadas en el sufrimiento diario silenciado por las comunidades.

El motivo que se esconde tras este horror pasa en la gran mayoría de los casos por la aceptación social, creencias religiosas o de higiene. Esta violación de los derechos humanos es considerada socialmente como una forma de purificar a la mujer para que puedan entregarse al matrimonio, donde la desigualdad de género, la discriminación social y los roles y normas culturales son los factores que lo perpetúan.

En zonas de gran inseguridad, donde las violaciones son frecuentes, los padres incluso lo aceptan como una forma de proteger a sus hijas frente a embarazos que las hagan ser repudiadas. Un pase de oro hacia un matrimonio temprano y concertado con hombres mayores que las sacará de la escuela para ponerlas a trabajar en casa, condenándolas por tanto a decir adiós al poder de decisión que solo a través de la formación obtendrían.

La educación, la llave del cambio

En sociedades tan patriarcales y tradicionales como las que ejercen esta violación de forma generalizada, la mutilación genital femenina toma un significado mucho mayor del que ya de por sí tiene: es la llave para la libertad de las mujeres, para el desarrollo de una sociedad. Se trata de lugares donde es difícil hablar de derechos humanos mientras les falta el agua potable, así como de igualdad de género, porque muchas mujeres ven normal ser maltratadas por sus maridos.

A raíz de este acontecimiento, tomado como una ceremonia de purificación, las niñas son ofrecidas en matrimonio y, cuando este es consensuado - a menudo con hombres mayores -, dejan la escuela para entregarse al matrimonio y a las labores del hogar. Cuando antes se produce este acto, antes las casan y antes salen de la escuela, la única pieza de su entorno capaz de empoderarlas para que tomen sus propias decisiones.

“La educación para las niñas es poder, es la herramienta para que decidan y defiendan sus derechos como niña y como mujer”, afirmaba Mónica Batán, de la ONG Mundo Cooperante, en La manzana de Eva.

“Aunque en Kenia la prevalencia de la mutilación genital femenina sea de un 30%, la realidad es que en diversas tribus esa prevalencia es mucho más alta, en la Masai la prevalencia es de un 70% u 80%, es decir, 8 de cada 10 mujeres son mutiladas”.

Mundo Cooperante apoya a un colegio de Kenia donde decenas de niñas que han huido de sus familias por querer someterlas a la ablación, están protegidas y tienen derecho a seguir recibiendo educación. Cruzan la sabana solas, incluso con 8 años, durante la noche, kilómetros y kilómetros rodeadas de peligros y animales salvajes, para llegar al colegio.

 “Son niñas que huyen, se escapan de su tradición y abandonan a sus familias”, concluía Batán. “Niñas de 7, 8, 9 años que se atraviesan kilómetros y kilómetros, una auténtica maratón, a tenor de todos los peligros. Son las que dicen no, son las que cambian el mundo”.

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