Las trabajadoras de las plantaciones de té de la India se enfrentan a la pobreza y a otros peligros

Las recolectoras de té que trabajan en Bengala Occidental deben permanecer atentas a los leopardos, los elefantes y las cobras.martes, 3 de septiembre de 2019

Por Paul Salopek
Fotografías de Paul Salopek
Out of Eden Walk, de Paul Salopek, escritor y National Geographic Fellow, es una odisea narrativa que sigue las huellas de nuestros antepasados humanos por todo el mundo. Este es su último artículo desde la India.

Nos adentramos en Bengala Occidental y fue como pasear por un parque de ciervos.

Las plantas de té se extendían a lo largo de kilómetros, plantas duras y curtidas podadas en hileras definidas llamadas melas que crecían a la sombra de algunos árboles diseminados. La cordillera del Himalaya se cernía con un tono azul vidrioso sobre el horizonte, un fragmento de cielo más oscuro. La India es el segundo mayor productor de té por detrás de China, con tés famosos como el de Assam y el de Darjeeling.

Miles de recolectoras de té trabajaban duramente en las plantaciones remotas. Muchas eran mujeres indígenas adivasi, descendientes de jornaleros trasladados por los colonos británicos a la región desde otras partes de la India hace más de un siglo. Los dueños de las plantaciones preferían contratar mujeres por su fiabilidad y su supuesta «sensación» superior para arrancar las hojas de té. Las mujeres caminaban entre arbustos que les llegaban hasta la cintura vestidas con delantales y guantes para protegerse de las ramas rígidas y afiladas. Vivían con sus familias en cabañas sin cañerías. El hospital más cercano estaba a cuatro horas en autobús. Ganan salarios pobres, equivalentes a 2,23 euros al día.

«El salario es escaso, pero ¿qué más podemos hacer? Tenemos que sobrevivir», afirmó Lalita, una recolectora de 40 años de la plantación de Looksun, que solo usa un nombre. Cuenta que los leopardos suelen acechar entre los jardines de té y tienen que ahuyentarlos con petardos. Una estampida de elefantes silvestres los atravesó en junio y julio. Y las cobras salen de sus agujeros durante el monzón. «Ellas no nos hacen nada, nosotras no les hacemos nada», afirma. «Y después vuelven a su casa».

El Partido Comunista de la India había plantado su bandera de la hoz y el martillo a la entrada de la plantación de té. Su cuadro instaba a las masas a luchar por un aumento de sueldo diario de 50 rupias, o unos 63 céntimos. El supervisor de la plantación, un hombre melancólico sentado en la arcaica fábrica de té, dijo que eso no pasaría nunca.

Este artículo se publicó en inglés en la página web del proyecto Out of Eden Walk de la National Geographic Society. Explora la página aquí
Paul Salopek ha ganado dos premios Pulitzer por su labor periodística cuando era corresponsal del Chicago Tribune. Síguelo en Twitter @paulsalopek.
Seguir leyendo